Cientos
de familiares y en particular madres de familia golpeaban las puertas en busca
de los desaparecidos. Visitaban el Ministerio del Interior, la policía, la
iglesia, los partidos políticos, organizaciones civiles o algunos de los
políticos que se prestaban a ello en medio del terror [1]. Estas madres eran despreciadas,
pues pasaron a ser “las familias de los terroristas” y a donde iban se les
cerraban las puertas. La Unión Cívica Radical Intransigente, la Unión Cívica
Radical del Pueblo, el Frente Justicialista de Liberación (remanente del
Partido Justicialista), magros interlocutores que quedaban luego del fracasado
último gobierno de Perón y de su sucesora, confundidos no tuvieron nunca con
qué responder a las exigencias de la ciudadanía; y fueron rebasados.
Más
allá de la burocracia que les negaba el derecho de conocer de sus familiares,
las madres comenzaron a sentirse ellas entre iguales. Se distribuyeron tareas y
mientras algunas acudían a la policía, otras iban al Ministerio del Interior;
unas más visitaban casa por casa por información o convocaban a que otras
madres se sumaran a ella en la Plaza de Mayo de Buenos Aires [2]. Así comenzaron a ser reconocidas
sobre todo en visitas al país de personalidades (como los funcionarios
estadounidenses Terence Todman o Cyrus Vance), momentos en los cuales el grupo
lograba hacerse notar frente a la prensa internacional. Y todas estas demostraciones
sirvieron para que fuera conocida la existencia de un genuino movimiento de
resistencia que participaba crecientemente en marchas, mítines y donde podían
hacerlo; tan importante, que el régimen comenzó una labor de represión cada vez
más sistemática que llegó hasta el secuestro de varias de las participantes [3].
Todavía
en plena dictadura, en los primeros meses de 1979 el movimiento de las Madres
de Plaza de Mayo visitó los Estados Unidos y Europa. Ahí se entrevistó con
funcionarios de alto nivel, legisladores, organizaciones de base, colectivos y
otros políticos; en Italia logró un entrevista con el entonces presidente
Alesandro Pertini, además de los legisladores. Durante ese año la represión fue
mayor, a tal grado que hubo de abandonar la Plaza, para reaparecer en distintas
iglesias; a la vez decidió formar una asociación ante notario, que se llama
desde entonces Asociación Madres de Plaza de Mayo. Dicha asociación fue
registrada formalmente en agosto de 1979 y estuvo en condiciones de acudir a
solicitar apoyo ante la OEA [4].
En
la guerra de las Malvinas (abril a junio de 1982), la Asociación tuvo una
importante presencia solidaria con las madres de los soldados y denunciando el
carácter de la misma (“no queremos la guerra, es otra mentira, es otro Mundial
de la guerra para tapar...”) A pesar de ser acusadas de antinacionales, las
madres insisten en su postura a través de un cartel que indica: Las Malvinas
son argentinas, los desaparecidos también. Luego, en reuniones
multipartidarias su participación también resulta intensa, a pesar de la
incomprensión de los partidos para quienes un movimiento social no tenía nada
que ver con la reactivación de la vida política del país [5]. Como consecuencia de estas
reuniones se amplían sus actividades con entrevistas, pedidos y reclamos, hasta
que a la caída de los militares en las primeras elecciones de 1983 es electo
Raúl Alfonsín y el nuevo mandatario crea una Comisión Nacional que pretende
encontrar a los desaparecidos. No obstante, la búsqueda no culmina con éxito.
En
el transcurso del mismo año, la Asociación de las Madres de Plaza de Mayo, ya
totalmente consolidada, empieza a publicar un periódico, sustentada en un
Frente de Apoyo que les permitía ampliar su cobertura; antes había constituido
un Equipo de Asistencia Psicológica y, a pesar de la desconfianza en las
limitaciones sobre todo en una época de dictadura, también comenzaba a incluir
abogados. Políticamente continúa también trabajando en los juicios de 1985,
hasta la vergonzante absolución de los generales y sus cómplices donde estaban
implicadas trasnacionales como la Coca Cola y la Pepsi Cola. En una actitud de
dignidad luego del fallo de los tribunales, el grupo de madres se planta en las
afueras de la Casa de Gobierno [6].
