Prácticamente todo hablante de una lengua como el español
utiliza o conoce las groserías. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar
en su funcionamiento discursivo, ideológico y cultural. Es el propósito del
presente articulo: Vincular el estudio de la MENTADA DE MADRE y la construcción
discursiva del sistema sexo-género.
¿Qué son las groserías?
Con más frecuencia de lo que nos imaginamos reproducimos estas
palabras o frases que en la mayoría de los casos, buscan insultar, agredir o
violentar alguna situación o a las personas. Sin embargo, en otros casos, es un
lenguaje coloquial o de amistad y compañerismo, como es el caso de las costas
de México en donde es muy natural saludar a alguien con la frase “HIJO E’ PUTA”
o el “CABRON” con el que se saludan o se aluden en la conversación los amigos.
Se podría pensar que el lenguaje de las palabras altisonantes es el de las
personas enojadas, vulgares, de escasos recursos económicos o educativo-culturales.
Pero el uso de estos microdiscursos responde también
a una serie de cuestiones ideológicas.
Diremos pues que las “GROSERÍAS” son textos
que se pueden llamar también microdiscursos y que
pertenecen al género corto de las palabras altisonantes en el español de
México, ya que cada variante dialectal utiliza sus propias palabras y las resemantiza, es decir, les da un significado secundario al
literal según sus referentes culturales. Proponemos:
o
Que
estos textos discursivos se utilizan en
la cotidianidad de la lengua y que responden a un estereotipo de hablante,
o
Que es
principalmente masculino,
o
Que se
reproducen canónicamente entre hombres y
o
Que son
parte de cada cultura, como lo es la metáfora, los textos refranísticos,
los chistes y otros géneros cortos que se reproducen a diario.
Analicemos los textos para poder entender
mejor su uso en el habla vernácula mexicana. (escribiré estos textos en
mayúscula de manera que semeje la altisonancia).
¿Cómo operan estos textos o microdiscursos?
o
Cómo
estrategias discursivas que validan una posición ideológica, las más de las
veces machista.
o
Cómo
argumentos que ocupan una posición de poder en el discurso.
o
Cómo
dotadas de una eficacia discursiva ya que rebatir una de estas expresiones es
una clara oposición al sujeto y es un motivo de lucha abierta.
o
Cómo enunciador incuestionable, porque se puede estar de acuerdo
o no en el uso de la palabra o frase altisonante, pero la grosería no se pone
en cuestión.
Durante el trabajo de análisis del discurso
que he realizado, me he podido dar cuenta que dichos micro discursos abundan en
el lenguaje cotidiano. Me atrevería incluso a proponer que son los más
productivos. Sin embargo este discurso tabú nunca es mencionado en la
literatura ni en la lingüística, debido a sus características particulares de
producción y a sus connotaciones.
La lengua no es un constructo
abstracto, todo lo contrario es un elemento cultural que compartimos los seres
humanos, pero más allá de la lengua está el lenguaje que abarca todo lo que nos
rodea, que denota quiénes somos, qué pensamos y qué ideologías compartimos,
muchas veces sin tener siquiera conciencia de ello. Es el caso de las GROSERÍAS.
¿Porqué expongo esto? Simplemente porque
estos textos son casi todos de origen masculino, que denotan un fuerte
desprecio hacia la mujer, que vuelven de esa “santidad” materna una expresión
negativa, en oposición a otras expresiones positivas en las que está
principalmente expresada la paternidad.
Son pues estos microdiscursos
llamados altisonantes, los que de alguna manera desnudan la identidad de las y
los sujetos, más allá de lo que ellos mismo son concientes. (Es importante
señalar que este escrito opera principalmente en México, pero no me extrañaría
que tuviera vigencia en otros países, por lo menos en América Latina).
