Informados de Todo, Enterados de Nada

Félix López *

 

Una simple tecla hizo el milagro. Se iluminó la pantalla de la COMPAQ portátil. Con el “mouse”, dirigí el puntero hacia el icono del servicio “on-line” e hice funcionar el programa... Daba así los primeros pasos matutinos por la Aldea Global. Vía módem y a través de la línea de teléfono, había ingresado al ciberespacio. Navegaba...

Un eficiente buscador electrónico, el Google (capaz de hacer en pocos segundos el trabajo que le llevaría todo el día a un millón de bibliotecarios por todo el mundo), volvía a enfrentarme al verdadero rostro de la tan elogiada autopista de la información. Las noticias llegadas a la red sobre el importante forum que sobre la globalización se realiza en La Habana, eran tan escasas como inexactas.

Con excepción de alguna que otra línea objetiva, y de la página web que internacionaliza la edición diaria de Globalización, este periódico desde donde escribo, todo lo demás era silencio. Internet demuestra una vez más, con un ejemplo cercano a todos, que su “pluralidad” ofrece ilimitadas posibilidades de elegir entre lo mismo y lo mismo.

Y no es casual que así sea. Recordemos que esta tecnología fue desarrollada sobre la base del concepto norteamericano de que el dominio de la tecnología y de las comunicaciones es el arma más poderosa para dominar el mundo. Por medio de ella se influye el pensamiento y se pone a disposición de ¿todos? los “beneficios” del sistema político y económico de los países industrializados.

Gracias a la Internet (que en realidad es una red de redes), desde el teclado de una computadora tengo acceso a un cúmulo de información que nunca hubiera podido imaginar disponible en pantalla. Desde agosto de 1994 (cuando veintiséis mil cadenas formaban parte de ella) se añaden a la conexión global, mes tras mes, millones de computadoras.

Y a través de ellas nos venden una idea asombrosa: Internet como una ciudad llena de gente que camina por ella y que hace todo lo que la gente hace en una ciudad. Por ejemplo: Un estudiante de siete años de San Diego, California, intercambia correspondencia con chicos de su edad de Israel como parte de una clase de Educación Cívica, y también fotos pornográficas...

Todo ese prodigio también tiene una historia: en los años sesenta, Marshall MacLuhan difundió la idea de una nueva «aldea global», un mundo entretejido y transformado por la televisión y otros artilugios de la era electrónica. Su popular libro Understanding Media predijo que una red de información cubriría el planeta, difundiendo la democracia y encaminándolo hacia «una condición superior de entendimiento universal y unidad... una conciencia cósmica general».

MacLuhan puso el diablo en el cuerpo de los dueños del monopolio. Nueve años después de la mayor fusión de medios de la historia (la compañía Ganett compra una compañía de TV y anuncios en 362 millones de dólares), Rupert Murdoch compró a Walter Annenberg´s, Triangle Publications la revista TV Guide y otras publicaciones por tres billones de dólares. Transcurridos sólo siete meses, la fusión de Times Inc. y Warner Communications Inc. creó la firma más grande de los medios electrónicos en el mundo, con un valor de 18 billones de dólares.

El 9 de abril de 1989 Gulf + Western (editorial Simon & Schuster y Paramount Pictures), que alguna vez fuera el consorcio más diversificado de Estados Unidos, anunció que estaba entrando a la carrera de la globalización al poner en venta todas sus industrias ajenas a los medios electrónicos a fin de concentrarse en la nueva mina de oro de los medios planetarios, y que después de casi medio siglo se disponía a cambiar su nombre por el de Paramount Communications Inc.

Hasta aquí hemos hablado de los señores que dirigen el imperio de la aldea global. Pero nada hubiera sido de sus sueños sin el genio de otro señor llamado Bill Gates y de avances como las fibras ópticas y los satélites que han hecho posible publicar y transmitir por toda la superficie de la Tierra cada vez a mayores velocidades y menores costos. Fue así como se borraron las fronteras nacionales.

