Testimonio
Tania Jimena
Hernández Crespo
Aquel que ya no pueda soportar
su miseria, que se una a los que luchan
por que su día sea el de hoy
y no algún día que ha de llegar.
Uno sólo no puede salvarse.
O los fusiles o las cadenas.
O todos o ninguno. O todo o nada.
Si
sois abatidos
¿qué
quedará?
Hambre
y lucha,
nieve
y viento.
De
aquel que no caiga.
Del
hambre y del frió
aprenderéis.
de
aquellos que mueren?
Sus
cicatrices y muñones
les informarán.
Un año después de terminada la huelga de la Universidad Nacional Autónoma
de México que encabezó el Consejo General de huelga, resulta todavía difícil un
análisis del movimiento; por un lado porque el conflicto sigue aún sin
resolverse; la salida violenta no ha dejado más que heridas abiertas, algunos
estudiantes todavía con procesos penales, seis demandas sin solución real y una
universidad lastimada; y por otro lado una serie de precedentes que no podrán
ser borrados fácilmente: la utilización de la fuerza y la falta de diálogo para
la resolución de conflictos, las diversas actuaciones de múltiples grupos de
derecha y de izquierda. Las contradicciones del movimiento y las huellas que
este mismo dejó nos dejan un debate abierto, recriminaciones mutuas y un largo
camino para la comprensión y la unidad de los movimientos sociales.
Sin embargo, vale la pena hablar, debatir y escribir más sobre este
movimiento, no sólo para recrudecer las críticas que ya se le han hecho una y
otra vez, sino para comenzar a nombrar la historia, aprender de las
experiencias y comprender lo que podría ser una expresión novedosa de los
movimientos sociales que vendrán. Así mismo para no olvidar, para no perder la
memoria y dejar claro que los movimientos que vendrán también serán construidos
con base en la historia, la memoria y
la palabra de los de antes.
El seis de febrero la huelga estudiantil más larga de la UNAM fue rota
de forma violenta; la intromisión directa del Gobierno Federal en el conflicto
dio por terminados -con 288 días de huelga así como con el sacrificio de la
autonomía universitaria- el diálogo y la solución real del conflicto
universitario.
En enero del 2000 el movimiento entraba en la culminación de una etapa
de lucha, el final de la huelga estudiantil más larga de la historia. Con una
ofensiva impresionante por parte de las autoridades universitarias y federales,
el movimiento estaba ganando terreno, tenía muy cerca la posibilidad de
alcanzar su triunfo, la solución a las demandas del Consejo General de huelga.
Los estudiantes universitarios se acercaban después de largo tiempo a la
huelga, no ya para recuperar las instalaciones sino para construir una
propuesta real de solución al conflicto. Las autoridades universitarias fueron
rebasadas por la comunidad, que en lugar de llegar a golpear a los huelguistas
se unió a los mismos por la solución digna. Después de esto, no quedo otra
salida a las autoridades que la provocación y la fuerza, para derrotar la
huelga estudiantil.
I. El conflicto.
Un año antes, el 11 de febrero de 1999, el entonces rector de la UNAM,
Francisco Barnés de Castro, daba a conocer la propuesta de modificación al
Reglamento General de Pagos (propuesta
que fue aprobada el 15 de marzo a espaldas de la comunidad
universitaria); dicho reglamento modificaba de forma substancial el carácter de
la universidad, convirtiéndola de forma paulatina de una universidad pública y
gratuita a una institución privada y elitista.
En 1999 se pusieron a debate dos proyectos de universidad. Por un lado
una universidad-empresa en donde los estudiantes son capacitados para el
trabajo, en donde lo más importante es la vinculación con la empresas, en donde
los planes y programas de estudio tendrán que ser adecuados a la exigencias del
mercado. Y por el otro el de una universidad crítica presta para ser la
conciencia de la sociedad, encaminada a vincular la academia con los grandes
problemas sociales de nuestro México.
