Venezuela-Colombia-Ecuador
Noam Chomsky *
¿Qué opinas de los procesos
populares y revolucionarios en Ecuador, Colombia y Venezuela?
—A largo plazo, Venezuela será
el más importante de los tres. Es un país muy rico, con enormes reservas de
petróleo. Fue un dominio de los británicos, hasta que Estados Unidos los
expulsó en los años veinte, bajo el presidente Woodrow Wilson. Desde entonces,
Estados Unidos ha sido el poder dominante en Venezuela. De hecho, Venezuela fue
el principal exportador de petróleo hasta los años setenta y todavía es uno de
los más importantes para Estados Unidos. También tiene recursos importantes en
otras materias que Estados Unidos ha explotado y, por lo tanto, no verá con
buenos ojos que las cosas se salgan de control.
De hecho, una de las
informaciones poco conocidas sobre la crisis de los misiles en Cuba, revela que
una de las principales preocupaciones de los hermanos Kennedy consistía en que,
si Cuba se volvía demasiado independiente, podía impedir los planes para una
invasión estadounidense a Venezuela que se contemplaba en aquellos tiempos,
debido a los movimientos guerrilleros y populares. Es decir, esto no es un
asunto que Estados Unidos toma a la ligera.
Parte de la preocupación sobre
Colombia está vinculada, de hecho, a Venezuela. En este momento, la posición de
Washington frente a Venezuela es ambivalente. Me parece que nadie sabe con
exactitud hacia dónde se dirige el proceso venezolano. Nadie sabe, qué parte
del discurso de Hugo Chávez es populista y qué parte refleja
una tendencia hacia reformas sustanciales. Estados Unidos está preocupado.
También existe un serio
problema con las inversiones en la industria petrolera que han sido bajas,
debido a la corrupción y al mal management en los últimos años, de tal manera
que no puede aumentarse la producción con la velocidad que le gustaría a
Estados Unidos. Es decir, es una situación compleja que Washington va a querer
mantener bajo control y asegurarse que no vaya en la dirección equivocada.
—¿Por qué el viaje de Clinton
a Colombia?
—Colombia tiene una terrible
historia de violencia, que ha durado más de un siglo. En los años sesenta, esa
violencia tomó un nuevo rumbo debido a una fuerte intervención del gobierno de
Kennedy, con misiones de las fuerzas especiales estadounidenses que asesoraron
a las fuerzas armadas colombianas. Eso fue parte del proyecto general de
Kennedy de convertir a los ejércitos de América Latina en fuerzas de seguridad
que controlaran a su propia población mediante la violencia. Se trataba del
cambio de la estrategia de la defensa hemisférica —reminiscente de la Segunda
Guerra Mundial— en las fuerzas armadas latinoamericanas, hacia la seguridad
interna, es decir, hacia la guerra contra su propia población.
En Colombia, la misión de las
fuerzas especiales estadounidenses instruyó específicamente a las fuerzas
militares colombianas, a formar grupos de paramilitares, para llevar a cabo lo
que llaman el «terror paramilitar» contra «conocidos proponentes comunistas» (known
communist proponents). «Proponentes comunistas» es un término muy
amplio que puede incluir campesinos organizados, lideres sindicales, activistas
de los derechos humanos, intelectuales independientes, candidatos políticos,
cualquier cosa; y esta política de organización del terror paramilitar —que
incluía el entrenamiento respectivo— llevó a una nueva fase de violencia
organizada del Estado: en parte a través de los militares y, en parte, a través
de los paramilitares. Y esto ha continuado desde aquella fecha.
En los años noventa, Colombia
tiene con creces el peor récord de violación de los derechos humanos en el
hemisferio occidental; esto se debe, a que el terrorismo de Estado masivo en
los otros países se redujo, de tal manera que Colombia saliera en primer lugar.
De los casi diez asesinatos políticos que se cometen cada día, el Departamento
de Estado atribuye la gran mayoría, un setenta a ochenta por ciento, a los
paramilitares, que son muy cercanos a los militares. El resto se atribuye a la
guerrilla.
