La
Integración Desde Abajo
Jesús
Hernández Garibay *
Ha dicho Benedetti que si en las condiciones que vivimos puede
haber alguna esperanza, “tiene que venir de abajo, no de arriba, porque los de
arriba van a presionar cada vez más para que la gente sea más explotada, para
que cada vez sea mayor el abismo entre los que tienen mucho dinero y los
carentes, los pobres. Esas son situaciones que no pueden seguir indefinidamente...”
(Benedetti 1997). Esto es en gran medida cierto, pues
ahí donde la sociedad toma conciencia
de su identidad y sus problemas, hace reverdecer la esperanza de llevar su vida
por adelante del mercado.
A propósito de la ciencia, veíamos los esfuerzos
de los noventa a través de redes en busca de la mejor promoción del
conocimiento y la investigación, así como de permitir una mayor colaboración
que contrarreste —al menos en parte— las dificultades para el desenvolvimiento
de dicho quehacer. Habrá quien diga que la intención es estar a la altura de
los avances científicos del primer mundo; pero de lo que se trata es de dar
nuevos pasos en el curso de un proceso de larga data, ahora más posible:
conocerse mejor, identificar los intereses comunes en una región que busca
oportunidades y que pareciera tener más ocasión de hacerlo. Temas como el de la
sociedad civil adquieren en ese contexto una relevancia que previamente no
tenía, con participación de “actores sociales organizados” para alcanzar una
sociedad más democrática, piedra de toque en el desarrollo económico (CEFIR
1999) [1].
Las redes de la sociedad civil,
caracterizadas por su flexibilidad, descentralización, innovación y
participación, sugieren experiencias y formas de funcionamiento “que
contribuyen a una integración más democrática”, pues consiguen discutir asuntos
y problemas de corte nacional, regional o continental a pesar de su trabajo
local. “Desarrollan formas de convivencia social, generan múltiples agendas de
discusión, así como estrategias y propuestas ante los problemas comunes. El
papel y aporte de las redes, gracias en buena medida al apoyo de las agencias
de cooperación, les ha permitido un amplio grado de movilidad y autonomía...,
una importante comunicación sobre temas prioritarios para la realidad
latinoamericana, entre ellas y otros actores...” (Becerra 1997).
A través de estrategias instrumentadas por esas
redes se refuerza el cabildeo, la gestión e instrumentación de proyectos que
sobrepasan realidades locales y nacionales. En diversos países las redes son
interlocutoras privilegiadas con la banca multilateral, y gestionan propuestas
bajo acuerdos de colaboración con entidades públicas; igualmente, su capacidad
de incidencia en grandes debates es creciente. Así, las ONGs adquieren una
legitimidad no conocida previamente en los temas públicos de foros y cumbres
mundiales. “Las ONGs no pretenden sustituir la acción gubernamental, su reto es
propiciar el diálogo con el Estado, pugnar por una reforma para que recupere su
capacidad pública y social... Gracias a los lazos internacionales de las ONGs
es posible presionar desde arriba, demandando nuevas relaciones...” (ibidem) [2].
También quieren
incidir de manera directa en el tema de la integración. El Primer Foro de la
Sociedad Civil del Gran Caribe (Colombia, noviembre de 1997) recuerda que la
sociedad civil regional existe a través de una serie de organizaciones no
gubernamentales y movimientos sociales, con una articulación de sus intereses
en proceso de formación, como “un actor real... que busca articular y armonizar
los esfuerzos e intereses de las sociedades civiles nacionales...” El Foro
advierte que los interlocutores de la nueva integración son los gobiernos, el
sector empresarial y las organizaciones de la sociedad civil, y llama a “fomentar
una cultura de la integración”, que incorpore el desarrollo de una
identidad regional basada en “el reconocimiento y respeto de la diversidad y el
pluralismo frente a los procesos de unificación y homogenización...” (CRIES-INVESP
1997, p. 4 a 15).
En el ámbito
empresarial, fuera del enlace propiciado por órganos estadounidenses como el Council of the Americas, el U.S. Council for International Business o la American Chamber of Commerce (AmCham) que
en cada uno de nuestros países logran en forma eficaz una cooperación
empresarial transfronteriza (ver siguiente
capítulo), y más allá de la participación empresarial en espacios
esperanzadores en su tiempo como la ALALC que, sin embargo, a decir de
los mismos empresarios y como varios de los esfuerzos integradores, nace
sencillamente muerta [3], en
los últimos lustros hay intentos de empresarios medianos y pequeños por
sustentar esfuerzos multinacionales, más allá de los gubernamentales. A uno de
estos esfuerzos, el Programa Bolívar, creado en Caracas en 1992, se vinculan el
BID, el SELA, la UNESCO, el gobierno venezolano,
rectores de universidades, empresarios y banqueros de la región; pero desde su
nacimiento promueve en forma autónoma asociaciones profesionales para establecerse
y formular proyectos de negocios, a la vez que facilita la vinculación de empresas
con centros de investigación y fuentes de financiamiento. Funciona a través de
oficinas nacionales y se financia por organizaciones nacionales e internacionales,
públicas y privadas que en él participan, y con los recursos propios que su
actividad genera [4].