El aumento de las cuotas fue el detonante de un conflicto no resuelto 12
años antes, cuando el rector Jorge Carpizo intento imponer por primera vez el
alza de cuotas en la institución; en ese entonces una huelga de tres semanas
encabezada por el Consejo Estudiantil Universitario echó para atrás la reforma;
sin embargo, en ese entonces no quedo garantizada la gratuidad de la educación
puesto que el antiguo reglamento se mantuvo vigente. Años después la
universidad se debatió en un Congreso Universitario amañado y manipulado por
las autoridades universitarias; el saldo fue un movimiento estudiantil
fracturado por la traición y la manipulación, una universidad sin cambios democráticos
y una burocracia universitaria cada vez más fortalecida para aprobar a diestra
y siniestra sus reformas. Los años 1995 y 1997 dejaron dos derrotas más al
movimiento estudiantil; primero cuando las autoridades aprobaron la
modificación a los planes y programas de estudio de los Colegios de Ciencias y
Humanidades, y después la aprobación de la desaparición del pase automático a
la licenciatura por parte de las escuelas de la universidad.
La propuesta del aumento de las cuotas en la UNAM no sólo era una
reforma proveniente de los altos círculos de la rectoría, sino que obedecía a
las políticas internacionales provenientes del FMI y BID, en donde planteaban
las recomendaciones para reducir el presupuesto federal a la educación
compensándolo con el cobro de cuotas de los usuarios (estudiantes), así como
una serie de reformas que habían avanzado desde años antes en la universidad,
tales como la modificación de los planes y programas de estudio, la suspensión
del pase automático, la vinculación con el CENEVAL, la técnificación de algunas
áreas del conocimiento, el recorte de la matrícula, la falta de apoyos para la
investigación y la docencia, y la falta de una enseñanza crítica en las
diversas disciplinas de la universidad.
El 20 de abril estalla en la UNAM la huelga en contra del alza de cuotas
y del autoritarismo en la máxima casa de estudios, ese día se escuchó el ¡ya
basta! del México urbano. A las 11 de la noche la Asamblea Universitaria se
transforma en Consejo General de huelga.
El Consejo General de huelga plantea que para levantar la huelga se debe
dar cumplimiento al siguiente pliego petitorio:
·
Abrogación del Reglamento General de Pagos.
·
Congreso Universitario Democrático y Resolutivo.
·
Derogación de las reformas del 97. (Pase automático)
·
Desvinculación de la universidad con el CENEVAL.
·
Recuperación del semestre.
·
Anulación de todas las actas en contra de cualquier participante en el
movimiento así como el desmantelamiento de los cuerpos represivos de la UNAM.
II. El Contexto.
Uno de los elementos necesarios para comprender el movimiento
estudiantil es el contexto en el que
este se desarrolló, principalmente el de los jóvenes que integraron el
movimiento universitario.
El movimiento estudiantil de 99-2000 se produjo en un contexto
específico determinado por tres
sexenios de políticas neoliberales y de ajuste estructural, generadoras de
exclusión y de una explotación de tal magnitud que rebasó los límites de lo
tolerable. Desde el punto de vista económico, el
contexto podría definirse como de recrudecimiento de la austeridad presupuestal
que se evidencia bajo la sentencia oficial de que “el de 1999 es el presupuesto
más bajo en términos reales de los últimos 18 años”.
Ese clima de austeridad presupuestal
recrudecía las condiciones de vida de una población que en la zona
metropolitana de la Ciudad de México ya había sufrido una devastación social
por los ajustes que trajo “el error de diciembre”, todo lo cual provocaba
mayores irritaciones justamente porque al mismo tiempo y con la otra mano se
desgranaban en los medios de comunicación las cifras multimillonarias de
recursos públicos destinados al rescate de los banqueros ineficientes y los
empresarios corruptos cobijados en el Fobaproa. A la población se le cerraron las
fuentes de trabajo, se privatizó la salud, muchos perdieron un techo que
significaba el ahorro de toda su vida a raíz de la tempestad financiera de 1994
e incluso el Estado dejó de garantizar la seguridad a la ciudadanía.
Aunado a esto el movimiento
surge y se desarrolla en un contexto nacional esencialmente marcado como etapa
preelectoral, delicada en el sentido de que aún no se definía el conjunto de
candidaturas a la presidencia de la República y al gobierno del D.F.
En este contexto los actores del movimiento estudiantil fueron jóvenes a
los que el futuro no mostraba más que la marginación, a los que se heredó un
mundo disminuido con empleos malos y mal pagados, sin esperanzas ni
expectativas en el futuro y con un presente atestado de indiferencia, violencia
y carente de oportunidades.
