N° 16,
Diciembre 2003-Marzo 2004
Reproducimos
a continuación el texto completo del Documento
Santa Fe IV titulado “Latinoamérica hoy” y editado por James P Lucier a finales de 2000. Lucier señala que “los
diplomáticos y expertos que crearon la imagen de la política de Reagan para
América Latina en 1980 han elaborado los temas que la política estadounidense
seguramente encare en los próximos cuatro años”.
“El
principal redactor-asesor es Roger W Fontaine -estrechamente ligado a Richard
Allen, asesor jefe de Reagan para América Latina-, a quien se le suman el
ultraconservador Lewis Arthur Tambs -de gran influencia sobre Bush padre y
editor de “Santa Fe I”-, Gordon Sumner, David C Jordan, Francis Bouchez, así
como el general John K Singlaub -excomandante de las tropas estadounidenses en
Corea del Sur y definidamente neonazi- y la viril Jeanne Kirkpatrick, delegada
del gobierno de Reagan en la ONU.”+
PRÓLOGO
Fernando Bossi *
Los
documentos Santa Fe se han destinado a orientar ideológicamente la política de
los Estados Unidos hacia América Latina.
Los anteriores documentos ya habían señalado el peligro de la confluencia
entre el marxismo para latinoamericanos, la teología de la liberación y las
fuerzas patrióticas revolucionarias. En esta nueva versión, el Santa Fe IV
actualiza el análisis de las políticas de los Estados Unidos para América
Latina a la luz de los nuevos movimientos populares que están abriendo otra vez
un camino de liberación en nuestra Patria Grande.
Reafirmando
los principios de la doctrina Monroe, este documento significa lisa y
llanamente un plan de anexión de América Latina y el Caribe. De acuerdo a ese
plan de anexión se trazan las estrategias y se definen los enemigos.
El
informe ataca centralmente al bolivarismo y al presidente de Venezuela Hugo
Chávez -a quien se lo trata de castrista y amigo de las FARC-, señalando su
papel en la revitalización de la OPEP y su acción por la unidad regional que
obstaculiza los planes neocoloniales. También arremete contra el movimiento
indígena del Ecuador, contra los luchadores por el agua en Cochabamba-Bolivia,
contra los Sin Tierra del Brasil, contra la insurgencia colombiana y reclama el
endurecimiento de la política contra Fidel Castro y la Cuba socialista.
El
documento advierte que la administración anterior descuidó el control y
adoctrinamiento de los militares latinoamericanos y exige un mayor control
territorial, sosteniendo que fue un grave error devolver el Canal a Panamá.
Las
organizaciones populares, militantes, intelectuales y personas comprometidas
con la unidad y soberanía de los pueblos de América Latina y el Caribe tenemos
la obligación de conocer a fondo el contenido de este plan y difundirlo.
Pero
no sólo eso, debemos estrechar filas con la revolución pacífica y democrática
que encabeza Hugo Chávez y apoyar mediante una solidaridad efectiva a todos los
movimientos amenazados.
Es
necesario coordinar nuestras acciones para fortalecernos mutuamente,
profundizando los lazos de unidad. Es vital comenzar a planificar y concretar
medidas comunes contra la política anexionista de los Estados Unidos.
Es
necesario luchar sin descanso por la unidad de nuestros pueblos hacia la
confederación de Repúblicas de América Latina y el Caribe.
Vamos
a potencializar las enseñanzas de nuestra experiencia histórica, vamos a
utilizar lo mejor de cada una de nuestras corrientes ideológicas
revolucionarias (el marxismo de latinoamericanos, la teología de la liberación,
los movimientos patrióticos anticoloniales), vamos a autoafirmarnos en nuestra
identidad y diversidad cultural de pueblos indios, negros, blancos y mestizos.
Unidad, unidad, unidad. “Unidos
seremos invencibles”. Simón
Bolívar.
Director de Staff
del Comité de Relaciones Extranjeras del Senado de los Estados Unidos
A través de los años los estudios de Santa Fe han sido
reconocidos por su enfoque práctico de los problemas hemisféricos, como
asimismo por su creciente interés en la totalidad del espectro de cuestiones. Y
no puede ser de otro modo si uno considera los antecedentes y experiencia de
sus contribuidores. Cada uno de ellos ha vivido un romance de toda la vida con
América del Sur y Central, dedicando muchos años en esa región. En el campo de
los negocios privados, el periodismo y los más altos rangos del servicio
militar estadounidense, los servicios de inteligencia y el cuerpo diplomático.
