Los Movimientos Estudiantiles de América, Avanzada del Sentir de los Pueblos

 

     Como es cada día evidente, pese a los importantes giros que ha dado la historia sobre todo en los últimos quince años, y que en ocasiones se nos han presentado como insólitos cambios que llevan a la humanidad a las puertas de la paz y el bienestar, lo cierto es que a nuestro entorno le falta por recorrer un largo sendero por delante, lleno de vicisitudes nada sencillas de resolver. La gente, en muchas ocasiones todavía, vive angustiada pues no alcanza a solucionar muchos de sus problemas. Es más, algunos de estos son todavía mayores que antes y los caminos para su arreglo parecieran estrecharse, no obstante los espacios democráticos que ahora fluyen con mayor generosidad que en años previos.

      Son los jóvenes, con la frescura, rebeldía y escasa contaminación que implica una edad temprana, quienes se imponen para volver a la discusión de aquellos problemas a fin de reestablecer estos caminos. A costos altos en ocasiones, pues la sangre y la cárcel no esperan mucho para los que osan levantar la voz en medio de la muralla de circos que quisieran taponar más las pobrezas que vivimos todavía. Cierto, la inexperiencia juvenil también pone lo suyo, con el agravante de verse acompañada a veces de ingenuidad y en ocasiones hasta de cierta soberbia o intolerancia, en un mundo donde desde luego quienes primero ponen el ejemplo de esta soberbia e intolerancia son los poderosos.

El mundo continúa así su ruta y por supuesto -como se proponen hacerlo sentir hoy muchos estudiantes-, más vale dejar huella de inconformidad en el mismo que pretender vivir felices para darse cuenta y callar...

 

 

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