Aun habiendo
contraído su acción el ámbito sindical, por razón de la mermada fuerza a que lo
ha sometido el capital en sus nuevas formas de organización (tránsito del
taylorismo y fordismo a los sistemas de calidad
total y trabajo fragmentado), que disminuye de manera dramática los índices
de sindicación los últimos tres lustros: un -42% en Argentina, un -43% en Costa
Rica o un -42% en Venezuela entre 1985 y 1995 (OIT 1997), subsisten esfuerzos
que no se contentan con ver de lejos el triunfo de la globalización
empresarial, e insisten en jugar un papel primordial en el proceso de la
integración. Es el caso de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT)
constituida en 1954, que luego de medio siglo incluye a 41 organizaciones
nacionales, 13 federaciones sectoriales y unos 23 millones de trabajadores.
La CLAT sustenta
su acción en el humanismo cristiano, y mantiene vigente un activo acumulado. En
octubre de 1996 uno de sus dirigentes opinaba que la integración no debería
limitarse al espacio económico, “modelado por los dictados del
neoliberalismo...”, sino que había que promover el espacio social, político y
cultural, “como única vía para que la integración sea la de los pueblos, la de
los trabajadores, la de la solidaridad, lo que garantice una comunidad regional...”
(González 1996, p. 11). En otro artículo dice que los procesos de integración
“han surgido y respondido más a intereses geopolíticos y económicos...,
implementados... para responder a los intereses del gran capital. No se ha tomado
en cuenta a los trabajadores y sus organizaciones y, por consecuencia, los
impactos de esos procesos han deteriorado las condiciones políticas, de vida y
trabajo...” (González 1998, p. 7).
Paralelo a la
Segunda Cumbre de las Américas de Santiago, la CLAT realiza en esa ciudad la II
Cumbre Social Latinoamericana. A la misma asisten unas cien personas, en su
mayoría dirigentes sindicales, a fin de examinar problemas comunes
[5]. Ahí
Emilio Máspero, entonces secretario general del
organismo, advierte que el ALCA no es un proyecto de integración. “Su objetivo
es el libre comercio... que será monitoreado por las leyes del mercado...”; y
cuestiona: “Imaginemos que... nuestro proyecto de integración culminara o se
diluyera en el ALCA... América Latina perdería su identidad y se convertiría en
una región sin ninguna posibilidad... y ciertamente aumentaría la injusticia social...”
Por ello la CLAT toma con entusiasmo el impulso al Parlamento Latinoamericano y
el sustento a una Comunidad Latinoamericana de Naciones. La Declaración de la
Segunda Cumbre Social es clara: “ir más allá de lo meramente comercial y
comenzar a desarrollar los acuerdos y espacios sociales, políticos y culturales
de la integración...” (ibidem) [6].
El Parlamento Latinoamericano (Parlatino) ha
sido un peculiar avance en este proceso. Constituido en Lima en diciembre de
1964, en su declaración inicial dice ser una institución democrática de
carácter permanente, representativa de todas las tendencias políticas
existentes en nuestros cuerpos legislativos; y “encargada de promover, armonizar y canalizar el
movimiento hacia la integración” [7].
Se crea reconociendo que la integración es “históricamente indispensable para
asegurar a nuestros pueblos su libertad, su desarrollo y un legítimo protagonismo
en el mundo” a través de una Comunidad Latinoamericana de Naciones (CLAN). La
constitución de esta Comunidad es, por tanto, su principal objetivo, concebida
no como resultado final de un proceso sino como inicio de una nueva etapa en la
historia de América Latina (ver Parlatino 1995). El propio Parlamento
Latinoamericano considera poder llegar a ser elemento articulador de una
estrategia para la integración, la cual reconoce en los Jefes de Estado de la
región sus principales actores [8].
En 1994 el Grupo Técnico de Trabajo del
Grupo de Río se reúne con el Parlatino, y resuelve que redacte un borrador del
Acta de Intención Constitutiva de la CLAN, y lo presente para ser sometido a la
consideración de los Cancilleres, y posteriormente de los Jefes de Estado y de
Gobierno. En 1995 el Parlatino entrega formalmente ese proyecto; la XIV Reunión
Ordinaria de Ministros de Relaciones Exteriores del Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación
Política del Grupo de Río realizada en Quito, que recibe la propuesta, indica
que los cancilleres “acogieron con sumo interés el documento del Parlamento Latinoamericano
y expresaron su decidido apoyo a la iniciativa y darán los pasos necesarios
para su concreción” (ibidem) [9].
