Causas
o Efectos: Paz o Violencia *
Jorge Arreaza M. **
15 de noviembre de 2001
Se
dice que el 11 de septiembre es el primer día de un nuevo calendario para la
historia de la humanidad. Sin embargo, a pesar de la espectacularidad de los atentados
en Nueva York y Washington, hay que reconocer que a quienes estudian las
relaciones internacionales y, en especial las relaciones Oriente - Occidente,
no les extrañó lo que ocurrió ese dramático día. Los hechos son condenables
desde todo punto de vista, y los autores deben ser sancionados con todo el peso
de la ley internacional. No obstante, gran responsabilidad de lo ocurrido
radica en un descuido estructural de la seguridad de Estados Unidos, que vio
reducirse los recursos dedicados a la inteligencia hombre a hombre durante la
era Clinton. Como complemento, hemos visto atónitos como en menos de mes y
medio lograron congelarle las cuentas financieras a la mayoría de los grupos
terroristas a escala global. La pregunta es ¿ Por qué no lo hicieron antes?
Así
las cosas, nos encontramos ante una respuesta “patriótica” de los Estados
Unidos, cuyo gobierno ha desplegado todo su poderío militar para atacar a uno
de los países más débiles del planeta, donde se refugian los supuestos autores
intelectuales de los atentados de Septiembre. De esta manera elevan su moral
hegemónica y, amparándose en una coalición internacional y en las resoluciones
de una ONU desactualizada y genuflexa, actúan a placer en esta campaña militar.
No podemos ignorar que el régimen Talibán se caracteriza por su inhumanidad y
su sectarismo religioso, ante lo cual la sociedad internacional ha podido
actuar de forma paulatina desde mediados de los 90. Pero hoy los hechos
reflejan un pueblo empobrecido y sujeto a los bombardeos inclementes de la
mayor potencia militar del planeta, seres humanos que huyen de las bombas
occidentales, de la cruel persecución de los Talibanes, de los opositores de la
Alianza del Norte (grupos ya han demostrado en el pasado su incapacidad para
gobernar), niños, ancianos, mujeres y hombres que en muchos casos morirán, bien
sea por la violencia en las ciudadaes o por el frío y el hambre en los
improvisados campos para refugiados.
El
llamado al jihad, o Guerra Santa, de Bin Laden ha sido un fracaso, pues la
mayoría de los musulmanes se oponen a interpretaciones radicales del Corán y a
la muerte de personas inocentes. A pesar de ellos, es innegable que para los
musulmanes, el presenciar como una nación islámica es avasallada por las
fuerzas occidentales, no hace más que fomentar en ellos más odio hacia
occidente, atraer inevitablemente a futuro nuevos adeptos al peligroso
fundamentalismo. Quizás la respuesta efectista de EEUU pueda alcanzar una
solución coyuntural a corto plazo, pero está muy lejos de alcanzar soluciones
estructurales, de facilitar el diálogo entre las civilizaciones, y de evitar un
odio y un terrorismo que se heredan de generación en generación.
Bien
lo han dicho los mandatarios de Irán, Cuba, Indonesia, Siria, Venezuela e
incluso el mismo Tonny Blair, nada duradero se logrará atacando los efectos del
terrorismo, si no identificamos, asumimos y atacamos sus causas. La existencia
definitiva de un Estado Palestino es, por ejemplo, una causa profunda de este
conflicto. Estados Unidos e Israel deben ceder ante una exigencia de toda la
humanidad que cree en la paz. Nos preguntamos si el Presidente de EEUU no fuese
Bush y el Primer Ministro de Israel no fuese el polémico Ariel Sharon ¿Se
habrían producido los ataques terroristas? Más allá de esto, y mucho más
importante, la pobreza, la miseria, la inequidad y los efectos nocivos de la
globalización que reciben los países menos desarrollados, son elementos claves
a trabajar por todas las naciones y los organismos internacionales para que el
terrorismo más que ser derrotado, deje de tener cabida, deje de tener razón de
ser en un mundo que sí le buscará soluciones verdaderas a los problemas
VERDADEROS que lo aquejan, a través del diálogo, de la colaboración, de la
convivencia, de la PAZ.
*
Publicado en Colombia Analítica.
** Profesor
de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV.
Cuestiones de América Nº 6, Noviembre de 2001
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