Argentina:
Cada
vez hay más redes solidarias en el país
Mariana
Iglesias *
En Haedo, 400
vecinos se turnan para leerles a los ciegos del barrio. Diez médicos del
Argerich dedican sus fines de semana a viajar por pueblos olvidados para operar
a los que nunca pisaron un hospital. Cada sábado, más de 150 universitarios
entierran sus zapatos en el barro para alegrarles el día a miles de chicos de
nueve villas de la ciudad. Un matrimonio de La Plata abre el garaje de su casa
todas las mañanas para darles de comer a 500 nenes. Son sólo algunas respuestas
de los que eligieron no ser indiferentes.
Según
datos oficiales, en la Argentina hay 14 millones de pobres, y 4 millones de
desocupados. Pero también hay mucha gente solidaria. Unos reaccionan frente a
las urgencias con un abrigo, una bolsa de pan. Otros alivian la tristeza y la
soledad con horas de compañía. Y algunos donan su conocimiento apostando
a un futuro diferente. Son acciones concretas frente a tanta impotencia y
desesperanza.
Y
cada vez son más los que se unen a una fundación, a un grupo, a una asociación.
Cada vez son más los que crean redes comunitarias, los que organizan
campañas solidarias. Un relevamiento publicado en mayo por el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) muestra que sólo en Formosa, Jujuy, Mendoza, Río Negro y
Santa Fe existen casi 20.000 organizaciones civiles. Calculan que hay
100.000 en todo el país.
Se
trata de entidades de bien público sin fines de lucro que se forman con el
único fin de fortalecer a los ciudadanos. Una de las conclusiones del documento
—“Indice de desarrollo de la Sociedad Civil de la Argentina”— es que estas
Organizaciones de la Sociedad Civil duplican a las instituciones educativas
y son hasta siete veces más numerosas que las de salud.
No
hay datos oficiales de la solidaridad. El organismo que se encarga de registrar
estas entidades es el Centro Nacional de Organizaciones de la Comunidad
(CENOC), de la Secretaría de Desarrollo Social. Sus listados tienen 6.500
inscriptos, pero hasta en el lugar admiten que la cifra está muy alejada de la
realidad y que de a poco los registros se están poniendo al día.
Pero
todas las asociaciones manejan números que hablan de crecimiento y mayor
compromiso. Según el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES),
existen 52.000 entidades de bien público, pero el número asciende a 76.000 si
se suman las religiosas. Sólo en la Capital, los gastos operativos de estas
instituciones subieron un once por ciento entre 1995 y 1998.
El
Foro del Sector Social se creó en el 96 para fomentar la participación
ciudadana. Eran 25 entidades y hoy son más de 3.000. Este año promovieron la
campaña Movida Solidaria, “para que con el otro y entre todos construyamos una
sociedad más solidaria”, explica Diana Rubinstein, secretaria del Foro y
propulsora del Día de la Solidaridad. Eligió el 26 de agosto por el nacimiento
de la Madre Teresa de Calcuta.
“¿Qué
podemos hacer?”, dicen las páginas que el Foro repartió para su campaña: “Cuidar
a un nene solo, cocinar para gente de la calle, acompañar a un discapacitado,
leerle a un enfermo”. “Es que ser solidario no es sólo dar comida sino también dar
una mano, contención, ser respetuosos”, dice Rubinstein. La respuesta fue
abrumadora, llegaron cartas de todos lados.
“La
sociedad maduró. Ya no quiere ser más parte de ese Estado paternalista que se
encargaba de todo, ahora la gente tiene iniciativas y actúa”, asegura
Rubinstein. Pero hay otros factores que no se pueden olvidar: el hambre, la
desocupación, el descreimiento del sector político, la falta de acción de
ciertas instituciones.
“El
crecimiento se explica en parte porque hay una mayor demanda en el sector
público de organizar asociaciones civiles, también porque aumentaron las
necesidades de la sociedad, que es cada vez más desigual, pero además la
gente se organiza no sólo para satisfacer sus necesidades primarias sino porque
quiere avanzar en el reclamo de ciertos derechos”, explica Mario
Roitter, a cargo del Area Sociedad Civil y Desarrollo Social del CEDES.
Para
Inés González Bombal, otra investigadora del CEDES, no hay que plantear el tema
sólo en términos de crecimiento cuantitativo. “No hay dudas de que cada vez hay
más organizaciones, pero analizarlo solamente así es muy cerrado. Porque si el
crecimiento es únicamente de grupos asistenciales, esto demuestra que cada vez
hay más hambre en la sociedad.”
“Somos
37 millones de argentinos y 12 millones están marginados. El compromiso
de la gente es cada vez mayor, pero solos no podemos. Por eso esta etapa
debería ser que la comunidad se una con el Estado y con las empresas para
trabajar juntos”, dice Juan Carr, de Red Solidaria.
Margarita
Porcel dirige una consultora que da seminarios de “Responsabilidad social de
las empresas”. Y asegura que son un éxito. Este año asistieron 300. “Las más
grandes ya tomaron conciencia de la importancia de trabajar junto a la
comunidad, pero todavía falta. Lo que pasa es que quien tiene que exigir que el
sector privado se involucre es la sociedad civil.”
Los
especialistas coinciden: dar es un acto admirable, pero más importante es crear
condiciones para que los marginados tengan capacidad para valerse por sí mismos.
Y esto sólo se logrará cuando las empresas y el Estado decidan unirse y
trabajar en serio junto con la comunidad.
*
El Clarín, Buenos Aires, Sábado 26 de
agosto de 2000
Cuestiones de América Nº 8, Abril de 2002
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