Los jóvenes de esta época son jóvenes sumergidos en una
sociedad de consumo en donde los modelos económico-sociales marcan las pautas
de relación en nuestras culturas. Estos modelos marcan identidades individualizadas
y seres programáticos en una sociedad de producción y consumo, en donde lo que
importa son los grandes consorcios y las grandes economías, y en donde los
seres humanos quedan reducidos a elementos de producción y consumo, y donde los
jóvenes quedan reducidos a cifras estadísticas carentes de interés. La
violencia y las drogas son entes cotidianos en la vida de los jóvenes de la
actualidad.
En este México de fines de siglo aparece un movimiento que deja pasmados
a propios y extraños. Para Arturo Ramirez, los
jóvenes del movimiento estudiantil de 99-2000 marcan, sobre todo, el nacimiento
de una nueva generación, la generación de
la ruptura [1], formada por jóvenes inconformes,
poseedores de una mentalidad profundamente rebelde, que aún cuando no está
claramente estructurada, revela una clara actitud de ruptura y oposición con la
nueva dictadura que hoy por hoy domina todo el planeta: la dictadura de las
empresas privadas multinacionales, defensoras de un modelo económico de mercado
globalizador y de un modelo político en el que la democracia se adecua a las
necesidades de este modelo económico.
Para Enrique Rajchenberg y Carlos Fazio, el movimiento encabezado por el
Consejo General de huelga fue el
reflejo de una sociedad agraviada, derrotada y fragmentada por 18 años de
capitalismo salvaje. Fue la protesta airada de los jóvenes ante una
civilización del caos que pretende negarles el derecho a la utopía y a un
futuro digno y justo; a un proceso de disolución social que los margina y
condena al fracaso. Fue una respuesta incomprendida, a veces anárquica y
violenta, ante la retórica del poder y su determinismo paralizante. Un acto de
rebeldía frente a la pasividad y conformismo que impregnan el discurso
globalista de moda, nuevo paradigma montado sobre varias falacias, mitos y
slogans. Un grito desesperado en la selva social de nuestros días; en esta
guerra de todos contra todos, resultado de un sistema socialdarwinista que se
vale de toda la fuerza del estado para imponer sus políticas depredadoras y
excluyentes sin consultar a nadie [2].
Los jóvenes que conformaban al CGH eran irreverentes por naturaleza. Lo
mismo le podían hablar a un emérito que a un soldado. Podía ser lo mismo un
director, que un investigador con reconocimiento en el SNI, que un burócrata.
No se pensaba en ser correctos, o hablar con palabras ad doc, los
titulos o reconocimientos no importaban. El respeto, para el CGH, se ganaba con
el trabajo y no con caciquismos o amigazmos de los altos funcionarios. Rebeldes
por naturaleza se entendía la irreverencia como la única barrera entre el
auténtico revolucionario y el revolucionario traidor a sus ideales y
convicciones. Es preferible la irreverencia a terminar de rodillas ante
alguien.
Para Fazio y Rajchenberg la
UNAM debe entenderse como el más importante fenómeno cultural de masas que
produjo el siglo XX mexicano. El Consejo General de huelga fue una organización
de masas. Estaba conformado por las asambleas y estas por los huelguistas. No
existía diferenciación alguna entre los delegados al CGH y los integrantes de
las cocinas, guardias y brigadas. En la mayoría de las facultades los delegados
a las plenarias del Consejo General de huelga eran rotativos. Esto permitía una
organización horizontal, en donde lo que más importaba era que todos y todas
participaran en todas las determinaciones y no sólo en algunas labores. En el
movimiento estudiantil no había líderes, el CGH tenía
voceros, delegados, representantes, pero nunca aceptó la existencia de lideres.
La estructura del CGH no permitía la existencia de líderes; sin embargo, no se
puede negar que existían posiciones o personas que pesaban al interior del
Consejo General de huelga, pero estás no fungían como mandatarios sino como
influyentes. La
prensa por su parte siempre intento formular los lideres del movimiento, por un
lado por la falta de entendimiento de un movimiento horizontal y por otro por
la presencia de los supuestos lideres en la mayoría de los momentos cruciales
para el movimiento. Los medios formularon los liderazgos al interior del CGH.
El CGH se convirtió en la identidad colectiva
de los participantes de la huelga. Los
participantes de una u otra escuela podían estar o no de acuerdo con las
posturas expresadas por las diversas asambleas del CGH, pero si era acuerdo, no
había más que aceptarlo como tal. La calidad moral del CGH se constituía por un
respeto hacia él, que era a su vez un respeto hacia si mismos.
