La escena geopolítica

Confusión e Incertidumbre en el Panorama Internacional *

 

Roberto Palmitesta D.
26 de octubre de 2001

 

Las últimas semanas han estado cargadas de eventos trascendentes, que contribuyeron a enredar aún más la compleja situación internacional. Por una parte, EEUU aparece empantanada y desconcertada el escenario bélico de Asia Central, sin perspectivas ciertas de lograr pronto sus objetivos iniciales. Por otra parte Pakistán, su aliado circunstancial clave, está asediada tanto internamente como por su flanco nororiental (India) y fronteras (refugiados). Y en el Mediano Oriente, la fuerte ofensiva israelí en Cisjordania y Gaza refuerza la creencia de que Sharon quiere afincarse en los territorios en disputa, contrariando las peticiones de Bush para resolver el espinoso problema palestino, que siempre ha estado al fondo del terrorismo de las últimas décadas. En medio de todo esto, el bioterrorismo y la guerra han empeorado la recesión económica mundial que ya se venía perfilando incluso antes del 11S.

Los bombardeos sobre Afganistán –además de causar muchas bajas civiles, como se temía-- han generado una crisis humanitaria de grandes proporciones, con varios millones de refugiados hambrientos y sin techo, crisis mucho mayor que el que se causó en Kosovo hace un par de años. Los paquetes de alimentos lanzados desde el aire, después de las bombas, no parecen estar aminorando la tragedia alimentaria que vive ese desgraciado pueblo, asediado de todas partes y enfrentando severas estrecheces ante el crudo invierno que se avecina, una situación crítica que podría matar más personas que las mismas bombas anglosajonas o la guerra civil afgana. Muchos pacifistas se preguntan si no sería mejor entablar una campaña antiterrorista mejor planificada, aunque más lenta en resultados, bajo la coordinación de ONU, que hubiera tenido una mayor aceptación internacional. Aparentemente la necesidad política de una represalia fulminante ha sido una mala consejera para el inexperto Bush y su gabinete lleno de halcones.

El escurridizo Bin Laden

Bin Laden y sus terroristas, que eran el objetivo central de la acción punitiva, parecen estar eludiendo exitosamente la persecución, escondiéndose de cueva en cueva en las montañas afganas, en las cuales siempre ha estado a gusto. Sería un serio bochorno para Washington que no fuera apresado finalmente y se refugiara en un país vecino, donde parece tener muchos simpatizantes. Si eso sucediera, la apresurada campaña punitiva habría logrado sólo muerte, destrucción y mayores tensiones en Asia, pues seguramente las simpatías de sus aliados de la OTAN y el cauteloso apoyo del mundo musulmán se podrían evaporar o disminuir, frustrando así los planes norteamericanos de desbaratar ese foco de extremismo islámico. Peor todavía, veríamos una retirada humillante del país más poderoso del planeta, con sus misiles, tanques y cazas neutralizados por un ejército primitivo con fusiles, saliendo del escenario afgano después de dejarlo semidestruido.

Al mismo tiempo, las huestes de los Talibán están soportando estoicamente los bombardeos, esperando que la ruda geografía y el invierno se vuelvan factores a su favor, pues esperan desgastar o agotar a los aliados con sus ya legendarias guerrillas, que pudieron derrotar en el pasado a dos potencias imperialistas. Para muchos observadores, se están repitiendo los escenarios de Vietnam y del mismo Afganistán de los años 80, y toda la aventura norteamericana podría terminar en un estruendoso fracaso, aunque le hayan causado severos daños a los Talibán y la infraestructura militar afgana, y quizás a la organización terrorista Al Qaida. Al final ambos bandos anunciarían una relativa victoria, pero quedando todavía en entredicho la autoría del sangriento atentado suicida del 11S, que puede haber sido planeado por ciudadanos sauditas, palestinos y egipcios, a juzgar por las investigaciones del dúo FBI-CIA, aunque probablemente Bin Laden estaba al corriente y fue un cómplice del arrojado plan. Curiosamente, Washington está anticipando un fracaso en su objetivo ya que ha reconocido públicamente que “será muy difícil” capturar a Bin Laden. En fin, vemos una espectacular campaña militar que no ha sido bien analizada previamente en sus implicaciones estratégicas y geopolíticas.

Al mismo tiempo, cabe temer la desestabilización del gobierno pakistaní por parte de los elementos fundamentalistas internos, con la cooperación de refugiados o infiltrados afganos. De lograrse un golpe de estado con simpatías fundamentalistas, el extremismo tendría una carta importante en sus manos, si consideramos el discreto poderío atómico de Pakistán, complicando la situación de Cachemira y toda las relaciones regionales. Obviamente esto no convendría ni a India ni a EEUU, y ambas naciones se moverían oportunamente para evitarlo, siempre con el riesgo latente de que se desate una guerra nuclear de limitadas proporciones. Aún sin las bombas pakistaníes, se rumora que el millonario Bin Laden haya podio encargar una bomba atómica portátil a tecnólogos mercenarios (rusos, iraníes o pakistaníes), con la cual piensa atemorizar a sus enemigos. Sería una pesadilla que logre hacerla explotar sobre una gran ciudad, como ya se ha sugerido en películas imaginativas de Hollywood. Lo malo de todo esto es que –después del 11S-- ya los terroristas conocen formas muy efectivas de fastidiar a Occidente y están tramando planes siempre más arriesgados. Y se sospecha que, aún con la desaparición de Bin Laden, algún otro líder continuaría su nefasta labor de odio y destrucción.

