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Los
multicolores rayos del sol irisan desafiantes la tierna claridad del lago de
añil donde refrescan la tarde algunos jóvenes mapuche.
El concierto de sonrisas y la serenidad del lugar armonizan con la belleza de
los botes anclados en la ribera, esperando quizás un viaje a las estrellas. Sin
embargo, el paradisíaco paraje esconde una realidad de violencia y racismo,
discriminación y pobreza que no se condicen con un país que habla de
modernidad, desarrollo y democracia. Es que el sector de Lleu-Lleu, provincia de Arauco, es territorio mapuche y, como
sucede en otras partes de las regiones octava, novena y décima -territorio
histórico del principal pueblo originario que habita este país-, tanto
particulares como el Estado chileno han implementado políticas de usurpación
que han reducido a niveles inhumanos el espacio mapuche. En el caso específico
de Lleu-Lleu, de acuerdo a
títulos de merced existentes, los cuales ya habían reducido considerablemente
las tierras en poder de los mapuche, 120 hectáreas
pertenecen a la comunidad Pascual Coña.
No obstante, en la actualidad tan sólo poseen 50 hectáreas, pues las restantes
se encuentran en poder del empresario Oscar Carvajal
quien pretende desarrollar un complejo turístico en la zona del lago Lleu-Lleu. Mientras el empresario
posee una hacienda con lujosas instalaciones y todo tipo de comodidades, los
comuneros mapuche viven en precarias condiciones, subsistiendo casi
milagrosamente de los magros frutos de una o dos hectáreas de tierra por
familia. Entonces, no puede sorprender que el área se haya transformado en
punto de conflicto donde la comunidad intenta recuperar tierras usurpadas y el
Estado chileno, por intermedio de carabineros y los tribunales, ejerza una
brutal represión que ha devenido en una situación de extrema volatilidad,
quedando de manifiesto, una vez más, el racismo chileno.
BRUTAL REPRESION POLICIAL
A fines de enero, con el pretexto de buscar a gente que quemara pastizales en
la hacienda Lleu-Lleu, la
policía asaltó la casa de Avelino Meñaco, lonko de la comunidad Pascual Coña. Aún persisten en la
modesta vivienda las huellas de una tarde de horror y odio racistas de los agentes
del "orden". Orden chileno, claro está, pues en esta peculiar
democracia nuestra no se aceptan ni el disenso ni la diversidad, simplemente se
reprime toda manifestación de descontento con el sistema de dominación,
especialmente si ésta proviene de un pueblo como el mapuche, indígena y pobre
que se niega a desaparecer enfrentándose dignamente al poderío del Estado
chileno.
Por eso es que aquel día, señala airado el lonko,
"llegaron disparando bombas y balines por todas partes, la casa está llena
de impactos de bala y sangre en el piso y partes quemadas por las bombas. Nos
quebraron los vidrios y golpearon a todo el mundo. Los pacos dicen que
detuvieron a gente en la hacienda y que jamás entraron a la casa. Eso es
mentira, porque a todos los peñi los detuvieron aquí
mismo, en mi casa; incluso a Manuel Fren, lonko de Cuyinco, y al peñi Jaime Cona, los sacaron de
otra casa, ni siquiera estaban aquí. Esto era una humareda donde no se veía
nada, los pacos no respetaron a nadie, golpearon y trataron como perros a
hombres, mujeres y niños. Golpearon a los niños que gritaban y lloraban
asustados, porque se habían tratado de encerrar en una pieza, pero igual el
humo de las bombas les llegaba. A una guagüita de como ocho meses la tuvimos
que sacar casi muerta, afixiada".
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La
precariedad de la vivienda y lo esmirriado del terreno hace difícil entender cómo
la policía pudo haber utilizado tal cantidad de efectivos y medios de combate
para atacar a un grupo reducido de mapuche. Pero así fue, como indica Elba Santi, comunera y esposa del
lonko de la comunidad, porque "aquí llegaron
como 200 pacos de fuerzas especiales, y era un campo de batalla mi casa, por
todas partes chorreaba sangre de hermanos. Los pacos no respetaron nada, ni a
los niños que estaban aquí reunidos para una encuesta. Hector
Llaintul, que es asistente social y al que acusan de
ser ?comandante? y otras estupideces, trató de
defender a los niños y le dispararon a quemarropa en la cara y en el pecho,
como también le dispararon a mi hermano Abraham Santi.
