Dignidad de la Mujer

Madres de Plaza de Mayo

Jesús Hernández Garibay

 

Un movimiento de origen y forma distinto a otros, vinculado a circunstancias de oprobio y desigualdad, es el de las Madres de Plaza de Mayo. En 1975, en medio de una crisis y un clima de efervescencia social con huelgas y manifestaciones, grupos terroristas de derecha asesinan o desaparecen a más de 600 personas en Argentina. Tras la inestabilidad, una Junta Militar toma el poder en marzo de 1976 dirigida por el teniente general Jorge Rafael Videla. Para 1977 ya se habían denunciado ante el mundo unos dos mil 300 asesinatos políticos, 10 mil arrestos por causas políticas y la desaparición de entre 20 mil y 30 mil personas, muchas de las cuales fueron asesinadas y sepultadas en tumbas anónimas.

Cientos de familiares y en particular madres de familia golpeaban las puertas en busca de los desaparecidos. Visitaban el Ministerio del Interior, la policía, la iglesia, los partidos políticos, organizaciones civiles o algunos de los políticos que se prestaban a ello en medio del terror [1]. Estas madres eran despreciadas, pues pasaron a ser “las familias de los terroristas” y a donde iban se les cerraban las puertas. La Unión Cívica Radical Intransigente, la Unión Cívica Radical del Pueblo, el Frente Justicialista de Liberación (remanente del Partido Justicialista), magros interlocutores que quedaban luego del fracasado último gobierno de Perón y de su sucesora, confundidos no tuvieron nunca con qué responder a las exigencias de la ciudadanía; y fueron rebasados.

Más allá de la burocracia que les negaba el derecho de conocer de sus familiares, las madres comenzaron a sentirse ellas entre iguales. Se distribuyeron tareas y mientras algunas acudían a la policía, otras iban al Ministerio del Interior; unas más visitaban casa por casa por información o convocaban a que otras madres se sumaran a ella en la Plaza de Mayo de Buenos Aires [2]. Así comenzaron a ser reconocidas sobre todo en visitas al país de personalidades (como los funcionarios estadounidenses Terence Todman o Cyrus Vance), momentos en los cuales el grupo lograba hacerse notar frente a la prensa internacional. Y todas estas demostraciones sirvieron para que fuera conocida la existencia de un genuino movimiento de resistencia que participaba crecientemente en marchas, mítines y donde podían hacerlo; tan importante, que el régimen comenzó una labor de represión cada vez más sistemática que llegó hasta el secuestro de varias de las participantes [3].

Todavía en plena dictadura, en los primeros meses de 1979 el movimiento de las Madres de Plaza de Mayo visitó los Estados Unidos y Europa. Ahí se entrevistó con funcionarios de alto nivel, legisladores, organizaciones de base, colectivos y otros políticos; en Italia logró un entrevista con el entonces presidente Alesandro Pertini, además de los legisladores. Durante ese año la represión fue mayor, a tal grado que hubo de abandonar la Plaza, para reaparecer en distintas iglesias; a la vez decidió formar una asociación ante notario, que se llama desde entonces Asociación Madres de Plaza de Mayo. Dicha asociación fue registrada formalmente en agosto de 1979 y estuvo en condiciones de acudir a solicitar apoyo ante la OEA [4].

En la guerra de las Malvinas (abril a junio de 1982), la Asociación tuvo una importante presencia solidaria con las madres de los soldados y denunciando el carácter de la misma (“no queremos la guerra, es otra mentira, es otro Mundial de la guerra para tapar...”) A pesar de ser acusadas de antinacionales, las madres insisten en su postura a través de un cartel que indica: Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también. Luego, en reuniones multipartidarias su participación también resulta intensa, a pesar de la incomprensión de los partidos para quienes un movimiento social no tenía nada que ver con la reactivación de la vida política del país [5]. Como consecuencia de estas reuniones se amplían sus actividades con entrevistas, pedidos y reclamos, hasta que a la caída de los militares en las primeras elecciones de 1983 es electo Raúl Alfonsín y el nuevo mandatario crea una Comisión Nacional que pretende encontrar a los desaparecidos. No obstante, la búsqueda no culmina con éxito.

