Héctor Magaña Vargas
Los
procesos educativos en el continente siguen de crisis en crisis. Los
principales indicadores de las condiciones de desarrollo educativo muestran
profundas y abismales desigualdades, dejando a un lado a Estados Unidos y
Canadá cuyas economías han permitido un despegue sin parangón con los demás
países de América Latina. Mención aparte es el caso de la República de Cuba,
cuyos logros alcanzados en más de cuatro décadas de revolución han hecho una
enorme diferencia con el resto del continente.
No obstante los avances alcanzados en las
dos últimas décadas, en general se puede evidenciar los mismos problemas de
antaño:
1.
Profundas desigualdades regionales
Mientras algunos países presentan avances
considerables en materia educativa y casi siempre aparecen en los primeros
lugares del desarrollo en la región, otras naciones apenas alcanzan los mínimos
básicos y siempre están debajo de la media en toda América Latina y con
diferencias abismales. La tabla de abajo nos permite ilustrar lo anterior,
pues, mientras Uruguay, Brasil, Argentina, Panamá y Costa Rica encabezan la
lista de mayor participación del PIB en gasto público social, con porcentajes
bastante elevados y por arriba de la media en la región, el contraste se
presenta en Guatemala, el Salvador, Dominicana, Perú y Paraguay cuya inversión
del gasto educativo es muy por debajo de todo el conjunto de latinoamericanos y
con indicadores bastante pobres del 4 al 7 por ciento. Esta comparación va a
permanecer estable en casi todos los indicadores de educación y nos muestra que
las condiciones en que se desenvuelven los países son bastante heterogéneas y
muchas de las veces las comparaciones resultan estériles. Empero, este
ejercicio nos ilustra el devenir de la región y nos permite evidenciar las
tesis que presentamos.
Comparativamente hablando, la inversión
educativa medido en porcentaje del PIB en general, encuentra que Cuba invierte
el 6.7%; seguido de Costa Rica 6.2; Bolivia con el 5.6 y Panamá con el 5.0; en
contraste aparece la situación de Guatemala, República Dominicana, El Salvador,
Uruguay y Perú con el 1.6%, 2.2%, 2.3%, 2.5% y 3.2 respectivamente.[1]
Gasto Público Social en América
Latina como porcentaje del PIB
(1990-1999)
|
PAÍS |
1990-1991 |
1998-1999 |
América Latina
|
10.4 |
13.1 |
|
1.
Uruguay |
16.8 |
22.8 |
|
2.
Brasil |
18.1 |
21.0 |
|
3.
Argentina |
17.7 |
20.5 |
|
4.
Panamá |
18.6 |
19.4 |
|
5.
Costa Rica |
15.7 |
16.8 |
|
6.
Bolivia |
-- |
16.1 |
|
7.
Chile |
13.0 |
16.0 |
|
8.
Colombia |
8.0 |
15.0 |
|
9.
Nicaragua |
10.8 |
12.7 |
|
10.
México |
6.5 |
9.1 |
|
11.
Venezuela |
9.0 |
8.6 |
|
12.
Honduras |
7.9 |
7.4 |
|
13.
Paraguay |
3.1 |
7.4 |
|
14.
Perú |
3.3 |
6.8 |
|
15.
República Dominicana |
4.3 |
6.6 |
|
16.
Guatemala |
3.4 |
6.2 |
|
17.
El Salvador |
-- |
4.3 |
Fuente: El gasto social en América Latina — Balance
de una década. CEPAL 2001
2. Hay una gran
disparidad en el impacto de la educación recibida por los hombres en relación
con las mujeres.
En la información que se tiene sobre el
devenir del proceso educativo en toda Latinoamérica, encontramos que los
principales rezagos educativos los presenta la mujer, y en mayor grado la mujer
del medio rural que del medio urbano, las mujeres de clase baja que de clase
social alta o de sectores medios, y principalmente los problemas se presentan
en las mujeres de edad avanzada donde la modernidad las avasalló y nunca
pudieron recuperarse de la dominación de una sociedad sexista y discriminatoria
No obstante lo anterior, desde la década de
los ochenta hasta la actualidad, las mujeres latinoamericanas han despuntado
como nunca antes. El fenómeno de la feminización de la educación es una
realidad insoslayable. La cada vez mayor participación de la mujer en todos los
niveles educativos y no sólo en la educación básica es hoy un aporte
significativo a la sociedad latinoamericana. Ahora la mujer se involucra en
todos los ámbitos de la educación desde el nivel básico hasta el superior y de
posgrado.