Le dieron con balines en el ojo derecho y ahora está en el hospital regional de
Concepción y perdió la vista. El es estudiante de topografía y toda su vida va
a cambiar ahora por la violencia de los carabineros. ¿Eso para el Estado no es
maldad? Nos acusan de ?terroristas? y nadie le dice
nada a los pacos que nos golpean, nos balean, nos humillan y nos quitan lo poco
que tenemos. Nos robaron plata y hasta las herramientas se robaron para después
decir que esas son armas que nosotros tenemos. Es que los pacos no respetan
nada", afirma Meñaco. "Rodearon la casa y
entraron disparando a diestra y siniestra. Con pinzas tuvimos que sacar los
balines a los hermanos. Además, son cobardes porque inventan historias para
dejar presos a los hermanos, como que Héctor es ?comandante?
o que mi hermano Eduardo Meñaco atacó a carabineros
cuando él ni siquiera estaba aquí. Estaba en otra casa y se vino para acá
cuando vio la humareda y creyó que la casa se estaba incendiando. Acá lo
golpearon y lo detuvieron. Ahora está pasado a la fiscalía militar junto con
Héctor Llaintul y Segundo Ancalao,
lonko de Tranicura quien
tampoco hizo nada".
Pero los mapuche, que no eran más de 25, también se defendieron, porque nadie
puede permanecer indiferente ante la arrogancia y violencia de carabineros y
porque hace ya tiempo se dieron cuenta que sólo organizándose autónomamente y
luchando podían lograr algo, especialmente ante las tácticas dilatorias y
engañosas del gobierno que sólo busca confundir al pueblo mapuche, manipulando
a aquellas comunidades menos conscientes y reprimiendo a las que se les
enfrentan con demandas que van más allá de un retazo de tierras y se plantean
demandas de pueblo.
?LOS MAPUCHE NO ACEPTAREMOS MIGAJAS?
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Mal que mal,
como sostiene Avelino Meñaco, "sería muy fácil
venderse por un par de hectáreas, pero no se trata de eso, aquí se trata de
luchar como pueblo, de recuperar nuestro territorio, nuestra libertad. Se
aprovechan de la pobreza del mapuche para comprar a algunos. Un saco de abono,
un rollo de alambre y quédate tranquilo le dice el gobierno a algunos peñi, y algunas comunidades les creen y dejan la lucha. No
se dan cuenta que muy pronto se les va a acabar el abono y se les va a terminar
el rollo de alambre y después ¿qué van a hacer? Aquí a alguna gente le
ofrecieron tierra en Pelaco, cerca de Cañete, lejos
de aquí, y varias familias aceptaron, pero ¿por qué me voy a ir yo de acá si
son las tierras de mis antepasados? ¡Que se vaya el huinka!"
Pero el huinka no se va a ir, salvo que el pueblo mapuche
se organice y luche por sus derechos, como lo ha hecho desde siempre, puesto
que irrespectivamente del discurso de algunos
sectores políticos oportunistas, las políticas implementadas por el Estado
chileno han tenido como único objetivo la destrucción física y cultural de los
mapuche. El senador derechista Sergio Diez ha sido claro en señalar que
"no se trata de desarraigar a los mapuche, sino de incorporarlos a la
modernidad". Pero el concepto de modernidad de Diez es bastante ambiguo,
ya que ni el país es moderno con más de tres millones de pobres, ni la
incorporación del pueblo mapuche significa otra cosa más que la asimilación a
la sociedad chilena, negando sus derechos como nación. Es lo que ha acontecido
desde los orígenes del Estado-nación chileno y no existe ningún indicio de que
ello cambiará. Por el contrario, la ley indígena de 1993 desconoce la calidad
de pueblo originario de los mapuche, negándosele así
el derecho político a organizarse como nación en un territorio propio y
soberano. Asimismo, a través de distintos medios, la clase dominante ha dejado
claro que "Chile puede enfrentar situaciones de mucha gravedad, derivadas
del absurdo reconocimiento legal de una suerte de ?nación indígena? dentro del territorio chileno". En consecuencia, el
gobierno ha actuado con violencia para reprimir cualquier brote de lucha
autonomista, porque, acorde a lo señalado por José Miguel Insulza,
ministro del Interior, el gobierno "no va a dialogar con los grupos que
ejercen la violencia", refiriéndose a la Coordinadora Arauko-Malleko de fuerte presencia en las zonas en conflicto. Sin
embargo, el gobierno dialoga con las Fuerzas Armadas que ejercieron la
violencia terrorista contra el pueblo chileno por cerca de dos décadas y las
defiende cuando organizaciones de derechos humanos presentan una querella
contra los comandantes en jefe de las instituciones armadas por obstrucción a
la justicia. Por lo demás, los mapuche simplemente se defienden ante la
ferocidad del Estado chileno y sus agentes, los mismos que gritaban enardecidos
"indio raza maldita a ustedes los vamos a matar a todos" mientras
tomaban por asalto una humilde casita de la comunidad Pascual Coña.