La situación de nuestros países (inclusive
de los EUA) frente a la globalización e integración y el desarrollo de
políticas de alianzas con otros
sectores de la sociedad civil, han sido preocupaciones también de la
Organización Regional Interamericana del Trabajo (ORIT), tradicionalmente
enlazada a los sectores más conservadores del sindicalismo mundial en la
Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOLS), y
copada al menos en el pasado por la CIA (ver capítulo siguiente) [10].
La inquietud por un sindicalismo fuerte,
unificado, representativo, “autónomo, legítimo e independiente...”, es para la
ORIT un deseo vivo. El neoliberalismo con su apertura, ajuste estructural, globalización,
cambios en el sistema bancario y financiero, precarización
del empleo, dice ese organismo, lo impide pues esos aspectos “son decididos en
los centros de poder... cada vez más concentrados en manos de grupos económicos
que se unen para proteger sus intereses...”; por ello, considera elevar el
papel de los sindicatos como medio de lograr condiciones de vida dignas y “en
la posibilidad de democracias participativas..., sin exclusión social”. Como
grito de batalla, la ORIT apunta: “Creemos, y estamos convencidos de que a
pesar de la gran confusión..., el modelo neoliberal aún no es vencedor y el
sistema sindical todavía no es perdedor, y con sus diferencias y matices ha
demostrado estar en un estado de permanente resistencia a la constante
amenaza de perder sus derechos y conquistas...” (ORIT 1997, subrayado en el
original) [11].
Otros esfuerzos impulsan
en sus trincheras el proceso de integración con sus propias demandas. Es el
caso de la Federación
Latinoamericana de Periodistas (FELAP), una ONG asociada a la UNESCO e
integrada por asociaciones, federaciones, uniones, círculos, colegios y
sindicatos. La FELAP representa a más de 80 mil periodistas de la región; desde
su fundación en 1976 celebra una docena de congresos e innumerables eventos y
cursos, ediciones y gestiones en defensa de los trabajadores de la prensa.
Alberga como organizaciones asociadas a más de 50 instituciones ligadas al
estudio y práctica de la comunicación y el periodismo. Entre sus muchas
actividades participa en 1991 junto con la Organización Internacional de
Periodistas (OIP) en la creación de la Comisión de Investigación de Atentados a
Periodistas (CIAP), organismo que responde a la preocupación por la seguridad y
protección de periodistas en una región que cuenta con el mayor número de
muertes, agresiones, atentados y violaciones a los derechos humanos en el
ejercicio de la profesión (FELAP 2000) [12].
La Asociación por
la Unidad de Nuestra América (AUNA) es otra ONG que con una labor callada pero sistemática coadyuva al
proceso de la unidad e integración latinoamericana. Abierta a todas las
posturas, reúne a personas identificadas con esa causa de la unidad en
distintos países [13].
En México se constituye en septiembre de 1995 con más de un
centenar de personas, muchas de ellas de reconocido prestigio y autoridad,
vinculadas a organizaciones diversas. La unidad de nuestra América, indica
entonces, “no se logrará por decreto, de arriba abajo o desde afuera, ni
mientras sea algo secundario o incluso ajeno a cada uno de nuestros pueblos. Si
bien reclama la acción conjunta... el motor de ese proceso es el esfuerzo
propio, la disposición de actuar y la conciencia de que aún los más graves
problemas a que nos enfrentamos, no son insolubles...” (AUNA México 2000c) [14].
Esta asociación ha
emitido declaraciones y mensajes sobre tópicos latinoamericanos, entre ellas
una declaración para la II Cumbre de las Américas y otra para la VII Cumbre Iberoamericana [15]. En su
mensaje a la II Cumbre de las Américas, indica que la integración y el libre
comercio son deseables, “pero siempre y cuando, en vez de tratar de imponerse
desde fuera y en forma unilateral, de arriba abajo y en beneficio de los países
más poderosos, se gesten desde el seno de cada país...” A la vez, indica que es
inaceptable que “algunos pretendan enriquecer nuestra
vida democrática a partir de supuestos modelos en los que de manera arbitraria
y excluyente se descalifican formas de organización social y política que, en
todo caso, toca a cada pueblo decidir en ejercicio de su soberanía...” En este
sentido, AUNA México considera que Cuba debe ser readmitida en la Organización
de Estados Americanos (AUNA México 1998c) [16].