A
diferencia de otros estudiosos del hemisferio cuyo conocimiento está basado
sólo en el estudio académico, o dirigido por pasión ideológica, el grupo Santa
Fe está motivado por el deseo de ofrecer un cambio real al pueblo del
hemisferio, y de fortalecer los lazos entre los Estados Unidos y sus vecinos
sureños. Los desconcertantes descubrimientos de Santa Fe IV muestran que los
Estados Unidos han tendido a considerar garantizados a aquellos vecinos
sureños; y que lo que antes fue simple negligencia se tornó un escándalo
abierto bajo las políticas de la Administración Clinton durante los últimos
siete años. Obsesionado con Europa y China, y atontado con la corrupción de
Rusia, el presidente Clinton ha dejado a Sudamérica en un patio trasero. No
debe sorprender por ello que Sudamérica haya buscado inversiones y relaciones
comerciales en cualquier otro lado – en España, por ejemplo – y en la República
Popular de China.
Santa
Fe IV nos recuerda que el mercado potencial de la frontera sur es tan grande
como el propio. Desde una perspectiva histórica, esta división no debió suceder
jamás. Los Padres Fundadores consideraron a Sudamérica como una región que, al
igual que los Estados Unidos, estaba buscando su liberación de las naciones
totalitarias de Europa. Jefferson, Madison, Monroe y John Quincy Adams, todos
ellos consideraron a los sudamericanos como hermanos en la lucha contra la
tiranía. Cada una de estos presidentes fue un experimentado diplomático, como
asimismo un estadista.
Jefferson
fue Secretario de Estado de Washington; Madison fue Secretario de Estado de
Jefferson, Monroe fue Secretario de Estado de Jefferson y John Quincy Adams fue
Secretario de Estado de Monroe. De modo que cuando cada uno de ellos llegó a la
presidencia, había conocido muy bien las luchas de poder de las relaciones
internacionales, y los Estados Unidos disfrutaron de una continuidad de
práctica política que fue rara desde entonces. Por ello, cuando Monroe fue
Secretario de Estado en 1811, envió a Joel Barlow como ministro a Francia. Las
instrucciones de Monroe a Barlow incluían lo siguiente: “una revolución en las provincias españolas, al sur de los Estados
Unidos, está progresando rápidamente. Las provincias de Venezuela se han
declarado a sí mismas independientes, y anunciaron este suceso a nuestro
gobierno. Se dice que el mismo camino será seguido en breve en Buenos Aires (sic) y en otras zonas. Las provincias de
Venezuela le han propuesto al presidente el reconocimiento de su independencia
y la recepción de un ministro; y aunque dicho reconocimiento formal no ha sido
aún efectuado, se les ha dado una respuesta muy amigable y conciliadora. No
debe Ud. dudar en atender esta
cuestión, debido tanto a los justos reclamos de nuestros Hermanos del Sur, a
los cuales no pueden ser indiferentes los Estados Unidos, como a los mejores
intereses de nuestro país”.
Cuando
Monroe asumió la presidencia, uno de sus primeros actos fue autorizar una
misión a Sudamérica a fin de evaluar la situación de aquellos lugares que se
habían proclamado independientes. Tras el retorno de los comisionados, Monroe
inició las operaciones destinadas al reconocimiento diplomático. En un memo de
1819 al Secretario de Estado John Quincy Adams, proponiéndole el envío de un
agente a Sudamérica, Monroe escribió: “Puesto
que las colonias (españolas) son nuestras vecinas, y necesariamente debemos
sostener intercambios con ellas, especialmente si se vuelven independientes,
como presumimos, en un período no lejano, es de suma importancia que nuestras
relaciones sean de naturaleza amigable”.
En
1822 Monroe envió un mensaje al Congreso solicitando el reconocimiento diplomático
de los países de América Latina. Les dijo: “el
movimiento revolucionario en las provincias españolas de este hemisferio ha
atraído la atención y excitado la simpatía de nuestros ciudadanos desde sus
inicios”. Sólo un miembro del Congreso votó en contra de la propuesta.
Luego, en 1823, el ministro inglés de Relaciones Exteriores, George Canning,
súbitamente propuso que Gran Bretaña y los Estados Unidos se unieran para
oponerse a los esfuerzos de la “Santa Alianza” – Francia, España y Rusia – para
restablecer las colonias españolas en Sudamérica. Canning consideraba un
inteligente juego de poder bloquear a sus rivales europeos; pero perdió su
interés a medida que cambió la situación. Sin embargo, Monroe decidió continuar
sin el apoyo británico, y declarar a las autoritarias naciones europeas que los
pueblos independientes de América del Sur estaban fuera de su dominio.
