A partir de 1994, los grupos guerrilleros nuevamente aparecieron en el
escenario político y de acuerdo a informes extraoficiales se ha identificado a
más de 17 en la mitad de los estados del país. Aunque los ex combatientes
advierten muchas diferencias entre los grupos armados de antes y de hoy,
sostienen que la guerrilla tiene una historia continua durante estos 35 años en
todo el territorio nacional.
En opinión de algunos ex combatientes, a diferencia de los que operaron en
la década de los 70, los grupos actuales son más amplios, con un programa de
lucha de largo plazo y mejor preparados política y militarmente. También
observan que si en los 60-70 muchos eran urbanos y campesinos, de pequeño y
mediano tamaño, en los 90 al parecer son más grandes y sobre todo de origen
rural.
Incluso se han presentado como ''ejércitos'' con mandos y tropas
preparadas, con consignas e himnos, con una amplia base social en regiones
campesinas e indígenas, equipados con armas de alto calibre y aparatos de
comunicación modernos.
También destacan las diferencias entre sus proclamas, pues si en principio
se pronunciaban por el comunismo y el socialismo, y rechazaban toda acción
electoral, acusándola de ''reformista burguesa'', ahora manifiestan que su
lucha es contra el neoliberalismo y la globalización, por el cambio
democrático, por una nueva Constitución, junto con la sociedad civil y a través
de cualquier vía, incluso la electoral a través de algunos partidos o
agrupaciones políticas.
Señalan, asimismo, que ahora existen otras condiciones sociales
importantes, por ejemplo: la existencia de comisiones y grupos de derechos
humanos; el trabajo de agrupaciones civiles; la apertura en los medios de
información y el tratamiento político, no de nota roja, a noticias de la
guerrilla; la presencia de agrupaciones internacionales y el desarrollo de
instrumentos de comunicación.
Sin embargo, evitaron hablar de los efectos sociales negativos que le
produjeron a la guerrilla de los 70 algunos de los asaltos bancarios donde hubo
muertos, como el que ejecutaron Leopoldo Angulo Luken (alias Melchor) y Diego
Lucero (alias Toño), y otros tres ''expropiadores'' del llamado núcleo central,
el 3 de febrero de 1974 en el Banco de Comercio de la calle de Baja California.
En este robo o ''expropiación'' Melchor mató al policía que no obedeció la
orden de levantar las manos. ''Melchor estaba serio y preocupado por la suerte
del policía y Toño trataba de justificarlo: 'era su vida o la nuestra', le
decía, 'si hubiera obedecido nada le hubiera pasado' le recalcaba'', señala
José Luis Alonso Vargas, en su libro sin editar Los guerrilleros mexicalenses,
donde relata varios de los asaltos realizados por el núcleo central para
hacerse de recursos para la guerrilla urbana y posteriormente la rural de Lucio
Cabañas.
La miseria en el campo
La reaparición de la guerrilla en la década de los 90, sobre todo en las zonas
rurales, es explicada por Felipe Edgardo Canseco, ex activista en propaganda
del PROCUP- PDLP, por la persistencia de la pobreza y el cierre de espacios
políticos.
Señala que si la década de los 80 estuvo marcada por un "silencio
sospechoso" porque aparentemente se había cedido al embate de los
movimientos armados, en ese mismo lapso es cuando se reagrupan en la
clandestinidad, sobre todo en la década pasada, cuando se sienten más los
efectos del liberalismo y la globalización económica en amplios sectores del
país.
''Nada más en los sexenios pasados ha habido 40 millones de mexicanos
pobres, si no reconociéramos esas condiciones y la cerrazón de espacios
políticos en muchas regiones del país, no nos explicaríamos la insurrección de
los zapatistas en 1994. Se ha mantenido una política de represión sorda, lo que
definen los especialistas como guerra de baja intensidad, con 600 muertos del
PRD''.
Mario Ramírez Salas, ex compañero de Lucio Cabañas y actual colaborador del
gobierno federal en programas sociales, advierte que cuando los ex guerrilleros
dejaron las armas en los 70 nunca pensaron que reaparecerían los grupos
armados, aunque mucha gente decía: ''¡Van a resurgir!''.
''Pensé que una experiencia que más o menos se resuelve en términos
ideológicos y políticos, difícilmente se reproduce, pero algo pasó que lo
revivió. Creo que no todos cambiamos en ese periodo y, aunque en la
clandestinidad, se fueron recuperando relaciones y contactos. Además la miseria
y la pobreza en algunas comunidades ayudaron a su resurgimiento. El EZLN así lo
demuestra, creo que en Chiapas se conectaron los sobrevivientes de los 70, los
del grupo de Monterrey; mientras que del EPR se formaron de quienes siguieron
en el PROCUP-PDLP''.