Con
posterioridad, en 1990, la Asociación se encamina a una nueva etapa de lucha.
Mantiene equipos de psicólogos, abogados, periodistas, y hasta un equipo que
filma todos sus trabajos en video; y recibe un reconocimiento internacional, al
ponerse el nombre de Madres de Plaza de Mayo en una docena de calles, plazas y
escuelas europeas, y otorgárseles premios Por la Lucha, Por la
Libertad, Por la Justicia (Premio
Internacional León Felipe al Valor Cívico). Ya con un local propio, la
casa de la asociación es visitada por artistas, juristas, periodistas,
representantes de iglesias, parlamentarios, mujeres de organismos de derechos
humanos, o estudiantes que desean hacer tesis; además, asisten a congresos, encuentros
y editan nuevos Poemarios y otros libros [7]. Luego de 23 años de lucha, el 30
de abril del 2000 la Asociación crea un nuevo Café Literario y concreta la
Universidad Popular de las Madres en la que, entre otros, promueve un primer
seminario bajo el nombre: Origen de las Madres de Plaza de Mayo, con un
abundante apoyo documental, testimonial, investigativo y ensayístico [8].
“Yo
les digo que las Madres —opinaba el alma de la asociación en el 23 aniversario
de la creación del movimiento—, mientras tengamos vida, mientras tengamos un
soplo de aliento, vamos a seguir luchando por la vida de nuestro pueblo. Por
nuestro pueblo, para nuestro pueblo, junto a nuestro pueblo, para que alguna
vez tengamos la educación popular que nos permita acceder a un gobierno popular
que sea realmente el representante de lo que todos queremos, y no como ahora,
que sólo estamos votando, que no nos permiten elegir. Algún día tendremos ese
gobierno popular que... condenará a los asesinos que tanto horror nos hicieron
vivir durante estos años” (de Bonafini 1998).
Referencias:
de Bonafini, Hebe (1998), Historia de las Madres
de Plaza de Mayo, Conferencia pronunciada el 6 de julio; en www.madres.org/espanol/historia/historia.htm
(abril de 2000).
MPM (2000), en www.madres.org/universidad/infogral/infogral.htm
(abril de 2000).
Cuestiones de América Nº 9, Junio de
2002
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[1] En esos lugares se conocieron:
“...un día, estando en la iglesia, en la iglesia de los asesinos... que es la
iglesia de la Marina, donde íbamos a ver a Gracelli, Azucena dijo que ya basta,
que no se podía más estar ahí... que por qué no íbamos a la Plaza... Y así
fuimos por primera vez un sábado... Era un 30 de abril. Decidimos volver a la
otra semana un viernes. Y a la otra... ir el jueves... Ibamos avisándonos unas
a las otras que los jueves a las tres y media nos reuníamos en esa Plaza, en un
banco; no caminábamos, no marchábamos...” (de Bonafini 1998).
[2] Las primeras rondas o
marchas comenzaron como resultado de las mismas presiones de la policía de no
permitir que se mantuvieran en un solo sitio; luego, todo fue volverse a
encontrar semana tras semana, y huir de los golpes y de los palos de los
policías caminando, marchando alrededor de Plaza de Mayo, frente a la Casa de
Gobierno.
