Dos Torres, un Terrorismo: la Crisis de la
"Invulnerabilidad" del Imperio Norteamericano *
Adrián Sotelo Valencia
29 de septiembre del 2001
El verdadero poder mediático del imperialismo
realmente existente en el mundo es su capacidad planetaria de los medios de
comunicación, controlados por las corporaciones transnacionales, de introyectar
simultáneamente en las conciencias de millones de seres humanos una idea, una
consiga y un slogan: ¡la lucha ahora, en los comienzos del siglo XXI, es contra
el "terrorismo" y no contra el comunismo, como ocurrió durante la
segunda mitad del siglo pasado.
La era del macartismo contra el
enemigo visible del comunismo cede ahora el paso a la era Reagan-Clinton-Bush
contra el enemigo invisible del "terrorismo", o sea, en la mentalidad
reduccionista y pragmática de los gobernantes norteamericanos, la lucha del
"bien" contra el "mal", de "dios" contra el
demonio" que atenta contra el fundamentalismo del libre mercado y los
sacrosantos principios del capitalismo central.
Lo oculto, lo invisible, lo que
no se dice tras los sucesos del 11 de septiembre, es el verdadero descalabro
que los Estados Unidos vienen experimentando en su hegemonía imperialista desde
la década de los setenta: no tanto en el plano militar, pero sí en sus
estructuras económicas, en su capacidad competitiva y en sus decrecientes tasas
de productividad y competitividad internacional.(1)
Si bien el ataque del 11 de
septiembre de 2001 fortalece a la fracción del capital que invierte y se
beneficia en la esfera militar y de todo lo concerniente a la guerra -
(recuérdese que los Estados Unidos reposan en un modo de producción y de vida
basado en la economía de armamentos y de guerra) -, sin embargo se inscribe en
ese proceso largo de la pérdida de hegemonía en el plano mundial del
imperialismo norteamericano, que ahora tendrá que librar una guerra global
contra el "terrorismo" donde éste se encuentre, como declaró su
vocero Bush hijo, al anunciar la primera guerra del siglo XXI donde lo
verdaderamente peligroso de estas declaraciones bélicas del presidente
norteamericano es que no identifica claramente al enemigo (simplemente porque
el "terrorismo" es un producto histórico de las contradicciones
profundas de injusticia y exclusión social del capitalismo en todo el planeta)
y, sintomáticamente, éste puede ser cualquiera, desde un árabe sospechoso, un
africano sediento, un grupo de indígenas, un indocumentado mexicano o todos los
pueblos que luchan contra la explotación y la dominación, si excluir a los
crecientes grupos de "globalifóbicos".
No es raro que los círculos
dominantes del aparato de Estado norteamericano, así como sus tentáculos en los
medios de comunicación como CNN y CNI, desde el ataque a sus poderosos y
mediáticos símbolos del complejo financiero militar del pentágono-Wall Steet,
nunca hayan siquiera reconocido las verdaderas atrocidades que históricamente
el imperialismo yanqui ha cometido en contra de la humanidad y los pueblos del
llamado tercer mundo y de América Latina. Al respecto basta documentar esta
historia con la monumental obra del periodista argentino, Gregorio Selser(2):
el origen, desarrollo e historia del expansionismo norteamericano -, (que
algunos autores denominan con el superlativo "excepcionalismo"(3)
y que, a partir de la crisis económica y de los ataques, pierde totalmete su
sentido) -, en América Latina, acompañado de invasiones, anexiones como la de
la mitad del territorio mexicano en el siglo XIX - (que los tecnócratas
"mexicanos" que gobiernan el país ha olvidado en función de su pro-
yanquismo); complots, guerras y balcanización, golpes de estado militar como
ocurrió en todo el continentes desde el sur hasta Centroamérica; masacres
convenidas y pactadas por la CIA con las fuerzas represivas internas de los
países dependientes, etcétera. Sin olvidar que la hegemonía del imperialismo
norteamericano se construyó, luego de la debacle de la hegemonía de Inglaterra
después de la segunda guerra mundial, con la constitución del complejo
industrial- militar que dinamizó a la economía capitalista de la pos-guerra y
en el período de la guerra fría.