En
octubre de 1823 Monroe le envía un borrador de su mensaje al Congreso a Thomas Jefferson en Monticello y a James
Madison en Montpellier, pidiéndoles su opinión. Ambos titanes respondieron de
inmediato. Dijo Jefferson: “ El tema encarado en las cartas que nos envió es el
más trascendente que he contemplado desde el de la Independencia. Aquel nos
convirtió en una nación. Este ajusta nuestra brújula y señala el camino que
debemos recorrer en el océano del tiempo que se abre ante nosotros, y no
podríamos embarcarnos en condiciones más auspiciosas”. También Madison acordó
con la oposición a las maquinaciones de los europeos, por “las declaraciones
que hemos hecho a nuestros vecinos, nuestra simpatía por sus Libertades e
Independencia, los profundos intereses que tenemos en mantener las más
amigables relaciones con ellos”.
El
2 de diciembre de 1823, Monroe envió al Congreso su famoso mensaje, que desde
entonces será llamado la “Doctrina Monroe”. Observando que los Estados Unidos
ya habían establecido, o se hallaban en proceso de establecer relaciones
diplomáticas con Colombia, Argentina, Chile y México, Monroe advirtió
bruscamente a los europeos que la libertad de Sudamérica debía florecer: “Nunca
hemos tomado parte en las guerras de las potencias europeas por cuestiones
relacionadas con ellas mismas, ni tiene que ver con nuestra política el
hacerlo. Sólo cuando nuestros derechos son avasallados o seriamente amenazados
devolvemos las injurias o nos preparamos para nuestra defensa. Con los
movimientos de este hemisferio nos hallamos necesariamente conectados de modo
inmediato, y por causas que deberían ser obvias para todo observador preclaro e
imparcial. El sistema político de las potencias aliadas es en este sentido
esencialmente diferente del de las Américas. Esta diferencia deriva de aquella
que existe en sus respectivos gobiernos; y en defensa del nuestro, que se ha
logrado mediante la pérdida de tanta sangre y bienes, y madurado por la
sabiduría de sus ciudadanos más iluminados, y bajo el cual hemos gozado de una
felicidad sin igual, toda la nación está empeñada. Por ello debemos, por la
sinceridad y las amistosas relaciones existentes entre los Estados Unidos y
aquellos poderes, declarar que consideraremos cualquier intento de su parte
para extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio como peligroso
para nuestra paz y seguridad”.
Aunque
los días en que debimos defender la independencia de las repúblicas de
Sudamérica parecen haber pasado, aún persiste el hecho que aquella seguridad y
libertad, tanto de los Estados Unidos como de las repúblicas sudamericanas
están inextricablemente unidas. Como deja claramente expuesto Santa Fe IV, la
soberanía e integridad de un cierto número de países en el sur se hallan en
riesgo, no por otra nación sino por organizaciones criminales internacionales
tan poderosas que le están denegando a los pueblos de Sudamérica su herencia de
libertad. La política de la próxima administración deberá ser alinear juntos al
Norte y al Sur, en una asociación que deberá ser sobre bases igualitarias, sin
infringir la soberanía de ninguna parte. La promesa y cooperación extendida en
los comienzos del siglo XIX por la Doctrina Monroe puede ser la base de una
nueva era de mutuo respeto y mutuos intereses.
SANTA FE IV. EL
FUTURO DE LAS AMÉRICAS:
TEMAS PARA EL NUEVO MILENIO
Lewis
Arthur Tambs. Diplomático.
Historiador. Profesor en Arizona State University. Nacido en San Diego, Estados
Unidos, en julio de 1927. Ph. D. En San Francisco, Standart Brands (1953-1954). Profesor en Caracas – Maracaibo,
Venezuela (1954-1957). Director del Centro de Estudios Latinoamericanos
(1972-1976). Embajador en Costa Rica (1985-1987). Autor de Europa del Este y Economía Soviética (1975). Política Interamericana de los ´80, publicado en Police Counsel,
spring 1997, Estados Unidos.
Editores* : Gordon
Summer Jr. Lewis Tambs.
Colaboradores: Rachel
Ehrenfeld, David Foster, Sol Sanders, Gordon Summer Jr., Lewis Tambs.
Esta «D» debe abordarse en su contexto más
amplio. Primero y ante todo, hay que discutirla en términos estratégicos.
Desgraciadamente, la administración Clinton no ha logrado siquiera hacer un
tibio intento a lo largo de los últimos ocho años. Pero lo importante es que
nos enfrentamos con una burbuja en el sistema desde el punto de vista
intelectual, político y militar. Es fundamental para nuestra seguridad nacional
que corrijamos este vacío. El resto del mundo, nuestros enemigos al igual que
nuestros amigos, está esperando.
