La CIA y los Indígenas,
una Lectura en Espejo
Pedro Reygadas
En opinión de la CIA, América Latina tiene una nueva
amenaza que enfrentar durante los próximos 15 años, los movimientos indígenas
de resistencia. El hecho es de gran relevancia. La CIA siempre ha sido capaz de
captar el pulso de los tiempos. Se opuso en forma tajante al comunismo durante
toda la Guerra Fría que rigió la oposición entre países capitalistas y
socialistas en la segunda posguerra mundial. Se ha manifestado sistemáticamente
en contra del ejemplo de independencia de Cuba en América Latina. Ha sido
vigilante de los ascensos guerrilleros desde los años 60 y 70. Se percató del
ascenso de los movimientos culturales y políticos de la sociedad civil de corte
gramsciano en nuestro subcontinente en los años 80. Y atacó a los organismos
defensores de derechos humanos que se han constituido en un eje de la defensa
democrática. Hoy, la CIA se da cuenta de que un sector emergente fundamental en
la lucha por la liberación de los americanos es la de los pueblos indígenas.
Pero la verdad es que los documentos de la CIA son utilísmos. Simplemente hay
que leerlos al revés. Es decir, leerlos desde los intereses de los oprimidos, a
quienes nos indica que la lucha de los indígenas no es de un día o un año, sino
que va para largo, 15 años en el candil es la expectativa de la central de
inteligencia.
El augurio de la CIA dice de las manifestaciones
políticas indígenas que “tales movimientos se incrementarán”… “Las tensiones se
intensificarán en un área desde México a través de la región del Amazonas...”.
El despertar indígena abarca gran parte del
continente y es central hoy en día en México con el EZLN, en el Perú devastado
por Fujimori, en Guatemala que no encuentra la paz y el equilibrio a pesar del
pacto con la guerrilla de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, en el
Ecuador insurrecto, en Colombia, en Bolivia que cuenta con la poderosa Central
Obrera Boliviana de corazón indio, en Chile donde los mapuches son diezmados y
en muchos otros países de Nuestra América. Pero el documento no menciona que en
los propios Estados Unidos y Canadá no está resuelto el tema.
Nótese que la preocupación de la CIA no es por lo que
sucede sino por lo que va a suceder. Por ello prosigue el documento comentando
que los movimientos serán “facilitados por redes transnacionales de activistas
de derechos indígenas, apoyados por grupos internacionales de derechos humanos y
ecologistas bien financiados”.
La CIA se percata de que por primera vez en la
historia de América, el movimiento indígena se desarrolla a escala
internacional. La presencia del EZLN tiene hoy dimensión planetaria, a tal
grado que puede darse un pronunciamiento como el recientemente escuchado que
plantea el papel del zapatismo como abanderado de los movimientos contra el
neoliberalismo y la globalización.
La CIA fija su atención en otro elemento que es
clave: la política de alianzas. Para un máximo impacto del movimiento indígena,
se requiere de financiamiento, de acción internacional y de confluencia de
ecologistas y defensores de los derechos humanos: es la suma de ingredientes
para llegar a la masa crítica que desate la explosión indígena.
Las directivas de la CIA, lo sabemos, son seguidas en
toda América Latina. Ya las oligarquías toman partido en el asunto y en lugar
de ver la situación indígena desde la perspectiva de la justicia social
postergada por 500 años con relación a una minoría conquistada, la miran desde
el balcón neocolonialista de la “Seguridad Nacional”.
¿Por qué entra la población indígena de pronto a la
Seguridad Nacional? Por supuesto, en primer lugar, porque está movilizada y
porque por primera vez tiene alcance realmente nacional e internacional.
También por primera vez empieza a articularse como un todo y su acción
repercute en el mundo entero. Ocupan la primera plana de la agenda política.
Pero aparece además la situación indígena como un problema de Seguridad
Nacional porque el imperialismo quiere los recursos de las zonas indígenas: las
reservas naturales. Éstas forman parte del eje de desarrollo y explotación
estratégico hacia el futuro inmediato: recursos explotables, reserva genética
(para biotecnología, modificación genética e identificación de DNA ), además de
proyectos económicos que atraviesan los territorios indios. Casos clarísimos de
ello son el Amazonas, la lucha por recursos en la Costa Atlántica de Nicaragua
y la Selva Lacandona. En esta última, el ejército se despliega no sólo donde
hay comunidades zapatistas, sino donde hay reservas de especies fundamentales y
mantos petrolíferos. El documento de la CIA señala con precisión: Latinoamérica
–principalmente Venezuela, México y Brasil- tienen mas de 117 billones de
barriles de reservas probadas y potencialmente 114 billones de barriles de
petróleo aún no descubierto, de acuerdo con US Geological Survey.
La CIA pide a los gobiernos latinoamericanos manejar
la tensión entre globalización y “democratización”. Es decir, en la traducción
de la literalidad a la realidad, la tarea de los títeres o seguidores es
construir una apariencia democrática preservando el proyecto imperial
neoliberal con relación a las zonas y la población indígena. Más papistas que
el Papa, ya los gobiernos han empezado a defender la globalización a toda costa
sin preocuparse de la democratización, como en el caso de los mapuches en
Chile. Habrá que estar en guardia frente a todos los grandes proyectos que
atraviesan las zonas indígenas desde Brasil hasta los planes Puebla-Panamá y el
ferrocarril del Istmo de Tehuantepec en México.
Los indígenas,
curtidos en 500 años de desobediencia esperando cambiar a los tercos
dominadores que se empeñan en seguir construyendo América dejándolos en el
rincón más oscuro del continente, no aprenden a someterse: llegan a la capital
de México soliviantando a los oprimidos y haciendo que los “pobres” ideólogos
empresariales escondan a sus hijas adentro de sus casas, anuncian una nueva
sociedad en Ecuador, resisten en Chile, se debaten en enormes tensiones en la
Costa Atlántica de Nicaragua y gozan de la gobernación del departamento del
Cauca colombiano. Pero la batalla indígena no es sólo de los indios, porque en
estos momentos, y eso es lo que debemos aprender del documento de la CIA, todos
somos indios. Formar parte de su lucha es hoy la mejor batalla que podemos
emprender atendiendo además a los grandes puntos colocados como estratégicos
por la central de inteligencia para el futuro inmediato: Colombia, Cuba, México
y Panamá.
La lectura de la CIA en el espejo nos confirma que
hay un actor emergente en la escena de la lucha social por un cambio radical:
los indígenas. A los no-indígenas nos corresponde luchar por abrirles espacio
en la vida democrática, a ellos les toca luchar por democratizar la vida
interior de las comunidades y la eliminación progresiva de aquellas costumbres
incompatibles con una idea de libertad, equidad y justicia social.
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