Héctor Magaña Vargas
En el
invierno las golondrinas andan diciendo la noticia
de que va
a
venir la
lluvia.
Ahora
están más alegres que nosotros las pequeñas
Golondrinas,
pero
después nosotros estaremos más que ellas,
porque en Solentiname vamos a tener muchas frutas
maduras.
Ah,
empezó la lluvia, que alegría para los palos.
Ya
están cayendo las primeras gotas, las golondrinas se
están alejando.
Juan
Agudelo (siete años de edad)
Poesía campesina de Solentiname, Nicaragua (1981)
Por su importancia, aquí se aborda la problemática de una región que
representa un foco rojo por las
condiciones imperantes de vida. La región centroamericana, conformada en un
sentido amplio por El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, Panamá, Belice
y Guatemala, presenta procesos históricos semejantes y sus países comparten un
espacio geográfico de 523 000 Km2, con una población de poco más de
36 millones de habitantes, Guatemala en primer lugar con 12 millones. En el norte
colinda con México en el Istmo de Tehuantepec y en el sur en el río Atrato
con Colombia.

¿Qué une a los
centroamericanos?
En primerísima instancia el idioma español (salvo Belice
cuyo idioma oficial, el inglés, proviene del colonialismo de la Gran Bretaña).
La cultura mesoamericana es otro rasgo distintivo, la gran influencia de la
civilización Maya que se extiende desde el sur de México, hasta la región de
Honduras. América Central es una confluencia de muchas razas, desde la mestiza,
hasta la india y la negra. En todas partes de la cintura del continente
encontramos que los indígenas siguen siendo la parte más olvidada de los
políticos y el desarrollo de estos pueblos. Los Misquitos en Nicaragua, Los
mayas en Guatemala y los Cuna en Panamá
¿Cuál ha sido el común denominador de esta
región del planeta? La respuesta es simple y llana: la miseria, los movimientos
de liberación nacional, los altos índices de desnutrición, hambre e
insalubridad. En el plano económico estos países son considerados peyorativamente
de repúblicas bananeras, esto es, naciones monoproductoras; básicamente
el desarrollo de su economía está fincado en el café, azúcar, cacao, caucho y
mano de obra barata para algunas empresas maquiladoras; sobre todo, son
exportadores netos de trabajadores y trabajadoras indocumentados hacia los
Estados Unidos.
Durante la efervescencia revolucionaria la
emigración hacia México y los EEUU fue incesante, se habla inclusive de
millones de centroamericanos que salieron de su país para huir de la
devastación. Los militares apoyados por Washington arrasaron aldeas en busca de
guerrilleros y, siguiendo el ejemplo de Vietnam, decidieron “quitarle el agua a
los peces”.
Los kaibiles en Guatemala, Anastacio
Somoza y su Guardia Nacional en Nicaragua, los oligarcas del café en El
Salvador, los militares contra el Frente Farabundo Martí de Liberación
Nacional, de la misma manera actuaban fuera de toda legalidad los grupos
antisubversivos, grupos paramilitares y, principalmente destacados por su
brutalidad y genocidio, los escuadrones de la muerte, quienes actuaban
en complicidad con los gobiernos militares para sembrar destrucción y temor en
toda la población. Tan sólo hay que recordar el asesinato de las monjas y los
jesuitas en El Salvador como una medida a todas luces cruenta y despiadada para
imponer el terror en todo grupo organizado. Todos ellos emprendieron una acción
de devastación contra la población inerme. Provocaron grandes migraciones hacia
la frontera de Guatemala con México, la conformación de refugiados
centroamericanos generó que el alto comisionado de refugiados de las Naciones
Unidas ACNUR tomara cartas en el asunto. El año pasado algunos de ellos aún
prevalecían en el sureste de México y se integraban después de muchos años a
sus familias en Centroamérica.
Esta en la versión de los propios
centroamericanos: “En principio, hemos de decir que como constante las mayorías
populares continúan sobreviviendo a la extinción más inmediata. Los pobres han
sido receptores de las peores condiciones generadas por la crisis en
Centroamérica el número de pobres ha aumentado: el 61% de los centroamericanos
pueden ser considerados pobres, y el 50% de estos (es decir, un cuarto de la
población) vive en condiciones de extrema pobreza; nuevos pobres se han sumado
gracias al desplazamiento forzado que ha afectado, en países como El Salvador,
a uno de cuatro civiles. Son precisamente los refugiados y desplazados los que
se encuentran en peores condiciones.
“La guerra y la recesión económica ha
significado que miles hayan perdido temporal o duraderamente sus medios de
sobrevivencia. Un importante pero significativo sector de la población se
debate en el desempleo, en el subempleo encubierto, o en la opción dramática de
emigrar a los Estados Unidos, para la mayoría, o a naciones geográfica y
culturalmente tan distantes para nosotros como Australia tal como ha venido
sucediendo recientemente” (Napoleón Campos. Ponencia para el seminario
internacional educación para la comprensión internacional, la paz y los
derechos humanos en América Latina. WFUNA-UNESCO. Guatemala, 1989).
¿Qué ha cambiado, de esos años a la fecha?
¿Han mejorado las condiciones de vida de la población en general? ¿Han superado
la miseria en que se encontraban inmersos en la llamada década perdida?¿La crisis económica y social se ha superado? ¿Los
convulsionantes movimientos de liberación nacional hasta dónde han tenido su
impacto y frenaron la devastación de estos pueblos?
Debemos formular estas interrogantes y buscar algunas
respuestas...
Los hermana la lucha libertaria y por
librarse de la dominación de los imperios; primero de la Gran Bretaña y después
de los Estados Unidos. El General Francisco Morazán ilumina el escenario con su
lucha por la libertad. En 1855 William Walker invade Nicaragua y con esto da
inicio a una etapa histórica de intervenciones estadounidenses, con el único
objetivo de manejar esta región por su importancia geopolítica, tanto en el
control del comercio con el canal de Panamá, como por su visión de considerar a
Centroamérica su trapatio, rememorando la doctrina Monroe.
El ascenso de los movimientos
