La Alegría de la Muerte *
Horacio
Verbitsky
David Viñas, Sergio
Schoklender, Vicente Zito Lema y Hebe Pastor de Bonafini celebraron los ataques
terroristas contra Estados Unidos. Los interpretaron como parte de la lucha de
clases globalizada, y la señora Pastor de Bonafini, además, sintió alegría
mientras el mundo se paralizaba de espanto. Esta nota sostiene que no hay que
resignarse a elegir entre la limpieza étnica de Milosevic y los
"daños colaterales" de la OTAN, entre las explosiones de Bin Laden y
las de Bush, entre los colonos fascistas de Sharon y los asesinos seriales de
Hamas.
Durante una clase pública
dictada en la academia denominada Universidad Popular de las Madres de Plaza de
Mayo, cuatro oradores celebraron los atentados del 11 de septiembre. Trataré de
sintetizar sus argumentos con fidelidad y de refutarlos con calma.
El escritor David Viñas dijo
que el ataque "a los grandes símbolos del poder" constituía "una
forma inédita de lucha de clases", entre "la violencia popular y la
violencia institucional del imperio", "la violencia desde abajo
contra la violencia enquistada arriba". Estas "señales inesperadas,
inéditas, invictas, primeras de la lucha de clases en el mundo globalizado por
el imperio terrorista del Pentágono y de Wall Street" provendrían de
"los sometidos, los humillados del mundo". Dijo que debían leerse
"dentro del contexto del proceso general de globalización". Comparó a
sus autores con Robespierre o Castelli. Evocó los sufrimientos infligidos por
Estados Unidos a Cuba, Chile, Japón, Nicaragua, Panamá, Granada, Irak y
Yugoslavia, y a sus hijos, María Adelaida y Lorenzo Ismael Viñas, "entre
otros miles de compatriotas asesinados por el terrorismo de generales y de
almirantes adiestrados por el Pentágono y sustentados por Wall Street".
El director de la academia,
Vicente Zito Lema, sostuvo que Osama Bin Laden era "un
revolucionario", cuya lucha "es parte de la lucha de clases" de
"los oprimidos de la humanidad contra el imperio". Lo comparó con San
Martín, Belgrano, Artigas, Ernesto Guevara y "mis compañeros caídos en
combate". Además de las "bombas en las ciudades japonesas"
mencionó a los "35 mil 600 niños que mueren todos los días" en el
mundo y dijo que sólo pueden "hablar de derechos humanos" y lamentar
"la muerte de los trabajadores que estaban también en esas Torres
Gemelas" quienes "siempre alzaron la voz por los caídos en la humanidad".
Buena parte de los intelectuales y de la clase política de nuestro país
"lloran por el poderoso cuando son cómplices cotidianos de la
muerte".
El abogado Sergio Schoklender
afirmó que no fueron actos terroristas, sino "operaciones
quirúrgicas" de guerra contra "los centros precisos de poder",
del "enemigo que nos está destruyendo". Se trataría de "una
guerra declarada, de la civilización y de la humanidad contra Estados
Unidos". En cambio, actos terroristas son los bombardeos indiscriminados
de Estados Unidos e Israel contra civiles. Expresó su admiración por los
"militantes" que llevaron a cabo esas acciones, a quienes comparó con
"el pueblo heroico de Vietnam", que derrotó al enemigo al
"llevarle la guerra a su propio territorio". Narró un viaje a Irak y
su "revolución maravillosa". Dijo que le dolían "los casos
individuales, esas figuras cayendo", pero que le dio "mucha
alegría" saber que "no son tan invulnerables y que tenemos la
posibilidad de resistir y enfrentarlos".