El problema de la droga
La guerrilla ha logrado
desarrollar ahora una base sustancial en gran parte de la población, a tal
grado que el gobierno ha cedido básicamente una parte del país a la guerrilla,
que por otra parte, nunca ha estado integrado a Colombia. En esas regiones, los
campesinos han estado obligados, básicamente, a la producción de coca—, no
porque alguien les haya puesto una pistola en la cabeza, sino porque
simplemente no hay otra forma de sobrevivir.
Este problema se remonta a los
años cincuenta. Colombia tenia producción de trigo (wheat) que fue
socavada por agroexportaciones subsidiadas de Estados Unidos, bajo la fachada
de los «alimentos para la paz» (food por peace). En Los sesenta,
el Movimiento de los países no alineados (el Grupo de los 77) y la UNCTAD
avanzaron la idea de formar un marco de referencia para un Nuevo Orden
Económico Internacional (NOEI), que beneficiara a la producción de los
campesinos pobres.
Uno de los primeros programas
que UNCTAD trató de implementar fue la estabilización de los precios de sus
productos (commodities), que oscilan grandemente según la oferta y
demanda, entre otros factores. Una mercancía muy importante del comercio
mundial entonces fue el café, que constituía una de las principales
exportaciones de Colombia. Para el agrobusiness, las oscilaciones salvajes de
los precios no tienen mucha importancia, porque si el precio de una mercancía
baja en un año, ellos utilizan otras. Pero si eres un pobre campesino no puedes
decir a tus niños: «no comas este año, quizás comamos el próximo». Es decir,
los precios que oscilan son devastadores para pequeños productores.
La propuesta de estabilización
de los precios de la UNCTAD —que concuerda con lo que sucede en los países
industriales ricos, como Estados Unidos y la Unión Europa que estabilizan
constantemente los precios internos no fue permitida para el Tercer Mundo: se
bloqueó. Uno de los efectos fue que la pequeña producción campesina se hiciera
inviable, y entre ella, la de café. Y muy naturalmente, de hecho, casi
necesariamente, los campesinos se volcaron hacia productos que eran viables,
básicamente coca, mariguana y los productos, que en Occidente se llaman «drogas
legales». Después llegó la represión, lo que Llaman «la guerra contra las
drogas», y ahora, todo esto es una parte considerable del sistema
socioeconómico colombiano.
Clinton inundó Colombia con
armas
El problema principal en
Colombia, como lo ha sido durante largo tiempo, es una situación muy represiva
en lo político y socioeconómico. Básicamente, es un país muy rico, pero gran
parte de la población vive en una pobreza miserable. Tiene un sistema muy
brutal y represivo. Un intento de permitir partidos políticos independientes,
la Unión Patriótica, hace alrededor de una década, terminó en un desastre. Sus
candidatos políticos, alcaldes, candidatos presidenciales etcétera, fueron
simplemente asesinados. Los Estados Unidos no se dan cuenta de esto. Llaman a
Colombia una democracia floreciente; no importa que el único partido político
independiente fuera aniquilado por la violencia política. Lo Llaman democracia,
porque los partidos que sobreviven son los partidos de los empresarios (business
parties), los que se adecuan a los intereses de Estados Unidos.
Tal situación empeoró mucho más
durante los años noventa. Particularmente, el gobierno de Clinton ha inundado
el país con armas e instructores militares. Colombia recibe más armas y
entrenamiento militar que cualquier otro país en el hemisferio y Junto con
estos suministros aumentan, por así decirlo, «de manera normal», las atrocidades.
El plan actual consiste en
extender esto muy significativamente, dando a los militares 1,6 mil millones de
dólares. El pretexto es la guerra contra las drogas, pero es difícil encontrar
un analista que tome este pretexto muy en serio. Los paramilitares, al igual
que los militares, están metidos hasta las narices en el narcotráfico y la
guerra no se dirige contra ellos. La guerra se dirige contra las comunidades
campesinas que se han vuelto parte de las regiones dominadas por las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Las FARC levantan impuestos sobre
el narcotráfico, Pero iban indicado que estarían muy contentos de implementar
un programa con cultivos alternos; de hecho tienen un programa social de este
tipo.
