Creando el País de Dios *
Sanal Edamaruku
8 de Marzo del 2001
El mundo observa impactado,
incrédulo, indefenso, y finalmente indignado, a los Budas de Bamiyán, a medida
que las gigantescas joyas arqueológicas se desmoronan ante las bombas y las detonaciones
de potentes explosivos. Las majestuosas estatuas de arenisca, los dos Budas de
pie en el mundo, esculpidos en un lado de un risco de Bamiyán, han estado
dominando el antiguo Camino de la Seda a la China desde hace varios siglos.
Sobrevivieron a las masacres de Gengis Khan y a los cañonazos del emperador
Mogol Aurangzeb. Ahora están destruidas, sólo queda un montón de escombros. Se
ha arrancado una página de la historia.
¿Quiénes son esos Talibanes a
quienes no les importa destruir tesoros invalorables de la cultura humana como
si fueran sólo piedras y a los que no les importa el llamado de todo el mundo
en contra de su vandalismo?
La milicia islámica de
Afganistán que se llama a sí misma "Talibán" consta de
"estudiantes" (talib) de los centenares de seminarios en
Baluchistán y en Pakistán, provincia fronteriza del noroeste. Emergieron en el
horizonte de la Afganistán destrozada por la guerra, a finales de 1994. Antes
que las Naciones Unidas negociaran un acuerdo para lograr un Afganistán neutral
y el retiro de las tropas soviéticas en 1988, el país había sufrido 12 años de
guerra entre las fuerzas soviéticas invasoras y el Mujahideen respaldado
por los Estados Unidos. La guerra había devastado el país y acabó con las vidas
de dos millones de personas; seis millones emigraron. Luego que los soviéticos
se retiraran, ejércitos rivales y tropas guerrilleras dirigidas por los
comandantes de Mujahideen lucharon fieras batallas contra cada uno de
los otros e inflingieron terror en la población. El Mullah Muhammad Omar, que
había sido un guerrillero contra los soviéticos, regresó de la guerra asqueado
por el terror sediento de sangre del Mujahideen, y construyó una armada
de estudiantes Islámicos contra ellos, el Talibán. El Talibán juró liberar a
Afganistán y derrotó a los comandantes uno por uno. La población inicialmente
les dió la bienvenida ya que prometieron traer la paz. Sinembargo, la brutal
ejecución del expresidente Najibullah y su hermano, luego de capturar Kabul en
septiembre de 1996, mostró que el Talibán no era muy pacífico.
Los Talibán son
fundamentalistas y con enorme celo religioso comenzaron a implementar la ley
Sharia en todo el país, justo cuando acababan de tomar el poder. Su objetivo
era establecer un régimen islámico absoluto y empujaron a Afganistán hacia una
edad oscura. Obligaron a la gente a que orara cinco veces al día. Impusieron
prohibiciones en todo lo que estuviera conectado con la vida moderna, la
libertad o la diversión. Impusieron un estricto código de vestuario y forzaron a
todos los hombres para que llevaran barbas largas. Las mujeres fueron las
peores víctimas. Fueron forzadas a ocultar completamente sus cuerpos y rostros
bajo grandes vestimentas y velos y fueron confinadas en sus hogares. A las
niñas se les prohibió absolutamente el asistir a las escuelas y las mujeres
tuvieron que dejar de trabajar para ganarse la vida. De la noche a la mañana,
miles de mujeres, entre ellas profesoras universitarias, se convirtieron en
indigentes. Todo en la vida fue forzado y dividido en dos categorías: Islámico
y no Islámico; lo último fue prohibido, hostigado y castigado de forma brutal.
Ahora, miles de antiquísimas estatuas de Buda en todo el país, incluidas los
gigantes Budas de Bamiyán, fueron declarados no Islámicos y marcados para su
destrucción.
En el escalofriante
fundamentalismo del Talibán vemos la verdadera cara de la religión pura,
religión en el poder, religión perfecta. Está caracterizada por la
irracionalidad, intolerancia, destrucción y violencia. Las relaciones humanas
se reducen a comandar en nombre de la religión y a someterse. Hay un profundo
odio por la libertad y la autodeterminación, por el pensamiento, la cultura, el
arte, la belleza y cualquier tipo de gozo. Hay una carencia absoluta de humor.
Allí yace un tabú acerca del cuerpo humano, especialmente el de las mujeres. El
odio máximo se reserva para las religiones competidoras, sus monumentos y sus
objetos de adoración. El Talibán es un estado mental. Y no está limitado al
Islam.
Ha habido
Talibán a lo largo de la historia, aterrorizando, torturando y asesinando a sus
hermanos del género humano en nombre de la religión, y destruyendo monumentos y
símbolos de otras religiones, a veces grandes tesoros del arte y la cultura.
Estaban actuando en el nombre de diferentes religiones e ideologías. Eran
cristianos cuando quemaron las imágenes religiosas del Imperio Bizantino en el
siglo VIII. Eran católicos españoles cuando destruyeron la antigua mezquita
musulmana de Córdoba y cuando reducieron a escombros la capital azteca Tenochtitlán.
Eran católicos croatas cuando quemaron las iglesias ortodoxas en Ustasha,
Croacia, y masacraron miles de serbios ortodoxos. Eran Nazis alemanes cuando
quemaron libros y sinagogas. Eran Hindus, cuando derrumbaron la antigua
mezquita Musulmana de Ayodhya. Todos ellos tenían el mismo objetivo: Crear el
País de Dios.
El Talibán de cualquier
procedencia nunca acepta argumentos; son inmunes contra los llamados a la razón
y la humanidad ya que ellos no tienen ninguna de las dos. "No me importa
nada excepto el Islam", dijo el Mullah Muhammad Omar al escuchar el grito
del mundo exterior por su fatwa para destruir los Budas. El Talibán es
interlocutor peligroso en cualquier negociación y cooperación, ya que no
aceptarán nada, excepto un mandato religioso absoluto.
A menudo, las fuerzas políticas
establecidas no dudan en cooperar y colaborar con los fundamentalistas para
obtener logros a corto plazo, poniendo en peligro su razón de ser. Es un error
trágico que usen a los fundamentalistas y extremistas para lograr beneficios
políticos. Esto crea monstruos. La Izquierda mundial respaldó a los zelotes
islámicos en Irán para ver que el Sha fuera depuesto y esto forzó a la gente de
Irán y del mundo entero a pagar un precio altísimo. Los Estados Unidos de
América respaldaron a los fundamentalistas para ver a los soviéticos perder el
control en Afganistán. Ellos crearon el Talibán. Ahora es demasiado tarde para
llorar por los Budas.
Traductor: Hernán Toro
* Racionalista
Internacional, Boletín Nº 2, India.
Cuestiones de América Nº 6, Noviembre de 2001
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