Hebe Pastor de Bonafini contó
que estaba en Cuba ese día y que sintió alegría. "No voy a ser hipócrita,
no me dolió para nada", porque "había muchos pueblos que eran
felices" y de ese modo "la sangre de tantos en ese momento era
vengada", entre ellos sus hijos. En esos ataques "no murieron pobres,
no murieron poblaciones". Sus autores fueron "hombres y mujeres muy
valientes", que "se prepararon y donaron sus vidas para
nosotros". Ellos "declararon la guerra con sus cuerpos, manejando un
avión para estrellarse y hacer mierda al poder más grande del mundo. Y me puse
contenta". El "miedo que nos metieron a nosotros, con la persecución,
con la desaparición y con la tortura, ahora lo vive el pueblo estadunidense
entero. Ese pueblo que se calló y aplaudió las guerras". Para ella, los
blancos no fueron sólo simbólicos: "En esas dos torres se decidía todos
los que nos íbamos a morir, a quedar sin trabajo, a masacrar, a
bombardear". Igual que Viñas, comparó a los autores con "nuestros
hijos", "que dieron y entregaron sus vidas para un mundo mejor",
a los que llamaban terroristas pero eran revolucionarios.
Quien dude de la exactitud de
la transcripción o desee consultar los textos completos, puede solicitarlos al
boletín de contrainformación "Resumen Latinoamericano", a la
dirección electrónica resumen@nodo50.org.
Lucha de clases en el Corán
Nada más curioso que la
referencia de Viñas a la lucha de clases. Tal vez Viñas maneje informes más
secretos que los empleados por Estados Unidos para persuadir a todos los
gobiernos del mundo sobre el origen de los atentados. Mientras no los revele,
parecería que sus autores no han sido proletarios en lucha por la revolución
socialista, sino el régimen teocrático de Afganistán, supresor de todas las
libertades que permitirían vivir y desarrollar su obra en ese país a los
intelectuales críticos, ateos, socialistas y judíos como Viñas. Y a sus
mujeres, detalle no menor. El señor Bin Laden no busca abolir la explotación ni
liberar las fuerzas productivas contenidas por un régimen de producción
anacrónico. Es el heredero de un multimillonario contratista de obras públicas
para la monarquía saudita y está interesado en el derrocamiento de su casa
real, por considerarla demasiado permeable a la secularización de las
costumbres. Marx debería revolverse en su tumba. También Trotsky, quien en 1911
fundamentó la oposición de los marxistas al terrorismo individual. Dice que
sólo la clase obrera organizada puede llevar a cabo una huelga. En cambio,
"la fórmula para fabricar explosivos está al alcance de todo el mundo y
uno puede hacerse con un Browning en cualquier parte". Puede ser "muy
impactante en sus formas externas (muerte, explosiones, así sucesivamente),
pero absolutamente inofensiva en lo que respecta al sistema social". En cambio
"una huelga, incluso de poca importancia, tiene consecuencias sociales:
aumento de la confianza en sí mismos de los trabajadores, fortalecimiento de
los sindicatos e incluso, a menudo, mejoras de la tecnología de
producción". Un atentado terrorista puede causar confusión entre la clase
dirigente, pero "esta confusión siempre dura poco". La maquinaria del
Estado capitalista "seguirá intacta y continuará funcionando. Pero el
desorden que un atentado terrorista genera entre las masas obreras es más profundo".
A su juicio, el terror individual es inadmisible "porque devalúa el papel
de las masas en su propia conciencia". Agregaba que "cuanto más
'eficaces' son los actos terroristas y mayor es su impacto, más limitan el
interés de las masas por su autorganización y autoeducación. La confusión se
evapora como el humo, el pánico desaparece, un nuevo ministro ocupa el puesto
del asesinado, la vida vuelve a su rutina y la rueda de la explotación
capitalista sigue girando como antes; sólo la represión policial se hace más
salvaje, segura de sí misma, impúdica. Y, en consecuencia, la desilusión y la
apatía remplazan las esperanzas y la excitación que artificialmente se habían
despertado". Las circunstancias son hoy otras y Trotsky sólo pensaba en
atentados individuales contra un ministro o un patrón, pero el razonamiento de
fondo no ha perdido vigencia.