El verdadero significado
estratégico-militar y político del 11 de septiembre de 2001, fecha memorable a
28 años del golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de Salvador
Allende en Chile perpetrado por el gobierno norteamericano, la CIA y las
fuerzas militares encabezadas por Pinochet, a nuestro juicio consiste en que
mostró al mundo, al ciudadano común y corriente, que el imperio
estadunidense es vulnerable a pesar de su poderío armamentístico y
de todos sus medios económicos, financieros y tecnológicos a su alcance.
La vida para quiénes viven en
ese país ya nos será la misma después de esa fecha, por más que la clase
dominante y su Estado se empeñen en presentar una venganza hollywoodesca contra
los pueblos árabes, comenzando por Afganistán.
El ciudadano común, ahora, sabe
que las imágenes de destrucción y devastación que cómodamente antaño observaba
pasivamente por su televisor, por ejemplo, cuando las tropas norteamericanas
cometían todo tipo de atrocidades indiscriminadamente con sus aviones de muerte
y destrucción en todas partes de África, Asia y América Latina, ahora está
perfectamente conciente de que en su propio suelo, en su propia casa, puede
ocurrir lo mismo: es la invulnerabilidad como categoría política
contemporánea que develó el ataque a las torres gemelas y al pentágono norteamericano,
lo que verdaderamente preocupa al stablishment tecnocrático-militar
norteamericano. Como dice un articulista: "En África, en la región del
mundo en la que más saben de odios, rencillas y conflictos, donde la
prosperidad es un sueño lejano, saben, desde tiempos inmemoriales, algo que en
Estados Unidos no han aprendido hasta esta semana. Que un escorpión puede
derribar a un elefante. El asombroso descubrimiento ha sacudido la sensación de
mastodóntica invulnerabilidad de los americanos, les ha mostrado que el mundo
era un lugar más peligroso y complejo de lo que imaginaban, ha introducido en
su psique colectiva una sensación de precariedad y un elemento de miedo que
antes no existían. Por eso no hace falta ser historiador, ni astrólogo para predecir
que los increíbles acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 marcarán un
antes y un después en la vida americana. Ni la política estadounidense, ni la
visión que tienen del resto del mundo y cómo relacionarse con él, ni sus
actitudes y valores, volverán a ser jamás los mismos."(4) O
sea, que cabe aquí recordar aquéllas memorables palabras del Manifiesto del
Partido Comunista y en las que la mayoría de los ciudadanos norteamericanos
no creían: "todo lo sólido se desvance en el aire".
Por más que la burguesía
norteamericana pro-golpista, su manipulado congreso y la tecnocracia civil y
militar se empañen en bombardear una vez más a los pueblos de los países pobres
y dependientes del tercer mundo, comenzando ahora, después de la guerra del
golfo contra Irak, por Afganistán(5), y al margen de las causas
profundas del ataque, lo que es irreversible por primera vez en la historia de
los Estados Unidos (desde la simbólica "invasión" del imperio por
Pacho Villa), es la pérdida de la presunta invulnerabilidad de ese país, tal y
como lo propagandizaban todos los días sus medios de información y
comunicación, así como todo el aparato de seguridad e inteligencia y que tenían
expresión mediática sobre todo en la TV y en el marketing cinematográfico de
Hollywood: los rambos venciendo a las "fuerzas del mal", el héroe
Bruce Willis (Duro de Matar)(6) alcanzando corriendo y trepando en
pleno vuelo a un Boing para desactivar bombas y vencer a los terroristas en un
edificio sitiado por ellos. Personajes invencibles como el Superman gringo o el
Batman surcando los cielos de New York ("ciudad gótica") y de los
Estados Unidos para vigilar y castigar y vencer a los "malosos",
etcétera. Todas esta figuras mitológicas construidas ad hoc por el
imperio yanqui encaminadas a mostrar su invulnerabilidad, que ni siquiera en
las películas resultaba violada.