Recientemente, lideres
gubernamentales y de las FARC fueron a Europa. Esto fue presentado aquí en el
sentido de que las FARC tenían que ser civilizadas y tenían que presenciar,
cómo los países civilizados funcionan. Esto no es precisamente lo que pasó. Lo
que pasó es, que el gobierno colombiano —y el estadounidense también, si
aceptara— mostraron que tienen que ser civilizados Para entender como
democracias sociales funcionan. Yo no s6 si esto se logró, Pero si se lograra,
seria un gran Paso adelante Para Colombia y los Estados Unidos, a fin de que
implementaran políticas económicas y sociales más constructivas. Sin embargo,
el cama . no que emprenden es cl financiamiento de los paramilitares y
militares, lo que llevará a un mayor desastre. Justo esta mañana, los
periódicos reportaron nuevas matanzas de los paramilitares en la región de
Medellín, y esto se incrementará, porque los asesinos son del ejército.
Plan Colombia repite la
contrainsurgencia de El Salvador
—Parece que el Plan Colombia
está más en la lógica de contrainsurgencia de Centroamérica que de Vietnam?
—Yo creo que sí. Estados Unidos
ha aprendido la tradicional lección imperial de que es un error mandar tus
propias fuerzas militares a una guerra colonial. Es demasiado sangriento,
demasiado horroroso, particularmente cuando se trata de un ejército de
ciudadanos (citizen’s army) que no lo podrá hacer apropiadamente.
Lo mejor es tener un ejército de mercenarios, es decir, respetar el patrón
colonial tradicional. Gran Bretanña, por ejemplo, controló a la India
básicamente con tropas hindúes; los ingleses fueron una especie de reserva.
Este es el estándar. Recoges unas tribus de montaña, como los Gurkas y los
usas.
En América Central, Estados
Unidos ha seguido, normalmente, este patrón. Allí, las fuerzas mercenarias
locales se llaman generalmente, «ejército». Pero, cuando no puedes tener esos
ejércitos de tu lado, entonces formas fuerzas mercenarias en el sentido
estricto de la palabra, como los «contras» en Nicaragua. También, con
frecuencia, el ejército encarga la ejecución de las atrocidades a los
paramilitares, como hicieron los indonesios en Timor oriental con las milicias
o como se hace con los paramilitares en Colombia. Esto tiende a ser una buena
idea, porque mientras los militares mismos ejecutan las atrocidades, es difícil
para el gobierno estadounidense justificar internamente el apoyo militar.
Cuando lo dan a los paramilitares —como sucede en la actualidad entonces la propaganda
es más fácil. Por eso creo que las cosas en Colombia seguirán un rumbo más
cercano a lo que sucedió en Centroamérica que en Vietnam.
Vietnam fue un error táctico y
ha sido reconocido como tal, como tu ves, por ejemplo, en el libro respectivo
del ministro de defensa de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam, Mc
Namara. Este libro recibió muchos elogios porque supuestamente fue una
disculpa, pero de hecho, no lo fue. No hay ningún arrepentimiento ante el
pueblo de Vietnam y tampoco ante el pueblo de Estados Unidos, por cometer un
«error táctico». Más bien, se aprende de los errores tácticos, para hacer las
cosas mejor en el futuro.
—Hugo Chávez podría terminar
como Salvador Allende?
—Venezuela es un país rico e
importante, que tiene muchos problemas. Sus problemas económicos son muy serios
y existe una deuda interna socioeconómica que tiene que resolverse. Mucha gente
sufre seriamente, porque la riqueza del país no llega a ellos. Si habrá
esfuerzos serios para cambiar esto con un programa popular de reformas —y si
este programa incluye tomar el control sobre los recursos del país y usarlos
para tales fines— entonces, los Estados Unidos no estarían muy contentos. Estados
Unidos siempre ha estado en contra de esto. El grado de su descontento
dependerá del nivel de cooptación que logre.