LA MASCARA ELECTRONICA

El oligopolio de los medios electrónicos globalizados es invisible al ojo del consumidor. Los puestos de periódicos exhiben todavía hileras de periódicos y revistas con una deslumbrante variedad de colores y temas. Librerías y bibliotecas ofrecen miles de estantes llenos de volúmenes distintos. En todo el mundo continúan multiplicándose compañías productoras y canales de televisión por cable, así como videocasettes y grabaciones musicales en docenas de lenguajes.

Los señores de la aldea global tienen su propia agenda política. Poseen una gran resistencia ante los cambios económicos que no van de acuerdo con sus propios intereses financieros. Juntos ejercen un poder hegemónico sobre las ideas, la cultura y el comercio que afecta a la población más que ningún otro en la historia. Ni César, ni Hitler, ni Franklin Roosevelt, ni los papás han tenido tanto poder para manejar la información de la que tanta gente depende para tomar decisiones sobre cualquier cosa, desde por quién votar hasta qué comer.

Según datos de la Internet Society, más de 40 millones de personas tenían acceso a Internet a mediados de 1995 (es decir, un 0,66 por 100 de la población mundial), de las cuales el 70 % eran ciudadanos de los Estados Unidos. La «aldea global» parecería ser, más bien, una «aldea norteamericana». Maticemos: la tasa de crecimiento de usuarios europeos está siendo mayor que al norte del Río Grande. ¿En qué condiciones están los habitantes del Sur para unirse a la sociedad de la información?

En 1995, el número de ordenadores personales era aproximadamente de 180 millones en todo el mundo, para una población de 6.000 millones de personas. La posibilidad de acceder a la red quedó limitada al 3 % de los habitantes del planeta. Pero, en conjunto, todos los países en desarrollo poseen solamente el 4 % de los ordenadores del mundo.

Estas cifras ofrecen una primera idea de la gran desigualdad de acceso al ciberespacio. Los países del Sur carecen de los medios para incorporarse masivamente a la «aldea global». Y eso también tiene su explicación. Sigamos.

LA AUTOPISTA PROHIBIDA

El acceso a la red necesita, indiscutiblemente, de medios técnicos inalcanzables ya no solo a los que habitan en el Tercer Mundo, sino también a los de menos ingresos en los países desarrollados: para el 10 % de los londinenses que están desempleados, un ordenador nuevo de 1 500 dólares representa el ingreso total de seis meses, y para el 45 % de los indonesios que están subempleados, representa varias veces su ingreso anual.

En términos reales, el acceso a Internet es doce veces más caro en Indonesia que en Gran Bretaña. Un módem, otro aparato necesario para la comunicación telemática, cuesta en la India aproximadamente cuatro veces más que en Estados Unidos. Las diferencias en el poder adquisitivo son aún determinantes en el acceso al ciberespacio, tanto para la gran mayoría de los ciudadanos del Sur, como para una importante minoría de personas del Norte.

Las tarifas de los proveedores de acceso a Internet son mucho más elevadas en el Tercer Mundo que en el Norte. Por ejemplo, la administración estatal de las comunicaciones en Brasil ha llevado las conexiones telefónicas a costos excesivamente altos (una línea puede costar hasta 5 000 dólares), lo cual ha reducido el número de usuarios.

Pero soñemos un poco (todavía no tiene precio) e imaginemos que todos estaremos conectados mañana mismo a la red global. A partir de entonces estaremos navegando en un mundo de imágenes únicas, palabras únicas, sonidos únicos... “Caminaremos” por una ciudad virtual sin reconocer el rostro de nuestros interlocutores, conquistaremos parejas totalmente desconocidas y lo peor: estaremos informados de todo, pero no nos enteraremos de nada.

Fuentes:

-Baddekian, Ben. The National, agosto 1998.

-Pérez, Ariel. Revista Vida Feliz, Argentina, noviembre 1995.

-Villate, Javier. En: en.red.ando, 26 de noviembre de 1995.

-B Gresh, Alain. ¿Y los ciudadanos del Sur?, Le Monde Diplomatique, 7 de mayo de 1996.

-Panos Institute. The Internet and the South: Superhigway or Dirt-Track?, 16 de octubre de 1995.

 

* III Encuentro Internacional de Economistas, La Habana, del 29 de enero al 3 de febrero de 2001.

 

     

Cuestiones de América Nº 8, Abril de 2002

 

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