En 1826 se realiza en Panamá el Congreso
Anfictiónico, convocado por Simón Bolívar para confederar a las repúblicas
recién independizadas. El fracaso de este intento de unidad marca los
prolegómenos de la fragmentación, dependencia y subdesarrollo de la región. En
años recientes, un grupo de latinoamericanos (entre estos Hugo Chávez, actual
presidente de Venezuela), plantean retomar dicho proyecto. Así, en 1997 se
lleva a cabo en Caracas el Segundo Congreso Anfictiónico Bolivariano “Por la
unidad y la soberanía de nuestros pueblos”. Dos años después se realiza en
Panamá el Tercer Congreso con el tema: “Soberanía y globalización”, mientras el
Cuarto se realizaría en la ciudad de Buenos Aires en noviembre de 2001. De
este esfuerzo se ha mencionado ser un espacio de coordinación de las
organizaciones populares de Nuestra América para crear una organización amplia,
democrática, fiel a los principios de unidad, independencia y justicia social,
contra las políticas que entregan nuestras riquezas materiales y culturales, y
para construir un proyecto latinoamericano y caribeño, sustentado en el
pensamiento de Simón Bolívar y de todos los próceres y héroes que lucharon por
la unidad y la emancipación de América Latina [17].
Entreverado con todas estas posiciones, se
levanta en los últimos años un movimiento internacional con peso eventual en
los esfuerzos de un cambio de fondo a las condiciones actuales del mundo,
coadyuvante de una integración regional desde abajo. Sus antecedentes van a los
inicios de 1998 cuando se hace público un Acuerdo Multilateral de Inversiones propuesto
por países desarrollados para ser considerado por los demás países del mundo.
El Acuerdo era discutido en secreto por la OCDE, “una especie de Constitución
Mundial del Capital que le daría todos los derechos —especialmente en el Tercer
Mundo donde serían realizadas las ‘inversiones’— y casi ningún deber” (Whitaker 2000). El periódico francés Le Monde Diplomatique divulga una primera denuncia de esa
intención, hecha en los EUA por el movimiento Public Citizens de Ralph Nader, lo que hace surgir un movimiento social de protesta
que al final de 1998 lleva a Francia a retirarse de las negociaciones, e impide
la celebración del Acuerdo [18].
Luego, paralelo al
Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, algunos
pensaban que se podría iniciar una nueva etapa de resistencia, propositiva además de movilizadora.
Diversos opositores al neoliberalismo realizaban en Europa encuentros Anti-Davos (“Otro mundo es posible...”); así,
surge un nuevo foro de dimensión mundial y con la participación de
organizaciones que venían articulando las protestas masivas que se realizaría
en Porto Alegre durante los días del encuentro de Davos
de 2001, pudiendo repetirse todos los años durante los mismos días en que los
grandes se encontrasen en Davos [19].
Sin un carácter
deliberativo, el Foro Social Mundial representa así un proceso de reflexión a
nivel global en torno de cuatro ejes: la producción de riquezas y la
reproducción social, el acceso a las riquezas y la sustentabilidad,
la afirmación de la sociedad civil y de los espacios públicos, y el poder
político y la ética en la nueva sociedad. Lo que pretende es abrir un espacio
anual para una reflexión también globalizada, para la búsqueda de
alternativas al actual modelo dominante en el mundo, y según se ve, tiene campo
libre para hacerlo y coadyuva también a una posible integración de nuestros
pueblos.
Un antecedente más del Foro Social Mundial
es el llamado Foro Mundial de las Alternativas (FMA) que nace en 1996 a raíz
del vigésimo aniversario del Centre Tricontinental en Lovaina, Bélgica. El Foro toma forma
en marzo de 1997 en El Cairo, cuando se crea una Secretaría Ejecutiva
establecida en Lovaina y se elabora un Manifiesto
que firman Samir Amín de Egipto, Pierre Beaudet de Canadá, François Houtart
de Bélgica, Hein Marais de
Sudáfrica, Gustave Massiah
de Francia y Pablo González Casanova de México, entre otros [20].
Las metas que el FMA se plantea son las de contribuir a reforzar las múltiples
luchas económicas, sociales, políticas y culturales, en particular de los
pueblos oprimidos, mediante la creación y la difusión de nuevas perspectivas
alternativas; promover la investigación teórica y política en torno a
alternativas viables de desarrollo frente al neoliberalismo y la globalización;
contribuir a desarrollar nuevas formas de pensar para analizar la situación
actual, pero sobre todo para definir los objetivos y los medios de una sociedad
más democrática y justa.