revolucionarios en esta región provocó inmediatamente la reacción de los EU, al
apoyar primero a las dictaduras militares; para el caso de Nicaragua ofreció
todo tipo de ayuda al dictador Somoza, quien gobernó junto con su familia por
45 años. Posteriormente generó una economía de guerra para doblegar el
incipiente triunfo de los sandinistas, al grado tal que provocó una
contrarrevolución apoyada por gobiernos dóciles como el de Honduras.
La revolución salvadoreña con el Frente
Farabundo Martí para la Liberación Nacional y el Frente Democrático
Revolucionario generó una esperanza libertaria, pero una vez más los EU
apoyaron sin límites la frágil dictadura de las familias de oligarcas
cafetaleros salvadoreños. Inyectaron con millones de dólares durante años a los
gobiernos salvadoreños en contra de la lucha guerrillera farabundista.
Generaron miles de muertos, se habla de más de 40 mil, otros tantos de
desplazados por la guerra. El desenlace, todos lo conocemos: la firma de la paz
en el Castillo de Chapultepec en México, culminó una década de guerra sin
cuartel y muchas heridas aún abiertas.
Todo lo anterior nos configura un escenario
de devastación, los mismos centroamericanos lo denominan Proceso de Desastre
Total, es decir, una profunda crisis de gran escala donde confluyen condiciones
de “desastre endémico”, crisis económica y financiera sin fin, trastocamiento
de las relaciones humanas, destrucción de núcleos familiares, sin proyectos de
vida a futuro, colocando a los más pobres en una posición mucho más vulnerable
que otros sectores. “Presupone que el carácter general de la época consiste en
ese proceso totalizador de alteraciones profundas, articuladas unas con otras,
en las relaciones humanas básicas. (...) afectando a todos los sectores
sociales y generando un desastre total” (Campos, 1989)
Un sector de la sociedad centroamericana
que se mantuvo y se mantiene activo y propositivo es el de los grupos
religiosos de todo tipo. La penetración de la religión desde la colonia hasta
nuestros días no ha cesado. Tan sólo recordemos los lamentables hechos del
gobierno de Efraín Ríos Mont en Guatemala cuya caracterización de su mandato
fue elocuente: El evangelio del genocidio. En efecto, durante su administración promulgó en su país
la nueva evangelización por medio de la destrucción y muerte de grupos
opositores. Fomentó la destrucción de aldeas y creó un sistema de imposición de
ideas doctrinarias básicamente sustentadas en sectas religiosas.
Otra historia diferente ha sido la
participación de grupos religiosos como los jesuitas en la educación,
organizando comunidades, creando conciencia de su realidad social y fomentando
la cultura, el arte y la convivencia pacifica entre la población.
No menos importante y significativa ha
sido la intervención de otras congregaciones religiosas definidas ellas mismas
como la opción de los pobres. Desde la gesta heroica del sacerdote y
guerrillero Camilo Torres en Colombia, hasta las comunidades eclesiales de base
en muchos lugares de Centroamérica.
El ejemplo más ilustrativo de lo anterior
fue la participación de los ministros de Dios y ministros del pueblo,
los sacerdotes nicaragüenses Ernesto Cardenal, Fernando Cardenal y Miguel
D`Escoto, ministro de Cultura, vicecoordinador de las
juventudes sandinistas y canciller respectivamente del Gobierno Revolucionario
del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Siguiendo las lecciones de los teólogos de
la liberación, defendieron su compromiso por la revolución y por cristo. El
sincretismo político-religioso fue contundente en la declaración que hizo el
padre-poeta-revolucionario Ernesto Cardenal: “yo no me considero político sino
revolucionario. Esta es una revolución que se ha hecho al servicio del pueblo y
está sirviendo al pueblo. Yo he dicho que soy marxista por cristo y su
evangelio, que a mí no me llevó al marxismo la lectura de Marx sino la lectura
del evangelio.” Cabestrero, T. (1983) Ministros del Dios, ministros del pueblo.
Testimonio de tres sacerdotes en el gobierno revolucionario de Nicaragua.
Ministerio de cultura. Nicaragua Libre.
Estas palabras definen con precisión su
compromiso por la opción de los pobres, la iglesia cuya definición los llevó a
defender los principios de la libertad y la paz, y generó toda una oleada de
eclesiásticos como monseñor Oscar Arnulfo Romero acribillado por militares de
El Salvador en la década de los ochenta, por oponerse a la masacre de su
pueblo.
Otra vez surgen las creencias populares de
que este mundo no está bien y es necesaria su transformación. El gigante está
dormido, silencioso, a la expectativa de aparecer en cualquier momento. No nos
olvidemos de ellos, son y están presentes en todo momento, han marcado la
historia de las luchas centroamericanas y siguen reagrupándose. Las comunidades
eclesiales de base ahora son los luchadores por los derechos humanos y las
libertades democráticas, son las ONGs que buscan aún a sus desaparecidos
políticos, son las madres que lloran por la pérdida de sus hijos; la fuerza de
estas agrupaciones sigue presente y en cualquier momento se hará valer su
voz.
¿Que ha cambiado de
aquellos aciagos días en la devastada región centroamericana?
No hay actualmente movimientos guerrilleros o grupos
insurrectos levantados en armas de la importancia de los que hubo antes. Pero,
¿las causas principales que provocaron insurrecciones antes, han dejado de
existir?; ¿la miseria y el hambre de los centroamericanos se ha
resuelto?; ¿hay estabilidad política en la cintura de nuestro continente y
podemos afirmar que no hay justificación para nuevas movilizaciones sobre todo
de la población más vulnerable?
A estas y otras preguntas hay que intentar
responder. De mi parte, me centro en la miseria y las condiciones de vida de
los centroamericanos como factores desencadenantes de inestabilidad política en
la región. Para ello es necesario partir del concepto que nos ofrece el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre la pobreza,
para ofrecer luego algunos de indicadores de las condiciones de vida en la
región, y contrastarlos con sus similares de América Latina.