?NO LE TENEMOS MIEDO A NADIE?
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Empero, "aquí no hay que lamentarse -indica altivo el lonko Avelino Meñaco mientras
alza su mano herida-, esta pelea es así, si no hay solución va a seguir
pasando. Hay que apechugar, no hay que tener miedo. Nos acusan de terroristas,
pero la lucha es justa, si no fuera justa la pelea yo no estaría aquí. Si los peñi se levantaron es porque la situación ya no da para
más. Somos pobres, discriminados y reprimidos por el Estado. Les molesta que
uno sea mapuche, les da vergüenza, pero yo me enorgullezco de ser mapuche y voy
a seguir luchando aunque esté amenazado de muerte, porque en esta vida hay que
ser digno. Sabemos que está pasando a otro nivel este asunto y que ellos están
esperando que muera alguien, pero en esto no hay nada nuevo, el día que atacaron
la casa llegaron los mismos asesinos que llegaron a América en 1492". Lo
concreto es que aquí "en cualquier momento puede haber una matanza, porque
lo que quiere hacer el gobierno es una limpieza étnica", dice categórica Elba Santi mientras observa a sus
dos hijos menores que estaban en la casa el día del asalto policial.
"Queremos vivir tranquilos -prosigue- pero no nos vamos a vender. Otra
gente recibe plata de algunos proyectos y nosotros recibimos los palos. Total
para nosotros está más que claro que este gobierno es una dictadura que ha
heredado todo lo de Pinochet, la represión y el apoyo a los ricos" y, por
ello, sostiene Meñaco "la lucha va a continuar y
que quede claro que aquí no le tenemos miedo ni a los pacos ni a nadie, porque
nuestra lucha es justa y porque estamos cansados de la pobreza y de que el
gobierno defienda a los ricos". Y es que los mapuche
saben que el gobierno, los funcionarios de la Corporación Nacional de
Desarrollo Indígena, los empresarios y la policía buscan engañarlos o reprimirlos.
Por lo tanto, sólo confían en su fuerza y capacidad de lucha.
La ministra de Mideplan, Alejandra Krauss, mantiene que "con calma se logró la democracia
en Chile y estoy segura que de la misma manera, y a través del diálogo,
buscaremos los mejores mecanismos para solucionar el problema mapuche".
Ministra: quizás sería bueno que se diera una vuelta por Lleu-Lleu para que vea los efectos del diálogo que propone, los
orificios de los balines en la casa de una familia mapuche, los impactos de las
bombas lacrimógenas, el miedo de los niños que allí se encontraban mientras los
carabineros bombardeaban el lugar, la sangre de los comuneros aún en el piso de
la vivienda. Por lo demás, en qué país vivía usted, porque la democracia en
Chile no se logró con "calma", como tan suelta de cuerpo proclama,
sino que con el sacrificio y la lucha multifacética
de millares de chilenos y chilenas, así como de muchos mapuche
que fueron masacrados por los militares y los terratenientes sureños. Los
mismos que hoy llaman a organizar bandas paramilitares para defender sus
intereses económicos. Pero el pueblo mapuche no tiene miedo, como lo demuestra
la fiera resistencia de una veintena de comuneros contra dos centenares de
policías fuertemente armados. No teme a la lucha y por ello continuará su
política de recuperación de las tierras usurpadas por un empresario turístico
para quien la cultura mapuche vale menos que sus eventuales ganancias. Y, algún
día, cuando la tierra de sus antepasados sea nuevamente suya, tomarán aquel bote
anclado en la ribera del lago para viajar hacia las estrellas
En Lleu-Lleu,
Territorio Mapuche
* Tomado de Revista Punto
Final, Chile, 16 de febrero de 2001
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