La interconexión de luchas de resistencia va
para largo...
Cuestiones de
América: Todas las luchas de
resistencia que se han estado desarollando en América, ¿son signos de una
generalización de esa lucha en América, es decir, no son aislados, representan
algo más, tienen un mayor significado?
Luis González
Souza: Quizás es prematuro
para una respuesta rigurosa a esa inquietud, pero yo si creo que hay elementos
objetivos que siguen fertilizando el terreno para esas luchas de manera
natural, no solamente para la multiplicación de luchas de resistencia sino para
su conexión o interconexión, y un catalizador de estos elementos es la
insistencia de las élites en todo el continente
en el proyecto del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que
ahora en Québec va a tener un empujón muy fuerte.
El triunfo de Bush
en Estados Unidos, yo creo que el primer mensaje para América importante es que
toda la filosofía inmersa en el libre comercio va a buscar un impulso
adicional, porque el padre de este Bush fue el progenitor de la Iniciativa de
las Américas que, a su vez, fue el antecedente del proyecto ALCA en la Cumbre
de las Américas, ya con Clinton. Pero los Bush –padre e hijo- están cazados con
el dogma del libre comercio, se lo creen a pie juntillas y muchos intereses de
ellos, políticos y económicos –como el petróleo en concreto-, dependen en gran
manera de que ese dogma del libre comercio siga avanzando.
Entonces, ahí hay
un catalizador de las dos cosas, no?, de cómo se puede expandir las causales
inmediatas de todas esas luchas de resistencia, porque todo el acompañamiento
del proyecto -ya está probado- consustancialmente trae aparejado la
multiplicación de la pobreza, del desempleo, la incomodidad para las élites de
reformas agrarias y todo lo que se le parezca, la necesidad o la voracidad o la
decisión o ambición de volcarse incluso a la apropiación de recursos naturales
y partes de territorio que antes no les parecían fundamentales, como el
Proyecto Puebla-Panamá en el nuevo gobierno de Fox, el Plan Colombia tiene sus
coletazos al respecto.
Entonces, sí hay
perspectivas que nos anuncian la multiplicación de causas objetivas de las
luchas de resistencia y al mismo tiempo su interconexión, porque el ALCA mismo
ya generó el principal catalizador de resistencias en la llamada Alianza Social
Continental, que en México por cierto lamentablemente todavía no se le da mucho
seguimiento; yo hablaba hace unos días con gente que sigue de cerca América
Latina y no están informados ni siquiera de lo que es la Alianza Social
Continental, que es el esfuerzo más importante en muchos años de los sectores
marginados de la sociedad aglutinándose para no solamente oponerse o resistirse
al proyecto continental del ALCA, sino para generar una alternativa
programática y organizativa.
La Alianza Social
Continental es el motor que está moviendo a la gente hacia Québec, para el próximo
abril. Va a ser un buen termómetro de su madurez o inmadurez programática y
organizativa. El hecho es que hay una constelación enorme ahí de sectores
sociales prácticamente, de todos los países de América Latina, que están
juntándose de tiempo atrás, prácticamente desde la Cumbre de las Américas en
Santiago de Chile, donde se genera esta Cumbre paralela de los Pueblos, y esa
cumbre ya tiene un desarrollo importante organizativo y programático que se va
a poner a prueba en Québec. Es un ejemplo más actual y más ilustrativo, yo
creo, de cómo la interconexión de luchas de resistencia va para largo.
Cuestiones de
América: En este sentido
que tú mencionas, entonces se advertiría, en relación a periodos anteriores en
América Latina donde también ha habido cierta algidez, donde también ha habido
una serie de luchas en distintos lugares, ¿se advierten nuevos ingredientes?
Luis González
Souza: Sí, yo creo que sí
los hay, y yo creo que los nuevos ingredientes, concretamente el catalizador de
estos nuevos ingredientes ha sido en Chiapas, en México. En los Encuentros
Intercontinentales que promovió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN) y donde se ha mantenido cierto tipo de comunicación, cierto tipo de
conjunción de esfuerzos, donde el propio nombre de estos encuentros nos está
sintetizando mucho de estos ingredientes. Estos encuentros son por la
humanidad y contra el neoliberalismo; la gente subraya “contra el
neoliberalismo” por sus inercias contestatarias, pero yo subrayaría por la
humanidad.
Por la humanidad
es una propuesta que
sintetiza muchísimas cosas, y entre esas, estos ingredientes nuevos. Y es la
presencia de la ética, por ejemplo, de muchas de estas luchas. Ya no nada más
se lucha por razones económicas o de subsistencia, o por razones políticas
tradicionales, por ganar puestos, por ganar espacios de poder tradicional. Se
está luchando porque el poder se reencuentre con su razón de ser profunda; o
sea, el para qué el poder hoy está en el centro de muchos de esos
ingredientes de las luchas. Ya no es el poder, per se. Y el zapatismo
precisamente marca esta ruptura donde ya la toma del poder tradicional no es lo
que rige a esa lucha y a muchas otras. Es el desarrollo de un poder propio de
la sociedad, indisolublemente ligado a cuestiones de orden ético, como el para
qué queremos el poder, como lo central.
