En
Guatemala los Acuerdos de Paz están en Peligro
Ileana Alamilla
El
2001 dejó como saldo para los guatemaltecos, pobreza, hambruna, inseguridad es
decir desesperanza. El gobierno del Presidente Alfonso Portillo en su segundo
año, incumplió de nuevo sus promesas de campaña y lo que exhibió a la
ciudadanía fue la profundización de actos de corrupción, quiebra de bancos,
enfrentamientos con todos los sectores sociales, un severo deterioro en los
niveles de vida de las mayorías y un retroceso en materia de derechos humanos,
que fueron los signos que marcaron su estilo de hacer política.
Pero estratégicamente lo que mas afecta al país, es el estancamiento y
abandono de los Acuerdos de Paz firmados en 1996, los cuales fueron aceptados
como compromisos de estado por el propio Portillo, quien en su discurso de toma
de posesión, los asumió y aseguró que los honraría.
Sin embargo, en cada medida gubernamental y en cada omisión, cada
acuerdo han sido abandonados y muchas veces, se ha suplantado por decisiones
que contradicen lo pactado. Aunque esto no es extraño pues el Frente
Republicano Guatemalteco (FRG) liderado por el general Efraín Ríos Mont,
siempre rechazó la negociación y los compromisos asumidos, por lo que su
actuación política al frente del gobierno, es coherente con su ideología y
posición ante los problemas nacionales.
A pesar de que hay un consenso de lo valioso de los Acuerdos de Paz pues
constituyen una agenda nacional para superar las causas que provocaron el
conflicto armado y que la comunidad internacional ha invertido esfuerzos,
personal de alto nivel y recursos en verificar su cumplimiento, a cinco años de
la firma, el país con que soñaron los guatemaltecos, todavía es un espejismo.
Continúa la marginación y la discriminación, la pobreza y extrema
pobreza son el patrimonio del 83% de la población, que carece de servicios
básicos, educación y vivienda, la concentración de la propiedad de la tierra y
de todos los recursos es una de las mas pronunciadas de América Latina.
Rodolfo Quezada Toruño, quien fuera conciliador del proceso de
negociación y que ahora ocupa el cargo más alto en la jerarquía de la Iglesia
Católica, también ha expresado su preocupación, pues el 29 de diciembre de 1996
concluyó el enfrentamiento armado interno, que paró el horror de los miles de
torturados, asesinados, las masacres, los refugiados y los desplazados internos
pero la falta de cumplimiento de los acuerdos, hace frágil el proceso y opaca
la luz para avanzar en el camino de la construcción de un país diferente.
El conciliador Vitalicio pidió al gobierno del FRG que fomente y respete
el diálogo con la sociedad civil para elaborar un plan de nación basado en los
acuerdos y que se cumplan las peticiones de los pueblos indígenas para que se
reconozca la existencia de una sociedad pluricultural y multilingüe en
Guatemala.
Para el ex comandante Pablo Monsanto, el mal gobierno, la crisis
económica y social y sobre todo el incumplimiento de los acuerdos de paz han
creado nuevos frentes contra el partido en el poder. Monsanto, signatario de
los Acuerdos, expresó que estos están en retroceso y que una prueba de ello es
el alto índice de desempleo, inseguridad, inestabilidad social, corrupción y
desgobierno que se vive en Guatemala.
La oposición de izquierda en este país asegura que si bien es cierto
Guatemala ya no es la misma de antes de la firma de la paz, el camino abierto y
señalado por estos compromisos se ha perdido y ha empezado la reversión hasta
de los limitados avances alcanzados en materia de derechos humanos.
La sociedad organizada ha manifestado su preocupación por esta situación
y hay una coincidencia en sectores de distinto signo político e ideológico de
que el riesgo se va a acentuar en los próximos dos años pues se ha hecho
evidente la intención del partido en el gobierno de copar todos los espacios de
poder para garantizar su continuidad y adueñarse del aparato estatal.
El FRG es señalado de ser financiado por capitales de dudosa procedencia
y de estar integrado por mafias y por grupos que lideraron la
contrainsurgencia.
En relación con las necesidades en materia legislativa, la agenda de la
paz continúa engabetada ya que las leyes de la paz que debían promulgarse el
año anterior según el cronograma de implementación, cumplimiento y verificación,
no se han discutido, siendo las mas urgentes las referidas a la situación
agraria y al acuerdo de identidad y derechos de los pueblos indígenas.
El gobierno por su parte se empeña en asegurar que han habido avances en
el cumplimiento de los compromisos asumidos y exhibe como logros, aspectos que
no son mérito propio, tales como la desmovilización de la guerrilla, así como
el pluralismo político y la participación ciudadana.
Y es natural que así lo haga pues en febrero habrá una reunión del Grupo
Consultivo, integrado por los países que aportan donaciones a Guatemala como
parte de su compromiso con los acuerdos, sin embargo, la preocupación de los
dirigentes, líderes políticos y sociales en Guatemala, es que mientras la
comunidad internacional no condicione su ayuda, este gobierno continuará
ignorando los acuerdos y despilfarrando los fondos de cooperación.
Fue así como el fin de año y la conmemoración de la firma de la paz, no
motivaron a los y las guatemaltecas para festejar pues la población está mas
preocupada de cómo resolver sus urgentes problemas y necesidades que en
compartir con un gobierno responsable de su desesperanza.
Los políticos y otros sectores están llegando a la conclusión que la
única alternativa que queda para rescatar los acuerdos de sus captores, es
formar un frente contra el partido en el gobierno para frustrar sus intenciones
de continuar despojando al Estado de sus recursos y al país de los acuerdos.
* Agencia Latinoamericana de Información para Venezuela Analítica, 8 de
enero de 2002.
Cuestiones de América Nº 7, Noviembre de 2001
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