Si lo sucedido se lee como pide
Viñas, dentro del contexto del proceso general de globalización, el incipiente
movimiento impugnador que, desde Seattle a Génova, había comenzado a echar
arena contestataria en el engranaje del pensamiento único recibió el 11 de
septiembre el peor golpe posible. Es el pretexto que hoy están usando en todo
el mundo, y también aquí, los interesados en reprimir cualquier forma de lucha
popular y restringir el espacio de las libertades en aras de la seguridad.
Porque creemos que la relación de fuerzas vigente sólo podrá ser modificada por
una movilización popular masiva, que amplíe y no restrinja los espacios
democráticos, y no por el foquismo incendiario de seis encapuchados, no podemos
alegrarnos por la monstruosidad ocurrida el 11 de septiembre.
Robespierre y Castelli fueron
los rostros más intransigentes de grandes movimientos progresistas, basados en
la emergencia y organización de clases sociales, cuyo desarrollo era sofocado
por las monarquías absolutas del antiguo régimen. Bin Laden y los talibán
desearían volver el reloj de la historia a mucho antes de 1789, año inaugural
de las revoluciones burguesas. La mención de Viñas a sus hijos es conmovedora,
pero infiel. Como otros intelectuales de la izquierda,
Viñas equipara la decisión
militante de aquella época con un impulso suicida. Eso es ostensible en su obra
teatral sobre Rodolfo Walsh, cuya muerte tergiversa. Walsh murió en la calle,
resistiendo con un arma de puño el intento de secuestro por un pelotón de la
ESMA, en una cita entregada por un compañero caído. Pero Viñas lo muestra
encerrado en una casa que la dictadura conoce, esperando que vengan a buscarlo
después de desafiarla con su Carta abierta. En una nota publicada en
este diario hace seis años, Viñas dice sobre Walsh que "el suicidio es el
único espacio de decisión personal". No es cierto. Walsh y los hijos de
Viñas no eran terroristas suicidas como los pilotos de Alá, sino militantes de una
tentativa revolucionaria que fue derrotada y pagaron su heroísmo con la vida.
En forma implícita, Viñas equipara todo recurso a las armas al terrorismo o el
suicidio. Inesperado regalo para quienes asesinaron a sus hijos, a Walsh y a
miles de revolucionarios.
Es cierto que hay quienes
tienen atrofiada la mitad de sus sentimientos. Los muertos en las torres les
merecen la piedad que no tuvieron por tantas víctimas del poder bélico
estadunidense. Pero no hace una persona más completa la parálisis de un lado
que del otro. En cada una de las cien ciudades recorridas durante la reciente
Marcha Nacional contra la Pobreza, los militantes del Frenapo nos referimos con
dolor al centenar de niños que mueren por día en la Argentina por la injusta
distribución de la riqueza que procuramos modificar. En su momento, desde
distintas organizaciones políticas o humanitarias fueron denunciados los
bombardeos contra ciudades y poblaciones de cuatro continentes. Quienes
"siempre alzaron la voz por los caídos en la humanidad", como es el
caso de Zito Lema, deberían estar en mejores y no peores condiciones para
sentir el espanto por lo sucedido el 11 de septiembre.
Personas, no figuras
Que el doctor Schoklender hable
de "operaciones quirúrgicas" para referirse al asesinato de 6 mil
personas en pocos minutos y contabilice a los talibán en el bando de "la
civilización y de la humanidad" no requiere refutación. Son enormidades
que se descalifican solas. Pero la equiparación con el pueblo de Vietnam y
sobre todo el modo en que derrotó la agresión ignora los hechos centrales de
aquel conflicto. Todos los análisis, dentro y fuera de Estados Unidos, indican
que fue la movilización del pueblo estadunidense, dividido respecto de la
legitimidad de la guerra y de la posibilidad de ganarla, la que impidió el
despliegue completo de la maquinaria bélica que el Pentágono deseaba. Lo
contrario ocurre hoy, gracias a la brutalidad del atentado contra las torres,
donde lo que caían no eran "figuras" ni "casos
individuales", sino personas, de ochenta nacionalidades. El general
Westmoreland nunca contó con un frente interno como el que hoy respalda a Bush
y hace temer por toda clase de abusos.
