Se Agudiza la Inestabilidad en Ecuador

 

Jesús Hernández Garibay

 

En la primera quincena de enero se sucedieron nuevas reacciones populares contra las medidas de ajuste económico del gobierno de Ecuador, organizadas por el llamado Frente Popular (FP) y radicalizadas por acciones estudiantiles, con 150 detenidos en tan sólo una semana. Esto evidenció el clima de virtual insubordinación que vive un país inestable económica, política y socialmente tras el alza del precio de los combustibles en diciembre y el anuncio oficial de supresión del subsidio al gas de uso doméstico. Para la oposición el gobierno del presidente Noboa ha olvidado las necesidades de la gente, al congraciarse con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y hacer avanzar a cualquier costo la dolarización implantada hace dos años, cuando el aumento salarial fijado para el nuevo año fue de 10 dólares, lo que llevó los sueldos básicos a 128 dólares, mientras el costo de la canasta básica familiar se ubica por encima de 320 dólares.

En enero de 2000 se produce en Ecuador un peculiar levantamiento protagonizado por indígenas, acompañado por diversos sectores populares (trabajadores petroleros, estibadores, cooperativas, estudiantes, barrios, campesinos, taxistas, transportistas y comerciantes minoristas, etc.) y apoyado por militares de rango medio. El movimiento que pone en jaque al Estado ecuatoriano, es luego desarticulado en medio de las presiones internacionales (amenaza de bloqueo económico por parte del FMI y el gobierno norteamericano, etc.) mediante la manipulación de generales a los oficiales y la traición militar, aunque deriva en la renuncia del presidente Mahuad y el nombramiento del nuevo presidente Noboa. Este advierte en la dolarización la posibilidad de la estabilización, que al final parece que pospone los problemas sin resolverlos de fondo, pues avanza en condiciones de mayor inestabilidad, como lo dejan ver las recientes movilizaciones.

Los Antecedentes

José María Velasco Ibarra fue elegido presidente por tercera vez en 1952 y permanece en el poder hasta 1956. Prometiendo grandes reformas, volvería a presentarse como candidato independiente en las elecciones de 1960, donde a pesar de ser electo por amplio margen, es obligado a renunciar en noviembre de 1961. El sucesor de Velasco Ibarra, el vicepresidente Carlos Julio Arosemena Monroy es derrocado en julio de 1963 por una Junta militar que lleva a cabo una serie de reformas económicas y sociales por decreto, entre las que se encontraba la reforma agraria. Tras las exigencias de retorno a la legalidad constitucional y dos semanas de disturbios callejeros, en julio de 1965 se acuerda nombrar un nuevo gabinete. El malestar político continua, y en marzo de 1966 una manifestación antigubernamental que fue reprimida, desencadena la agitación política en todo el país.

En noviembre de 1966 una nueva Asamblea Constituyente nombra presidente interino a Otto Arosemena, que promulga una nueva Constitución. En junio de 1968, Velasco Ibarra es de nuevo ganador en las primeras elecciones bajo la nueva Carta Magna, pero su quinto mandato no es más afortunado que los anteriores. Inicia una dictadura en 1970 con el fin de contrarrestar el menguado apoyo a su gobierno, pero en febrero de 1972 es derrocado una vez más, ahora por el general Guillermo Rodríguez Lara, comandante en jefe del ejército que asume el poder. En agosto de 1972 se efectúan las primeras exportaciones petrolíferas de los nuevos yacimientos que estaban siendo explotados por empresas estadounidenses; Ecuador pronto se convierte en el segundo exportador de petróleo de América Latina, después de Venezuela, lo que proporciona ingresos de divisas y fondos para la inversión, muy necesarios para el país, pero también dispara la inflación y ensancha la brecha entre los ricos y los pobres.