¿Quien gobernará luego a Afganistán?

Mientras tanto, en Afganistán sigue la confusión sobre el gobierno que reemplazaría a los Talibán. De lograrse su desbandada, no existe consenso entre las potencias involucradas sobre las bondades de los afganos opositores de la Alianza del Norte, que fueron bastante opresivos y radicales durante su breve mandato, cuando se expulsaron a los soviéticos. Los planes simplistas de Powell, apoyados por Musharraf, que implican la formación de un “gobierno de ancha base” --mediante una ordenada realización de elecciones libres al estilo occidental y donde participarían incluso el grupo Talibán- parecen ignorar la tradicional intransigencia de los grupos político-religiosos afganos. No olvidemos que el pueblo afgano parece estar marcado por un extremo fanatismo, quizás el más radical del mundo islámico, con intenciones de esparcir su ambicioso pero anacrónico proyecto de aislarse del mundo occidental y recuperar el pasado predominio medieval del Islam en vastos territorios de Asia, Africa y Europa.

Así que los planes de Bush para una rápida victoria en el frente de batalla --gracias a su armamento sofisticado y personal entrenado, además de la inferioridad bélica de sus oponentes-- pueden haber sido algo optimistas, ya que parecen no tomar en cuenta la perseverancia, agresividad y paciencia del grupo Talibán, empeñada en no ceder ante las presiones de Bush para entregar a Bin Laden, y resistir hasta la muerte para no dejarse desalojar del poder o dominar por potencias foráneas. Aún si fueran expulsados de Kabul y otras ciudades, los guerreros Talibán se refugiarían en las montañas y no darían tregua al nuevo gobierno hasta derrocarlo, o al menos debilitarlo, afectando así durante mucho tiempo la tranquilidad de la región.

No se puede olvidar que, en las inestables naciones de la ex URSS que bordean con Afganistán, existe una considerable población musulmana y diversos grupos integristas que buscan el poder. Al este, estos grupos apoyarían un cambio de régimen para reemplazar al derechista en Pakistán, y quizás intensificarían los ataques terroristas en la provincia Cachemira india, con la probable y severa retaliación que provocaría. Al oeste, Irán podría acercarse a los grupos fundamentalistas –si siguen en el poder- y utilizarlos para sus propios fines desestabilizadores, iniciados hace más de dos décadas. En fin, alrededor de Afganistán se juega actualmente una fuerte rebatiña por la hegemonía regional, además del enfrentamiento con Occidente por los recientes ataques terroristas, que –de paso- continúan con la dispersión de esporas de ántrax en sobres dirigidos a funcionarios públicos y periodistas, aunque no se haya determinado con seguridad la relación de estos abominables actos con el terrorismo islámico.

Las perennes tensiones en el Mediano Oriente

Muy cerca del centro del conflicto están otros focos de tensión que pueden empeorar grandemente. Se sospecha que Iraq pueda estar al frente del bioterrorismo, pues se ha estado preparando antes y después de la guerra del golfo para esta actividad con su programa de armas de destrucción masiva. Si se llegara a probar que la iniciativa de los sobres con mortíferas esporas de ántrax fue organizada por Saddam Hussein, las implicaciones son obvias, pues sería la gota que derramaría el vaso y el dictador no sería más tolerado por Occidente, después de que fue dejado “cortésmente” en el poder en 1991 por la Alianza pro occidental para que sirviera como valla de contención contra el integrismo iraní. Pero una invasión a fondo de Iraq para derrocarlo sería mucho más difícil que la lucha en Afganistán, pues ese país está mejor preparado para resistir, aunque la oposición interna podría ser motivada para llevar a cabo un golpe cívico-militar, apoyado por la formidable fuerza militar occidental en la región.

Pasando a la zona de Palestina, el enfrentamiento entre los bandos en pugna se ha agravado considerablemente en las últimas semanas, después del asesinato de un ministro del gabinete de Sharon, líder que ha aprovechando el hecho y el ambiente antiterrorista existente, para volver a ocupar militarmente casi toda Cisjordania, incluyendo las zonas bajo control palestino. Obviamente, esta acción punitiva, -por más lógica que parezca para vengar el asesinato y desarticular focos terroristas- ha recalentado peligrosamente el ámbito palestino, entorpeciendo al mismo tiempo las posibilidades de Washington de lograr el apoyo de gobiernos moderados de la región para la lucha antiterrorista. La escalada militar no podía realizarse en un peor momento.