En un reciente estudio se encontró que en
las llamadas “economías emergentes” (léase América Latina y algunos países de
Europa del este), las mujeres participan con el 20 y hasta el 50 por ciento de
las investigadoras científicas superando con mucho al 10 por ciento de Estados
Unidos y el norte de Europa.[2]
En toda Latinoamérica más del 50 por ciento
de la matrícula de estudiantes del nivel superior, pertenece a las mujeres y en
algunas naciones supera con mucho a los hombres en algunas áreas del
conocimiento. También se observa un mejor aprovechamiento escolar y una alta
eficiencia terminal que impacta favorablemente a los niveles ulteriores de
estudio. En poco tiempo tendremos mujeres ingenieras, matemáticas, agrónomas,
arquitectas, politólogas, informáticas y seguirá con
una presencia mayoritaria en la educación preescolar y básica, de la misma
manera que en el área de la salud.
Es el
momento de empezar a comprender su impacto y trascendencia. Si en estos
momentos la mujer ya participa activamente en la población económicamente
activa, en puestos de trabajo de nivel bajo y medio, en el futuro con una
preparación universitaria, empezará a escalar puestos de alta dirección en los
principales centros de producción y de servicios de las economías del
continente.
Se habla que nos encontramos en el siglo de
las mujeres, el tercer milenio es una oportunidad histórica para reivindicar
sus anhelos de igualdad de oportunidades en todas las esferas de la vida social
y económica de nuestras naciones.
3. Los altos índices
de analfabetismo.
No es raro asociar pobreza con bajos niveles
educativos y sobre todo pobreza y subdesarrollo con altos índices de analfabetismo.
Este es el común denominador de muchos países latinoamericanos.
En efecto, no obstante el crecimiento de las
economías, sobre todo medido con indicadores macroeconómicos, el impacto sobre
la población más vulnerable ha sido poco significativo.
Los sectores más desprotegidos no han
alcanzado los niveles de bienestar indispensables para aspirar a una mayor
calidad de vida. Los datos que presento líneas abajo reflejan lo inoperante de
las políticas educativas para erradicar para siempre estos flagelos.
Es indudable que el analfabetismo lo vamos a
encontrar con mayor impacto en la
población rural, y principalmente al sector de los indígenas, cuya modernidad
no ha alcanzado los niveles esperados. La educación bilingüe no se ha podido
implantar.
Analizado este problema con mayor detalle,
podemos apreciar que entre mayor edad presenta la población, más inoperantes
son los programas de atención para la gente mayor y principalmente para los de
la tercera edad. La curva es ascendente y no se vislumbra un futuro halagador,
antes bien, se puede apreciar que el conflicto se agudizará en los próximas años.
De la
misma manera se demuestra la gran disparidad regional al observar que en Haití
más de la mitad de su población de 15 años o más, es analfabeta, y que el 63%
son mujeres; en Nicaragua el 35%, El Salvador con 23% mujeres y 18% hombres, y
Honduras con el 28% de mujeres y el 27 % de hombres, nada comparado con el 1.8%
de Uruguay y el 3.6% de Cuba.
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Los logros en el abatimiento del
analfabetismo han rendido frutos, sin embargo, aún persisten las enormes
diferencias entre los sexos, pues mientras a las mujeres prevalecen porcentajes
de casi la mitad de analfabetismo en algunos países pobres, en los hombres apenas rebasa el 30 por ciento, en términos
relativos; en números absolutos estamos hablando de más de 42 MILLONES DE
ANALFABETAS EN TODA LATINOAMERICA según el informe 2001 de la UNICEF.


4. La enseñanza superior es, según el informe 2001 de la
UNESCO, uno de los "principales retos educacionales" de la región.
Pese al aumento del
número de matrículas durante todo el decenio de 1990, en 1998 sólo había en
total 9,5 millones de estudiantes matriculados en la enseñanza superior, de los
que 60% sólo corresponden a Brasil, México y Argentina. Las ciencias sociales,
la enseñanza comercial y el derecho atraen el mayor número de estudiantes de
los que se tienen datos, con la excepción de Cuba, donde educación y salud son
los estudios preferidos.
El poco o nulo
crecimiento en la educación superior de Latinoamérica ha obedecido a la
privatización del subsistema educativo, controlado principalmente por poderosas
organizaciones religiosas como los Lasallistas, los
jesuitas, los legionarios de cristo, entre otros. Tan sólo en El Salvador el
75% de toda la educación superior pertenece al sector privado, en Chile el 71%,
en Brasil el 61%; en cambio, en Cuba el 100% de la matrícula de estudiantes del
nivel superior es del sector público, en Uruguay el 89%, en Bolivia el 82%,
Argentina 79% y México 71%.
Cabe resaltar que el costo de la educación
superior es ocho veces mayor al del nivel de primaria, según estimaciones de la
UNESCO.
REFLEXIONES FINALES
Las
principales interrogantes que surgen son: ¿educar para qué? ¿hacia
dónde van orientadas las políticas educativas de los actuales gobiernos en este
contexto de globalización y neoliberalismo?