Entonces, ahí hay
un conjunto de ingredientes yo creo que muy novedosos, muy trascendentes o con
gran potencial hacia delante, que es la recuperación de la ética y su
vinculación con la política por parte de la sociedad. Quizá sea el nuevo
ingrediente más destacado. Y el segundo ingrediente relativamente novedoso,
ligado a lo que yo comenté hace rato, a propósito del saber programático de
Alianza Social Continental, es que pese a que en la superficie -en apariencia-
lo contestatario sigue dominando, aquí, en Québec, ahora mismo en Cancún, la
verdad es que lo propositivo se acerca cada vez más a lo contestatario y a
veces empieza a predominar sobre lo contestatario.
Decir: encaucemos
luchas, propuestas, demandas, en rescate de la humanidad, ciertamente puede ser
muy genérico, pero también está poniendo el dedo en la llaga en lo fundamental
del mundo moderno, no nada más de América, que es la necesidad de ponerle un
alto a la destrucción de todo tipo a que lleva la actual globalización
mercantilista, desde el ecocidio hasta el etnocidio. O sea, se está palpando
todos los días cada vez mejor por los afectados que este tipo de globalización
está llevando al suicidio prácticamente a la humanidad.
En el terreno de
la destrucción del medio ambiente, de la naturaleza, es muy claro. Pero no es
tan claro en el terreno etnocidio, aunque la lucha de los indígenas en
particular lo han puesto en el centro. Pero hay otra forma de genocidio moderno
que es menos visible pero más lacerante: es el de ir acabando con los
excedentes demográficos. O sea, Malthus está de regreso, no?, en los espacios
de poder principal y la explosión demográfica vuelve a ser el gran tema por las
incapacidades crecientes del actual sistema globalizador para satisfacer las
demandas de la ciudadanía en general. Esa incapacidad va creciendo y en la
misma medida entonces el excedente poblacional aparece como el gran tema o el
gran problema.
Y se están
multiplicando formas muy sutiles de acabar con el excedente demográfico, unas
son las guerras etnocidas, como en Chiapas, como en Ecuador, como en otros
lados, pero hay formas más sutiles que hay que estar descubriendo, por ejemplo
la generación de conflictos más o menos artificiales, desde conflictos comunitarios
como en Acteal hasta conflictos intranacionales como en la ex-Yugoslavia. O
sea, todos esos conflictos más o menos donde el fundamentalismo religioso se
monta en la superficie, están revelando episodios donde entre otras cosas se
busca, deliberadamente o no, concientemente o no, se busca ir acabando con el
excedente demográfico; son guerras tan irracionales y tan estériles las que se
han dado en los Balcanes en Europa por ejemplo, o los bombardeos contra Irak
todavía hasta la fecha, que uno no puede más que pensar en el móvil de lucro de
la industria armamentista –que no es nada nuevo- pero también en el móvil de
avanzar en la limpieza ya no étnica sino la limpieza demográfica.
Y ese solo
problema, en la medida en que existe o se desarrolla es un llamado absoluto a
la ética, a la necesidad de la ética. Si no recuperamos los valores humanos más
elementales, las normas de conducta más civilizadas, ya no democráticas,
simplemente civilizadas, no animales, pues todo ese proyecto o tendencia autodestructiva
de la humanidad va a seguir caminando. El Movimiento de los Sin Tierra en
Brasil tiene también gran parte de ese ingrediente; no es ya la lucha
economicista clásica, simplemente por tener empleo, sindicato y tierra. Son
luchas cada vez más acompañadas de un reclamo ético, de que simplemente la
gente está harta de esta forma de deshumanización y donde más se refleja eso es
en el reclamo de identidad individual, grupal, comunitaria, regional, nacional,
hasta regional como Latinoamérica.
Cuestiones de América:
Quiero dar tres ejemplos, a
propósito de todo esto que dices. Uno es el Movimiento de los Sin Tierra, en
Brasil. En el Movimiento de los Sin Tierra hay desde luego un discurso, una
postura, un planteamiento en el sentido en el que tú lo mencionas, bastante
firme, llamando a la necesidad de humanizar las relaciones sociales y todo
esto. No obstante, en ellos hay también un avance institucional con respecto a
su lucha y lo digo en el buen sentido de la palabra y ahí yo quisiera que me
dieras tu opinión. ¿Qué tanto un movimiento social, para poder lograr una
estabilidad, una mayor sistematicidad, mayor avance, etcétera, es importante
que se sustente también en bases institucionales?
El Movimiento de
los Sin Tierra lo que hace en el proceso de toma de tierras es después ponerlas
a funcionar productivamente, tratar de conseguir financiamiento precisamente
para la producción y esto le garantiza mucho mayor apoyo porque resuelve
problemas comunitarios y además permite una mayor estabilidad financiera y política...
En el caso de las Madres de la Plaza de Mayo, su lucha aparece de manera
espontánea y sobre la base de las relaciones familiares, la defensa de la
familia, pero con el paso del tiempo se va convirtiendo en una potencialidad,
precisamente porque logra engarzar toda esa lucha con un sustento
institucional; hay una Casa de las Madres de la Plaza de Mayo, hay una
Universidad de las Madres de la Plaza de Mayo y hay toda una organización en
ese sentido.