Hace algunos años las llamadas MENTADAS DE
MADRE eran características sólo de los hombres, las mujeres no “MENTABAN LA
MADRE”. Esquematicemos la MENTADA DE MADRE
en sus tres presentaciones: 1. se verbalizaba con un CHINGA A TU MADRE,
2. se mienta haciendo un ademán con el brazo derecho cuando se piensa que el
receptor no alcanza a escuchar y se levanta el antebrazo con el puño cerrado y éste se balancea de manera
horizontal a la cara frente a la cara y 3. se silva o toca un ritmo de mentada
que es algo así como TATATATA-TA TA-TA. Sobre esto han aparecido una serie de
respuesta como LA TUYA etc.
Sin embargo lo que aquí es más relevante es
la ideología machista a la que responde la mentada de madre, y podemos
desenmascararlo desde el momento en que no existe la expresión de CHINGA A TU
PADRE sino al contrario existen las mentadas en otras modalidades como HIJO DE
TU PUTA MADRE o HIJO DE PUTA, y no HIJO DE TU PUTO PADRE o HIJO DE PUTO. Para
el español mexicano esos textos en masculino no tienen sentido, pero sí tiene
sentido ¡QUÉ PADRE! en sentido 100% positivo y no existe ¡QUÉ MADRE! en un
sentido 100% positivo. Pero si existe ME VALE MADRES, ESTO HUELE A MADRES, ES
UNA MADRE, PURA MADRE, MADRES QUE, UNA MADRECITA (para poquito) y solo encontramos
en lo positivo ¡ESTÁ A TODA MADRE!.
Respecto a los textos como PUTA MADRE ahí
está la referencia directa del machismo y su concepción del género femenino,
pues hay que recordar que para los machos todas las mujeres son “PUTAS” excepto
“LA MADRE”; sin embargo su discurso está siempre plagado de altisonancias donde
el referente es la madre. Existe otra expresión que es HIJO DE MIERDA, donde
nuevamente los referentes son dos en uno, la madre y la mierda. Podríamos
mencionar algunos casos en que la madre es “bendita” o mártir, etc. Pero sólo
en el discurso, porque el macho se sirve de la madre como sirvienta y el día de
las madres le regala sus utensilios de limpieza para que lo sirva bien todo el
año.
Mucho se habla de la pobreza cultural y
expresiva de las personas que utilizan este lenguaje; sin embargo, estos textos
lo que expresan es la ideología a la que se pertenece o por lo menos el bajo
nivel de análisis que le merece la lengua. En las conversaciones cotidianas
podemos detectar las relaciones de poder, ya que no cualquiera puede reproducir
estos microdiscursos, ni tampoco en cualquier lugar.
El uso de una grosería marca el lugar que ocupa el individuo en la interacción.
Esto es, que se habla así entre cuates, en relaciones más o menos horizontales,
es decir, de igual a igual, y es penado en las relaciones formales o en
situaciones de orden jerárquico, adultos mayores, mujeres o niños, entre otras
condiciones.
Los niños no pueden decirle a su mamá, por
ejemplo (o por lo menos no deberían) CHINGA TU MADRE, o utilizar esta expresión
entre hermanos. Por otro lado hay usos extremos como cuando el mismo individuo
se “mienta la madre” cuando narra una anécdota platica: “entonces me fui a
CHINGAR A MI MADRE”, expresión que se ha hecho cada vez más frecuente y que se
ha naturalizado en el discurso, lo que la hace pasar cada vez de manera menos
marcada, o sea que se escucha como parte del lenguaje cotidiano y pierde
importancia el referente. La madre ya no es aludida o insultada es simplemente
la grosería en sí misma.