En 1978 se celebra un referéndum para aprobar una nueva Constitución y se convoca a elecciones presidenciales, que se celebran en abril de 1979. Jaime Roldós asume la presidencia, pero tiempo después muere en un accidente de aviación y el vicepresidente Osvaldo Hurtado Larrea se hace cargo del ejecutivo. En mayo de 1984 le sucede el candidato conservador León Febres Cordero, cuyo gobierno sofoca varios intentos de rebelión militar, el más importante de los cuales se produce en enero de 1987, cuando es secuestrado durante unas horas por un grupo de militares. Rodrigo Borja del partido Izquierda Democrática ocupa la presidencia en un momento de grave crisis económica. En 1992 le sucede Sixto Durán Ballén, cuyo mandato provoca una huelga general en junio de 1994.

La Economía y la Política

La base de la economía ecuatoriana ha sido la agricultura, aunque en 1965 una ley de desarrollo industrial facilita el inicio de fábricas textiles, de artículos eléctricos, farmacéuticos y otros. Luego en 1970 logra un importante avance en la producción y exportación de petróleo, y en 1995 Ecuador ingresa a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los bananos constituyen el principal cultivo, seguido de la caña de azúcar, el maíz, el arroz, la patata, el café, el cacao, los cítricos y la producción de flores. En la década de los noventa se da gran impulso a la creación de maquiladoras. En 1995 más del 60% de los ingresos provenían de las exportaciones de petróleo crudo, banano, camarón, cacao y café. Estados Unidos es el principal destino comercial de los productos ecuatorianos, seguido de Colombia, Chile, Italia y Alemania. La población activa del Ecuador se calcula en 3,4 millones de personas, de las cuales un 38% se dedica a actividades agrícolas, un 20% a la industria y a la construcción, y un 42% al sector servicios.

En mayo de 1996 tienen lugar las elecciones presidenciales para sustituir a Durán Ballén. El nuevo presidente, Abdalá Bucaram, elegido por una mayoría aplastante en la segunda vuelta (20 de las 21 provincias del país), toma posesión el 10 de agosto. Bucaram es elegido porque promete incrementar el gasto social, aunque desarrolla una política presupuestaria austera, con grandes recortes a las subvenciones en sectores clave de la economía nacional —electricidad, gas, gasolina y red telefónica. Todo ello, unido al gran número de excentricidades que cometía “el Loco”, provoca movilizaciones y protestas que llevan a que el Congreso Nacional apruebe en febrero de 1997 su destitución por ‘incapacidad mental’. En medio de una crítica situación, en su lugar es nombrado Fabián Alarcón, presidente del Congreso Nacional en el momento. En julio de 1998 el alcalde de Quito, ex ministro y ex diputado democristiano Jamil Mahuad, vence a Alvaro Noboa (abogado multimillonario de 47 años, magnate bananero y candidato del Partido Roldosista) en las elecciones presidenciales, con el 51,27% de los votos y una abstención del 30%. Noboa lo sustituirá después, al ser relevado de su cargo como resultado del levantamiento indígena de enero de 2000.

Cada presidente de la República ha aseverado siempre que la erradicación de la pobreza es la razón de ser de su acción gubernamental. Sin embargo, los positivos índices macroeconómicos siempre contrastan con las cifras de la pobreza e indigencia, empezando porque la inflación castiga con más fuerza a los grupos de más bajos ingresos, lo que deja ver que no basta el control de las grandes cifras de la economía para resolver el problema social. Aunque en los últimos años mejora la asignación presupuestaria para esta área, todavía las sumas que el Gobierno invierte ahí se encuentran muy por debajo de los promedios regionales; más aún, todavía no consiguen recuperar los niveles anteriores a la agudización de la crisis: según datos de la UNICEF, en 1996 el gasto social del Gobierno fue de $83 por persona y en el año 2000 apenas de $50. Así, la pobreza permanece. Una limitación estructural del gasto social es la carga de la deuda pública. Según la misma UNICEF durante el año 2000, de cada dólar que ingresó al presupuesto nacional, 77 centavos se destinaron a pagar el capital y los intereses de la deuda.