En el caso, el
tercer ejemplo, de los indígenas en Ecuador, la lucha indígena en Ecuador se
sustenta, independientemente de las movilizaciones en carreteras y todo esto, e
independientemente de la organización central, en formas organizativas que
tratan de integrar al conjunto de la población, no nada más a los indígenas. La
Asamblea Nacional del Pueblo, por ejemplo, que se da en este último periodo,
tiene todo un conjunto de antecedentes en donde hay todo un proceso donde se
forman Asambleas Locales, Asambleas Regionales y la Asamblea Nacional finalmente,
que es el verdadero motor realmente de toda la movilización y de toda la
insurrección que se da tanto el año pasado en enero como en este mismo año
pues, no?
Ahora, esto nos
habla no solamente de luchas espontáneas, espontaneístas, no?, sino de una idea
más clara de pasar justamente de lo que tú mencionabas, de lo contestatario a
lo propositivo. ¿Qué tanto esto está presente también en otros lados, por
ejemplo en el EZLN, o por ejemplo la lucha en Bolivia en contra de la
privatización, etcétera?
Luis González
Souza: Yo creo que con esto
llegamos exactamente a lo que a mi juicio está reflejando el cambio cualitativo
histórico del momento, no sólo en América como tú bien dices. Parto de que la
crisis que hoy vive la humanidad por fin se confirma, como lo anticipaban
algunos teóricos de los años setenta y ochenta, como una crisis civilizatoria,
o sea, es una crisis epocal, no es una crisis pasajera o de tal o cual fase, es
una crisis de la civilización occidental, yo diría, o de la hegemonía de la
civilización occidental. O sea, está probado cada vez más que esa forma de
relacionar valores, cosmovisiones y demás está en crisis, llegó a su límite.
Por poner la cosa del consumismo, la violencia, el entretenimiento fácil por
delante como punta de lanza de esa civilización, eso llegó a su límite, llegó a
su tope y la gente está diciendo ya basta a eso en múltiples maneras.
Ahora, donde está
el salto del cambio cualitativo, a mi juicio, es que del ya basta se
está pasando de una manera bastante rápida al por dónde. Ya no nada más no
queremos más de esto; queremos por acá..., por un modelo
civilizatorio que empiece por el abecé de cualquier situación que es la
humanidad, o sea, humanizar las relaciones de todo tipo es, yo creo, la
propuesta central de este cambio. Ahora, más gráficamente tenemos ya referentes
a la vista. Hasta antes del zapatismo, que yo creo –y suena feo porque soy
mexicano-, hay que analizar las cosas antes y después del zapatismo, en este
sentido por lo menos. Antes del zapatismo el reclamo de autonomías, ya no
digamos el reclamo indígena, el reclamo de autonomías estaba totalmente
aplastado, asfixiado.
El reclamo de
identidad, el reclamo de dignidad estaba olvidado en el cesto de la basura. Con
el zapatismo estos reclamos pasan al primer plano. Sea con las Madres de la
Plaza de Mayo que es un asunto de dignidad, a mi hijo lo desaparecieron, lo
queremos vivo, lo queremos de regreso; y si no, que rindan cuentas y se
castigue al responsable. Es un asunto de dignidad, ya no se va a recuperar, o
sea, no tiene que ver con prebendas económicas esa lucha, no tiene que ver con
prebendas políticas, tiene que ver con tranquilidad de conciencia, de que esas
madres lucharon hasta el final, como en México Rosario Ibarra, y en otros
lados. O sea, ya es por asuntos de dignidad, simplemente no irse de este mundo
sin haber aclarado y enjuiciado a los Pinochet, y a los Videla y a los Cavallo,
que acompaña al nuevo momento la globalización de la justicia procesal, a
diferencia de la justicia social. Es un nuevo ingrediente también muy
importante.
Entonces, yo creo
que antes del zapatismo los movimientos principales se definían de manera
negativa y de manera contestataria. Eran los Sin Techo en Estados Unidos, los
Sin tierra en Brasil, los Sin Algo en muchos lados. Ahora los movimientos se
definen en positivo y en propositivo, y yo por eso lo llamo a todo este
movimiento el Movimiento de los Con Dignidad. Yo creo que si hay un pegamento
en todos estos movimientos, profundo, es la lucha por la dignidad. Lucha
conciente o inconciente, pero no habría otra manera como explicar por ejemplo
cómo el movimiento de Seattle y todo esto que empezó allá, cómo es posible que
participe tanta gente tan acomodada de Estados Unidos, el paraíso del
consumismo. ¿Cómo es posible que esa gente logre salir del marasmo consumista,
de la vida vegetativa, la vida acomodada, como plantas nada más, y la gente
dice Basta, a su manera, en el paraíso del consumismo? Y dentro de esa
constelación de gentes sobresalen, como ejemplo de esto, como afirmación de
esto, el sector estudiantil, el movimiento contra los talleres del sudor
que son las maquiladoras, eso yo creo es el ejemplo límite.
Entonces, un
sector, el más acomodado de la sociedad estadounidense que son los estudiantes,
los jóvenes estudiantes, porque ir a College allá cuesta mucho dinero, cuesta
muchas cosas y una vez que entra uno a College allá, o a la Universidad, el
sistema termina por engarzarlos en esa vida vegetativa, y nomás se busca el
acomodamiento individual y familiar a lo sumo, donde ya la gente tiene su
proyecto de vida perfectamente definido: yo quiero ser abogado, yo quiero ser
médico, yo quiero ganar mucho dinero, quiero tener mi título y dedicarme a lo
mío. Esa es la mentalidad promedio del estudiantado. Sin embargo, pese a todo surge
un destacamento muy combativo –en este movimiento contra los talleres del
sudor- que primero sale de ese marasmo y de esa cosa aplastante, porque están
en el centro, donde acaban de maquilarse los ciudadanos vegetativos o
acomodaticios.
