Verenice Guzmán Díaz
Cultura, es a: preservación, conservación y fomento por las
costumbres y tradiciones, conocimientos, arte, creencias portadoras de sentido
a nuestras vidas.
Violencia, es a: destrucción de ciudades, países enteros, de
vidas humanas, ideas, anhelos e ilusiones, agresión, sometimiento, humillación
e imposición.
En estos términos pensaríamos que nada tiene que ver una con la
otra es decir, violencia con cultura.
Sin embargo se viven todos los días actos de violencia, que se
fomentan, inducen, reproducen y aplauden.
·
Una cuestión que afecta principalmente a la mujer que
se convierte en odio e indiferencia hacia los actos de abuso al género femenino
que se toleran y se fomentan en las instituciones, (familia, escuela, trabajo
etc.), en indiferencia por parte de las instituciones en odio por parte de los
géneros involucrados es decir, mujer–hombre.
·
Una lucha constante por el poder y las jerarquías,
una venda en los ojos que no permite ver el dado hacia la mujer, los infantes y
a la sociedad misma, una represión constante y una falta de conciencia humana
desmedida que permite el abuso, la intolerancia que la somete, humilla
discrimina y violenta constantemente.
·
Como sistema
patriarcal, donde la imposición del poder y de las jerarquías dominan por
sí solas; y en donde sólo alguna de mayor rango jerárquico, poder económico,
intelectual, social o laboral, se le podrán rebatir sus ideas, pensamientos, o
conocimientos. Estamos hablando del
hombre que todo le pertenece y que todo es suyo, es decir, Mi casa, mi esposa,
mis hijos, mi empleado, mi amante, mi coche etc.; es decir, es una constante de
pertenencia a lo que le rodea en donde evidencia el poder y la jerarquía, es
decir, si tengo más bienes incluidos, la mujer, los hijos y las amantes, más
hombre soy, más poderoso y muy probablemente el rango jerárquico será alto.
·
Consecuencia
de la intolerancia, vería tal vez otros aspectos, como es el de _ no
me importa lo que tu quieras, es aquí lo que yo quiero, digo y pienso, y se
acabó, _ ( aquí entramos en una imposición tanto de poder como de jerarquías)
pero entran en estas situaciones de indiferencia y muy probablemente de impotencia,
debilidad, y fuerza física. Es decir, para llamar la atención, porque me dañaron,
ahora me desquito con esto (impotencia), porque puedo y quiero lo demostraré.
Ver a la violencia como parte de nuestra cultura y reconocer
que afecta principalmente a la mujer, sea tal vez doloroso pero al comprender
que la misma violencia cultural nos impide ver que la justificamos, fomentamos
y aplicamos todos los días; nos permita ser conscientes.
El ser consciente de que la violencia cultural existe, nos
permite reconocerla, recapacitar y hacernos responsables de los actos y
entonces, muy probablemente podremos borrar de nuestra cultura los abusos, las
agresiones, y cualquier forma de violencia que perturbe nuestras vidas y las
conflictue.
Entonces partiremos de una cultura que se transforme en
tolerancia, conciencia y equivalencia hacia la mujer y hacia la vida misma, que
a su vez fomente el respeto, la ciudadanía, la participación colectiva, el
crecimiento y el desarrollo de género.
O te la construyes!
o la destruyes, pues la única destrucción permitida es la de la violencia!
Piénsalo!
Cuestiones de América Nº 9, Junio de 2002
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