Hay realidades marcadas en forma decisiva
por las dimensiones regionales o nacionales. Hay otras sin embargo que tienen un
alcance mucho más general. Las teorías científicas forman parte de ello.
Entre otras cosas, el siglo XIX se
distinguió en el terreno de la ciencia primero por los estudios comparados y
después por la teoría de la evolución como componentes nucleares de la
episteme, de la teoría del conocimiento básica para tratar de entender la
naturaleza y la vida social. El siglo XX fue marcado por la teoría de la
relatividad y la mecánica cuántica que penetraron en toda nuestra visión del
mundo. En el siglo XXI emergen paradigmas científicos que también parecen estar
llamado a ocupar un lugar nuclear: me refiero a la teoría del caos y a la
Teoría de Sistemas Dinámicos.
La primera teoría ha revolucionado
nuestras ideas de la geometría desde el “descubrimiento” de los fractales, ha
dado fundamentos nuevos a la reflexión cuántica sobre la indeterminación y ha
permitido comenzar a pensar la complejidad en los más diversos campos. La
Teoría de Sistemas Dinámicos apenas empieza a ser conocida en América y en
particular en América Latina, por lo que queremos dedicarle una breve nota en
este número dedicado a la cultura.
La Teoría de Sistemas Dinámicos nace
otra vez de postulados biológicos, pero tiene repercusiones epistémicas,
globales. De acuerdo a lo expuesto en su ya clásico libro que quizá algún día
se constituya en un hito para la obtención del premio Nóbel de biología, Nature/nurture,
que trata la oposición entre naturaleza y crianza, Gottlieb revoluciona nuestra
idea de la evolución. Oponiéndose a las teorías innatistas, al determinismo
genético, a la psicología evolutiva y a la sociobiología, Gottlieb plantea que
la evolución es un proceso de doble vía, de ida y vuelta, que va desde los
genes hasta la cultura.
Así, la obtención de un rasgo
genético puede obtenerse a partir de diversas secuencias de copiado, el
ambiente citoplásmico puede alterar el curso del individuo, lo mismo que
modificaciones de los tejidos. El ambiente mismo tiene una gran influencia,
como sucede con las especies que modifican su sexo según se modifique la
temperatura o los gemelos humanos “idénticos”, que pueden ser muy diferentes
según la región del vientre materno en la que crecen. Mediante manipulaciones
ambientales podemos modificar radicalmente el comportamiento de una mosca. Por
último, la cultura juega también un rol central en el caso de los animales y
del hombre mismo.
Lo que la evolución selecciona, de
acuerdo a la Teoría de Sistemas Dinámicos no es sólo el hoy tan mentado genoma
humano. Lo que escoge es el haz de rasgos de desarrollo propios de la especie.
A partir de esta visión, resultan nucleares para comprender la condición humana
y su evolución dos características entre otras: la altricialidad secundaria y
la formación de la díada infante/cuidador primario.
La altricialidad secundaria se opone
al funcionamiento de los recién nacidos precoces. Estos últimos pueden valerse
por sí mismos al poco de ser concebidos. Los primates y humanos, que presentan
altricialidad secundaria, requieren de una larga crianza, de una educación
familiar y cultural para poder llegar a ser independientes.
La díada infante/cuidador primario
es al que permite transmitir la cultura, según características propias de la
especie y, en el ser humano, según la cultura.
El enfoque dinámico ha permitido
comprender de nueva manera la evolución. Hoy podemos decir que “la
sobrevivencia del más fuerte” es un mito del siglo XIX. También podemos afirmar
que sin la comprensión de la altricialidad secundaria, el mantenimiento de la
díada infante/cuidador primario y otros rasgos culturales típicos de la especie
humana no podríamos comprender en forma cabal los últimos datos sobre nuestra
evolución en la cual se conjugan múltiples factores, cuestión que lejos de
amedrentar a la Teoría de Sistemas Dinámicos es parte de su método de explicar
el mundo y al hombre: la complejidad.
En el estudio de la primatología, la
Teoría de Sistemas Dinámicos permite empezar a comprender de manera mucho más
compleja la vida de los simios y de la propia especie humana. En el campo de
las emociones, que consituyen la goma, el cemento que mantiene unida la díada,
se desarrollan nuevos enfoques que permiten, por ejemplo, diagnosticar y curar
en gran medida el autismo cuando no existen daños degenerativos mayores. En el
terreno psicológico se desarrollan nuevos y prácticos enfoques para lograr
desarrollar una vida sana.
En el terreno del lenguaje los
avances son impresionantes y ha surgido un paradigma dinámico que se opone y
supera a la gramática generativa propuesta por Noam Chomsky en la segunda mitad
del siglo XX. Mediante el enfoque dinámico se ha podido demostrar el carácter
primordialmente cultural del lenguaje, que ha podido ser enseñado hasta un
cierto grado de dominio equivalente al de un pequeño de año y medio (y, para
determinados fines, a de uno de dos años y medio o incluso más) como es el caso
de los bonobos Kanzi y Panbanisha.
Los bonobos son una especie similar
al chimpancé, que comparte con el hombre el 99% del material genético y que
camina erecto grandes distancias, apenas con una inclinación mayor que los
Australopitecinos y maneja una compleja conducta de signos en lo salvaje. Estos
simios llegan a manejar bajo el entrenamiento de Sue Savage Rumbaugh dibujos
llamados lexigramas (ya que no poseen la capacidad articulatoria humana) en tal
cantidad que un humano tarda meses en poder manipular. Cuando un chimpancé
(Austin) fue entrenado de manera similar, para aprender el lenguaje, al morir
se abrió su cerebro y se descubrió que su masa encefálica había crecido. Fue
una demostración de que aún sabemos poco respecto a las posibilidades de
influencia de la cultura en el desarrollo de las especies, aun cuando esté
fijado su mapa genético.
El horizonte de la Teoría de
Sistemas Dinámicos apenas empieza a abrirse, pero es seguro que vamos a vivir
su expansión durante el siglo XXI y a interesar a la antropología, la
sociología, la teoría política y otros campos de la ciencia.
Redacción
Cuestiones de América
Cuestiones
de América Nº 8, Abril de 2002
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