El Conflicto en la UNAM

Angélica Gutiérrez Torres

El conflicto de 1999-2000 no fue resultado nada más de la imposición del nuevo reglamento de cuotas, sino del claro intento de privatizar una de las pocas instituciones educativas a las que tienen acceso la mayoría de la población mexicana.

Por lo tanto el problema de la universidad no es económico sino político, lo que está en disputa son los objetivos y la orientación de la política del país.

Al autorizar el nuevo reglamento de pagos se daba por sentado que las cuotas serían a salarios mínimos por lo que según estudios de alumnos de la Facultad de Economía, en cinco años esta universidad sería la más cara del país y por lo tanto la que menos alumnos de escasos recursos (y como va la situación económica, de clase media también) estuviera en su matrícula.

La paralización de las actividades por más de 10 meses también demuestra que la UNAM se había convertido en una institución muy compleja, casi inmanejable, y que arrastraba desde tiempo atrás una profunda crisis académica, política y financiera.

En realidad, a partir del movimiento estudiantil de 1968, la UNAM registraba convulsiones cada vez más profundas, las cuales de manera recurrente indicaban que la institución estaba obligada a buscar su propia transformación. Pero como es costumbre en un Estado al que no le gustan las críticas, se optó por demostrar el equilibrio interno ante el extranjero al precio que fuese y ese precio fue la represión que hoy a 32 años continúa sin castigo. La represión a los estudiantes cumplió con el objetivo de dispersarlos, de crear en ellos un miedo que se ve reflejado a través de los muchos padres de familia, intelectuales, etc., que se oponían al conflicto por el temor de que pasara algo similar y que hoy sus hijos o familiares vivieran lo que fue el dolor de una matanza, pero también hubo quienes se identificaron y apoyaron al movimiento estudiantil de la actualidad

En este gran escenario tenemos como actores principales a las autoridades universitarias representadas en el primer acto de esta tragedia por el rector Francisco Barnés, quien actuó como si fuera títere del gobierno federal impulsando las reformas de 1997,  e imponiendo el reglamento de cuotas a la comunidad universitaria sin antes hacer un plebiscito interno; se olvidó de hacer un diálogo público y resolutivo ya que al gobierno federal no le interesaba terminar este conflicto, y escudándose en un Consejo Universitario cuya farsa era notable, decidieron aplazar, más nunca derogar estas reformas. Y en el segundo acto con la renuncia de Barnés cuya intención fue hacerse el mártir, la junta de gobierno al nombrar a Juan Ramón de la Fuente como rector, era la mano del presidente quien ordenaba la solución inmediata del conflicto.

El nuevo rector se encargo de poner la estocada final al movimiento al demostrar a la nación que ellos el CGH, eran los intransigentes al no aceptar su propuesta de solución, de no quererse sentar a la mesa para dialogar y justificando la entrada de la PFP a las instalaciones universitarias por medio de un plebiscito hecho por las autoridades y el cual demostró que la mayoría de la comunidad ya no se encontraba del lado del CGH, quienes cansados de esta larga espera tomaron como victoria de  la universidad la “liberación” de las instalaciones. El 6 de febrero de este año se volvió a ocupar la universidad, acontecimiento que lamentamos por que se supone contamos con una autonomía la que al parecer sólo es de adorno pues la comunidad universitaria no puede elegir a su representante (rector), sino que es designado por una junta de gobierno.

Como parte del repertorio se encuentra el antagonista para muchos, el satanizado Consejo General de Huelga, quien como cabeza del movimiento estudiantil tuvo sus aciertos y sus errores; este CGH luchó como un caballero águila majestuoso  pero arrogante; en un principio contó con el apoyo de su pueblo con quien hizo un frente de lucha ya sea en manifestaciones tan impresionantes como la del 23 de Abril de 1999, demostrando con esto que exigencia de la gratuidad de la educación es una necesidad de todos. La batalla se fue desarrollando de manera favorable al CGH, su manera de actuar era la apropiada a la de un movimiento histórico para la institución pues el 11 de febrero se marca como un parteaguas de la historia de la universidad al gestarse al movimiento mas fuerte de la universidad.

El CGH tuvo la virtud de unir a la comunidad universitaria con la lucha de la gratuidad de la educación, de que con creatividad se iba haciendo esta lucha, pero también tuvo el error de caer en la paranoia de ver en todas las persona públicas a un enemigo cuando no se coincidía con su manera de pensar. Como presa fácil cayó en las provocaciones más claras -como en la marcha del tianguis del Chopo a la embajada estadounidense-, haciendo maratónicas las asambleas del Consejo en sus distintas sedes con el fin, según yo, de desgastar y que votara por las propuestas de una sola ala; la ruptura pública mostrada ante los medios de comunicación haciendo notar las posiciones mas radicales de cada parte como moderados y ultras, las conferencias de prensa de solo una parte diciendo que había armas dentro de las instalaciones, fue una lucha por el control interno tan fuerte que sólo demostraban una gran ruptura hacia el exterior, la que desconcertaba a la parte de la comunidad que no estaba en pie de lucha. Se enfrentó a una verdad dentro de la política: que los movimientos que duran mucho tiempo se vuelven menos populares.