Los diálogos entre las autoridades universitarias y el Consejo General
de huelga fueron uno de los indicadores sobre una nueva concepción del quehacer
político.
El CGH propuso que el diálogo entablado entre ambas partes tendrá que
ser publico, entendido como la transmisión por radio y televisión de las
pláticas que se estarían sosteniendo. Directo, es decir que no
existieran intermediarios entre las partes en conflicto. Abierto, el
planteamiento original sería en un auditorio de Ciudad Universitaria, en donde
cualquier universitario pudiera estar presente en los diálogos. Resolutivo,
aquí el CGH exigía que el diálogo tuviera un carácter resolutivo, argumentando
que si a los acuerdos llegados en estas mesas no eran finales y pasaban a otras
instancias se corría el peligro de modificaciones que llevaran nuevamente al
empantamiento del conflicto. El CGH tenia carácter resolutivo, ya que una vez
que el acordara algo su delegación podría firmar esos acuerdos; si el CGH no
tenia un resolutivo o no había discutido sobre el punto, su delegación no podía
hacer más que regresar la discusión a las asambleas.
La delegación del Consejo General de huelga estaba conformada por 120
delegados escogidos por las asambleas de las 40 escuelas y facultades. Cada
escuela tenía una representación de 3 integrantes. Uno de los puntos que fue
más discutido por las autoridades universitarias fue el torno a la rotatividad
de los delegados. De estos 120 compañeros, se designaban a 13 para formar parte
de la mesa de discusión con las autoridades universitarias.
Los delegados a la mesa eran escogidos por sorteo de las escuelas,
eliminando a las que ya hubieran participado hasta la segunda ronda de
participaciones. En algunas de las escuelas los delegados por escuela también
eran rotativos, teniendo en cada encuentro compañeros diferentes en la
delegación del CGH. El esquema de
negociación por parte de las autoridades fue totalmente roto, teniendo que
dialogar con 13 que al día siguiente serían otros 13 y 120 que al día siguiente
serían otros. En más de una ocasión en las mesas de diálogo las autoridades
manifestaron su rechazo a lo que les parecía una falta de seriedad por parte de
la delegación del CGH. No habría con quien negociar, el esquema de la compra de
conciencias e ideales en esta ocasión les saldría muy caro, no dialogaban con
tres universitarios, ni con 13, ni siquiera con 120, dialogaban con cientos de
universitarios que conformaban el CGH.
Por su parte, el CGH encontraba en estos mecanismos el control hacia sus
representantes, ya que la desconfianza algunas veces exagerada y las formas de
participación directa hacían de la representación del CGH una instancia de
representación que no podía en ningún momento rebasar a las asambleas que eran
el lugar donde se discutía y decidía los pasos a seguir. La historia del
movimiento estudiantil no estaba exenta de tropiezos y malos ratos; en 1987 el
fue presa de liderazgos mal encausados que más allá de obedecer el mandato de
la gente pactaron, para después convencer a la gente que esa había sido la
mejor salida, lo que ocasionó un decepción de los participantes y la ruptura
del Consejo Estudiantil Universitario. Posteriormente, la huelga de los CCH´s
fue víctima de negociaciones similares, así como el movimiento de rechazados y
la toma de rectoría cuando el CEU histórico negocia algunas listas de sus
simpatizantes y el retiro de sanciones a sus participantes. Esta historia marca
el pensamiento del Consejo General de huelga; la mayoría de sus integrantes a
pesar de no haber vivido esa historia se han alimentado de la memoria colectiva
y de las experiencias hacia los grupos de poder que actúan en la política
tradicional en el país.
La comisión de los 120 delegados no tenían capacidad resolutiva en si
misma, sólo en base a lo que el Consejo General de huelga ya había discutido y
acordado. Así, los representantes tenían la única función de ir a defender los
acuerdos del CGH; si existía alguna propuesta adicional necesariamente tenía
que ser llevada a las asambleas para su discusión. Pero una vez firmados los
acuerdos el CGH asumiría como suyo el compromiso al que llegará su delegación.
Una de las condiciones que el CGH había puesto para el inicio del
dialogo con las autoridades era su reconocimiento como único interlocutor
en el conflicto, esto por que el juego
de la Rectoría había sido el calificar al CGH como un grupúsculo de
intransigentes que no tenía la legitimidad que otorga el movimiento
estudiantil.