A la par de la II
Cumbre de las Américas y la II Cumbre Social Latinoamericana (Santiago de Chile,
abril de 1998) se llevó a cabo también la Cumbre
de los Pueblos de América, Hacia una Alianza Social Continental, a la que
asistieron organismos sindicales de Estados Unidos, Canadá y varios países latinoamericanos,
así como otras organizaciones de la sociedad civil. La Convocatoria estuvo
dirigida “a todas y todos aquéllos comprometidos con la democracia y el
bienestar para los pueblos de nuestro continente”. Atacada acremente por el
periodismo de derecha chileno quien la acusó de “extremismo internacional”, “fachada de grupos terroristas”, “cumbre aguafiestas”, “cumbre
callejera”, etc., la Cumbre
llevó a cabo diversos foros sectoriales y temáticos, a fin de articular y
“construir una alianza social continental, formular una agenda alternativa ciudadana
común para enfrentar los problemas de la globalización... y avanzar en la
elaboración de una propuesta de modelo de desarrollo alternativo...” [21]
Simultáneamente a la Tercera Cumbre de las
Américas en Québec, abril de 2001, tuvo lugar una marcha de protesta encabezada
por la Alianza Social Continental, en la que participaron entre 10 mil y 30 mil
personas –trabajadores organizados sindicalmente, ambientalistas, profesores y
estudiantes universitarios, profesionistas, jóvenes, mujeres y otros-
principalmente canadienses, pero también de los Estados Unidos y otros países.
La tranquila ciudad de Quebec fue esta vez
acordonada, a fin de que nadie ajeno a la
Cumbre pudiera penetrar al barrio en que se reunía. Los manifestantes chocaron
a menudo con la policía, que disparó gases lacrimógenos. Las organizaciones de
la Cumbre de los Pueblos, a su vez, dijeron estar a favor de la integración
económica de las Américas, “pero bajo otra forma.” [22]
La realización de cumbres
alternativas como las anteriores no es un hecho fortuito. Las hubo ya
durante las efectuadas a nivel gubernamental o multilateral en Río de Janeiro
(sobre Medio Ambiente, 1992), Copenhague (Social,1994), El Cairo (Población y
Desarrollo, 1994), Beijing (Mujer, 1995), Roma (Seguridad Alimentaria,
1997), y a las mismas —que dan cuenta del creciente interés de grupos sociales
diversos en las críticas condiciones actuales y los destinos de la humanidad—
se suman otros muchos encuentros que en forma sistemática amplían su visión y buscan
alternativas acerca de estos aspectos [23].
Lo cierto es que,
a pesar de que la integración regional y las soluciones de mayor fondo a los
problemas de nuestro tiempo son cuestiones que no se toman con mayor empeño por
más latinoamericanos en todos y cada uno de nuestros países, donde incluso al
tema de una Latinoamérica unida se le guarda constantemente en el cofre de las
incomprensiones y segundas prioridades, como se advierte son muchos los esfuerzos
que ya de hacen para encontrar caminos que nos permitan salir adelante juntos, enfrentados
a la astucia de quien asume el papel histórico de cuidar con especial énfasis
que todo se desenvuelva según la conveniencia y los intereses del mercado.
* Hernández Garibay,
Jesús (2001), “Una Era de Cambios”, capítulo 3, América Latina y el Caribe. Del siglo americano al siglo de la gente,
en prensa, México [© 2002].
Cuestiones de América Nº 5, Agosto de 2001
Regresar a
la Página Principal...
![]()
[1] La “revalorización de la
sociedad civil” viene aparejada a mecanismos de cooperación regional entre sociedad
y gobiernos, en el convencimiento de que las acciones políticas son más
eficientes si cuentan con el aporte y el apoyo de los beneficiarios de dichas
acciones. “Así, la potenciación de asociaciones profesionales y gremiales, de
consumidores, de usuarios de servicios públicos, cooperativistas, grandes,
medianos y pequeños empresarios, se encuentra ante la disyuntiva de superar el
tradicional accionar reivindicativo de esas organizaciones o adoptar más bien
una postura de coparticipación en la búsqueda de soluciones y propuestas”
(ibidem).
[2] La estrategia que plantean redes
como la Asociación Latinoamericana de Organizaciones de Promoción (ALOP),
destaca propuestas de desarrollo que incidan en las políticas globales,
reformulen el diálogo con organismos multilaterales, desarrollen nuevas
metodologías de promoción para contribuir a mejorar las condiciones de vida y
de participación, etc. (CEFIR 1999). Además, las redes promueven un posicionamiento
político que incide en la agenda pública, lobbys
o movimientos de opinión en Foros Internacionales o reuniones Cumbres, forman
líderes de la sociedad civil, proponen modificaciones legislativas, etc. (Edwards y Tapia 1997).