La prensa es otro de los protagonistas dentro del movimiento estudiantil. Siendo ésta la responsable de mantener informada a la nación de los acontecimientos más importantes, es de una manera la responsable de la opinión que se pueda formar un individuo. La mayoría de la prensa se encargó de hacer tendenciosa la información que emanaba tanto del CGH como por parte de las autoridades de la máxima casa de estudios; en vez de hacer su trabajo con objetividad se dedicó a descalificar las movilizaciones y acreditar las acciones de las autoridades.  

La opinión del presidente de la República se dio en pocas ocasiones pero con un doble discurso, que fue motivo de enojos por parte de la comunidad, al llamar “malosos” a los paristas, al decir que nunca iba a intervenir a menos que se le pidiera, que la mayoría pasiva debería de ocuparse del conflicto y hacer valer su condición. Así justificó, por medio de la secretaría de Gobernación, la intervención de la Policía Federal Preventiva (PFP) en instalaciones primero de la preparatoria número tres, donde quedó demostrada la intervención del grupo porril 3 de Marzo para amedrentar a los estudiantes huelguistas que ocupaban las instalaciones.

Con respecto a las instalaciones era obvio el deterioro que iban a sufrir al no dárseles el mantenimiento necesario para su buen estado y aunque la prensa se encargo de difundir su lamentable situación, dicha opinión era un tanto exagerada ya que la acudir personalmente a las instalaciones se veían, como era de esperarse, las pintas realizadas dentro de las facultades y escuelas, pero también se encontraron murales como el de mi escuela, los que con acuerdo de los trabajadores no fueron destruidos sino repintados por las autoridades. Es de todos conocido el daño que sufrió el mural del maestro Siqueiros, lo cual sí fue una acción errónea de algunos huelguistas, puesto que el valor ya no material sino histórico y afectivo era para muchos miembros de la comunidad, inmedible.

El movimiento ha sido el mas importante dentro de la universidad, al tener tantas consecuencias y mostrar la necesidad de un cambio de estructura interna, del nivel académico con que se cuenta en la planta de investigadores y maestros, además de cómo se depende de esta casa de estudios para la investigación nacional, de que no contamos como nación con un centro de investigaciones independiente del Estado, de cómo se encuentra el país en niveles de política y economía. Es, tanto para las autoridades como para los alumnos y trabajadores, una enseñanza de que la unam debe transformarse para adecuarse a las nuevas exigencias sin dejar de lado -como ahora se pretende- el principal objetivo de esta casa de estudios que es formar pensadores para lograr un cambio dentro de la sociedad por medio del estudio, ya que la Universidad se encuentra a los más altos niveles.

La dominación ejercida por el Estado ya sea por medio de la violencia física o de otras maneras, ha estado presente en movimientos que intentan revelarse ante una política que va en contra de los intereses del pueblo. Esto es cada vez más común en México, y alguna de las más lamentables ocasiones fue el 2 de octubre de 1968, cuando frena de manera sangrienta y cruel un movimiento fuerte con ideales firmes; la desaparición en estos años de gobierno priísta de muchísimas personas que luchan en contra de un modelo político y económico, las guerrillas que han sido socavadas por el ejército son prueba de que el sistema político mexicano reprime a todo aquel que no es sumiso a sus ideas. La represión también se da por medios escritos; como sabemos, la prensa en su mayoría dice lo que le conviene al gobierno para creer en una estabilidad social, la gente que se atreve a denunciar sucesos de tortura, crimen, represión son cuestionados en su integridad moral y política por el aparato estatal y en ocasiones detenidos por el atrevimiento de decir su opinión que muchas veces es la opinión de mucha gente.

Por lo que se tiene que recurrir -como en el caso de Argentina y Chile- a tribunales en el extranjero donde se juzguen a los intocables políticos que tienen la responsabilidad de la represión y crímenes en las naciones correspondientes ante la imposibilidad de juzgar en el país, pues el Estado protege a los personajes de cualquier manera, lo que es un hecho lamentable pues eso quiere decir que no estamos preparados para llevar a cabo un juicio en contra de ellos por la dependencia del Estado y su sistema jurídico.

El Estudiantado como Actor Politico

Ante el conflicto en la UNAM los estudiantes son considerados como el principal actor político, ya que son ellos quienes impulsan el movimiento en contra del plan del entonces rector Barnés.