Los diálogos significaron el aceptar que un estudiante de preparatoria
de tan sólo 16 años o de secundaria de 14 años (de la Preparatoria Nº 2),
pudiera sentarse a discutir sobre las reformas a la universidad con autoridades
de alto nivel. Así mismo significaba el discutir con un mismo rostro
representado en las miradas de cientos de jóvenes.
Uno de los logros más importantes del CGH fue justamente entender a la
democracia como un ejercicio de participación directa más allá del simple
ejercicio de delegar en otros la confianza y las responsabilidades. Con
este mecanismo la mayoría de los integrantes del CGH conocía lo que sucedía en
las pláticas entre la rectoría y el CGH.
El estado mexicano hizo uso de los recursos morales para
derrotar al movimiento, el aislamiento constante propiciado por los medios de
comunicación, el robo de símbolos del CGH (democratización, congreso, 20 de
enero, etc.) Los rumores sobre el futuro y sobre los posibles infiltrados en el
movimiento y la desmoralización de sus integrantes planteando panoramas
desoladores para el CGH, no pudieron al final de cuentas arrancarle los sueños
a todos esos jóvenes. Su fuerza se determinaba principalmente por el coraje y
la determinación de sus participantes así como el impulso moral de los
universitarios que no cesaban de luchar; sin embargo, no se puede igualar a los
integrantes del CGH, pues existían muchos puntos de vista y apreciaciones,
aunque la mayoría de sus integrantes, hasta los más negativos, por alguna
extraña razón seguían en el sostenimiento de la huelga (salvo aquel grupo de
estudiantes que entregaron sus escuelas sin que se hubiera aprobado).
Que bonita bandera, que bonita bandera,
que bonita bandera es la bandera de nuestra huelga,
más bonita se viera, más bonita se viera, más
bonita se viera,
si todo el pueblo la defendiera.
Canción
puertorriqueña con letra del CGH
A partir de 1999 las aulas de la universidad habían recobrado, una vez
más, un espacio de discusión sobre lo urgente y lo importante, en los salones
se escuchaban las críticas y las preocupaciones sobre las políticas económicas
y las repercusiones sociales, la explanadas se transformaron de simples
asoleaderos en plazas de discusión, los pasillos antes grises se habían
tapizado de preguntas y respuestas sobre el futuro, los estudiantes recobraban
la palabra, se encontraban unos a otros y se pintaban de colores, mientras las
autoridades universitarias se atrincheraban en sus oficinas con caras de
preocupación. La universidad había recobrado su ser, conciencia de la sociedad,
y comenzaba a florecer la dignidad, la rebeldía, la irreverencia y la
esperanza.
La huelga despertó en sus integrantes nuevos
sentimientos y relaciones cotidianas.
La huelga era un espacio colectivo donde sus integrantes re-aprendieron los
sentidos de la existencia propia siempre en función de los otros. Desde las
expectativas, las comidas, los sueños, las responsabilidades, los miedos, las
angustias, las brigadas, las guardias, las decisiones, las esperanzas, todo era construido y reconstruido de manera
colectiva. “Aquí todo se comparte, hasta una gripa se ha vuelto colectiva.
Hemos aprendido a pensar en todos y actuar en función de todos. Los jóvenes que
meses antes se preocupaban sólo por su futuro, sus relaciones y sus ratos
agradables, siempre para sí mismos, se dejaron de lado para convertirse en
nuevos hombres y mujeres que nunca más pensarían sólo para sí, y que se
resignificarían siempre a partir de los otros. Desde el despertar a ese México
cada vez más injusto, donde la miseria, la muerte, la carencia de todo es la
burla de los poderosos, hasta los sueños construidos a partir de la nada y las
esperanzas eran ahora lo que regía la mirada de estos jóvenes no nuevos pero
tan diferentes.