Algunas
de las respuestas las podemos encontrar en los resultados de éstas políticas
educativas y su impacto en la población. Hoy no basta con cubrir la demanda
educativa, con aplicar programas y desarrollar los contenidos, si en los hechos
estamos fracasando en lo fundamental: los niños, jóvenes y adultos no saben
leer, no comprenden los textos, no escriben y fracasan en las operaciones
matemáticas básicas.
Efectivamente,
estoy haciendo referencia a la calidad, a la eficiencia y a la equidad de la
educación, a la manera en que se enseñan y la forma en que se aprende, en eficientar al máximo los recursos tanto humanos como
materiales para ofrecer una verdadera opción educativa que potencie al máximo
las capacidades de todos los educandos.
El
caso de Brasil[3]
y México[4],
las dos economías más fuertes y de mayor crecimiento; el primero asigna casi el
cinco por ciento de su PIB a la educación y presenta rezagos históricos que no
reflejan la inversión, sus indicadores de analfabetismo llegan hasta los 15
millones de analfabetas, con una tasa del 16% y una población de 54.7 millones
de estudiantes en todo el país. México por su parte asigna el 4.6% de su PIB a
la educación, tiene un índice de analfabetismo de casi el 10 por ciento (de 100
millones de habitantes) y un total de 28 millones de estudiantes en todo el
sistema educativo.
¿Qué
ha sucedido con la inversión educativa, con los programas, con las políticas
educativas? Desgraciadamente en la región estaremos utilizando conceptos
bastante devastadores como la africanización
de Latinoamérica, es decir, condiciones de vida que eran propios de
naciones muy pobres en el continente africano, que ahora se aplican en
Latinoamérica sin distingo.
El
cuestionamiento luego entonces, estriba en los modelos educativos, en la
pedagogía de la enseñanza y el aprendizaje, en mejorar la educación hasta los
máximos posibles y esto sólo se logrará haciendo una reforma educativa a fondo,
no de forma sino cuestionando el sentido de la escuela y la definición de qué
tipo de persona deseamos formar: un individuo capacitado sólo para el trabajo,
para aplicar manuales, o personas responsables de su vida que sean formados en
valores como el respeto, tolerancia, democracia, diversidad y ética.
¿Cuál
modelo educativo seguir? ¿El que nos imponen las grandes naciones
desarrolladas?, ¿El que aplican con gran maestría y de manera acrítica nuestros egresados de los posgrados de las
universidades del primer mundo?
Definitivamente
la opción estriba en construir un proyecto eminentemente autóctono, nuestro,
latinoamericano, que enfrente directamente los grandes problemas históricos de
la educación de nuestros pueblos, que responda a las demandas de la sociedad y
que se construya desde la escuela hacia la sociedad, con la participación de
todos los actores educativos, maestros, padres y madres de familia, alumnos,
autoridades, especialistas, funcionarios del gobierno, expertos
internacionales, y sobre todo investigadores de la educación que
definitivamente vinculen estrechamente los hallazgos encontrados en sus institutos
y universidades para que directamente sean aplicados en el salón de clases
Construir
la opción latinoamericana con las particularidades de cada región y nación,
respetando a los diferentes grupos tanto de indígenas como de cualquier otro
tipo, respetando las lenguas nativas y sobre todo la cultura de cada grupo
diferente.
En
Latinoamérica no basta con ofrecer educación superior y abrir oportunidades
educativas en este nivel, si finalmente los egresados de muchas licenciaturas
no podrán obtener un empleo y se insertarán directamente en las filas de
desempleo, o en el mejor de los casos trabajarán en actividades ajenas a su
formación profesional.
La vinculación escuela-sociedad se ha perdido y los jóvenes ya no aspiran a ingresar a la universidad, si finalmente los empleadores no abren opciones de desarrollo profesional para el mejoramiento del aparato productivo y de solución de los ingentes problemas de cada nación. No basta con aumentar la oferta educativa, es necesario modificar los modelos de inserción de los egresados a los mercados laborales cambiantes, segmentados y muchas de las veces incomprensibles a la hora de asignar un puesto, la racionalidad empresarial ha perdido la brújula, ofrece muy poco a los jóvenes egresados de las universidades y exige demasiado de ellos. Por otro lado, en las universidades latinoamericanas se debe crear conciencia de que el mundo laboral ha cambiado y las competencias académicas que exigen los empleadores cada vez son mayores. Los egresados cambiarán sus representaciones de lo que significa un puesto de trabajo, la ingeniería empresarial ha modificado las relaciones laborales y ahora se privilegia el trabajo a distancia, en la casa sin un vínculo laboral con la empresa, sino por medio de los llamados servicios profesionales. La diversificación del mundo laboral ha impactado a los profesionales y ahora se ha conformado la visión de un desarrollo laboral partiendo de la flexibilidad curricular para adaptarse ráp