[3] “La ALALC nació muerta —dice el
empresario mexicano Julio A. Millán Bojalil—. Con
grandes ilusiones, a tal punto que yo diría que si la ALALC hubiera convertido
en un dólar cada palabra que los latinoamericanos expresamos y usamos nos
hubiéramos convertido en multimillonarios con capacidad suficiente para
financiar el desarrollo. Pero no fue así. La realidad es que gastamos palabras
—porque somos muy buenos para hablar pero muy poco prácticos para concretar— en
ese entonces para tratar de darle alguna mínima salida a la ALALC”. Millán
2000, p. 19.
[4] Considerado como una organización internacional, el Programa tiene como
finalidad el “promover la integración tecnológica, productiva, financiera y
comercial entre los países latinoamericanos y de estos con otras regiones del
mundo...”, a su decir, “un factor práctico en la integración latinoamericana,
complementario a los esfuerzos que despliegan los gobiernos” (Mondragón 1998,
pp. 20 y 21).
[5] La Segunda Cumbre Social
Latinoamericana aspiraba a que con el tiempo se pudieran convertir la convergencia
alcanzada en torno a estos temas, en un gran Foro Permanente Latinoamericano de
la Sociedad Civil (ver Declaración de la Cumbre en ibid.,
p. 23).
[6] La CLAT se propone avanzar en el
conocimiento más preciso de las implicaciones de la integración, a través de su
Programa Global de y para la Integración
Latinoamericana, uno de los objetivos fundamentales de su Plan Quinquenal
de Trabajo 1999-2003; también en la comprensión del tema por parte de sus
cuadros, por medio del Programa de
Formación-Organización-Acción de Cuadros Especializados en Integración
2000-2003. Entre otras actividades, tres Seminarios-Taller han sido
realizados bajo sus auspicios de 1999 a 2001, en la Universidad de los
Trabajadores de América Latina (UTAL), Venezuela y el Instituto Centroamericano
de Estudios Sociales (ICAES), Costa Rica.
[7] El Parlatino es un organismo
regional, permanente y unicameral, formado por representantes de los Congresos
y Asambleas Legislativas de los Estados Partes (Antillas Neerlandesas,
Argentina, Aruba, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia,
Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua,
Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Suriname,
Uruguay y Venezuela). Los principios que sustenta este esfuerzo legislativo
son, entre otros, la integración latinoamericana, la no intervención, la
autodeterminación de los pueblos, la pluralidad política e ideológica...
(Parlatino 1999).
[8] De hecho la idea de la CLAN fue
planteada por el Parlatino ante el Grupo de Río en 1991; luego en 1992, en la
Conferencia de dicho Grupo, el Parlatino expone los fundamentos para la
creación de la Comunidad y el Grupo determina comisionar a los Ministros de Relaciones
Exteriores para valorar la iniciativa en 1993. Tanto en 1992 como en 1993 el
Grupo de Río destaca la necesidad de “considerar oportunamente la recomendación
del Parlamento Latinoamericano con el fin de constituir la Comunidad
Latinoamericana de Naciones con su Parlamento electo en forma directa”.
[9] En 1997 la Comisión Especial de
Seguimiento al Proyecto sostuvo una reunión en Uruguay sobre la constitución de
la CLAN. En esta oportunidad se elabora un proyecto de resolución para
organizar el funcionamiento de la Comunidad, reconociendo el hecho de su
existencia como tal. En 1998, la XII Cumbre del Grupo de Río expresa en Panamá
su convicción de que “los estrechos vínculos políticos y económicos existentes
entre los países de la región, nuestra profunda identidad histórica y cultural,
así como la cooperación y solidaridad que nos unen, constituyen un importante patrimonio
común... hacia la consolidación de una Comunidad Latinoamericana de Naciones”.
Con ocasión de la IX Cumbre Iberoamericana llevada a cabo en La Habana, el
Parlatino presentó una nueva propuesta para el avance de la constitución de la
CLAN.
[10] Prueba de ello es su reunión en
Caracas de 1998, donde dirigentes y representantes de centrales de México,
Argentina, Chile, Brasil, Canadá y Estados Unidos, así como los miembros del
Secretariado de la ORIT, exigen que las inversiones se den en un marco de respeto
a las Normas Laborales Internacionales, y plantean la necesidad de que en cada
país se establezca un diálogo, “empleando metodologías más didácticas... sobre
el tema de la integración subregional y continental,
y por otra parte, sobre los... procesos de globalización, para abrir un debate
sobre las consecuencias y la posición de los sindicatos frente a estos procesos”
(ORIT 1998).