Los estudiantes se encuentran divididos en dos grandes grupos, con subdivisiones cada uno, que es una de las características de los actores políticos de la representatividad: por un lado se encuentran los que se opusieron a la imposición del nuevo reglamento de cuotas por ver en ellas el comienzo de la privatización de la máxima casa de estudios a escala nacional, lo que implicaría la disminución de profesionales en un futuro del país, de la formación de gente crítica que cuestionará las políticas del Estado así como de quienes también formaran parte del gobierno. Dentro de esta oposición se encontraban, en una notable mayoría al principio, quienes apoyaban como única solución la huelga que estallaría el 20 de abril de 1999. Entre ellos existían muchos grupos pero los dos mas importantes era el ala ultra y el ala moderada quienes se aliaron para la formación del CGH con la finalidad de derogar las políticas instauradas por las autoridades universitarias encabezadas por el rector, pero son estos últimos quienes jugaran un papel decisivo para el movimiento. Como una minoría estaban los que también rechazaban el reglamento de cuotas pero se oponían al paro como medida de presión para la búsqueda de una solución; estos argumentaban que era necesario mantener a la universidad funcionando para que se exigiera la derogación de las cuotas, pero este grupo no tuvo la representación necesaria ni formó alianzas con nadie en un principio del movimiento.

Los estudiantes le imprimieron a la huelga un nuevo dinamismo, propio de la juventud, dándole frescura; todo parecía una fiesta, un carnaval, las marchas eran un carnaval combativo lleno de estudiantes convencidos de que su lucha era la adecuada, la justa con el futuro del pueblo que paga su educación.

Pero también estaban los estudiantes que creían que era conveniente el cobro de las cuotas ya fuera por que mantienen una actitud individualista donde no les preocupan las generaciones futuras, con el pensamiento de que mientras que a mí no me pase está bien; otros, que apoyaban a las cuotas por considerarlas necesarias para el mejoramiento de las instalaciones, de la planta de maestros, y un mayor acervo bibliotecario, entre otros beneficios marcados por las autoridades.

Al estallar la huelga, hay quienes se oponen al paro porque no desean perder el semestre, por la gran apatía que envuelve a los estudiantes (que no se debe encasillar por carrera el gran nivel de apatía, ya que se tienen en la Facultad de Ciencias Políticas muchisimas personas a las que no les interesó el movimiento). En un principio, el CHG como actor político se veía como un titán, que mantenía unidos a todos los estudiantes; era el motor para dar el dinamismo a ese movimiento que luchaba por una causa justa (lograr que no privaticen a la UNAM), representando a la mayoría del estudiantado, con posiciones claves para tener en pocos días el apoyo de la sociedad civil e intelectual no solo de la capital sino a escala nacional. Pero con el paso del tiempo este movimiento se fue desgastando, las posiciones se fueron radicalizando cada vez más llegando al extremo de hacer desgastantes juntas de más de 24 horas, viendo como enemigos a quienes no acataban las resoluciones de las asambleas o simplemente no coincidían con sus puntos de vista, nombrándolas personas non gratas. Fue así como una parte del CGH fue alejándose de las asambleas, de las instalaciones, de la huelga, aumentando las filas de quienes ya querían recobrar el semestre e iniciar sus actividades normales.

Con el intento de dar clases extramuros para concluir el semestre, el estudiantado como un ente se ve nuevamente fragmentado, por un lado el CGH demuestra su capacidad de combate, pero por otro lado los estudiantes interesados por sus materias comienzan ayudados de los medios masivos de comunicación una lucha fructífera para desprestigiar el movimiento, para dar batalla a la lucha estudiantil insistiendo en tomar las clases, terminando en muchos casos el semestre, comenzando a romper una huelga que poco a poco se iba desgastando cada vez más.

De ello resulta el aislamiento del CGH con la perdida del apoyo del pueblo (con la culpa también de los medios de comunicación), la falta de capacidad para entablar un dialogo que favoreciera a una solución, ya fuera por que no se ponían de acuerdo o con los maestros eméritos que deseaban mediar o con las autoridades; sabiendo que la mejor manera de ganar este conflicto era dialogar, aunado a estos elementos el factor tiempo fue un punto principal para que este movimiento estudiantil derivara en la toma violenta de las instalaciones por la PFP el 6 de febrero del año en curso, es una fecha muy significativa por la forma tan violenta de frenar un movimiento así al CGH como actor político se le fue reprimido, tratados como delincuentes de alta peligrosidad.

Esto dejó como resultado a una comunidad sumamente fragmentada donde cada quien lucha por sus intereses particulares y no se suma a una lucha en contra de la privatización de centros educativos como lo es la universidad; hoy día se encuentran reorganizando las partes integrantes del CGH, pero con una lucha mayor y de la cual deben enfrentar una batalla que es la apatía.

El movimiento de 1999 en la universidad es una muestra de que los estudiantes organizados pueden tener una posición política como protagonistas dentro de la vida nacional, que representan los intereses de lucha (objetivos y fines) que preocupan a toda la nación aunque fueron incapaces de encontrar la manera de cómo aliarse para lograr esos objetivos; mostraron una alta resistencia a las presiones del gobierno que intentó de muchas formas doblegarlos.

 

 

Cuestiones de América Nº 2, Febrero de 2001

 

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