El
Hemisferio Occidental es la mitad del mundo. La parte más septentrional del
hemisferio está ocupado por Estados Unidos y Canadá, pero si tomamos el ecuador
como línea divisoria, nos encontramos con México, América Central, Panamá y,
sobre todo, Colombia, Venezuela, Ecuador (el ecuador atraviesa la capital,
Quito). Pero ya se ha señalado que son nuestros vecinos cercanos. Sin embargo,
Estados Unidos persiste en dar este hecho por sentado o en ignorarlo
completamente. Esta es una situación ante la cual dichos países se resienten o
de la que sacan ventaja, según las posibilidades de su política interna.
Desde
la Segunda Guerra Mundial, hemos tenido la buena suerte de contar con líderes
en este hemisferio que han tenido una visión de la situación estratégica mejor
que la de nuestros propios estrategas centrados en el eje este-oeste. Hubo
notables excepciones, alentadas por los soviéticos y los chinos, que hicieron
todos los esfuerzos posibles por explotar nuestra miopía estratégica: Fidel
Castro, Allende y los sandinistas, para mencionar sólo unos pocos. Después de
la desaparición de la Unión Soviética, Fidel se quedó sin patrón. Sin embargo,
este vacío ha sido ampliamente llenado por los capitanes de la droga de América
del Sur, especialmente las FARC y el ELN de Colombia.
Desde
el punto de vista de la defensa del hemisferio, hay buenas y malas noticias.
Las buenas noticias son que los diversos mecanismos para la defensa del
hemisferio siguen en vigencia, a pesar de estar seriamente dañados por los
diversos intentos de las administraciones Carter y Clinton por eliminarlos
completamente. El Tratado de Río (Tratado Interamericano de Asistencia
Recíproca) sigue siendo viable. La Junta de Defensa Interamericana (IADB) sigue
funcionando. SOUTHCOM todavía es una institución válida, a pesar de los cotidianos ataques de afuera
–los comunistas– y de adentro el «políticamente correcto» Departamento de
Defensa. La administración Clinton mudó sus cuarteles de Panamá a Miami.
Sin
un fuerte compromiso por parte del próximo Presidente de Estados Unidos esta
reducción y marchitamiento llevará al fin de todas estas modalidades y otras
que las apoyan desde una perspectiva regional. Son los ladrillos básicos para
la defensa del hemisferio. Debería advertirse que nuestras relaciones
bilaterales con Canadá también son muy importantes, pero la realidad es que los
sucesivos gobiernos canadienses no han apoyado la defensa hemisférica, sino que
también están mirando en dirección este-oeste, salvo en relación con las
oportunidades de obtener ganancias económicas en la parte sur del hemisferio.
En resumen, los canadienses quieren bailar, pero no están dispuestos a pagar
por ello.
Pero
la cuestión clave cuando se discute la defensa del hemisferio es: ¿Cuál es la
amenaza?. Como se discutió en Santa Fe I, II y III, antes Estados Unidos
enfrentaba una amenaza relativamente definida, que era comprensible para el
americano medio. En la actualidad, esta amenaza se ha vuelto infinitamente más
complicada y difícil de definir. Afortunadamente, algunos de los viejos
demonios siguen escupiendo fuego y pueden ser fácilmente identificados. Fidel
Castro no ha cambiado las mañas. Quienes lo alimentan son otros: los soviéticos
han sido reemplazados por los narcoterroristas. También, parecería que ha
surgido en escena una nueva amenaza al hemisferio de singular fuerza: los
comunistas chinos. Hicieron una aparición importante en Panamá y han
reemplazado a los soviéticos en el Caribe. Aunque no es tarea de este informe
hacer una profunda evaluación de los aspectos vinculados con la inteligencia de
la penetración china en el hemisferio, debe señalarse que es un nuevo elemento.
Al
mismo tiempo, los comunistas e izquierdistas de Estados Unidos están en pleno
avance. Siguen la agenda establecida hace muchas décadas por Antonio Gramsci
(1891-1937) y otros para traer el comunismo a este hemisferio a través de los
muchos canales: la religión (la teología de la liberación), la prensa, las
instituciones educativas en su relación con la cultura (el comunismo está
vivito y coleando en las universidades del hemisferio) y el sistema judicial.
Los actuales esfuerzos de Gran Bretaña, Chile, Argentina y el propio Estados
Unidos (el caso Elián González es clásico a este respecto) son indicios de
hasta qué punto están teniendo éxito sus esfuerzos. Desde hace muchos años, los
comunistas se han dado cuenta de que el hemisferio occidental es un premio
estratégico sin par. África es otro, pero pierde importancia cuando se lo compara
con América del Sur en términos de recursos naturales y ubicación estratégica,
así como de potencial humano.