[11] Es curioso advertir cómo, luego
del papel de esquirol que la ORIT vino cumpliendo por varias décadas en el
sindicalismo latinoamericano, manteniendo una actitud incluso de franco rechazo
a otros esfuerzos como el de la CLAT, en el inicio del nuevo siglo está en
disposición de “iniciar un proceso de diálogo y concertación para impulsar la
unidad de acción” con este segundo esfuerzo, según se colige de los acercamientos
habidos entre el Secretariado de la misma con el Buró Ejecutivo de la CLAT (ver
CLAT 2001, p. 41). También habría que recordar la constitución en los tiempos
recientes del Grupo de Trabajo de la Confederación Europea de Sindicatos (CES),
la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) y la
Confederación Mundial del Trabajo (CMT) sobre el Mercosur-Unión Europea; como
se sabe, la CIOSL y la CMT son las organizaciones que a nivel mundial sustentan
a la ORIT y a la CLAT, respectivamente.
[12] La FELAP plantea no renunciar a los principios que le
dieron vida; y agrega otros acordes con los tiempos: no aceptar el fin de la
historia, no claudicar en la lucha por un periodismo al servicio de la justicia
social, no callar ante la barbarie neoliberal, denunciar las violaciones a los
derechos humanos, exigir el respeto a la actividad periodística, entre otros
(ibidem). En el marco de la IX Cumbre Iberoamericana, la FELAP realiza su VIII
Congreso y el VI Encuentro Iberoamericano de Periodistas; ahí aprueba el
Manifiesto por un Nuevo Periodismo, donde apela a la conciencia de cada
periodista “que no quiera permanecer indiferente frente al saqueo al que nos
vemos sometidos miles de millones...” (FELAP
1999). En un significativo párrafo indica: “Nosotros... tenemos una historia
común que rescata el valor de la coherencia de ideas y acciones... de las
luchas protagonizadas por los periodistas... Nuestra historia y nuestras
luchas son ahora el alimento para encarar próximos retos contra la lógica
impuesta. De ahí, entonces, que nos convocamos todos y convocamos a todos a
un amplio debate por la construcción de un nuevo periodismo” (ibidem,
subrayado en el original).
[13] Entre sus objetivos destacan el promover la solidaridad y coadyuvar al
ejercicio pleno de una democracia que asegure niveles de vida dignos, el
respeto de la soberanía, la libre determinación y la integridad territorial, promover
la cooperación internacional en sus diferentes variantes, y contribuir a la
unidad y la integración regional (AUNA
México 2000a).
[14] Su producción editorial incluye
publicaciones periódicas diversas (México AUNA de 1995 a 1998, Imágenes
de Nuestra América de 1998 y 1999, y Unidad Regional de 1999 a la
actualidad). Seminarios y otros encuentros le han permitido la publicación de
cinco libros: México y América Latina. Crisis-Globalización-Alternativas,
1996; Problemas de Nuestra América, 1998; Integración de América
Latina y El Caribe, 2000; y Papel del empresario mexicano en la
integración de América Latina y El Caribe, 2000; y Los trabajadores y la integración de América Latina y el Caribe,
2001 (versiones electrónicas de las publicaciones, en AUNA México 2000a).
[15] “El tema de Los Valores Eticos de la Democracia, considerado central de la
VII Cumbre Iberoamericana... —acota en su declaración a ésta—, está
vinculado... en nuestros días a otro fundamental: el de la integración y la unidad de Nuestra América. Algunos creen que
ambos son hoy una utopía, pero ante los profundos cambios del mundo de nuestros
días son más bien una necesidad histórica...” Y agrega: “Pero la integración... reclama acciones conjuntas —y
concretas— a nivel internacional,
así como un cohesionamiento
interno de cada país. Ambos son necesarios para elevar el nivel de ingreso
de regiones atrasadas, sectores sociales rezagados, comunidades marginadas y
pobres...” (AUNA
México 1996, subrayado en el original).
[16] En una más reciente declaración, indica:
“...así como la integración no se limita a lo económico, el desarrollo tampoco
se reduce a ello sino que es un proceso social de gran alcance, en el que lo
humano es lo más importante, es decir, que el pueblo sea no un objeto sino el
eje y actor principal cuya libertad, bienestar, trato justo y participación
real en la toma de decisiones, definen si hay o no una genuina democracia.... Lo que nuestros
países tienen de común en historia, raíces, idioma, organización social y
política, educación, ideas, credos religiosos, costumbres, aspiraciones,
problemas y cultura en general, debiera ayudar a conocernos mejor, a saber en
qué somos semejantes y en qué diferentes, a afirmar nuestra identidad..., a
sumar fuerzas y hacer juntos lo que separados y dispersos no podremos ya
acometer con éxito.” Ver AUNA México 2001a.