En el transcurso del mismo año, la Asociación de las Madres de Plaza de Mayo, ya totalmente consolidada, empieza a publicar un periódico, sustentada en un Frente de Apoyo que les permitía ampliar su cobertura; antes había constituido un Equipo de Asistencia Psicológica y, a pesar de la desconfianza en las limitaciones sobre todo en una época de dictadura, también comenzaba a incluir abogados. Políticamente continúa también trabajando en los juicios de 1985, hasta la vergonzante absolución de los generales y sus cómplices donde estaban implicadas trasnacionales como la Coca Cola y la Pepsi Cola. En una actitud de dignidad luego del fallo de los tribunales, el grupo de madres se planta en las afueras de la Casa de Gobierno [6].

Con posterioridad, en 1990, la Asociación se encamina a una nueva etapa de lucha. Mantiene equipos de psicólogos, abogados, periodistas, y hasta un equipo que filma todos sus trabajos en video; y recibe un reconocimiento internacional, al ponerse el nombre de Madres de Plaza de Mayo en una docena de calles, plazas y escuelas europeas, y otorgárseles premios Por la Lucha, Por la Libertad, Por la Justicia (Premio Internacional León Felipe al Valor Cívico). Ya con un local propio, la casa de la asociación es visitada por artistas, juristas, periodistas, representantes de iglesias, parlamentarios, mujeres de organismos de derechos humanos, o estudiantes que desean hacer tesis; además, asisten a congresos, encuentros y editan nuevos Poemarios y otros libros [7]. Luego de 23 años de lucha, el 30 de abril del 2000 la Asociación crea un nuevo Café Literario y concreta la Universidad Popular de las Madres en la que, entre otros, promueve un primer seminario bajo el nombre: Origen de las Madres de Plaza de Mayo, con un abundante apoyo documental, testimonial, investigativo y ensayístico [8].

“Yo les digo que las Madres —opinaba el alma de la asociación en el 23 aniversario de la creación del movimiento—, mientras tengamos vida, mientras tengamos un soplo de aliento, vamos a seguir luchando por la vida de nuestro pueblo. Por nuestro pueblo, para nuestro pueblo, junto a nuestro pueblo, para que alguna vez tengamos la educación popular que nos permita acceder a un gobierno popular que sea realmente el representante de lo que todos queremos, y no como ahora, que sólo estamos votando, que no nos permiten elegir. Algún día tendremos ese gobierno popular que... condenará a los asesinos que tanto horror nos hicieron vivir durante estos años” (de Bonafini 1998).

 

Referencias:

de Bonafini, Hebe (1998), Historia de las Madres de Plaza de Mayo, Conferencia pronunciada el 6 de julio; en www.madres.org/espanol/historia/historia.htm (abril de 2000).

MPM (2000), en www.madres.org/universidad/infogral/infogral.htm (abril de 2000).

 

 

Cuestiones de América Nº 9, Junio de 2002

 

 

 

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[1] En esos lugares se conocieron: “...un día, estando en la iglesia, en la iglesia de los asesinos... que es la iglesia de la Marina, donde íbamos a ver a Gracelli, Azucena dijo que ya basta, que no se podía más estar ahí... que por qué no íbamos a la Plaza... Y así fuimos por primera vez un sábado... Era un 30 de abril. Decidimos volver a la otra semana un viernes. Y a la otra... ir el jueves... Ibamos avisándonos unas a las otras que los jueves a las tres y media nos reuníamos en esa Plaza, en un banco; no caminábamos, no marchábamos...” (de Bonafini 1998).

[2] Las primeras rondas o marchas comenzaron como resultado de las mismas presiones de la policía de no permitir que se mantuvieran en un solo sitio; luego, todo fue volverse a encontrar semana tras semana, y huir de los golpes y de los palos de los policías caminando, marchando alrededor de Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno.