En
este momento de la historia, Estados Unidos se encuentra en los primeros
estadios de un desafío mayor a nuestro sistema político, concretado en la
penetración de nuestro hemisferio. No está usando necesariamente medios
militares tradicionales. Por el contrario, están comprometidos en esfuerzos no
convencionales, que son difíciles de enfrentar para nuestro país, sobre todo
cuando se entra en la zona de los derechos humanos, que ha sido el bastión de
los intentos de la izquierda para abortar todos los esfuerzos tendientes a
proteger la libertad del individuo en esta parte del mundo.
Este
problema se ha convertido en el tema central de la izquierda frente a nuestros
intentos por enfrentar los problemas de droga en Colombia, Perú, Bolivia,
etcétera. Los esfuerzos de los comunistas por pintar las «guerras sucias» de
Chile y Argentina como sólo otro intento de la «derecha perversa» por reprimir a
la población civil, es un caso evidente de déjà
vu. Sin embargo, cuando un gobierno debidamente electo de un país trata de
protegerse de una insurgencia que está claramente apoyada por las drogas y
tiene una ideología izquierdista apoyada por la Cuba comunista, ese gobierno se
encuentra expuesto al ataque del Departamento de Estado y la prensa liberal de
Estados Unidos. Evidentemente, la Casa Blanca de Clinton es el elemento clave
de esta situación indignante.
Pero
la amenaza no se da solo en el frente militar, como en Colombia. Es mucho más
complicado. La penetración económica es especialmente preocupante. Ante todo,
lo más evidente es la situación del Canal de Panamá, donde Estados Unidos ha
pagado para deshacerse del premio estratégico más importante del hemisferio,
sino del mundo. Al hacerlo, Estados Unidos ha puesto su futuro económico a
merced de una situación política muy inestable e incierta. Los hechos son
preocupantes. Los dos puertos, en el extremo Atlántico y Pacífico del Canal,
están en manos de la Compañía Hutchinson Whampoa, una empresa que tiene
vínculos muy estrechos con Beijing. Al mismo tiempo, las compañías de China
continental están entrando en profundidad en los diversos puertos de la Cuenca
del Caribe, que son fundamentales para la economía de Estados Unidos, como
Freeport en Bahamas. Concurrentemente, descubrimos que los narcoterroristas
están lavando sus cientos de miles de millones a través de nuestras
instituciones financieras, para no decir nada de las instituciones financieras
de otros países. Esto es, por cierto, una amenaza estratégica de enormes
proporciones, una amenaza sin precedentes, y estamos mal equipados para
combatirla, en especial cuando el enemigo parece tener presencia en los
elementos más altos de nuestro gobierno.
Los
bárbaros están en la puerta pero el problema es que no hay puerta.
Amenaza:
Las armas de destrucción masiva (ADM) se consideran un elemento de amenaza
fundamental a nuestra seguridad nacional. Pero más preocupante es el hecho de
que Estados Unidos, y por cierto todo el hemisferio, está amenazado y
literalmente en las garras de una ADM arraigada en nuestra cultura. ¡Las
drogas!* . Hay un intenso debate en torno de cómo enfrentar
esta amenaza. (Este no es el ámbito para debatir la solución a dicha insidiosa amenaza,
pero debe reconocerse que esta dimensión de la amenaza es un tema político
importante para la próxima administración).
Las relaciones civil-militares son otro tema
político capital. La realidad es que los militares de América Latina, incluida
la Cuba comunista, juegan un papel importante en la vida política y cultural de
muchos, sino de todos los países. El papel de los militares de Estados Unidos a
lo largo del siglo pasado ha consistido en ejercer una influencia modeladora en
la educación y formación de los militares de nuestros vecinos hemisféricos. A
pesar de los hechos, la extrema izquierda de Estados Unidos ha llevado adelante
una campaña para destruir este elemento de la seguridad hemisférica. Se trata
de las mismas personas que, trabajando conjuntamente con los medios de
comunicación y el Departamento de Estado, han logrado asegurarse de que Estados
Unidos no tenga presencia militar en Panamá, en abierta violación de los
tratados. Además, de que nuestros programas de vigilancia de la droga en la
región andina y caribeña estén significativamente reducidos y de que todos los
esfuerzos por combatir la subversión y el terrorismo están bloqueados.
El
surgimiento de un militarismo izquierdista en los países andinos finalmente
está obteniendo un poco de atención por parte de los medios, en la medida en
que el «bolivarismo» se convierte en un grito de ataque de los comunistas y
socialistas.
Cuando
se considera las amenazas a este hemisferio, no deben ignorarse los
pronunciamientos chinos de «Guerra asimétrica». Las democracias frágiles del
hemisferio son especialmente vulnerables a esta amenaza.
A
continuación se plantean los principales elementos geoestratégicos que siguen
siendo importantes para la seguridad nacional de Estados Unidos:
1.
Control de los estrechos Atlánticos.
2.
