Otro Modelo
Agotado
Raúl Dellatorre *
Dos
gobiernos argentinos, a lo largo de los últimos doce años, privilegiaron el
pago de la deuda externa por sobre cualquier otro objetivo de política. La consecuencia
hoy está a la vista: un país cuya economía se consumió a sí misma para
terminar, de todos modos, en cesación de pagos, con una deuda varias veces
superior a la del inicio del proceso. Paradójicamente, a días del estallido que
terminó con aquel modelo, el país parece ingresar en otro callejón sin salida:
resolver los compromisos del sistema financiero con titulares de depósitos por
46 mil 400 millones de dólares y 18 mil 400 millones de pesos. Sobran elementos
para pensar que hay un riesgo cierto de que si ése fuera el objetivo
excluyente, la culminación del proceso podría ser tan trágica como el capítulo
que acaba de terminar: una economía desquiciada y, probablemente, ahorristas
frustrados.
Un sistema financiero, cuyo principal objetivo es devolver los
depósitos, está condenado a la desaparición, repetían dos responsables de
bancos de capital nacional en estos días. El problema es que la desaparición
del sistema no es consecuencia de una coyuntura desfavorable o de un brote
colectivo de desconfianza de los ahorristas. Es el destino al que, tarde o
temprano, iba a llegar este sistema financiero, creado por la dictadura militar
en 1977 y rediseñado por el modelo de convertibilidad. Un sistema concentrado
en pocas manos, extranjerizado y puramente especulativo, que paulatinamente les
fue cerrando el acceso al crédito a los sectores productivos. Un sistema que
arrojó una elevadísima acumulación de renta financiera en favor de un pequeño
núcleo de bancos, pero que no cumplió su misión de financiar la inversión
productiva. Con la explosión del modelo neoliberal no sólo estalló la
convertibilidad como sistema monetario. También reventó el sistema financiero.
Pero mientras que con respecto a la convertibilidad el gobierno planteó
un esquema que lo sustituirá -la flotación cambiaria- y el régimen de
transición -un tipo de cambio fijo a 1.40-, en relación con el sistema
financiero ni siquiera se reconoce que el actual está acabado. Mucho menos se
propuso un modelo sustituto, y en consecuencia tampoco el camino de transición
hacia el mismo. En ese marco, el corralito terminó acorralando a la
clase política y aun a la dirigencia empresaria, que todavía no se atreven a
dar el debate. Casi un calco de lo que sucedía con la convertibilidad hasta
hace poco menos de seis meses: todos sabían que se moría, pero hablar de ello
estaba prohibido.
Sin ese debate ni definiciones sobre el futuro del sistema financiero,
el gobierno queda rengo para plantear un esquema de reactivación. No hay
crédito, el consumo está restringido por las dificultades para la circulación
monetaria. Las empresas han convertido en estos días en práctica habitual el
retraso en el pago de sueldos, y el presupuesto nacional aportará otra cuota a
la depresión cuando se anuncie con nuevos recortes para este año. La cadena de
pagos está rota en varios tramos, y no solamente por el prolongado feriado
bancario de las últimas semanas. Para peor, el modelo neoliberal deja como
herencia una estructura productiva ultradependiente de insumos importados, que ahora
no sólo se encarecen sino que deben pagarse cash para conseguirse.
Muchos se preguntan cuál será la vía por la que canalizarán sus ahorros los
argentinos. Seguramente, por mucho tiempo, no será el sistema bancario local.
Entonces, ¿cómo se recupera el funcionamiento de este sistema financiero?
Pedro Pou, el ex presidente del Banco Central que esculpió con los
últimos retoques este sistema financiero que perece, solía postular que con una
banca predominantemente extranjera era innecesario que la autoridad monetaria
cumpliera el rol de prestamista de última instancia, porque aquellos bancos
internacionales responderían con el respaldo de sus casas matrices. Resultó
falso. Cuando la necesidad aprieta, la banca extranjera mira para otro lado,
prefiriendo que el sistema estalle antes de arriesgar capital propio en la
devolución de los depósitos. Como un agente de control bobo, el Banco Central
observó pasivamente cómo estas entidades cancelaron, a lo largo de los últimos
meses, sus cuentas con las casas matrices retirando el dinero del país,
mientras que solicitaban redescuentos (préstamos) al propio Banco Central para
cubrir sus necesidades de liquidez. Una práctica legal, por cierto, pero no por
ello menos perversa. Son esos mismos bancos extranjeros los que hasta ayer los
"analistas financieros" señalaban como los "más perjudicados por
las draconianas resoluciones del gobierno argentino". Analistas de la
agencia calificadora Moody's y del banco de inversión BCP Securities, desde
Madrid y Nueva York, respectivamente, esgrimieron ese argumento para señalar
que una eventual retirada de los bancos estadunidenses o españoles del país
estaría plenamente justificada.
El gobierno se ve así sometido a presiones cruzadas. La actitud
amenazante de los bancos extranjeros, aunque sea por boca de terceros; la de
los bancos locales, públicos y privados, que penden de un hilo tan fino como la
credibilidad que genera el cronograma del corralito; y los ahorristas,
que a base de cacerolazos han descubierto una herramienta para atemorizar
al gobierno, pero ineficaz todavía para recuperar sus depósitos. Lo preocupante
es que no tenga un plan propio y trate de encontrar una salida en un
inexistente camino intermedio que conforme parcialmente a cada parte. La dura
realidad es que no hay solución bajo este esquema, y que sobre esta base no hay
posibilidades de recomponer el sistema financiero.
Quizás
haya llegado el momento de imaginar una solución que independice la solución al
corralito de la conformación de un nuevo sistema financiero. Este último
requerirá de una nueva Ley de Entidades Financieras, distinta a la concebida en
1977. Y de instituciones que arranquen de cero. Si los bancos internacionales
no están dispuestos a aportar su capital, no tiene sentido seguir haciendo esfuerzos
para "atraerlos", ni privarse de hacer una política propia para
"no ahuyentarlos". Para los ahorristas, la solución seguramente
resultará similar a la actual, en cuanto a una devolución escalonada y a
mediano plazo. Pero deberá ser formulada sobre bases creíbles. Es,
precisamente, de lo que carece el actual esquema.
* Página 12, 15 de enero de 2002.
Cuestiones de América Nº 7, Noviembre de 2001
Regresar
a la Página Principal...
![]()