Ya John Kenneth
Galbraith hizo una teorización al respecto y llega a la conclusión de que el
gran problema de los Estados Unidos es que es la sociedad del acomodamiento, de
que todo mundo se resigna, de que todo mundo se olvida de los problemas
nacionales o sociales y se dedica a lo suyo. Ese nivel de cinismo es el que
preocupa a autores como Galbraith, la sociedad del conformismo, por llamarlo de
otra manera, no? Tiene un libro completo sobre eso.
Y los estudiantes
estos, salen de ese marasmo, primer cosa heroica que debe llamar la atención de
los analistas, algo está pasando en el mundo para que de una situación tan
adversa para el cambio social que es esa, de ahí sale un grupo, y es un grupo
de estudiantes jóvenes, y es un grupo que se preocupa por problemas de otros países,
o sea, están rompiendo no sólo con la vegetación, con el consumismo, están
rompiendo con el chovinismo estadounidense, están preocupándose por problemas
del Tercer Mundo propiamente. Rompen con el eurocentrismo y su equivalente en
Estados Unidos y entonces logran sacar la cabeza para preocuparse y ver
problemas de explotación infantil y de mujeres o de todo, en los talleres del
sudor, y una vez que lo hacen empujan todo un movimiento para acabar con eso.
Ese es yo creo que
un ejemplo muy revelador de los nuevos tiempos, de las nuevas luchas, de los
nuevos ingredientes, y la ética vuelve a estar por delante. ¿Porque es lo
esencial acabar con eso? Hay mil hipótesis, pero una de las hipótesis es: por
razones de dignidad..., realmente no quieren saber que están vistiendo o
calzando tenis que son fruto de la sobreexplotación de niños o de mujeres en el
Tercer Mundo. Por razones de dignidad no quieren que esto siga adelante. No
tienen intereses económicos a la mano o a la vista, y lo hacen. Entonces por eso
yo creo que es un Movimiento de los Con Dignidad, ya no es de los Sin Algo, es
Con Algo, y ese algo es tan valioso es la dignidad.
Y si algo ha
puesto en el centro la lucha zapatista es no solamente el valor de la ética,
sino el valor y el ejercicio de la dignidad. Porque no de otra manera se
entiende la lucha zapatista en siete años frente a todas las adversidades que
ha enfrentado y siguen... Claro, desde la cultura o civilización occidental,
desde la cultura criolla, se ve como necedad, pero desde la óptica de ellos,
que es la que está buscando recuperar, reactivar, es la única forma en que para
ellos tiene sentido seguir viviendo. Entonces dijeron, el primero de enero nos
la jugamos, sabíamos que íbamos a la muerte con un ejército mucho más poderoso,
pero preferimos autonegarnos como seres humanos muriendo así, que seguir
viviendo de rodillas. Eso es lo que está atrás de este tipo de insurrecciones,
la gente está cada vez en mayor compañía de otros que están dispuestos
preferiblemente a morir, que a seguir vegetando como siervos más o menos
disfrazados. Y ahí está el salto cualitativo, a mi juicio.
Cuestiones de
América: Yo recuerdo que la
lucha de la izquierda en los Estados Unidos, con una trayectoria después del
Partido Comunista estadounidense, implicaba en los años setenta todavía el
ingrediente de la población negra en Sudáfrica. Y era muy impactante este
ingrediente entre la comunidad negra, por supuesto en los Estados Unidos. Hay
todo un conjunto de acciones y toda una trayectoria desde ese entonces hasta
ahora en que reaparece digamos como una expresión no sólo de solidaridad y
comprensión hacia el Tercer Mundo, sino también pues por el hecho de que en los
propios Estados Unidos el empobrecimiento también es más amplio, la segregación
es más amplia también, la marginación de una serie de sectores también es más
amplia. Yo aquí creo que uno de los ingredientes aquí es también este, en el
caso del movimiento de los globalifóbicos, lo cual te salva un poco de decir
que pareces un poco mexicanista no?, con respecto al zapatismo, realmente el
zapatismo es una expresión de distintos sectores marginados, en distintos
lugares, no sólo de América sino del mundo entero. Pero de manera particular el
zapatismo, para ser más enfático en lo que has mencionado ya, ¿tu crees,
piensas que da un aporte fundamental respecto a las condiciones actuales de las
luchas de resistencia?
Luis González
Souza: Bueno, lo que yo
quería decir hace rato es que el zapatismo no solamente aporta eso, sino que es
una forma de resistencia muy creativa, muy imaginativa, muy integral donde se
juntan tradiciones históricas de las viejas izquierdas, tradiciones
guerrilleristas, con tradiciones como la que está en la Teología de la
Liberación, pero no nada más las junta sino que las sintetiza, y entonces surge
una teología india, ya no es de la Liberación nada más, y entonces surge una
“guerrilla buena” que le llaman los de aquí, los que habitan la cúpula del
poder en México, sino que además está sugiriendo una pista de cómo resolver la
crisis civilizatoria de la humanidad, está abriendo una pista hacia eso, o sea,
va más allá del problema indígena y de México, está sugiriendo cómo acercarse a
un mundo donde quepan todos los mundos, es el llamado más espectacular o más
trascendente hoy al multiculturalismo en serio, que nos liga a lo que decías tú
de los negros en Estados Unidos.