Mes a mes se fue creando una nueva cultura, en donde el cuánto tienes
cuánto vales fue transformado por el nunca más un México sin
nosotros y el para todos todo nada para nosotros, influidos por el
zapatismo
El primer mes fue celebrado con un
concierto masivo en el estacionamiento de Estadio. A un mes la
huelga Va!, fue
el primer momento en donde la mayoría de los integrantes celebraban un mes de
resistencia estudiantil, la mayoría de las escuelas participaron y fue un
evento enorme lleno de color, alegría y optimismo. Cada mes en las escuelas se
realizaban fiestas de celebración, fiestas que poco a poco se convertían en
reuniones más íntimas. Las primeras abarrotaban las explanadas, poco a poco se
llegaba a las cocinas o a los salones. Los conciertos y eventos seguirían
estando presentes en las escuelas cambiando de modalidades según las propias
dinámicas que el momento iba planteando. El full monty en Ingeniería y arquitectura, la
subasta de hombres en Psicología, el graduación en Derecho, las bodas en prepa
6, eran parte de los eventos que se realizaron durante la huelga.
Además de estos, durante
los nueve meses de huelga en todas las escuelas se organizaban mesas de
discusión y de formación académica, la consigna inicial fue: es
tiempo de aprender lo que no nos enseñan en las clases. Los planes y programas de
estudio en la universidad poco a poco se han ido reduciendo a aquello que es
más útil para el momento de egresar, dejando de lado los conocimientos
importantes para el entendimiento de una sociedad cada vez más compleja. Así
pues, durante la huelga se aprendió sobre todo aquello que hacía falta. Los
ponentes iban de una escuela a otra, los auditorios se paseaban por las
diversas facultades dependiendo de lo que interesara el día de hoy aprender. Los ciclos eran
sumamente diversos y en un día se podía escuchar sobre El
Capital de Marx, los derechos
humanos y la impartición de justicia en México, psicología colectiva y
movimientos sociales, zapatismo y filosofía, sexualidad, etc.
Para el 30 de abril se
celebró un día del niño diferente, los Comités de Huelga se convirtieron en niñeras por un día; en un evento sin
precedentes el CGH organiza un Día del Niño y de la Niña en donde los cientos
de niñ@s que asisten son acogidos por estudiantes universitarios que les
enseñan juegos, manualidades, canciones y lo que en un futuro será su
universidad. Para el 10 de mayo se realiza un tiangüis para las madres de los
CGHcheros y del pueblo de México en general.
Ya llegadas las vacaciones
de junio y julio se organizan los cursos de verano, donde nuevamente los
CGHcheros utilizan las instalaciones universitarias para albergar a cientos de
niños, enseñarles jugando, aprender con ellos y ellas, correr, nadar y
divertirse un rato y, claro, aprender consignas por la defensa de la educación.
El fin de año y la Navidad
tuvo presencia también en la huelga; en varias escuelas y facultades se
hicieron las cenas respectivas y se recibió el año. Lejos de una celebración
pueril, los estudiantes festejaron lo que sería el fin y el comienzo de otro
año de lucha, con los nuevos compañeros.
Una de las actividades principales durante la huelga fue el brigadeo;
los primeros días cientos de brigadas salían a las calles a sensibilizar a la
población sobre nuestra lucha. Los camiones y los Metros eran inundados por
jóvenes universitarios pregonando la defensa de la universidad pública y
gratuita. Los brigadistas del CGH lo mismo se podían acontrar a un obrero, que
a un burócrata del gobierno, a un estudiante del Tec que a un estudiante de
bachilleres o de secundaria pública, a un soldado que a un ama de casa y lo más
sorprendente era que siempre tenían elementos para convencer al que se le
pusiera en frente; lo único que no se podía brigadear era lo que no tenía vida
o lo que no tenía corazón. El ser brigadista no era una tarea sencilla, lo
mismo recibías una sonrisa y una moneda, que un insulto y agresiones físicas.
Pero había algo que teníamos seguro y era algo así como... “por que la razón
nos asiste... hechémosla a andar”.
V. La huelga
desde dentro. Ultras y moderados: mito, provocación o identidades colectivas.
El CGH como mencioné, era una organización de masas, más sin embargo albergaba
a un sin fin de corrientes políticas en su interior; pero la división de ultras
y moderados no deja de ser más que una división simplista, y siempre mal
intencionada y adaptada con regocijo por los círculos gubernamentales,
autoridades universitarias, medios de comunicación, intelectuales de izquierda
y derecha y alguno que otro despistado. Sin embargo, la misma complejidad del
movimiento hizo que esa categorización permeara, adquiriendo así nuevas
identidades colectivas.
