Carta de un ciudadano

El México de las justas injusticias *

 

México quiso llamar a su campaña militar en Afganistán “Justicia Infinita” y ahora el programa de la alta burocracia mexicana debe llamarse “ambición infinita”, pues estas voraces pirañas insaciables del dinero, no conformes con lo que perciben, siguen buscando tener más salario, prebendas, canonjías y viajes al extranjero que el pueblo les paga por no hacer nada.

Ejemplo de ello es el alcaldillo de Tultitlán, quien ya se paseó por Roma con nuestro dinero y no recibió castigo alguno, en consecuencia México debería llamarse Impunilandia.

Ahora salen con que quieren cambiar el mobiliario en Los Pinos, cuando lo que en realidad hace falta ahí son cerebros nuevos u otra mentalidad en quienes ahí trabajan, y no precisamente escritorios nuevos.

Por su parte los diputados y senadores continúan cobrando jugosos aguinaldos mientras mucha gente muere de hambre por no tener siquiera qué comer.

En tal sentido, deberíamos dejar que los campesinos, armados con machetes, lleguen hasta las oficinas de estas “ratas” a darles de machetazos. Eso sí sería “justicia infinita”.

Efectivamente, el PAN está resultando mejor, pero para robar.

Yo creo que la autonomía de los estados no es buena para México, porque así los gobernadores tienen el poder de asignarse el salario que se les da la gana y nadie puede impedírselos.

Debería haber un tope salarial proporcional para la burocracia nacional; es decir, por ejemplo, que si el presidente de Francia gana el equivalente a 70 mil pesos mensuales, el presidente Fox debe ganar 60 mil pesos, porque México es un país más pobre que esa nación.

Los secretarios de Estado y los gobernadores deben ganar 55 mil pesos; los diputados y senadores 45 mil pesos y sólo deben ser 100 no 500 “zánganos”. Deben también pagarse (con su propio salario) sus comidas, desayunos, cenas y transporte, ya que no es obligación del pueblo hacerlo.

Si quieren comer caviar, que lo paguen de su bolsillo. Si quieren traer auto nuevo, que lo compren con su dinero. Si quieren viajar cada fin de semana con sus familias, que gasten de sus propios recursos.

Si no se hace esto en el país, el resto del planeta considerará que los más idiotas son los mexicanos, ni no es que ya somos estándar internacional en retraso mental, pues somos el único pueblo que se deja robar casi cien mil millones de dólares con un truco barato como el Fobaproa.

México ya es el país más poderoso del mundo, pues tenemos la moneda más fuerte, que no se devalúa ante nada.

Cada año vale más que el dólar. Hace dos años eran 10 por un dólar y ahora son 9.40 por dólar.

Nos damos el lujo de gastar miles de millones en rescates a bancos y luego los rematamos como saldos en la décima parte de lo que gastamos.

Dejamos que tipos como Cabal Peniche y El Divino nos roben millones y millones de dólares y los dejamos libres, al fin es “pecata minuta”.

También, nos roban 30 mil millones de dólares en tesobonos y no castigamos a nadie, ¡al fin que nos sobra el dinero!

El mundo entero tiembla ante el terrorismo y a nosotros sólo nos preocupan calificar al mundial y nuestros “ratones” futbolistas. En tal sentido, el ídolo de los mexicanos no es un científico, un maestro, un político o un sabio, sino un jugador “jorobadito” borracho y mamarracho que actúa en España.

Regalamos dinero a manos llenas a banqueros, no cobramos impuestos a bolsistas, rescatamos carreteras, regalamos gigantes sueldos a diputados que nunca trabajan, mantenemos miles de aviadores.

Creo que ninguna potencia mundial resistiría todos estos gastos sin derrumbarse, pero México sigue aguantando todo y sobrevive.

¿No es prueba suficiente de que somos la máxima potencia y la máxima impotencia?

Atentamente

Víctor Pérez

* Semanario Voz Pública.

 

     

Cuestiones de América Nº 7, Noviembre de 2001

 

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