[17] Uno de los logros de dichos Congresos ha sido
la concreción de lo que llaman las Juntas Populares, organizaciones
base con un carácter pluralista, con la participación de partidos políticos,
sindicatos, organizaciones sociales y culturales de diverso tipo, que se han
estado constituyendo en todo el territorio de Nuestra América. En la actualidad
las hay organizadas en Cuba, México, Argentina, Panamá, Perú, Bolivia, además
de representaciones en Brasil, Chile, Uruguay, República Dominicana, Colombia,
Paraguay, El Salvador. Ver www.paginadigital. com.ar/articulos/elhornero/
[18] Una de las entidades promotoras
de esa movilización fue la Asociación por la Tasación de las Transacciones
Financieras para Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC), que tomaba forma en Francia, a
partir de una propuesta realizada por el mismo Le Monde Diplomatique
—inicialmente Asociación por la
Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos—, cuyo objetivo era luchar por la
concreción de la propuesta de tasación de los movimientos de capital
especulativo realizada por el Premio Nóbel de Economía James Tobin, como forma de controlar su actual libertad absoluta
de circulación a escala mundial, con las consecuencias que se conocen. Ese
objetivo que hoy reúne miles de adherentes en Francia y varios países, hizo que
nacieran otras ATTACs en el mundo, inclusive en
Brasil (ibidem); entre aquellos que no aceptaban la posibilidad de un mundo
enteramente controlado por los intereses del capital, se organizaron
manifestaciones contrarias a ese tipo de globalización, que con el tiempo
serían conocidas como luchas globalifóbicas
(ver capítulo 2). Hoy James Tobin se queja con
amargura de que ese movimiento “abusa” de su nombre, al asumirlo como una base
de la lucha antiglobalización porque, claro, este economista laureado nunca pensó
en estar del otro lado de la cerca que lo llevó a la gloria del Nóbel (ver entrevista
en el diario El País, 3 de septiembre
de 2001).
[19] Los organismos convocantes a dicho foro en
enero de 2001 fueron: Asociación Brasileña de Organizaciones No Gubernamentales,
ATTAC, Comisión Brasileña Justicia y Paz, Asociación Brasileña de Empresarios
por la Ciudadanía, Central Unica de los Trabajadores,
Instituto Brasileño de Análisis Socio Económicos, Centro de Justicia
Global y Movimiento de los Sin Tierra.
[20] En sus líneas principales, el Manifiesto
dice: “Es tiempo de revertir el curso de la historia, de poner la economía al
servicio de los pueblos, de derribar el muro entre el Norte y el Sur, de
encarar la crisis de civilización, de rechazar el poder del dinero, de
transformar el cinismo en dignidad y la dignidad en poder, de reconstruir y democratizar
el Estado, de ser verdaderos ciudadanos, de volver a nuclear los valores colectivos,
de mundializar las luchas sociales, de despertar la esperanza de los pueblos” (para
una referencia al Manifiesto, ver la revista Pasos: www.dei-cr.org/pasos.htm;
para una comprensión mayor de la búsqueda de esa alternativa, ver entre otros Houtart 2001).
[21] En su Declaración Final, la Cumbre apoyó el Foro de los Derechos Humanos,
así como un Parlamento Americano Permanente; que la aprobación del ALCA se
someta a un plebiscito amplio, abierto
e informado; que los acuerdos comerciales cumplan con las exigencias de
la Declaración de Copenhague, y con lo que establezca una Carta de Derechos
Sociales y Laborales (ver Cumbre de los Pueblos 1998). En su Declaración Final,
la Cumbre apoyó el Foro de los Derechos Humanos, así como un Parlamento
Americano Permanente; que la aprobación del ALCA se someta a un plebiscito amplio, abierto e informado;
que los acuerdos comerciales cumplan con las exigencias de la Declaración de
Copenhague, y con lo que establezca una Carta de Derechos Sociales y Laborales
(ver Cumbre de los Pueblos 1998).
[22] “Queremos también una
integración social que respete los derechos del trabajo, que mejore las condiciones
de vida... y ambientales...”, dijeron los organizadores (AUNA México 2001b).
[23] La Cumbre Sobre la Deuda Social
con los Pueblos realizada en julio de 2001 en Caracas, los Encuentros por la Humanidad promovidos por el EZLN ya en dos ocasiones,
la Conferencia del Milenio que en el 2001 reúne en Panamá a 150 líderes de
etnias del planeta, inclusive la llamada Cumbre de los Pobres convocada por la
UNCTAD en Bruselas, donde en esas mismas fechas
participan los jefes de gobierno de los 49 países más pobres del planeta (600
millones de habitantes, 10.5% de la población mundial), son otros tantos esfuerzos
que concluyen que el camino al desarrollo sólo es infalible si sus intenciones
están acompañadas por la atención puntual a las condiciones de vida de la
gente.