Dos
historias: el miedo a compartir
Lourdes Flores F. *
Thelma Dorantes es casada y Bertha Curiel divorciada. Las
dos se han sentido solas, y piensan que también los hombres están solos pues la
brecha entre ambos géneros se ha ampliado por el temor de compartir y
establecer contactos emocionales. Y se preguntan quién no ha experimentado esa
amarga y punzante sensación, en uno de esos días aciagos...
Una soledad en compañía
Thelma Dorantes es actriz de teatro y escribió la obra
Hombre tenías que ser, que se presenta en el teatro Telón de Asfalto. Su
camerino tiene el piso de concreto. Las paredes están cubiertas por espejos
rectangulares iluminados por focos. No hay ventanas. La puerta está abierta y
el calor sofoca. La actriz se sienta informalmente y mientras cepilla su
cabello y se pone unos gruesos tubos, platica:
—Estoy casada desde hace 28 años. Nunca he estado sola
físicamente, vivo con mi esposo y mis hijos, y aun así me he sentido sola
muchas veces; por ejemplo, en las bodas donde se acostumbra que todo mundo vaya
con su pareja, y uno siente la imperiosa necesidad de tener junto al esposo,
porque creemos que solas no valemos lo mismo y viene esa sensación de soledad,
la cual superé cuando descubrí que podía estar bien conmigo misma en cualquier
parte.
—¿Cómo ha vivido la soledad?
—He luchado muchísimo con la cuestión afectiva, fui
rechazada incluso antes de nacer, hubo tres intentos de aborto. Desde niña me
sentí muy sola. Mi papá era muy desapegado y “ojo alegre”, mi mamá era
lindísima y eso era lo más doloroso porque cuando tienes una madre que es una
desgraciada, dices, bueno me tocó a mí también, pero el rechazo de ella era
sólo hacia mí porque yo era morena, igual que mi papá.
Dice que el hecho de sentirse rechazada por el núcleo más
importante que era su familia hizo que recreara su propio mundo. “Me fabriqué
un papá maravilloso que me llevaba de aquí para allá, me paraba frente al
espejo y hacía mis historias, viví muy sola, y provocaba que los demás me rechazaran”.
Y: “Tampoco tuve una juventud agradable, sentía que no era
aceptada por el sexo masculino. Me dediqué a estudiar, entré en Filosofía y
Letras...”
Se casó y tuvo un hijo, y “otro que la vida me regaló, es
hijo de mi esposo”. Aunque su necesidad de amar fue a un terreno fértil, quería
ayudar a todo mundo, el mensaje era “¡quiéreme!”. Cuando habla así, sus ojos,
pequeños y oscuros traslucen un sentimiento de soledad y abandono. Precisamente
el guión de Hombre tenías que ser, que le solicitó una compañía transnacional
de cosméticos para ofrecerlo a sus agremiadas, se refiere a la falta de
autoestima y a la dependencia emocional de los demás. “Durante el trabajo de
campo entrevisté a unas 500 mujeres, cuando les preguntaba cómo era su relación
afectiva encontré la misma respuesta; la mayoría mantenían al marido, eran
maltratadas, ignoradas, y seguían allí, porque no soportaban estar solas.”
En escena, Thelma y su personaje parecen la misma persona.
“Marcia” es una mujer casada y se siente sola, porque su marido se va a vivir a
otro estado. Marcia dice con ironía:
—Los hombres siempre están ocupados o tienen preferencias
especiales —y bromea: —¿Sabes cuál es el verdadero miedo a la soledad? Que
debajo de las sábanas nada y nada.
A lo largo de la obra su personaje se va transformando,
trata de asirse a cualquier persona para sentir que vale, que es atractiva, y
cuando otro hombre la rechaza se siente perdida, se emborracha, canta canciones
rancheras. Lleva al espectador de la risa a la reflexión y al final conmueve
cuando se queda tirada en un sofá diciendo: “Pinches hombres, todos son unos
desgraciados”. Después se pregunta “¿Qué hago con mi vida?”
Pero eso también les pasa a los hombres. Un hombre se acercó
a la actriz y le dijo que se había identificado con el personaje femenino,
porque también había vivido una soledad en compañía. A veces se soportan faltas
de respeto e inmoralidades y se hacen de la vista gorda con tal de no quedarse
solos.
La actriz, que también participó en mil representaciones de
la obra Rosa de dos aromas, concluye que a las personas hay que dejarlas “tocar
fondo” porque en ese momento no tienen más remedio que resurgir. El primer paso
es no engañarse y el autoconocimiento. “Si aprendes a estar bien contigo, tu
vida va a cambiar.”
En mundos aparte
Bertha Eva Curiel López es divorciada y vive sola. Nunca
tuvo temor de quedarse sola. “Soy una profesionista y tenía claro que podría
responsabilizarme de mi vida y de la de mi hija; sin embargo, si somos sinceras
nos sentimos solas porque no hay con quién compartir todo lo que hemos ganado.”
Bertha es una mujer madura. Muestra fuerza de carácter y determinación al
hablar. Es mujer de pocas palabras. Guarda silencios prolongados y prefiere
reflexionar que hablar de sentimientos. “Caminamos de prisa, nos escuchamos muy
poco y cada vez la brecha es más amplia entre hombres y mujeres, cada vez hay
menos vínculos con los que podamos unirnos. Ellos tienen un gran temor de
compartir y se pierde la relación de compromiso entre los dos y eso nos lleva a
hombres y mujeres a la soledad.”
Bertha Eva dice que creció en un ambiente donde había amor y
respeto, en una familia integrada que la hizo sentirse segura. Estudió para
maestra normalista y después la carrera de psicóloga educativa. “Me casé muy
joven y enamorada, sin embargo era una mala relación y decidí terminarla por
elección propia. Mis padres querían que regresara a mi casa, no acepté y
respetaron mi decisión.” Después conoció a alguien que creyó que iba a llenar
su vida. “Compartíamos gustos, profesión, al final tuve que elegir entre el
amor de pareja y el amor de madre, porque él me quería sólo a mí.”
Al principio pasó por un momento de mucha soledad. “Me
preguntaba por qué tenía que estar sola. Veía a mi alrededor, y de 50 amigas
casi todas estaban solas, no por decisión, sino por las circunstancias: viudez,
divorcio, maltrato.”
A pesar de que no es expresiva, sus claros ojos se empañan
por las lágrimas, guarda silencio, se repone y habla:
—El concepto de familia definitivamente ha cambiado, fue
creado para repartir los roles, es decir el patrimonio y el cuidado de los
hijos. No obstante, mujeres y hombres parecen estar en mundos aparte.
En todas las épocas las mujeres han vivido muy solas,
podrían tener esposo e hijos, y con tantas ocupaciones no tenían tiempo de
pensar cómo se sentían. “Hoy las mujeres sí tenemos ese tiempo, por eso nos
llega a hacer crisis, por ejemplo, cuando hay espacios largos como las
vacaciones, a veces se siente ese vacío. Si los hombres se sienten solos no lo sabemos
porque no lo expresan, hay demasiado orgullo, para intentar acercarse.”
—¿Cómo aceptar la soledad y disfrutar de ella?
—Voy al teatro, escucho música.
Dice Browning que “el que escucha música siente que su
soledad, de repente, se puebla”. Reitera Bertha:
—Estoy sola, no por voluntad, sino por las circunstancias.
*
Bucareli 8, El Universal, México, 6 de mayo de
2002.
Cuestiones
de América Nº 9, Junio de 2002
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