La DEA Norteamericana Califica También de
“Terroristas” a los Zapatistas Mexicanos *
Jorge Lofredo
18 de octubre del 2001
Ya habíamos comentado acerca de los riesgos
que conlleva la posibilidad de considerar a cualquier grupo disidente o
inconforme como 'terrorista', máxime, peor aún si se asumen bajo la influencia
de una conmoción internacional, como fueron los atentados ocurridos en EU el 11
de septiembre. Los resultados, pues, serán lo suficientemente graves como para
considerar persecuciones, violaciones a los derechos humanos, acciones
ilegales, etc.; todos preludios que pueden decantar en la ejecución de una
nueva 'guerra sucia' bajo el argumento de las 'razones de estado' que requiere
la 'seguridad nacional'; término demasiado difuso pero que sirve para ejecutar,
en su nombre, cualquier razón aunque resulte contraria a los derechos más
elementales de todos los mexicanos.
En este marco se inscribe un
reporte emitido recientemente por la DEA que señaló al Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN) como un grupo terrorista e involucra, ahora junto al
Ejército Popular Revolucionario (EPR), como agrupaciones violentas financiadas
por el narcotráfico. Este informe se inscribe, también, dentro de la estrategia
antiterrorista que impulsa el gobierno americano. La configuración del 'enemigo
interior' —sea el EZLN, el EPR, o cualquier otro grupo que manifieste oposición
o inconformidad, ya por la vía legal o por las armas— es una cuestión vital que
sirve para endurecer, aún más, las políticas internas represivas y de control
social.
En un reportaje aparecido en la
edición del 5 de octubre en el periódico Milenio, el director de la ONU para
México Angel Escudero Paz señala la imposibilidad de demarcar entre
guerrilleros y terroristas. En este sentido "sentenció que a falta de una
diferenciación clara entre terrorismo y guerrilla, algunos grupos armados del
país corren el riesgo de enfrentar las medidas antiterroristas aprobadas ya por
el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de Naciones Unidas." A
renglón seguido se le preguntó cuál era la diferenciación establecida entre
ambas realidades; a lo que respondió: "Desgraciadamente tengo que
reconocer que no hay una respuesta. Hay una línea muy delgada entre guerrillero
y terrorista." Y agregó también que de acuerdo con la aprobación de dos
resoluciones, la 1373 y 1672 del Consejo de Seguridad y la Asamblea General
"el gobierno mexicano tiene 90 días para adecuarse a las nuevas normas
internacionales e iniciar su propia campaña contra el terrorismo."
Por su parte, el Comisionado
para la Paz en Chiapas, Luis H. Alvarez, señaló que, ante la posibilidad de que
hayan grupos se radicalicen, "es imperativo que cuanto antes el EZLN
acepte reanudar el diálogo [porque] existe el riesgo que otros movimientos
opten por el camino del terrorismo." (Proceso, edición internet, 3
de octubre de 2001)
En realidad, la ejecución de un
plan antiterrorista por parte del gobierno de Fox, al cual Alvarez pertenece,
de acuerdo a los prioridades norteamericanas contiene las aristas de no
delimitar entre 'guerrilleros' y 'terroristas', tal como señala Escudero Paz;
responde más a una necesidad estratégica de pacificación territorial para
captar inversiones americanas que a una verdadera vocación para la solución de
las necesidades indígenas, como es lo que representa el EZLN.
No debe soslayarse que la
verdaderos motivos de la radicalización de los movimientos, clandestinos o
legales, tiene que ver con la promulgación de las reformas a la Ley Indígena y
no por el silencio zapatista. Innecesario es el diálogo para el zapatismo, tal
como está planteada la coyuntura, pues es necesaria la vocación de ambas partes
para establecer un acuerdo. Y si una de las demandas resaltaba la aprobación de
acuerdo a los postulados de la iniciativa de ley de la Cocopa, a los cuales el
presidente Fox se comprometió y luego incumplió, ¿sobre qué bases debe
entablarse el diálogo?
* Publicado en
Rebelión
Internacional, España.
Cuestiones de América Nº 6, Noviembre de 2001
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