Salvador Castañeda, también escritor de novelas sobre la guerrilla y ex
dirigente del Movimiento de Acción Revolucionaria -uno de los 60 guerrilleros
mexicanos que recibieron preparación militar en Corea en los años 70- sostiene:
''Hay algunos que dicen que ya no hay razón histórica para la existencia de los
grupos armados, que es trasnochado pensar en la guerrilla, pero lo dicen desde
las ciudades. Los que están en la sierra, los campesinos olvidados, que no
tienen acceso a nada y siguen jodidos, no dicen lo mismo''.
A su ver, una de las evoluciones de la guerrilla en estas tres décadas y
media es que los movimientos armados actuales no tienen la prisa de actuar, no
les interesa entrar en combate y aparentemente no hacen nada, ''pero sí hacen
muchas cosas de organización, de acondicionamiento, de acumulación de recursos
y las fusiones.
''Creo que es una importante asimilación su planteamiento de que todas las
luchas son válidas, porque antes decíamos que si no era a través de la
guerrilla, nada, le teníamos aversión a las agrupaciones civiles abiertas.
Ahora se puede pensar en un frente amplio de fuerzas, ya no en el sectarismo.
Por lo que se ve, creo que han hecho una buena asimilación de las experiencias,
ya no están ansiosos de echar balazos, yo creo que están creando las
condiciones materiales para entrar en acción o tener mayor presencia en la
sociedad''.
Los más recientes grupos armados
A partir del 94, nuevas agrupaciones armadas aparecen, esencialmente en
zonas rurales del país: el EZLN, el 1 de enero del 94 en Chiapas, con la
proclama de que se cumplan las demandas básicas de ''trabajo, tierra, techo,
alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y
paz''.
El 18 de mayo, también de 1994, se formó el EPR -según su órgano de
difusión El Insurgente-- y el primero de mayo de 1996 nace el Partido
Democrático Popular Revolucionario (PDPR), que aglutina a 14 agrupaciones: los
comandos armados Francisco Villa, Morelos, Genaro Vázquez y Vicente Guerrero;
las brigadas Obrera de Autodefensa, Obrera 18 de Marzo y Campesina de Ajusticiamiento;
a las células comunistas, a la Organización Revolucionaria Armada del Pueblo,
al PROCUP-PDLP y a la Unión de Comandos Revolucionarios.
Sus proclamas de lucha son: por un nuevo gobierno, por una nueva
Constitución, por la construcción de la república democrática popular y por el
reordenamiento económico.
Con la decisión de sus principales dirigentes de desintegrar el EPR-PDPR,
se forma el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) el 8 de enero
del 98 y, según algunas interpretaciones, sus integrantes reagrupan sus
antiguas organizaciones.
Antes, en enero del 97, aparecen en Guerrero el Ejército Justiciero del
Pueblo Indefenso (EJPI) y el Frente Armado para la Liberación de los Pueblos
Marginados de Guerrero (FALPMG), con sendos comunicados en los que, el primero,
anuncia actos de ''ajusticiamiento'' en contra de ''autoridades rateras,
asesinos y corruptos'', y el segundo sostiene que lucharán en contra de ''la
política caciquil de los gobiernos estatal y municipal, impopulares e impuestos''.
El año pasado surgieron el Ejército Villista Revolucionario Popular (EVRP)
y el Comando Justiciero 28 de Junio (en memoria de los campesinos muertos el 28
de junio del 95, en Aguas Blancas). Mientras que el 8 de abril del 2000
apareció el más reciente de esos grupos: las Fuerzas Armadas Revolucionarias
del Pueblo (FARP), en Xochimilco.
Este último grupo se definió como ''parte de la respuesta popular contra el
neoliberalismo que pretende entregar todo el poder a las corporaciones
trasnacionales'' y se pronunció por cuatro puntos: un nuevo gobierno
provisional democrático-popular, una nueva Constitución, la construcción de la
república democrático-popular y soberana, y un nuevo modelo y reordenamiento
económico.
Carlos Montemayor advierte que tenemos la costumbre de pensar que los
movimientos armados son el inicio o el origen de la inestabilidad o de la
violencia social, y en realidad son la fase final de un largo proceso de
deterioro social que se expresa por el hambre, la marginación, el analfabetismo
y el desempleo. ''Por lo tanto, los movimientos armados son una manifestación
final de ese proceso y se proponen no iniciar la violencia social, sino por el
contrario, suspenderla''.
Para concluir sostiene: ''Hay una parte del país que sin duda ha alcanzado
un desarrollo político fundamental. Haciendo un recuento de alternancia de
partidos políticos en los poderes municipales, estatales y federales, tenemos
que llegar a la conclusión evidente de que hay profundos cambios en México,
pero no sabemos comprender todavía el mundo indígena, donde sigue un atraso
como de hace 30 o 40 años. El día que la transformación social llegue a
modificar de manera más justa esas regiones, desaparecerán los movimientos
armados''.
* Periódico La Jornada,
México, 30 de octubre de 2000.
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