La Insurrección Popular

Ecuador con 11,5 millones de habitantes, tiene una población indígena de 3,5 millones de personas, distribuidas en 11 nacionalidades, la mayoría de las cuales vive en áreas rurales. La principal comunidad es la kichwa, que habita en la región de la sierra y reúne a 10 pueblos. Las nacionalidades awa, chachi, epera y tsáchila residen en la costa del océano Pacífico, las cofán, siona, secoya, huaorani, achuar, shuar y kichwa amazónica en la Amazonia. La nacionalidad shuar está integrada por 65.000 personas, la achuar por 5.000, la quichua por 110.000, la siona y la secoya juntas tienen 1.500 integrantes, la cofán 900, la huaorani integrada también por tagaeris y tharomenanes suma unas 900 personas y la zápara 114.

La historia moderna del movimiento indio de Ecuador inicia en 1986 con la fundación de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Desde 1990 se hace presente con una importante revuelta, a partir de la cual se realizan otras hasta convertirse en un significativo protagonista de la vida nacional. En 1999 se efectúan dos levantamientos ante el anuncio de una Ley de Racionalización y Reordenamiento de las Finanzas Públicas que en la práctica fue un plan de privatización de la electricidad, petróleo y telecomunicaciones, aumento de impuestos y de gasolina (que subió 107%), la amenaza de que más de 50 mil trabajadores del Estado quedarían cesantes y un alza desmedida en los precios de la canasta básica. Frente a la protesta generalizada el gobierno tiene que abrir el diálogo, lo que lo preserva de la crisis pero lo enemista con sectores empresariales, que le quitan aún más su apoyo.

Si el primero de estos levantamientos en marzo de 1999 fue un éxito, el segundo de julio pone al país de cabeza, pues la movilización es más amplia y toma pacíficamente Quito pese a los controles militares y policiacos; el gobierno tiene que comprometerse a abrir el diálogo. Ambos levantamientos incluyen petroleros, estibadores, cooperativas, estudiantes, barrios, campesinos, taxistas, transportistas y comerciantes minoristas, pero sobre todo un movimiento indígena que desde la fundación de la CONAIE es referente de lucha popular nacional y continental. Los acontecimientos del 21 de enero del 2000, en los que ese movimiento se alía con militares de rango medio para destituir al presidente Jamil Mahuad y crear un gobierno de Salvación Nacional, colocan al sector como un actor político relevante, parte de un complejo proceso que durante la última década comprende transformaciones cualitativas en el discurso y en la organización. Diversos grupos de la sociedad civil recogen la iniciativa del movimiento y forman los parlamentos populares a nivel local, provincial y finalmente nacional; para ese mes de enero se funda un Parlamento de los Pueblos del Ecuador como espacio político inusual, lo que permite legitimar la propuesta de disolución de los tres poderes del Estado y la creación de un nuevo gobierno.

De 1996 en que se crea el movimiento Pachakutik hasta la insurrección indígena-militar en el 2000, el movimiento modifica su discurso y su contenido de la lucha por la tierra como reivindicación, a la lucha por la plurinacionalidad; es decir, el cuestionamiento a la estructura jurídica del Estado ecuatoriano, una crítica radical no presente en los levantamientos anteriores más que a nivel retórico. La diferencia es que en el 2000 logra una alianza estratégica con militares, que transforma radicalmente el panorama político y cuestiona los límites de la democracia formal. La lucha por la plurinacionalidad es la lucha por el reconocimiento a la diversidad, por el derecho a existir y pervivir en la diferencia fundamental, lo cual marca una evolución cualitativa y no sólo en el discurso del movimiento indígena, sino que expresa un complejo y profundo proceso de politización. Así, ignorados durante cinco siglos, los pueblos indios irrumpen en la escena pública ecuatoriana desde el levantamiento de 1990. A partir de entonces, paulatinamente, logran convertirse en protagonista de la vida nacional, manteniendo como referente a la CONAIE.