Ahí está, en ese
movimiento multicultural, la expresión del salto que estamos tratando de
describir aquí. En los años setenta, cuando se inauguran las políticas de
acción afirmativa en Estados Unidos tuvieron grandes problemas porque los no
discriminados, los WASP (Blancos Anglosajones y Protestantes) empezaron a
acusar a esas nuevas políticas de acción afirmativa -que buscaban compensar
rezagos históricos con cuotas-, y ya han tenido triunfos al respecto, como discriminación
en reversa (así le llamaron en EUA). Estas políticas no sirven porque es
discriminación en reversa, “ahora discriminan a blancos para favorecer a
negros”, fue su argumento. Ahí se podía pensar que todavía en esa época los
negros querían no solamente igualdad, sino querían revancha. Hoy estamos en
otro escalón, ya no es igualdad ni es revancha; lo que quieren es recuperación
de lo propio, quieren reincorporación de lo propio al todo nacional, y es sobre
esa manera o mejor pintan su raya y vendrán los separatismos.
El movimiento
multicultural de los Estados Unidos está obligando a los defensores más o menos
embozados del racismo, a que incorporen en los programas educativos la historia
de Africa antes que la historia de la Unión Americana, la cultura de Africa
antes que la cultura del consumismo, o sea, es un reclamo muy evidente de que
ahora lo central para estos sectores históricamente marginados ya no es nada
más que los dejen de discriminar, ya no nada más que los compensen por la
discriminación histórica de décadas o de siglos, es un escalón más, es que los
acepten con todo y su bagaje cultural propio, o vendrán los separatismos tipo
Québec en Canadá, o tipo Aztlán en el caso de la comunidad mexicano-estadounidense.
El proyecto de
Aztlán, por ejemplo, de los chicanos, va a empezar a cobrar mucho vuelo porque
hay una nueva ola de racismo en Estados Unidos pero hay una resistencia de otro
tipo, cualitativamente superior a la de décadas anteriores, y mucho más
extendida en el mundo que entonces. Yo creo que el aporte del zapatismo por eso
es de ese tipo. Está sintetizando un montón de reclamos que en el fondo tienen
que ver con respeto a la identidad propia como persona, como individuo, como
grupo, como etnia, como comunidad, pero también como nación.
Y aquí hay una
paradoja muy interesante. visto a profundidad el zapatismo, lejos de alimentar
el fantasma del separatismo, está proponiendo la única medicina eficaz contra
la balcanización real, cotidiana, que viene produciendo la globalización
neoliberal de estos días, que está balcanizando literalmente países completos,
territorios completos, que está balcanizando sociedades, que está reciclando
racismos y fundamentalismos y está balcanizando clases políticas enteras, como
se les llama en América Latina. Contra esa balcanización la única medicina es
la democracia desde abajo, desde la comunidad, desde la autonomía comunitaria,
o de la soberanía comunitaria como dicen los de Public Citizen, Ralph Nader
entre ellos. Hablan de soberanía comunitaria, no nada más soberanía nacional,
desde allá abajo hay que reoxigenar la democracia o reimpulsar la democracia,
desde el mandar obedeciendo de cada asamblea comunitaria.
Cuestiones de
América: ¿La soberanía
popular?
Luis González
Souza: La soberanía popular
de a deveras, no?, desde abajo, ya no esperar a que todo el pueblo se ponga de
acuerdo, sino comunidad por comunidad, hasta familia por familia, o agrupación
gremial por agrupación gremial, como se organiza la gente de tantas maneras en
todo el continente, pero es un reclamo de fondo de una democracia radical que
algunos autores como Villoro y otros llaman “democracia radical”, González
Casanova y otros; radical en el sentido de que va desde la raíz
comunitaria, sea cual sea la entidad que cohesiona, a veces es el individuo, a
veces es la familia, el grupo, a veces la étnia o el pueblo indio en cuestión,
o la región o la nación. O sea, es parte de la crisis esta civilizatoria donde
las grandes categoría como esa del Estado-nación están hechas pedazos por
dentro y por fuera; por fuera por una globalización cada vez más
desnacionalizadora que está reclamando eliminación de todo tipo de fronteras, y
desde adentro el anticuerpo y la respuesta más elemental y reafirmación de identidades
propias, sea en lo individual, lo familiar o en lo comunitario.
Cuestiones de
América: Hay una serie de
causas, aparte de las históricas de fondo, generales, que dan lugar al
zapatismo, que son más localizadas, más específicas, más propias de toda una
problemática de un país, no digamos de una región. ¿Tú consideras que dados
estos orígenes del conflicto zapatista, se puede vislumbrar una solución a
corto plazo del conflicto zapatista específicamente?
Luis González
Souza: La verdad yo creo
que por esta crisis tan profunda, de naturaleza civilizatoria, se están
rompiendo paradigmas, dogmas, enfoques, etc., métodos de análisis; está
cambiando todo de manera muy rápida. Es un momento histórico donde las
sorpresas son lo que domina. O las ambivalencias, las ambigüedades, porque creo
que es una época de hipótesis, más que de tesis o certezas. Lo que
epistemólogos como Tomás Hume diría “se están fraguando los nuevos paradigmas”,
estamos en ese momento histórico en lo que se refiere a este punto. Los viejos
paradigmas entraron en crisis y en un cajón enorme que llaman posmodernismo.