En verdad es dudoso que
efectivamente el gobierno de ese país esté "consternado" por las
miles de víctimas producidas por el ataque, tal y como lo quiere presentar la
manipulada y pro-yanqui televisión mexicana (TV Azteca y Televisa); más bien,
como afirma certeramente Carlos Ramírez, "La principal irritación
de la comunidad de los servicios de inteligencia de Estados Unidos radica no
tanto en la espectacularidad del desmoronamiento de las Torres Gemelas de Nueva
York ni la destrucción de uno de los cinco lados del Pentágono, sino la violación
del escudo de seguridad nacional del territorio norteamericano".(7)
Es esa violación del
"escudo de seguridad nacional" del imperio norteamericano en su
propio territorio lo que profundamente irrita y preocupa a su gobierno y la
verdadera causa del despliegue de una sanguinaria y amenazante campaña
político-militar y estratégica de los círculos más reaccionario y pro-fascistas
que encabeza el actual presidente Bush hijo y que no hace más que cumplimentar
las acciones guerreristas y destructivas de su padre.
A estas alturas del proceso de
ataque a los Estados Unidos (dos semanas), resulta ridículo que el gobierno
norteamericano insista en la culpabilidad de un solo hombre, Osama Bin Laden,
como el artífice del ataque, sin presentar, como hasta ahora demanda el
gobierno afgano, pruebas sustentables de su responsabilidad. Más bien, lo que
quedad claro es que en dicho ataque hubo articulación entre fuerza externas e
internas y que sectores norteamericanos de alguna manera tienen también
responsabilidad en los ataques.
Por lo pronto, lo que es claro
como la luz del día es que la maquinaria de guerra norteamericana busca
infatigablemente cualquier tipo de excusa para reactivar sus mercados de guerra
y de consumo de armas (venta de medios de destrucción de todo tipo), aún a
costa de atacar a cualquier pueblo y país que a los ojos de los norteamericanos
resulten sospechosos de "terrorismo". Y ya se han adelantado todos
los ejecutivos incondicionales del imperio (los De la Rúa, los Fox, los Toledo,
los Cardoso, etcétera) en los países latinoamericanos, a solidarizarse con los
EU reactivando el envejecido y carcomido TIAR que antes de los ataques el mismo
presidente mexicano Fox había descartado, atacando también a los
"terroristas" que desde ahora serán todos aquellos -, grupos,
individuos, clases sociales, organizaciones civiles, políticas y sociales, así
como los grupos armados de la región que luchan contra la injusticia y la
explotación del Estado y el capital, objeto de la acción militar y represiva.
Perro a pesar de todo; de la
entrada de esta nueva fase de la lucha de clases a nivel mundial en el contorno
de la fase depresiva de larga duración de la economía capitalista planetaria,
cualquiera que sea la respuesta a corto plazo de la bestia herida en sus
entrañas, a partir de este comienzo del siglo XXI, tanto los demás imperios en
decadencia como los nuevos que pretenden tomar la batuta en el futuro mediato
(China, Japón, India), tendrán que erigir sus estrategias globales sobre la
evidencia de que los Estados Unidos, en el contexto del declive y crisis de su
hegemonía mundial, han levantado el telón de fondo para descubrir por primera
vez que irremediablemente son vulnerables, no solamente a los ataques como el
del 11 de septiembre, sino a las profundas crisis del capitalismo y el
imperialismo, tal y como en su momento enseñaron los clásicos del marxismo,
como Lenin, Marx y Engels cuando hablaban de la irremediable crisis del sistema
capitalista a partir de la irresolubilidad de sus profundas contradicciones
estructurales y político-militares.