[3] En el Mundial de Futbol de 1978, mientras el equipo auriazul se coronaba campeón mundial al derrotar por 3 goles a 1 al equipo de Holanda, un resultado que hacía desbordar de felicidad a muchos argentinos, el marcador cubría las masacres de la dictadura; Las madres de plaza de Mayo insistían: “Ponían perros en la Plaza. Nosotras llevábamos un diario enroscado para cuando nos echaban los perros. Nos tiraban gases. Habíamos aprendido a llevar bicarbonato y una botellita de agua. Para poder resistir en la Plaza... Mujeres grandes, que nunca habíamos salido de la cocina, habíamos aprendido lo que habían hecho tantos jóvenes antes. Luchar por ese pedacito de Plaza, luchar por ese pedacito de cielo que significaba nada más y nada menos que esto que tenemos hoy. Y el Mundial también fue muy terrible para nosotras. Fue muy terrible porque en el Mundial se tapó, o se quiso tapar, todo lo que estaba pasando...” Ibid.

[4] En 1980 la Asociación decide retomar la Plaza, cada jueves; a la vez, inicia una labor editorial para informar a grupos de apoyo que surgen en toda Europa. En ese año reafirman su consigna: Aparición con Vida. Luego en 1981 publican un primer Poemario que da cuenta de su lucha, y llevan a cabo —en contra de organismos sociales y políticos que callaban todavía— su primera marcha importante: la Marcha de la Resistencia, y el primer ayuno de 10 días en la catedral de Quilmes, bajo la mirada recelosa del nuevo mandatario Roberto Viola y la incomprensión de organismos políticos que no quisieron participar, por cuestionar la palabra resistir. “Las Madres decíamos resistir, no hay ninguna otra cosa, qué vamos a decir. ¿Qué quiere decir resistencia? Resistir. Queremos resistir en la Plaza 24 horas a esta dictadura. Y lo hicimos...” (idem).

[5] “A todos los políticos... les dijimos lo mismo: no hereden los 30 mil desaparecidos, no hereden este horror porque este horror los va a sepultar a ustedes mismos. Esa tarea incansable que tuvimos que hacer con los políticos que no querían escuchar, pero que no querían escuchar porque en parte, también, eran responsables de la desaparición de nuestros hijos. En parte también fueron los responsables porque se callaron, porque silenciaron, porque apoyaron...” (id.)

[6] Aun cuando el punto final que marcaba la culminación de la búsqueda de los desaparecidos por el gobierno de Alfonsín había comenzado, de hecho, en sus primeros meses de gobierno cuando éste envía telegramas a las Madres de Plaza de Mayo diciendo que sus hijos estaban muertos en algún cementerio, o cajas mortuorias con restos humanos diciendo que esos eran sus hijos, dicho proceso no termina sino hasta cuando, por ley, el Punto Final establece la exhumación de cadáveres, la reparación económica y los homenajes póstumos, como último paso para la lucha de las madres, cosa que éstas rechazan al oponerse a la exhumación, acusando a los jueces implicados en tales decisiones judiciales de traidores, corruptos y cómplices de la dictadura; hecho que les cuesta otros juicios y condenas.

[7] En el gobierno de Menem las madres no sólo no recibieron ayuda oficial, sino que fueron combatidas; más recientemente su organización recibió del nuevo presidente Fernando de la Rúa una partida de 72 mil dólares anuales para reforzar sus investigaciones sobre menores secuestrados durante la dictadura militar.

[8] La fundamentación de dicho seminario indica: “Madres coraje o viejas locas. Madres terroristas o versión argentina de la mamma italiana. Vanguardia de la revolución o amas de casa que nunca entendieron lo que es hacer política. Las opiniones más encontradas y polémicas se acuñan a la hora de definir a estas mujeres que un día salieron de sus hogares y se instalaron en la Plaza de Mayo, cuando ningún otro se atrevía a hacerlo... ¿Qué ocurría en la Argentina para que una de las primeras y más contundente respuestas al Terrorismo de Estado, que tuvo causas y fines políticos, proviniera de la esfera de las relaciones familiares antes que de las relaciones e instituciones políticas? Tal análisis supone un enfoque multidisciplinario...” (MPM 2000).