La propia
invención de ese cajón enorme, posmodernismo, es síntoma muy elocuente de la
crisis, o sea, ya no da hoy el trabajo intelectual, analítico o académico, ni
siquiera para organizar de mejor manera las categorías y los conceptos.
Entonces, se recurre a un expediente muy fácil que es el posmodernismo y ahí se
echa, como cajón de sastre, todo lo que no cabe y ese cajón de sastre va
creciendo porque cada vez son más sorpresas que da en el ámbito cognoscitivo
inclusive, la lectura o interpretación de la realidad nueva. Entonces, no
embonan con los viejos dogmas o paradigmas y van al cajón de sastre del
posmodernismo.
Entonces, yo creo
que eso en México se recrudece, ese periodo de ambivalencias, de ambigüedades y
de sorpresas está recrudecido por lo que pasó el 2 de julio y la forma en que
pasó. Pero yo creo que están abiertas para el mundo en general pero para México
de manera muy acentuada, las tendencias y contratendencias en prácticamente
todo lo importante. Entonces, yo creo que hay un montón de tendencias que
apuntan a la no solución del conflicto zapatista, por lo menos no en el corto
plazo, que van desde el neoliberalismo llevado hoy a proyectos como el
Puebla-Panamá, donde pareciera que lo único que interesa es no dejarle a las
comunidades indígenas el control de recursos naturales ahora indispensables
para el proyecto neoliberal, hasta nuevos brotes de racismo que ha provocado la
marcha zapatista, o un reciclamiento de todo eso.
Pero hay
contratendencias también muy acentuadas, como es la imposibilidad de que el 2
de julio, el cambio electoral, la alternancia famosa, se traduzca en algo
positivo si antes no se logra una paz justa y digna, no una paz a secas, como
se está intentando ahora. Mucho menos una paz mediática, simplemente inflada,
cocinada en los medios de comunicación con grandes conciertos, con grandes
campañas publicitarias, etc., que es la tentación que en estos momentos está
cayendo el nuevo gobierno de México. Y va a ser su Waterloo. O sea, si se cree
que puede avanzar cualquier promesa o proyecto de campaña sin resolver el
conflicto de Chiapas, yo creo que es un gran error, una gran equivocación, y
esto lo van olfateando los nuevos dirigentes del poder tradicional en México.
Por eso Fox, en
sus primeros cien días de gobierno, el tema Chiapas lo permea prácticamente
todo, por eso Fox tiene hoy un supergabinete para abordar el tema Chiapas. En
cantidad y calidad, las acciones del nuevo gobierno han sido absorbidas en su
mayoría por el tema Chiapas; ese es un indicador de que olfatean o intuyen que
si no avanzan en eso, todo lo demás: inversión extranjera, confianza en la
estabilidad económica, para no hablar de control de nuevos brotes de caciquismo
y demás, lo saben o lo olfatean que no es posible si no atienden primero el
problema que sacudió en el fondo a México, que no fue el 2 de julio, sino la
insurrección zapatista en enero de 1994, lo que fue detonante del tramo final
de la transición entendida como alternancia.
Por eso hemos
dicho a veces, aunque se presta a muchos equívocos y a discusiones bizantinas,
que los autores intelectuales del 2 de julio son los zapatistas. O sea, gracias
a su insurrección de 1994 se acabó de precipitar el tramo final de la
transición entendida como alternancia electoral y demás. Pero la transición
profunda es la transición cultural y ahí mismo los zapatistas tienen el
principal influjo en esto. Los zapatistas han estado invitando no solamente a
lo que hoy dice Fox y todos con mucha facilidad, de que sacudieron conciencias
y pusieron el problema indígena en el centro, lo que permite saldar deudas
históricas, discurso muy aclichetado.
Lo que el
zapatismo está empujando desde el fondo es un regreso a pensar a México y a sus
culturas de manera distinta, de manera democrática, diversa e incluyente. Es
una invitación a reconstruir a México desde abajo, desde las comunidades
autónomas de los indios. Desde ahí volver a reconstruir a México para que sea
capaz de aprovechar toda su diversidad étnica y cultural. Entonces hay una
revolución cultural –Juan Bañuelos y otros la llaman así, al zapatismo-. Y esa
es la transición profunda.
Esa es la gran
contratendencia, yo creo que en la medida en que se ha ido avanzando en ese
cambio cultural, cambio de mentalidades, de valores, de principios, de formas,
de esquemas, de cosmovisiones, entonces sí hay un campo muy fértil no solamente
para resolver este conflicto de Chiapas, sino para resolver el conflicto
nacional de México, que es el de una gran nación despedazadándose más y más en
soberanías de todo tipo y en posibilidades de todo tipo, por subordinarse más y
más al carro directivo de la locomotora neoliberal, que es Estados Unidos.