Los moderados y los ultras se comenzaron a autonombrar
desde sí mismos, encontrándose con posiciones políticas semejantes o
encontradas. Entonces por ejemplo, los moderados eran quienes no temían
a las negociaciones, mientras que los ultras pensaban que los derechos
no se negocian, sosteniendo en ambos casos o los seis puntos del pliego
petitorio o un replanteamiento que en algunos casos llegaba sólo a Congreso y
gratuidad.
Lo que es rescatable en términos de comprensión y aprendizaje del
movimiento, en este sentido, son dos aspectos. Por un lado la facilidad de
confrontación al interior del movimiento por la falta de crítica a las
caracterizaciones hechas por las autoridades universitarias y circulos
gubernamentales (casi nadie sabe de donde salió la idea y pocos cuestionaban su
utilización); pero por otro lado la utilización de uno u otro nombre comenzó a
conformar al interior del movimiento una cultura y una identidad claramente
definida, aunque no estática, ya que por ejemplo en los últimos meses del
movimiento se decía que todo el que quedaba en la huelga era ultra.
Uno de los elementos que valdría la pena rescatar en este sentido es, a
mi parecer, el más grave error que cometió el movimiento estudiantil o por lo
menos algunos de sus sectores. La falta de diálogo y de comprensión de sus
mismos integrantes ocasionaron la polarización del interior del CGH; de pronto
los espacios de discusión se convirtieron en explanadas de gritos y golpes.
Quizá en su momento fue entendible, valía más la pena una asamblea de insultos,
gritos y peleas que claudicar en la lucha o dejarse derrotar. Sin embargo, si
la unidad (que no significa homogeneidad) se hubiera mantenido como un concepto
fundamental, a estas alturas el CGH seguiría aún fortalecido, a pesar de las
traiciones o la represión. Para escuchar al otro se tiene que entender que éste
es diferente, y que con las diferencias se puede construir y ser más fuerte.
VI. El
recuento. ¿Victoria o derrota?
Después de rota la huelga, queda una pregunta
por los aires: ¿el CGH construyó una derrota o una victoria?, ¿las autoridades
derrotaron al movimiento?, o el movimiento salió victorioso? Responder a esto
es harto difícil. Algunos aseguran que el movimiento había ganado ya desde el 7
de junio del 99; otros, que la propuesta del seis de enero era una victoria o
que la propuesta de los eméritos pudo significar una victoria del movimiento.
Si hablamos en estricto de los seis puntos del pliego petitorio, la visión no
se modifica en lo substancial, para algunos la suspensión de las modificaciones
es una victoria mientras que para otros no es más que una derrota o victoria
inconclusa.
El Congreso Universitario estará por
realizarse, bajo términos que están aun por definirse, y esto también podrá ser
interpretado por muchos como una derrota o una victoria.
De lo que estamos seguros es de que el
movimiento estudiantil no fue derrotado; simplemente fue reprimido, que no es
lo mismo aunque parezca igual.
Después del regreso a clases, los seis puntos
parecen insignificantes en comparación a todo lo que se presenta en la
Universidad. Siguen pendientes esos puntos pero se le han sumando mil más en la
construcción de una universidad democrática, crítica, gratuita, y que atienda
los problemas de nuestra sociedad.
VII. Que sigue?
Al movimiento estudiantil universitario le
queda todavía mucho por delante. Los tiempos actuales se antojan para
recomponerse, rediscutirse, juntarse y avanzar.
Las autoridades universitarias no darán
marcha atrás en sus reformas, el Congreso Universitario fue ya anunciado para
este año y sólo la movilización de la comunidad podrá impedir que las reformas
transformen a la UNAM en una empresa.
Mientras tanto las coyunturas sirven para juntarse y pensarse nuevamente como un movimiento que ha aprendido de sí mismo, y que sigue teniendo una responsabilidad enorme junto con todos los sectores de la comunidad universitaria, sobre la defensa de la universidad pública y gratuita.
Los resentimientos quedan poco a poco atrás,
aunque no se olvida la actuación de todos y cada uno, pues al fin y al cabo
cada quien se ha ganado su lugar. Hacia adelante cometeremos más errores, quizá
los mismos u otros de los que no aprendimos. Sin embargo de algo estamos
seguros, estamos más despiertos que nunca y los otros todavía no se quedan
dormidos.
Son tiempos de esperanza y a dos años de
iniciada (o continuada) la lucha, aseguramos que seguimos en todas partes,
más fuertes y sabios que ayer, con el corazón puesto nuevamente en el futuro y
nuestras manos en el presente.
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