Alzamiento
Nacional en Bolivia: Balance y Perspectivas
Daniel Blanco
Prensa Obrera
Luego de 20 días de bloqueo de
todas las rutas del país, de enormes movilizaciones en las principales ciudades,
especialmente del interior, de violentos enfrentamientos con los militares, que
no pudieron desalojar a los piquetes y bloqueos de las rutas, finalmente se
llegó a una serie de acuerdos. El gobierno tuvo que recular en cuestiones
básicas. En este marco se ha afirmado la confianza en las propias fuerzas
independientes de los explotados y se ha agravado la crisis del gobierno. Ya se
dibujan incluso nuevas crisis y luchas y, en estas condiciones, la necesidad de
profundizar el reagrupamiento de la vanguardia revolucionaria.
Las luchas de los explotados
La movilización actual tuvo un carácter más extenso, más
masivo y radicalizado que la de abril. Las movilizaciones campesinas fueron
creciendo hasta el mismo día en que se firmó el acuerdo con el gobierno, cuando
los campesinos de Chuquisaca iniciaban el bloqueo de las rutas de ese
departamento y en Tarija irrumpía un movimiento de Sin Tierra con
enfrentamientos armados con los terratenientes de la zona. En muchos pueblos y
ciudades se pusieron en pie cabildos abiertos. A éstos se movilizaron los
cocaleros del Chapare y la Coordinadora del Agua y la Vida de Cochabamba (que
había liderado el levantamiento de abril), los transportistas, los gremiales
(cuentapropistas), el magisterio rural y urbano, en cierto momento un sector de
la policía y hasta los presos comunes que ocuparon las cárceles.
Las movilizaciones dieron un salto en la segunda semana
de bloqueos y manifestaciones, cuando se formó el bloque intersindical, lo que
terminó de convencer al gobierno de que el único camino que le quedaba era
negociar. A esta postura también se jugaron la Iglesia y el propio
imperialismo. De esta manera, quedaron aislados los sectores más recalcitrantes
de las FF.AA. que pedían el estado de sitio y un sector de empresarios y de
extrema derecha que llamó a despejar los bloqueos a sangre y fuego.
La clase obrera
En este alzamiento estuvo ausente el proletariado de las
minas y de la industria, maniatado por la burocracia de la COB, en su mayoría
perteneciente a los partidos ligados al gobierno. Una fracción opositora que se
autodefine como antineoliberal llegó a plantear un comité nacional de lucha,
pero no hubo ninguna campaña para materializarlo. El propio movimiento
estudiantil sólo se sumó en acciones aisladas, en momentos en que están
avanzando los planes de privatización de la Universidad.
El programa
Las organizaciones en lucha enarbolaron diversos pliegos,
votados en muchos casos en asambleas multitudinarias. En una primera fase de la
lucha, cuando el gobierno se mostró duro, con la postura de reprimir los
bloqueos, todos estos sectores llegaron a esbozar el reclamo de la salida de
Banzer, pero ni los campesinos ni los cocaleros ni los maestros lograron
articular una consigna que los uniera. Si eso sucedía, "estábamos
muertos", decía un nervioso analista. El gobierno tuvo el tiempo
suficiente como para soportar las embestidas políticas y remitirse al
inteligente juego de la respuesta sectorial, aun a costa de asimilar
'torpedos', como el que pretendía la sustitución de la ley agraria.
Se llegó a plantear una Asamblea Constituyente, pero esta
consigna fue desechada en la práctica; algunos, como la dirigencia de la
Coordinadora del Agua, señalando que era una consigna para el mediano plazo.
Otros, la dejaron como alternativa en caso de que el gobierno no se aviniera a
negociar.
Los acuerdos
En las negociaciones, la intersindical logró
prácticamente la mayoría de sus reclamos: anulación de la ley de INRA
(agraria); retiro del proyecto de privatización del agua; abandono del proyecto
para construir bases militares en la zona del Chapare y de la yungas; que las
3.800.000 hectáreas de tierras fiscales sean destinadas a asentamientos
humanos; libertad de todos los presos e indemnizaciones a las familias de las
víctimas de la represión; cese de las causas abiertas a los luchadores.
La docencia fue el sector que menos logró, pues en lugar
de un aumento salarial el gobierno otorgó un bono a cambio de 200 días de
clases. Lo único que logró el magisterio fue congelar el intento de destruir el
escalafón. Como sostuvo una docente, su victoria no fue reivindicativa, sino
política, porque el gremio se volvió a poner de pie.
En el caso de los cocaleros del Chapare, el gobierno
mantuvo la postura de erradicar todos los cocales. Los cocaleros reclaman que
se les permita tener un "cato", o sea 1.600 metros de producción de
coca por persona, para sobrevivir. Toda la zona está rodeada por fuerzas
militares y los cocaleros han planteado que van a resistir por las armas,
aunque han quedado aislados en medio de una disputa con la intersindical.
Crisis política
El gobierno de Banzer sale más debilitado, pero sigue
siendo la única carta inmediata que tiene el imperialismo. Sin embargo, ya se
ha abierto un debate en las filas de los capitalistas. La Confederación de
Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) ha reclamado un cambio de rumbo. Desde
la oposición se plantean distintas salidas, que van desde el acortamiento del
mandato de Banzer hasta la formación de un gobierno de unidad nacional; y están
los que plantean que el Congreso debería llamar a una Asamblea Constituyente
(Condepa, MBL). En las FF.AA. ha aparecido una tendencia chavista.
Perspectivas
Las conquistas parciales de la huelga y los bloqueos han
conmocionado al pueblo boliviano. Felipe Quispe, dirigente de la CSUTCB, se ha
transformado en la figura más popular del país. En el movimiento estudiantil,
en las fábricas, se vive un clima de deliberación. En el movimiento fabril el
debate gira en torno de la necesidad de sacarse de encima a los burócratas. Ha
comenzado el debate para coordinar diversos movimientos de lucha.
La intersindical ha dado 90 días de plazo al gobierno
para que se dé cumplimiento a todo el acuerdo; en caso contrario se va a
producir el tercer alzamiento.
Estrategia
Bolivia está hundida en la peor crisis de su historia.
Las alternativas que están en juego son de fondo. En esta perspectiva, el
factor decisivo está en la reorganización e irrupción del proletariado. Hay que
construir el partido revolucionario y fortalecer a la Oposición Trotskista.
El reciente alzamiento reflejó que el campesinado es una
fuerza motriz de la revolución, pero que por sí mismo es incapaz de ofrecer una
salida de conjunto. Sus planteos apenas rozaron los problemas agrarios de fondo,
como que el 7% de los propietarios rurales concentran el 93% de la tierra,
mientras el 93% de los propietarios, que son mayoritariamente pequeños
campesinos, poseen sólo el 7% de las tierras que las cultivan intensamente. Del
seno de este movimiento campesino cobraron cierto impulso los planteos
indigenistas formulados por Felipe Quispe, la lucha por un Estado aymara, pero
no ha podido precisar sobre qué bases ese Estado podría superar el desarrollo
alcanzado por el capitalismo. Llegaron a plantear la Asamblea Constituyente; un
sector incluso la planteó como una salida al margen del régimen actual, pero no
pudieron ofrecer un programa para ella. El planteo de la Asamblea Constituyente
debe estar orientado a unificar, en el estadio actual de la lucha, a la clase
obrera con los campesinos para una lucha por el gobierno obrero- campesino.
La Paz, 8 de octubre de 2000
* Tomado de Rebelión (http://www.eurosur.org/rebelion/sociales/bolivia_alzamiento091200.htm)
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