[3] En el Mundial de Futbol de 1978, mientras el
equipo auriazul se coronaba campeón mundial al derrotar por 3 goles a 1 al
equipo de Holanda, un resultado que hacía desbordar de felicidad a muchos
argentinos, el marcador cubría las masacres de la dictadura; Las madres de plaza
de Mayo insistían: “Ponían perros en la Plaza. Nosotras llevábamos un diario
enroscado para cuando nos echaban los perros. Nos tiraban gases. Habíamos
aprendido a llevar bicarbonato y una botellita de agua. Para poder resistir en
la Plaza... Mujeres grandes, que nunca habíamos salido de la cocina, habíamos
aprendido lo que habían hecho tantos jóvenes antes. Luchar por ese pedacito de
Plaza, luchar por ese pedacito de cielo que significaba nada más y nada menos
que esto que tenemos hoy. Y el Mundial también fue muy terrible para nosotras.
Fue muy terrible porque en el Mundial se tapó, o se quiso tapar, todo lo que
estaba pasando...” Ibid.
[4] En 1980 la Asociación decide
retomar la Plaza, cada jueves; a la vez, inicia una labor editorial para informar
a grupos de apoyo que surgen en toda Europa. En ese año reafirman su consigna: Aparición
con Vida. Luego en 1981 publican un primer Poemario que da cuenta de su
lucha, y llevan a cabo —en contra de organismos sociales y políticos que
callaban todavía— su primera marcha importante: la Marcha de la Resistencia, y
el primer ayuno de 10 días en la catedral de Quilmes, bajo la mirada recelosa
del nuevo mandatario Roberto Viola y la incomprensión de organismos políticos
que no quisieron participar, por cuestionar la palabra resistir. “Las
Madres decíamos resistir, no hay ninguna otra cosa, qué vamos a decir. ¿Qué
quiere decir resistencia? Resistir. Queremos resistir en la Plaza 24 horas a
esta dictadura. Y lo hicimos...” (idem).
[5] “A todos los políticos... les
dijimos lo mismo: no hereden los 30 mil desaparecidos, no hereden este horror porque
este horror los va a sepultar a ustedes mismos. Esa tarea incansable que tuvimos
que hacer con los políticos que no querían escuchar, pero que no querían
escuchar porque en parte, también, eran responsables de la desaparición de
nuestros hijos. En parte también fueron los responsables porque se callaron,
porque silenciaron, porque apoyaron...” (id.)
[6] Aun cuando el punto final que
marcaba la culminación de la búsqueda de los desaparecidos por el gobierno de
Alfonsín había comenzado, de hecho, en sus primeros meses de gobierno cuando
éste envía telegramas a las Madres de Plaza de Mayo diciendo que sus hijos
estaban muertos en algún cementerio, o cajas mortuorias con restos humanos
diciendo que esos eran sus hijos, dicho proceso no termina sino hasta cuando,
por ley, el Punto Final establece la exhumación de cadáveres, la reparación
económica y los homenajes póstumos, como último paso para la lucha de las
madres, cosa que éstas rechazan al oponerse a la exhumación, acusando a los
jueces implicados en tales decisiones judiciales de traidores, corruptos y
cómplices de la dictadura; hecho que les cuesta otros juicios y condenas.
[7] En el gobierno de Menem las madres no sólo no recibieron ayuda
oficial, sino que fueron combatidas; más recientemente su organización recibió
del nuevo presidente Fernando de la Rúa una partida de 72 mil dólares anuales
para reforzar sus investigaciones sobre menores secuestrados durante la
dictadura militar.
[8] La fundamentación de dicho
seminario indica: “Madres coraje o viejas locas. Madres terroristas o versión
argentina de la mamma italiana. Vanguardia de la revolución o amas de
casa que nunca entendieron lo que es hacer política. Las opiniones más
encontradas y polémicas se acuñan a la hora de definir a estas mujeres que un
día salieron de sus hogares y se instalaron en la Plaza de Mayo, cuando ningún
otro se atrevía a hacerlo... ¿Qué ocurría en la Argentina para que una de las
primeras y más contundente respuestas al Terrorismo de Estado, que tuvo causas
y fines políticos, proviniera de la esfera de las relaciones familiares antes
que de las relaciones e instituciones políticas? Tal análisis supone un enfoque
multidisciplinario...” (MPM 2000).