Lo que me gustaría resaltar en este espacio es
cómo cada vez más este discurso machista o sexista se integra al discurso
femenino de manera que naturaliza el lenguaje machista vía los textos
altisonantes con la historia tan corta que tiene la mujer como sujeto de poder,
no ha podido neutralizar el lenguaje sexista o machista y creo de buena fe, que
no se da cuenta que lo reproduce. Aún hasta la fecha son más los hombres que se
dirigen a la mujer con este lenguaje que mujeres, pero el número se amplía más
y más. No con esto quiero decir que no se insulte, pero por lo menos que se
utilice un lenguaje directo al sujeto como podría ser PENDEJO, BABOSO,
ESTÚPIDO, etc. y sus femeninos, sin aludir a la mujer en su estado materno. El
hecho es que cada grosería significa algo en masculino y tiene otra connotación
en femenino. Es el ejemplo de CABRÓN que
significa algo así como un gran macho que todo lo puede y que es fuerte, etc.,
pero siempre en un sentido positivo. En cambio una CABRONA es una mujer que
abusa del poder, que puede ser en un sentido positivo pero no es garantía,
incluso es sinónimo de PUTA cosa que en el hombre no se leería de está manera.
Las luchas entre los géneros, es decir,
entre las feministas y los machistas, da lugar a una terrible confrontación que
no lleva a ninguna parte. El utilizar el lenguaje altisonante, no nos hace
mejor que los hombres, ni siquiera igual a ellos. Creo que es tiempo de que las
mujeres, sea cual sea su condición económica, social, cultural, educativa, geográfica,
etc., reflexionen sobre todas aquellas actitudes machistas que le moleste y
trate de cambiarlas o neutralizarlas, incluyendo el lenguaje, ya que se habla
sin pensar en que se reproduce un vocabulario masculino machista en las bocas
femeninas. Esta no es una critica contra nadie ni es una censura, ya que la
lengua no está bien ni mal, simplemente se utiliza y a veces es bueno
reflexionar sobre ella.
En el caso de las siguientes expresiones
podremos constatar que cada una de ellas es un metalenguaje. Y aunque en
algunos casos es utilizado el mismo microdiscurso
para la mujer o en femenino, la palabra, como lo comentamos anteriormente,
cambia de connotación.
|
1.
Chinga tu madre 2. Hijo(a) de tu puta
madre 3. Hijo(a) de puta 4. Hijo(a) de mierda |
5. pendejo(a) 6. estúpido(a) 7. cabrón(a) 8. idiota -neutral 9. pinche -neutral 10. güey -neutral |
1. padre 2. chido(a)
3. chingón(a) 4. fabuloso(a) 5. que a toda madre |
|
11. No mames AGREGA LAS
QUE TE SEPAS Y CLASIFICALAS 12. Vete a la verga 13. Métetelo por el
culo 14. Huevos 15. Güey |
||
El listado anterior nos permite constatar
que vivimos en una sociedad sexista, que representa a la ideología machista y
que sigue minando nuestro lenguaje; solo basta ver las alusiones y referentes
que connotan las palabras altisonantes que ponemos en nuestro corpus de
análisis, claramente se pueden identificar en las primeras cuatro que son los
insultos más agresivos en la cultura mexicana que refieren a la madre, en
oposición al padre que tiene a una acepción netamente positiva. En el caso de
la madre esta el #5 pero curiosamente en el habla cotidiana también se suple
por “A TODAS MARGARITAS” pues la palabra madre es una palabra muy fuerte
incluso se suple por la pura “M”.
Quisiera además resaltar un evento
generacional que en México se está viviendo. Las nuevas generaciones son en
algunos ámbitos a-genéricas, es decir tratan de anular las marcas de género.
Esto se puede detectar en el estilo de la ropa que llevan, que es unisex, el tipo de corte que es de igual manera para ambos
sexos, los nombres que utilizan, los grupos de amigos etc. En cuanto a las
palabras altisonantes que se expresan, se aluden con “GÜEY” para ambos sexos,
de mujer a mujer, de hombre a hombre, de mujer a hombre y de hombre a mujer.
Tal vez sea sólo una moda, pero puede también ser una manera de anular esas
diferencias de sexo género que se han venido discutiendo desde principios del
siglo pasado y que sin más ni más por fin logran recuperar frutos.
Finalmente quiero invitar a reflexionar
sobre los microdiscursos altisonantes y el género.
Mis comentarios y mi opinión no importan, pero si importan los tuyos. Analiza
tu vocabulario y detecta tu ideología.
Cuestiones de América Nº 9, Junio de
2002
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