Uso del Canal de Panamá.
3.
Una ruta sureña segura alrededor del Cabo de Hornos.
Todos
estos están dentro del escenario estratégico naval.
4. Seguridad de que los países del
hemisferio no son hostiles a nuestras preocupaciones de seguridad nacional.
Además, que los recursos naturales del hemisferio estén disponibles para
responder a nuestras prioridades nacionales. Una «doctrina Monroe», si quieren.
China es el problema estratégico más enojoso
que enfrenta Estados Unidos. Combina todas las múltiples dimensiones que
cualquier observador estratégico serio debe considerar. Para quienes se
inician, señalamos que tiene una dimensión interna muy importante. China, tanto
comunista como taiwanesa, se ha insinuado en nuestra situación interna desde el
punto de vista económico, el político –en todos los niveles, desde la Casa
Blanca, al nivel local– y se está comprometiendo cada vez más desde el punto de
vista cultural.
Si
bien no es este el lugar para revisar nuestras interrelaciones históricas, debe
señalarse que el pueblo norteamericano y sus representantes electos se están
volviendo cada vez más conscientes de la presencia de China y su capacidad para
afectar nuestro futuro. Aunque la conciencia norteamericana ha superado la idea
del «peligro amarillo» de los siglos pasados, los acontecimientos de la Guerra
de Corea, Vietnam, Taiwán y los recientes debates económicos –WTO– han
convertido nuestras relaciones con China (continental y Taiwán) en un creciente
tema de preocupación.
El
tema no es sólo una preocupación del hemisferio occidental, sino que debe ser
considerado en términos de estrategia global. Rusia es sólo una de estas
preocupaciones. También deben considerarse India, Pakistán y, por cierto, todo
el subcontinente. No se trata sólo de problemas geopolíticos, sino de que los
aspectos religiosos y culturales del Islam el hinduismo y todas las otras
particularidades tribales emponzoñadas vuelven cada vez más difícil el cálculo
para los encargados de trazar políticas.
Volviendo
a este hemisferio, ante todo es preciso darse cuenta de que el problema debe
ser examinado en términos del Anillo del Pacífico y no sólo en relación con el
eje norte-sur. Los comunistas chinos están avanzando en un ancho frente a
través del Anillo del Pacífico. Están sondeando debilidades y vacíos y, cuando
los encuentran, sacan ventaja agresivamente de la situación. No es este el
lugar para un inventario completo de sus actividades y éxitos hasta la fecha,
pero la lista es impresionante. Tal vez lo más impresionante sea su penetración
en Panamá y las formas en que llenaron el vacío creado por Estados Unidos.
Ahora, en todo sentido, controlan el «punto de estrangulación» estratégico más
importante del hemisferio occidental, sino del mundo.
Tras
haber logrado esto, están avanzando hacia el Cari-be, estableciendo un sólido
vínculo con Fidel Castro y apoyando esfuerzos por desestabilizar a todo el
Bloque Andino, especialmente Colombia. El sentido de «guerra irrestricta» se
está volviendo cada vez más claro. Nada está fuera de sus límites si apoya sus
metas estratégicas. Tal vez el arma más efectiva sean las drogas, a las que
siguen el lavado de dinero y la guerra cibernética / informática. Todos estos
instrumentos están astutamente ocultos y manipulados para disfrazar la
verdadera agenda y país que hay detrás del esfuerzo. Estados Unidos, y por
cierto todas las democracias del hemisferio, se encuentran en una tremenda
desventaja al enfrentarse con esta amenaza. Será el desafío de la próxima
administración dirigir la lucha contra ella.
Ya
en 1996, documentos federales recientemente dados a publicidad muestran que los
comunistas chinos, en la tradición de Sun-Tzu y su Arte de la guerra, tienen una estrategia de largo alcance para
obtener el control del Canal de Panamá. Es un paso importante de la agresiva
penetración en América Latina por parte de China, como lo ejemplifica el apoyo
de la República Popular China a los insurgentes de Colombia y sus lazos cada
vez más estrechos con el castrista Chávez de Venezuela. Se está volviendo claro
día tras día que se propone extender su influencia por todo el hemisferio,
incluidos Canadá y México.
La
próxima administración necesariamente se verá forzada a enfrentar el «problema
chino». Es de la máxima importancia que el hemisferio occidental no sea
ignorado ni visto como un peón de negociación.
El pueblo norteamericano es el mayor recurso
natural de Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno ha fracasado en combatir
esta creciente amenaza.