Con esta conceptualización se puede
inferir que debemos partir de indicadores socioeconómicos para señalar las condiciones
de vida en que se encuentra la población centroamericana y así evidenciar con
datos duros, lo que representa en la actualidad su “calidad de vida”. Empecemos
por el indicador más general, el producto interno bruto por país y el ingreso per cápita, y veamos los resultados en
las siguientes tablas.


Como podemos observar, de 1992 a 2001 El Salvador pasa de
un PIB del 7.3% al 1.5%; la caída es vertiginosa. Guatemala pasa del 4.9% al
2.0% del PIB; Honduras también va del 5.8% al 2.5%. En el caso de Nicaragua se
presentan altibajos que van desde el 0.8% hasta llegar a su máximo del 5.4% en
1997 y termina en 2.0% en el 2001; Panamá decrece vertiginosamente del 8.2% al
0.5 %. Aparte de la imposibilidad de mantener una estabilidad que permita
mejoras constantes, si analizamos los resultados a partir de los indicadores
finales para el año de 2001 encontramos que el desarrollo nacional se ha visto
severamente mermado y la región se encuentra muy por debajo de otros países de
Latinoamérica.
Un comportamiento similar a lo anterior se advierte en el
ingreso per cápita, con resultados
negativos en todos los sentidos. Veamos el siguiente cuadro.


La pobreza y las condiciones objetivas.
¿Qué
significa ser pobre?