Esta central se convierte así prácticamente en el más importante grupo nacional organizado de indígenas de América Latina. En octubre último llevó a cabo su Primer Congreso de las Nacionalidades y Pueblos, y tras una semana de deliberaciones los 770 delegados resolvieron mantener su “oposición al gobierno por su política social y económica y el olvido que tiene a las comunidades indias”. El congreso estuvo marcado por diferencias internas sobre las candidaturas para dirigir la CONAIE en los próximos dos años y la posible definición sobre una candidatura presidencial propia para las elecciones a celebrarse en octubre del presente año, lo que deja ver la nueva estrategia delineada como resultado de la lucha librada en los últimos años.

El Congreso del Movimiento Pachakutik, brazo político de la CONAIE y diversos movimientos sociales, había resuelto antes en septiembre tratar la cuestión de las candidaturas presidenciales en fecha más cercana a las elecciones, argumentando que lo fundamental del candidato es que esté sustentado por un programa. “En Pachakutik importa el colectivo no la postura individual de una persona, por lo tanto, por encima de todo está el programa de cambios”, ha declarado su coordinador nacional, al señalar además que “cualquier candidatura debe ir a defender un programa, a defender ese proyecto de país distinto que busca este movimiento que reúne a indígenas y no indígenas”, un programa para buscar la unidad de distintas fuerzas sociales y políticas que luchan por cambios en el país. “Hay un sentimiento de algunas bases del movimiento de ir con candidato propio, sea indígena o no, pero no se descartan alianzas con sectores afines, que pueden aportar en la construcción de un Ecuador para todos y todas”, asegura.

En el Congreso llevado a cabo en octubre la CONAIE modifica su estructura organizativa, para pasar a regirse por un Consejo de Nacionalidades y Pueblos de 28 miembros elegidos en sus comunidades, que se reúne desde ahora cada tres meses. La dirección ejecutiva del movimiento es también desde ya el Consejo de Gobierno, conformado por siete integrantes, nombrados por Consejo de Nacionalidades y Pueblos, más el presidente y el vicepresidente, que son elegidos en el congreso por voto secreto. La nueva organización, así, es considerada como un paso más en la recuperación de formas de gobierno ancestrales, basada en la legitimidad de los pueblos que conforman la organización, y dejando de lado el modelo heredado del sindicalismo. Así se prepara esta peculiar organización política que más podría influir en la vida nacional, para los meses siguientes que prometen intensas luchas en el escenario ecuatoriano.

Perspectivas:

El movimiento indígena se ha convertido en los últimos quince años en un importante actor de las luchas sociales de diversos países latinoamericanos, como lo dejan ver las movilizaciones de cocaleros en Bolivia, la lucha por el castigo a la ignominia en Guatemala, la guerra zapatista por el reconocimiento de los derechos indios en México o la solución digna a la infamia de la pobreza en Ecuador, entre otras. Si bien en varios casos los avances en esa dirección no son desdeñables, es en este último país donde ha logrado un mayor impulso al contar con un programa alternativo y una organización nacional reconocida ampliamente por otros actores sociales.

Pero es evidente que lo hecho hasta aquí por el pueblo ecuatoriano no basta para encontrar una salida asequible a su problemática nacional y que tanto la comprensión de esta problemática como la preparación de condiciones viables para superarla son temas no resueltos. Aunque al propio gobierno ecuatoriano tampoco le han bastado las medidas aplicadas en política económica y social, para alcanzar una estabilidad suficiente y la salida a la grave crisis que padece el país desde hace muchos años. De ahí que para el 2002 no haya más que pronosticar un mayor deterioro económico que, con seguridad, repercutirá en las condiciones de vida y promoverá mayor empobrecimiento, lo que inevitablemente estimulará una respuesta espontánea pero a la vez mejor organizada de diversos sectores indígena y populares, ante una política económica que lo que ha hecho desde hace varios lustros es posponer el agravamiento de las circunstancias nacionales, en un contexto mundial sin embargo, hoy más delicado que nunca, donde muy cerca de ahí una crisis como la argentina nos indica que todo en esta vida tiene sus límites...

 

Lucas, Kintto, “Ecuador: El congreso de la CONAIE, marcado por la división”, 16 de octubre del 2001.

 

     

Cuestiones de América Nº 7, Noviembre de 2001

 

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