Dado
que el narcoterrorismo no ha sido reconocido como uno de los principales
factores de muerte de los ciudadanos norteamericanos en las últimas décadas, en
forma de cocaína y heroína, y dado que las organizaciones narcoterroristas no
han sido identificadas como la fuerza que impulsa la verdadera guerra química
desatada contra los ciudadanos norteamericanos y como la influencia más
corruptora de nuestra fibra moral, la llamada “guerra contra las drogas” – ese
recurso de boca para afuera de la administración Clinton en forma de unas pocos
miles de millones aquí y allá – sólo logrará, como ha ocurrido hasta ahora,
alimentar la corrupción en aquellos países donde supuestamente estamos ayudando
a combatir ese flagelo. Entre tanto, como aspecto ineluctable de cualquier
sociedad, la corrupción por medio de drogas y, en última instancia, el dinero
de las drogas, puede sacar ventaja hasta del sistema capitalista y democrático
más avanzado. Esta es una amenaza que Estados Unidos no puede permitirse
ignorar.
La
Unión Soviética ha dejado de existir y el terrorismo auspiciado por el estado
está en declinación. El terrorismo, el tráfico de drogas y el crimen organizado
son reconocidos como amenazas globales para la sociedad civil. Sin embargo, la
comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos, sigue descuidando una
amenaza todavía más insidiosa planteada por la alianza entre organizaciones
terroristas, traficantes de drogas y crimen organizado, mejor conocida como
narcoterrorismo.
Es
difícil comprender por qué, pero los norteamericanos encargados de trazar
políticas parecen incapaces de comprender que, por un lado, los enemigos
ideológicos de la democracia y la estabilidad y, por el otro, el delito en
forma de drogas, tráfico de armas y lavado de dinero, mezclado con el simple
oportunismo personal, pueden ir de la mano, a pesar de que, a veces, halla
pequeños conflictos internos.
Como
el narcoterrorismo contemporáneo ha sido ignorado, resulta chocante que, en la
actualidad, las drogas y el terrorismo se hayan vuelto interdependientes en un
grado inimaginable, incluso una década atrás. Desgraciadamente, muy poco se ha
hacho para destruir estas alianzas non
sanctas o para anular el problema de la droga.
El
narcoterrorismo es una simbiosis mortal que desgarra los elementos vitales de
la civilización occidental, no sólo de Estados Unidos. Más aun, desde sus
comienzos relativamente modestos hace unas décadas, el narcoterrorismo se ha
vuelto cada vez más global en su naturaleza, convirtiéndose en una herramienta
y un arma predilecta esgrimida contra Occidente por sus enemigos jurados. Para
las sociedades cómodas, tolerantes y absortas en sí mismas, es una revelación
difícil de aceptar el hecho de que tienen enemigos. Que estos adversarios
usarán tanto el terrorismo como el veneno de los narcóticos en su guerra contra
tales sociedades suena a pesadilla y paranoia. ¿Cómo es posible? Sin duda,
puñados aislados de criminales pueden hacerlo. Sin embargo, quienes han
estudiado el fenómeno del narcoterrorismo dicen mucho más. Afirman que no se
trata simplemente de unos pocos individuos privados en guerra con Occidente,
Estados Unidos o su gobierno legítimo; que hay mucho más que ganancias ilícitas
en juego.
Los
estudiosos del narcoterrorismo señalan que por lo menos durante varias décadas
los gobiernos han estado en el comercio de las drogas. Esto implica decir que,
en todo sentido, el narcoterrorismo se ha convertido en un fenómeno auspiciado
por el estado, fenómeno que no prospera ni aumenta sin la protección del
estado, una afirmación casi totalmente ignorada hasta la década de 1970. Por
cierto, la noción de que algunos estados auspiciaban concretamente el
terrorismo –dejando de lado por el momento los narcóticos– era una afirmación
escandalosa hace sólo unas décadas. Ahora, el Departamento de Estado ha
“desintensificado” la retórica, incluso cuando se refiere a tales estados; ya
no se los identifica como “estados bribones”, sólo son motivo de preocupación.
El
narcoterrorismo ha sido ignorado hasta ahora a causa de lo que se consideran
otras prioridades políticas. Si esto prosigue, tendrá como resultado una mayor
intensificación. El anterior fracaso en reconocer el narcoterrorismo ha ayudado
a crear una infraestructura que funciona con tanto éxito e independencia, que
los países de mediano tamaño de nuestros días, como Colombia, virtualmente han
abandonado la soberanía nacional de grandes zonas del país en manos de estos
regímenes narcoterroristas.
El
legado de Clinton en el campo de las drogas estará marcado por un profundo
cambio en la actitud del público hacia el uso ilegal de drogas y la
drogadicción. Esta transformación fue posible gracias a un movimiento bien
organizado y financiado a favor de la legalización, el cual disfrutó de la
aprobación tácita del Presidente que “no inhaló”.