Entonces, hay
contratendencias pues que sí apuntan hacia una solución constructiva, genuina,
no sólo del problema indígena sino del problema nacional, gracias a la
revolución cultural que está empujando la lucha zapatista. Ahora mismo que vienen
al Congreso, su sola presencia en el Congreso y su interlocución con los
congresistas va a ser un salto histórico en lo que es relación
Congreso-sociedad en este caso. Los legisladores por primera vez están pensando
en este momento si comportarse como representantes de la sociedad o seguir en
su pedestal de grandes políticos con cheques en blanco del electorado en su
bolsillo. Ahí se va a producir un cambio enorme en cultura política, porque
están forzando a que el Congreso mismo aprenda a comportarse de una vez por
todas como Congreso, y no como Oficialía de Partes de iniciativas del
Ejecutivo, que es lo que ocurría hace unos años todavía.
Cuestiones de
América: José Saramago
hablaba hace poco de esta relación Estados Unidos-América Latina, como una vergüenza,
no?, como una relación vergonzante, por la presencia tan excesiva y el peso tan
extraordinario de los Estados Unidos en lo económico por ejemplo, en América
Latina. Las luchas de resistencia, al menos como yo lo entiendo y me gustaría
que me dieras tu opinión, tratan de advertir que es necesario resistir a todo
lo que se está dando, al empobrecimiento cada vez mayor, al desempleo cada vez
mayor, a todo un conjunto de situaciones degradantes, del ser humano, y por eso
se están articulando y rearticulando, buscando una rearticulación mayor que
permita ofrecer una resistencia muchísimo mayor hasta cambiar las cosas, no?
Pero, estas luchas, tal como se están dando en estos momentos en distintos
lugares de América, desde Canadá y Estados Unidos hasta Argentina y todos los
demás países, ¿qué tienen que ver con lo que se ha dado en llamar transición
a la democracia?
Luis González
Souza: Yo creo que habrá
que inventar nuevos conceptos y creo que el concepto que está tocando a la
puerta muy fuerte, y que no lo oímos todavía para este contexto que tú
perfilas, más que transición a la democracia yo creo que el gran concepto es
regreso a la humanidad. Ya transición a la democracia como que quedó
desfasado, o sea, la lucha de hoy a la resistencia, es de tal diferencia con
las anteriores... La relación interamericana es buen ejemplo; así como está
desfasado o anticuado o muy desgastado, la lucha antimperialismo yanqui a
secas, hoy la lucha yo creo que está caminando sin pedir permiso y sin darnos
cuenta muchas veces, es la lucha por la hermanación de pueblos, hermanar
pueblos. Pueblos indios dentro de México, Ecuador y Guatemala, en primer lugar,
pero también pueblos latinoamericanos y pueblo estadounidense. Esa lucha está
caminando.
Hoy la principal
agrupación en Estados Unidos, en términos de cantidad y calidad de lo que
agrupa, de corte social, es la México Solidarity Network, es una red de
solidaridad con México que incluye a ochenta y tantas agrupaciones de todo el
país en Estados Unidos que se les ocurre juntarse para ver cómo brindar
solidaridad a México. La sola existencia de esta red nos ilustra muy bien el
punto. O sea, la lucha antiyanqui tradicional está cediendo su paso, aunque sea
a regañadientes, a la lucha por la humanización del mundo, empezando por Estados
Unidos; hay un montón de luchas y reclamos que están orientándose a eso, y es
la gran paradoja de este tiempo. El hegemón histórico de la civilización
occidental hoy requiere y aunque no lo requiera lo está recibiendo, apoyos de
diverso tipo y ni más ni menos que del otrora despreciado Tercer Mundo, que es
el que más está ayudando en forma directa o indirecta a la rehumanización de
Estados Unidos, a la resistencia redoblada contra los brotes de neoracismo, de
neochovinismo, de neomonroismo.
Y ahí está otra
vez Seattle y está el ALCA. El ALCA, o sea el proyecto más importante para
reciclar la hegemonía estadounidense de los últimos años, es lo que concita
mayor respuesta continental de los de abajo y desde abajo, que es la Alianza
Social Continental. Y esto cruza por muchas agrupaciones, cabildeos, diplomacia
ciudadana, que tienen que ver con esa nueva forma de encarar la relación
interamericana y que tiene enorme repercusión inclusive para la integración
latinoamericana. Por cierto que es otro gran aporte de los zapatistas, de las
Madres de la Plaza de Mayo y de los Sin Tierra. Yo creo que en el fondo lo que
están diciendo es, no solamente queremos tranquilidad de conciencia, queremos
autonomía y queremos demostrar que queremos hacerlo, en el caso de los Sin
Tierra, sobre todo. No es nada más “queremos tierra”, “queremos derechos”; sino
“queremos oportunidad de demostrar que podemos y sabemos hacerlo igual o mejor
nosotros solos, autoorganizados...” Yo creo que es otro de los ingredientes de
la nueva mentalidad de lucha.
Cuestiones de
América: ¿Y cual es la
perspectiva que tu ves, cuál es el futuro que tú ves para estas luchas de
resistencia en todo el continente?
Luis González
Souza: En el corto plazo y
en la superficie, veo un futuro medio nebuloso porque está de regreso Bush y
todo lo que representa en Estados Unidos, por un lado, y están con nosotros, de
este lado, pues los nuevos caballos de Troya que no se pueden desestimar como
es Fox, caballos de Troya con gran manejo de la mercadotecnia, de la guerra
publicitaria, de las imágenes, y donde fácilmente puede estar engañando y
reciclar su poder con esos engaños a mucha gente. Es un momento en el corto
plazo difícil, yo creo. Pero ya a otro plazo y visto desde abajo, movimientos
estudiantiles incluidos en Uruguay, en México, en otros lados, movimientos
indígenas reactivados y lucha zapatista con más y más adeptos concientes o
inconcientes en más lados, yo creo que desde ese otro ángulo, desde abajo, es
un futuro menos nebuloso, o más bien luminoso, yo diría, porque están ya con el
dedo en la llaga principal, es la rehumanización de la humanidad, la
revaloración de la ética, el reimpulso de los valores humanos por los valores
bursátiles, los valores monetarios.