Últimamente, Sharon parece estar cediendo ante el llamado de Bush para que los contingentes israelíes moderen sus acciones represivas --que ya han dejado decenas de muertos -- y desalojen pronto las ciudades controladas por Arafat, de otro modo el proceso de paz sufriría un serio golpe, complicando aún más la caldeada situación del Mediano Oriente. Sin embargo, no parecen sinceras las continuas ofertas de Sharon de retirarse de Cisjordania “si recibe garantías de Arafat” que no habrán más atentados ni violencia callejera, ya que está demostrado que Arafat no controla a los grupos militantes o extremistas. Y Sharón debería saber que sus severas acciones punitivas no hacen sino incrementar el odio o sed de venganza de los palestinos y alejar las posibilidades de una paz duradera. Afortunadamente ya se escuchan voces moderadas dentro de Israel, que insisten en que la política más conveniente, dadas las circunstancias, es la de retirarse de los territorios ocupados y prepararse a defender sus propias fronteras de 1948.

Crisis y beneficios inesperados

En la misma región, los gobiernos de Arabia Saudita y Egipto están preocupados por el agravamiento de la crisis actual, ya que desde hace tiempo están en la mira de los fundamentalistas, por la proximidad de países con gobiernos que simpatizan con el integrismo, tales como Irán, Yemen, Sudán y Libia. Todo indica que estos países tendrán mayores dificultades para controlar a los grupos extremistas en sus propios territorios, que –aunque minoritarios- son muy activos, buscando desde hace tiempo derrocar los gobiernos actuales e instalar regímenes integristas o ultranacionalistas con tendencia antioccidental. La confusa situación actual les está dando oportunidad para realizar labores de desestabilización, terrorismo y protestas, con resultados impredecibles en estos momentos, al no poderse anticipar todavía los resultados de la guerra en Afganistán y las acciones posteriores de EEUU.

A todas estas, Rusia y China estás tratando de derivar dividendos políticos de la enredada situación geopolítica. Así, Rusia se está acercando finalmente a Occidente y al pacto de la OTAN, recibiendo como bonos ciertos incentivos económicos, además de un espaldarazo a su propia guerra contra los rebeldes chechenos, que siempre ha calificado de terroristas y que forma parte de la iniciativa fundamentalista global. Por su parte, China –también temerosa por la posible extensión del integrismo en su territorio, que colinda en el oeste con Afganistán-- ha mejorado notablemente sus relaciones con Washington, superándose así el pasado incidente del avión espía y consolidándose el apoyo final para entrar a la OMC. Evidentemente, ambas potencias están demostrando su habilidad para pescar en río revuelto, sin abandonar sus respectivas ambiciones hegemónicas. Alemania y Japón, que conocen de cerca el nefasto poder del terrorismo, han ofrecido incorporarse activamente a la cruzada antiterrorista con tropas propias, alejándose por primera vez de los lineamientos antimilitaristas de sus constituciones, impuestas por los aliados a las naciones derrotadas en la pasada guerra mundial.

Un inesperado beneficio de la actitud antiterrorista que prevalece en el mundo, lo recibió el Reino Unido, donde finalmente el grupo militante pro irlandés ERI (o IRA, allá), también tildado de terrorista en el pasado, decidió finalmente deponer su lucha armada e integrarse gradual y pacíficamente a la actividad política a través del Sinn Fein. Muchos esperan que los grupos separatistas vascos, de tendencia extremista, sigan pronto el ejemplo, ya que el terrorismo tiene muy pocos simpatizantes en la región vasca -y menos todavía en España- donde el ETA libra una guerra absurda contra el gobierno central ya que la región tiene suficiente autonomía. Por último, habiendo sido calificados los grupos rebeldes y paramilitares de Colombia como terroristas por Washington y el gobierno de Pastrana, se espera una fuerte ofensiva militar contra la actividad guerrillera y los irregulares de ultraderecha, conjuntamente con las usuales acciones contra los carteles del narcotráfico, esta vez con una mayor participación logística y asesora –y quizás militar-- de EE.UU. en las diversos frentes.

No hay duda que los atentados suicidas y el bioterrorismo, ante la enérgica respuesta estadounidense con su llamado a la “guerra contra el terrorismo global”, han hecho romper muchos esquemas geopolíticos, inaugurando el nuevo siglo con nuevas lealtades, conflictos y antagonismos. Los usuales perdedores han sido las víctimas inocentes que perecen por las acciones suicidas, los contagios de ántrax, las balas represivas y los destructivos bombardeos, sin olvidar el drama de los refugiados que perecerán por hambre, frío y enfermedades en los meses venideros, por más “ayuda humanitaria” que reciban de EEUU y la ONU. Un cuadro nada optimista, --del cual esperamos se deriven valiosas lecciones-- que todos esperamos evolucione hacia una paz más duradera o el ansiado “nuevo orden internacional”. Al fondo de esta compleja situación internacional, persiste la convicción de que la violencia no es el mejor antídoto contra la violencia, puesto que a la larga crea más resentimientos y conflictividad del que trata de remediar.

 

* Publicado en Venezuela Analítica.

 

 Cuestiones de América Nº 6, Noviembre de 2001

 

Regresar a la Página Principal...