La alegría de la señora Pastor
de Bonafini no fue compartida por ningún pueblo del mundo, apenas por pequeños
grupos sometidos al oscurantismo de la teocracia. El mismo boletín electrónico
que consigna sus palabras incluye la condena de la Asamblea Nacional del Poder
Popular de Cuba, que expresó sus condolencias al pueblo estadunidense y repudió
los "métodos deleznables" empleados. La literatura revolucionaria
mundial no registra casos de contento ante la muerte atroz de otros seres
humanos. El Che llegó a teorizar sobre la conversión del ser humano en
una fría máquina de matar, pero jamás expresó sentimientos tan ruines como el
júbilo. Los de la señora Pastor de Bonafini se parecen a los que expresó el
piloto del bombardero estadunidense Enola Gay luego de la destrucción de
Hiroshima. La idea de que el 11 de septiembre fue destruido el poder más grande
del mundo es, además, de una patética ingenuidad. El software que mide
el riesgo país ya fue instalado en otro edificio.
Ni Bin Laden ni Bush
En los años de la dictadura y
los primeros posteriores la señora Pastor de Bonafini enfrentó a los represores
y denunció a sus cómplices civiles, en un pie de igualdad con sus compañeras y
con los demás organismos de derechos humanos. En los últimos años la
organización que dirige ha llamado "prostitutas" a las Madres de
Plaza de Mayo que cobraron indemnizaciones por la desaparición forzada de sus
hijos; "pagados por el imperialismo" a los científicos del equipo de
antropología forense que está reconstruyendo la historia de las víctimas del
Estado terrorista; "fascistas" a quienes afirmaron que en Colombia
las violaciones a los derechos humanos las comete no sólo el bando sostenido
por Estados Unidos sino también las FARC; "fascista" otra vez al
sistema democrático español, que responde dentro del estado de derecho a los
atentados de ETA. En los últimos años ha propiciado en discursos públicos la
violencia foquista y ha estimulado el desprendimiento de un minúsculo núcleo de
la organización HIJOS, que para fomentar la confusión decidió utilizar el mismo
nombre. Ninguno de estos exabruptos autoritarios tuvo mayor trascendencia, por
la marginalidad del grupo que los sostiene, por el poco interés de los aludidos
en amplificar voces cuya impotencia no les permite llegar más allá de un núcleo
ínfimo de iluminados y por no polemizar con una persona más proclive al insulto
que al razonamiento. A lo sumo, cuando se han expresado en un ámbito colectivo,
estas posiciones han sido sometidas a votación y derrotadas, como en la última
asamblea nacional piquetera. (Ver informe de Indymedia Argentina, "Informe
y resoluciones de la asamblea piquetera en Buenos Aires", publicado en Rebelión
el 6/9/2001.)
Estas nuevas definiciones, en
un momento en que el mundo se acongoja ante la provocación siniestra del 11 de
septiembre y las represalias terribles contra personas tan indefensas como las
asesinadas aquel día, obligan a la respuesta de quienes no creemos que haya que
elegir entre la limpieza étnica de Milosevic y los "daños
colaterales" de la OTAN, entre las explosiones de Bin Laden y las de Bush,
entre los colonos fascistas de Sharon y los asesinos seriales de Hamas, sobre
todo en este diario, que con tanta generosidad abre sus páginas cada viernes
para algunas de las enseñanzas que se imparten en esa academia.
Publicado originalmente en el diario argentino Página 12.
*
La
Jornada, México, 14 de octubre de 2001.
Cuestiones de América Nš 6, Noviembre de 2001
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