Ya se está con ese
dedo en esa llaga y yo creo que ese es el indicador más esperanzador o lo que
más mueve al optimismo; está en la llaga de la crisis como crisis
civilizatoria, no de la crisis de América o de México, la crisis civilizatoria
ya está en la llaga central de esa crisis. Y yo creo que eso nos habla ya de
los inicios de una nueva época, de una nueva civilización donde realmente la
humanidad aprenda por fin a que la etnodiversidad o la diversidad cultural en
lugar de ser fuente de conflictos pase a ser catapultas de síntesis y
catapultas de ideas y prácticas mucho más avanzadas, fuente de riqueza. Yo creo
que estamos ya más cerca que antes de esa época. Ya la biodiversidad se empieza
a valorar bastante por los ecologistas, pero falta ese otro empujón, la
etnodiversidad que tiene que valorarse igual o más que la biodiversidad. Y yo
creo que el zapatismo, el multiculturalismo en Estados Unidos, son puntas de
lanza en esta nueva época que está empezando a perfilarse, no?, por eso uno es
optimista.
Cuestiones de
América: ¿Alguna cosa que quisieras
agregar?
Luis González
Souza: Pues nada más ya en
el terreno estrictamente de los deseos, aunque todo lo anterior se mezcla mucho
con deseos, pues que es un momento sumamente oportuno para que América Latina
se revalore como un espacio, una región de vital importancia y enorme
potencialidad para la nueva época, que en el corto plazo es la época de los
bloques, que ojalá que no acaben en bloques guerreristas, en nuevas guerras
mundiales o internacionales, pero el hecho es que América Latina tiene -a
juicio de muchos- el principal activo para enfrentar esta globalización de
manera creativa, y es el activo de la afinidad cultural, de la afinidad
civilizatoria, de la afinidad histórica, afinidad de problemas y afinidad de
anhelos nacionales.
Entonces, América
Latina en el terreno de la cultura tiene para dar y prestar a muchas grandes
potencias y ojalá que esto se valore antes de que acabe de pulverizarse o acabe
de desaparecer o antes de que el divide y vencerás del norte avance a puntos
irreversibles. Para América Latina es una especie de última llamada para acabar
de nacer y consolidarse como una región multicultural por excelencia, una
región horizontal donde el horizontalismo domina sobre el verticalismo, donde
la cooperación domina sobre la sujeción o los yugos de diverso tipo, donde
América Latina tiene un enorme acervo para aportar a la rehumanización de la
humanidad, que empieza por el terreno de la cultura, y de recobrar, revalorar,
costumbres, formas de relacionarse unos con otros, de generar riqueza y yo creo
que además tiene una enorme tradición como una región muy comprometida con la
fuerza del derecho, o sea de la norma consensuada e internacionalizada y no con
la fuerza de la coerción. Están desde Genaro Estrada hasta Carlos Calvo en Argentina,
ha habido grandes juristas en América Latina que han aportado cosas importantes
al derecho internacional.
Todo eso está
esperando volver a ser licuado, volver a ser rearticulado, y volver a ser
potenciado. Entonces, ojalá que América Latina logre estar a la altura de los
retos históricos que hoy tenemos, que los resumo simplistamente en la crisis
civilizatoria, una globalización deshumanizadora. América Latina tiene un
montón de activos para poner en juego y no solamente sobrevivir a la
globalización sino en un actor central, en un arquitecto de otra globalización,
democrática, solidaria, justa; esa otra globalización que está esperando el
mundo, América Latina debería ser un arquitecto central de ella.
Cuestiones de
América: Sobre todo en la
medida en que haya esa posibilidad de interrelación cada vez mayor y
comprensión con pueblos como el de los Estados Unidos y de Canadá, por ejemplo
que, pues tienen otra visión por su propia cultura, pero que en el fondo, en la
esencia son parte de la humanidad, no?
Luis González
Souza: Yo creo que ahí esta
la gran oportunidad para el continente. No es tanto en el terreno comercial o
de negocios, no?, de complementar potenciales y demás; yo creo que América es
protagonista, es el espacio donde se procesan los grandes contrastes de nuestro
tiempo, no solamente desarrollo-subdesarrollo sino las antítesis de los
gérmenes culturales que estarán en pugna por una nueva civilización. Entonces,
ésta es la gran oportunidad de acabar de aprender a reconocernos como diferentes,
a respetarnos y no sólo eso, sino retroalimentarnos en culturas,
idiosincrasias, historias y demás. Creo que es la gran oportunidad, más allá de
los mercados, que tiene América para cristalizarse como primer continente donde
la pugna antitética de culturas, de desarrollos y subdesarrollos, procesan una
síntesis que pudieran tener efectos ejemplarizantes en otras regiones.
* Entrevista hecha en la ciudad de México, el
jueves 1º de marzo de 2001.
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