Ha habido situaciones de este
tipo antes. Por ejemplo, en los años cincuenta, la CIA
estimó que las dos peores crisis para Estados Unidos eran Bolivia y Guatemala.
Ambos tenían gobiernos populares. En Bolivia, el gobierno estaba en manos de un
grupo trotskista-laborista; en Guatemala, se trataba de los gobiernos
democráticos de Arévalo y Arbenz. Y a Estados Unidos no les gustaron ninguno de
los dos. Quería neutralizar y destruir a ambos. Pero lo hizo de maneras muy
diferentes.
En el caso de Guatemala,
simplemente organizó una invasión militar que derrumbó al gobierno e inició
cuarenta años de masivo terror. En Bolivia, usó un camino diferente:
esencialmente cooptó al gobierno, lo que, en cierto sentido, fue sorprendente,
porque técnicamente se trataba de un gobierno marxista, de una dirigencia
trotskista. Pero, lentamente los integraron al sistema estadounidense y
terminaron subordinados al poder estadounidense. De hecho, estas son decisiones
tácticas.
Ecuador y la dolarización
En Ecuador es una historia
diferente. Tiene una gran comunidad indígena que se trata extremadamente mal y
que se levantó el 21 de enero para institucionalizar un cambio, pero que fue
socavada por chicanearías, subterfugios y política sucia. Existe una mala
situación económica, al Igual que en el Perú y, de hecho, en toda la región
andina. Qué rumbo tomará esto, es difícil de prever. Podría haber una rebelión
indígena.
¿Qué función tiene la
dolarización?
—Tiene sus ventajas y
desventajas para un país. Mantiene la moneda estable, pero lo hace con el costo
de no tener ningún programa socioeconómico nacional, porque se está a la deriva
de otro país. Alrededor de la mitad de la población mundial, de una u otra
manera, ya no tiene ningún control, ninguna soberanía sobre su planificación
económica nacional. Esta la hacen los burócratas en Washington, ya sea porque
los países tuvieron que entregar su autoridad de planificación a raíz de la
crisis de la deuda, ya sea debido a mecanismos como la dolarización. Lo que
esto significa para un país particular, no se puede expresar con una regla
general. Sin embargo, es siempre negativo en el sentido de que equivale a
abandonar la propia soberanía.
La entrega del Canal de
Panamá
—¿Por qué Washington entregó
el Canal de Panamá?
—La razón es, que en la actualidad
el Canal es mucho menos importante para el poder estadounidense de lo que fue
en el pasado, debido a los cambios en la tecnología y los modos de
transportación; por ejemplo, grandes buques tanques no pueden pasar por el
Canal.
Por otra parte, Washington
espera que el Canal se administre dentro de los parámetros que ha definido;
puede ser administrado localmente por panameños, pero dentro de los partidarios
globales definidos por Estados Unidos. Si esto no sucede, Estados Unidos
simplemente lo retoma. En este sentido, es como el Canal de Suez. No hay
problema de que sea administrado localmente por los egipcios, siempre que se
mantengan dentro de un marco de referencia impuesto y aceptable para Occidente.
—Entonces, ¿no tiene ningún
sentido antiimperialista o anticolonial?
—Sí, alguno sí. Refleja los
cambios que ha habido en el sistema de dominación mundial; cambios que se han
dado durante mucho tiempo. Durante el siglo XIX, el modo de dominación fue la
ocupación militar. Pero desde entonces observamos una tendencia, hacia la
entrega parcial de algunas tareas a administradores locales. Estos, por
supuesto, tienen que jugar conforme a las reglas del juego, si no, tienen
problemas.
—Finalmente: ¿importa para
América Latina, quién gane las elecciones en Estados Unidos?
—No, no mucho.
* Entrevista con Heinz Dieterich. Del libro de Heinz Dieterich, Fidel
Castro, Noam Chomsky, La cuarta vía al poder. Venezuela-Colombia-Ecuador,
Buenos Aires, 2000. Venezuela Analítica, 23
de enero de 2002.
Cuestiones de América Nº 7,
Noviembre de 2001
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