La región ha presentado históricamente condiciones de
pobreza alarmantes. Los principales indicadores que a continuación se
presentan, son tomados de fuente confiables y no dejan lugar a dudas que
reflejan un alto grado de deterioro del nivel de vida del centroamericano;
veamos:


Fuente: CEPAL • UNICEF • SECIB. (2001). El
entorno socioeconómico y su impacto en las condiciones de vida de la infancia y
adolescencia.
Construir Equidad desde la Infancia y la Adolescencia en Iberoamérica.
El sector de la población de mayor vulnerabilidad es sin
lugar a dudas el de los niños; el grupo de la población más olvidado y para el
que no hay esperanza alguna. Los datos que se mencionan a continuación nos
permiten ilustrar la forma de vida en que se encuentran los niños de
Centroamérica; veamos:



Reflexiones finales
¿Centroamérica
sigue siendo un foco rojo? A partir de los datos que hemos identificado todo
parece indicar que sí. Esta es la conclusión que ofrecen también los
especialistas:
Al iniciarse el siglo XXI, más de la mitad de los niños y
adolescentes de América Latina son pobres. Entre 1990 y 1999, el total de
menores de 20 años que viven sumidos en la pobreza aumentó de 110 millones a
114 millones. La pobreza se redujo mucho menos en los hogares con más niños y
adolescentes que en aquellos con mayor presencia de adultos. Pese a esto, en la
década pasada se consiguieron en la región importantes logros en aspectos
decisivos de la calidad de vida y del cumplimiento de los derechos de la infancia.
CEPAL-UNICEF. INFORME 2000.
Sabemos que no es suficiente que las condiciones de vida
y el desarrollo socioeconómico sean deplorables para generar una situación
revolucionaria y procesos de liberación nacional, que inclusive hay otros países
que se encuentran en peor situación social y económica, como es el caso de
Haití y Bolivia. Empero, lo que tratamos de señalar es que ha pesar de no
representar en estos momentos una efervescencia revolucionaria, lo cierto es
que en cualquier momento es posible que explote el descontento social y se
incrementen las posibilidades de inestabilidad política en la región.
No olvidemos que estos pueblos tienen una tradición de
lucha, que saben organizarse, que tienen experiencia en movimientos armados, que
conocen de táctica y estrategia militar, que han aprendido de otros procesos
revolucionarios y de los suyos propios, y que si las opciones de la vía
democrática no les son satisfactorias, entonces volverán a expresarse de manera
radical para enfrentar una vez más la miseria y hambre de sus pueblos.
¿Es posible que se haya impuesto la política
estadounidense en esta región?, es decir, ¿la estrategia reaganiana y los
gobiernos que le sucedieron a Reagan han visto cumplidos sus grandes anhelos de
generar una guerra de baja intensidad para sofocar los focos rojos en
Centroamérica y controlar los movimientos revolucionarios?
¿Lograr la paz en Centroamérica ha sido suficiente para
aminorar el sufrimiento de millones de pobres de esta región?, nos preguntamos
en un vistazo hacia el pasado donde la guerra militar, psicológica y de
violencia generalizada se imponía cotidianamente.
El conflicto Este-Oeste, capitalismo versus socialismo,
Estados Unidos versus La Unión soviética ya no existen, ya no son pretextos para
otra intervención militar y económica en Centroamérica; luego entonces, cuál es
la razón para no fomentar un programa integral de desarrollo regional que
verdaderamente fomente el bienestar de la población, las libertades
individuales, la paz verdadera y sobre todo mejorar la calidad de vida de la
población en condiciones de miseria extrema.
Los organismos internacionales, FMI, Banco Mundial, ONU y
otros, han fracasado estrepitosamente en lograr elevar el nivel de vida de la
población. Los programas no han funcionado, los dineros no llegan a donde
realmente se necesitan. Ellos mismos reconocen las limitaciones de los
programas del combate a la pobreza y están buscando reorientan las estrategias
de intervención ante los nulos resultados positivos.
¿Cuánto tiempo más son necesarios para lograr resultados
verdaderamente de impacto favorable a la miseria galopante en Centroamérica?
¿Los movimientos revolucionarios y de liberación nacional
resurgirán con nuevos bríos para proponer alternativas radicales de solución
ante sus grandes problemas nacionales?
¿Los partidos políticos han demostrado su desgaste e
ineficacia como alternativa hacia la construcción de una democracia moderna
genuina y que genere opciones viables de desarrollo de las naciones?
¿La organizaciones civiles
seguirán creando propuestas alternativas
al margen de las instituciones del estado y los gobiernos?
Es necesario plantearse un debate permanente, sin esperar
a que se incendie de nuevo la cintura de nuestro continente para empezar a
hablar de ello. Hoy es momento de reflexionar sobre estos temas, que no son
“prioritarios en la agenda política actual” de muchos políticos, pero que
insisten en estar presentes, pues no se han solucionado ni los grandes
problemas de Centroamérica ni mucho menos sus causas.
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COMPLEMENTARIA
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290-8843; Fax: (506) 290-8678 info@demuca.or.cr
http://www.bcr.gob.sv/eserv003.htm
http://www.demuca.or.cr/centro-doc/index.mhtml?words=Pobreza+en+centroamerica
Cuestiones de América Nº 7, Noviembre de 2001
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