La verdadera congruencia
internacional de los Estados Unidos, sería no tanto reforzar su arsenal de
guerra y la represión a nivel mundial como los están haciendo con los
preparativos para atacar a los pueblos árabes; sino revisar a fondo su
actuación histórica y también, por vez primera, reconocer que
independientemente de las consecuencias humanas y materiales de los ataques,
ellos son un producto genuino del expansionismo norteamericano y de la
imposición de sus políticas dominantes que se sintetizan en su intervensionismo
para someter a los pueblos y países a las políticas capitalistas que los
mantienen sumidos en la miseria, la pobreza extrema, la explotación de la
fuerza de trabajo y de los recursos naturales.
Pedir lo anterior a un país
imperialista como los Estados Unidos, es innegablemente una verdadera utopía;
es pedir peras al olmo; pero no es así para millones de seres humanos que cada
vez más descubren que la condición vital, inmanente de su existencia presente y
futura, es la abolición de un régimen mundial de explotación y dominio que
representa el capitalismo en su fase actual de globalización del imperialismo.
* Adrián Sotelo es Sociólogo,
investigador del
Centro de Estudios
Latinoamericanos de la
Facultad de Ciencia Políticas y Sociales de la
UNAM.
Notas 1- Al respecto véase el
interesante y sugestivo libro de Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, Caos
e governabilidade no moderno sistema mundial, Editora Contraponto-UFRJ, Río
de Janeiro, 2001.
2- Gregorio
Selser, Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina,
dos volúmenes, UNAM-UNAM-UOM-UdeG, México, 1997.
3- Véase a Seymour
Martín Lipset, El excepcionalismo norteamericano, FCE, México, 2000.
4- JOHN
CARLIN, "El fin de una era", El País,
Madrid, 20 de septiembre de 2001.
5- Afganistán
es un país que tiene una pequeña frontera con China en el noreste y está
rodeado por Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán al norte; por Irán al oeste y
por Pakistán, la frontera más extensa, al este y al sur. Pakistán, Arabia Saudí
y Emiratos Árabes Unidos (EAU) reconocen al régimen talibán que controla
alrededor del 90% del territorio afgano. La superficie del país es de
652.000 km². Comparte fronteras con China (76 km); con Irán, (936 km); con
Pakistán (2.430 km); con Tajikistán (1.206 km); con Turkmenistán (744 km) y con
Uzbekistán, (137 km). La población total es de 25.838.797 en el año 2000. La
tasa decrecimiento poblacional es de 3,54 % en 2000; la tasa de nacimiento, de
41,82 por cada mil (2000); la tasa de mortalidad, de 18,01 por cada mil (2000);
la tasa de mortalidad infantil, de 149,28 por cada mil (2000); la esperanza de
vida es: total: de 45,88 años; para hombres, es de 46,62 años y para las
mujeres es de 45,1 años (2000). La tasa de alfabetización es: en total de
37,8%, distribuyéndose así: para los hombres, de 50 % y para las mujeres de
24,2 % con datos de 2000. El idioma afgano es el Pashtu y el dari (persa). Las
principales etnias son: Pashtun, tayikos, uzbecos, hazares, mientras que la
religión dominante es la musulmán. La moneda del país es el Afgani. (Fuente:
El País,
Madrid).
6- Que
protagoniza al personaje John McLane "...dotado de una rara fuerza física,
una sonrisa serena, un corazón divorciado y testarudez que roza la locura, éste
es un hombre que puede enfrentar (mejor dicho: tiene que enfrentar) verdaderos
ejércitos de terroristas con puro ingenio y resistencia..."
7- Carlos
Ramírez,"Inteligencia y espionaje, la guerra. Perforado su escudo de
seguridad" (www.lacrisis.com)
*
Publicado por Rebelión
Internacional, España.
Cuestiones de
América Nº 6, Noviembre de 2001
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