Crónica
A la izquierda del padre
Rolando Pérez Betancourt
*
No
abundan las películas donde el subrayado poético de los diálogos, conjuntamente
con la música, se integren magistralmente a una visualidad artística
desconcertante. Extraordinaria fotografía, tanto en su belleza sensorial como
en los planos a los que recurre para transmitirnos las complejidades de los
personajes envueltos en una trama, que bien pudo ser concebida por uno de
aquellos maestros de la tragedia griega, o por un Shakespeare
mojando la pluma en su mejor tintero.
En un orden de prioridades, comenzaría por ahí para destacar los
innumerables méritos de A la izquierda del padre, filme brasileño que
obtuviera el Premio Especial del Jurado en el último Festival del Nuevo Cine
Latinoamericano, galardón que se sumó a una larga lista de reconocimientos
internacionales.
Llama la atención cómo el debutante director de este filme, Luis
Fernando Carvalho, proviene de la telenovela, un
género tan marcado por estereotipos de realización y donde la fotografía suele
ser, casi siempre, un soporte anodino, o dulcemente bello, pero pasivo en una
función narradora en la que la verbosidad soporta el peso mayor de la intriga.
Este director, ampliamente conocido en nuestro país gracias a El rey
del ganado, tiene el mérito de dejar en una gaveta lo aprendido en relación
con los mecanismos estructurales y emotivos de los llamados culebrones y
construye una película de hermosa densidad, donde los parlamentos, provenientes
de la novela de Raduan Nassar,
Lavoura Arcaica, cobran una vitalidad
de otra trascendencia artística en su nuevo soporte expresivo.
Un texto que no obstante estar lleno de metáforas y sentencias no hace
sentir en lo absoluto su carga literaria, debido a que se integra a un tono
general de realización concebido en los parámetros de búsqueda, ¡y hallazgos!
estéticos, que poco le deben a las formas tradicionales y muchas veces
fatigosas de la narración cinematográfica.
A la izquierda del padre es la historia de una familia de inmigrantes
libaneses que conservan sus viejas tradiciones, al tiempo que es regida por la
mano dura, aunque no poco inteligente, de un patriarca. Él, en su misión de
manto protector, hace chocar conceptos ancestrales acerca del bien y el mal, la
razón y la pasión, las ataduras y la libertad. En esos lindes se enciende la
llama amorosa e imposible, por lo sórdido de sus quemaduras, de uno de sus
hijos. Y del conflicto brotarán verdades y reflexiones relacionadas con la
trama, pero también capaces de volar más alto y anegar interrogantes
relacionadas con la vida misma.
Más no puede decirse porque sería arrojar una pala de tierra barata al
terreno tan finamente poético y gradualmente revelador que ha venido tejiendo
el director, apoyado en esa fotografía extraordinaria a la que hacíamos
referencia, proveniente de la mano de Walter Carvalho,
el mismo de Estación Central de Brasil. Sorprendente resulta el
desempeño del joven Selton Mello, como el hijo
hambriento de dimensiones diferentes enfrentado al padre, papel este
interpretado por el veterano, Raúl Cortez. El primero
sorprende, porque luego de ser visto en la última telenovela brasileña
transmitida por la televisión en un desempeño correcto, pero nada fuera de lo
común, arma ahora un personaje doloroso, que se debate entre la sensibilidad
amorosa de un ángel y el arrebato carnal del diablo.
Que no queden dudas: A la izquierda del padre, elegido por la
Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica al premio FIPRESCI que se
otorgará al filme más significativo de América Latina en el 2001, es una
película que llena de satisfacciones estéticas a todos aquellos que siguen
apostando por un cine de calidad artística, en tiempos en que el celuloide
fácil, imbeciloide, se remata a precio de tarima.
*
Granma, 3 de octubre de 2002.
Cuestiones de América Nº 8, Abril de 2002
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