Como
la mayoría de los expertos en hacer cumplir la ley y en el trazado de políticas
está de acuerdo en que la “guerra contra las drogas” lanzada por Nixon en 1970
se ha perdido, el público se ha vuelto a la vez indiferente y escéptico
respecto de la disposición de las autoridades a enfrentar seriamente el
problema. Una red mundial creada por ricas organizaciones internacionales con
el único propósito de legalizar las drogas –que coincidentemente legalizará
miles de millones de narcodólares– se aprovechó de estas dudas y gastó millones
en propaganda para reducir el estigma moral asociado con la drogadicción.
Apuntó al arraigado sentido de responsabilidad personal y propagó, en cambio,
una mentalidad de víctima, redefiniendo a los drogadictos como víctimas de una
enfermedad tratable. Este cambio no se produjo de la noche a la mañana, llevó
dos administraciones Clinton. Pero, a menos que se forme un liderazgo
fuertemente comprometido y se hagan serios esfuerzos, puede resultar imposible
revertir las influencias económicas, sociales, culturales y morales del
movimiento a favor de la legalización de las drogas en Estados Unidos y las
consecuencias que ha tenido hasta el momento la legalización de la “marihuana
médica”.
George
Soros está entre las figuras públicas más prominentes que prestan su voz –y su
respetabilidad– a la cacofonía de la legalización.
El
apoyo financiero tanto como político y social del movimiento a favor de la
legalización viene de una amplia diversidad de gente y organizaciones: George
Soros, Robert McNamara y Walter Cronkite estén entre las figuras públicas más
prominentes que prestan sus voces –y su respetabilidad– a la cacofonía de la legalización. La
Organización Nacional para la Reforma de las Leyes de la Marihuana (NORML), la
Organización Homosexual ACT-UP, la Fundación de Políticas Relativas a Drogas,
el Instituto Lindesmith, la RAND Corporation y el Instituto CATO, la Unión
Americana para la Libertad Civil (ACLU), la Asociación Americana de Abogados
(ABA), la Fundación McArthur, el Fondo Siglo Veinte, la Carneghie Corporation,
la Fundación Soros, la Fundación Robert Wood Johnson, la Fundación Ford, MCI y
ETNIA. Entre los políticos se cuentan: el representante Frank Barney (demócrata
de Massachussets), el político demócrata Charles Cobb, la ex Cirujana General
Joselyn y notables de Hollywood como David Geffen y Richard Dreyfuss y los
autores Michael Crichton, Christopher Lehmann-Haupt, John Le Carr, Jorge G.
Castañeda y Gabriel García Márquez, para nombrar a unos pocos.
El
movimiento a favor de la legalización avanza en todos los frentes. Adaptándose
a diferentes grupos de votantes, transforma el tema según la audiencia. A los
economistas les dice que la prohibición simplemente no es eficiente desde el
punto de vista del costo. A los encargados de hacer cumplir la ley, les señala que
no hay nada peor para la ley que la falta de respeto por la ley, que es lo que
genera la guerra contra las drogas, de la misma manera en que la Prohibición lo
hizo en los años 20. A los padres les dice que es mejor saber lo que sus hijos
están haciendo que forzarlos a los callejones secretos; mejor dejarles comprar
sus “drogas recreativas” en la cafetería de la esquina que en barrios dudosos.
Ante las personas preocupadas por la salud alega que la cocaína es una “fuente
única de vitaminas y minerales” (especialmente para los pobres) y que la
marihuana es un mágico calmante del dolor y que su uso constituye un “derecho
civil”. Por cierto, las posibilidades son infinitas para aquellos que quieren
entrar en el negocio de decirles a los norteamericanos cómo “reparar” su
sociedad “hipócritamente represiva”. “Es importante considerar a las drogas un
tema de derechos humanos”, afirmó el Director del Centro Lindesmith de Soros,
“este (las drogas) es un tema falso. La gente quiere cambiar su estado mental
porque no tiene empleo, se encuentra en estado de privación ... y es mentira
que la violencia sea causada por los drogadictos ... el daño surge de las leyes
contra la droga, no de las drogas”. Estas son las voces actuales que tratan de
establecer un nuevo clima intelectual. Agregan que la desconfianza
norteamericana a las drogas es una expresión de sus obsesiones; la gente que se
opone a las drogas, según esta escuela de pensamiento, también se opone a
aceptar el sexo, el rock and roll, la diversión, la libertad y el amor.
El
movimiento a favor de la legalización está lejos de ganar la “guerra contra la
guerra”. Pero si los defensores de la legalización triunfan, no sería la
primera vez que la persistente contracultura, conducida por individuos de
elevada educación, formados en instituciones de elite, con gran financiamiento
y apoyados por muchos miembros de los medios de comunicación, es capaz de
revertir creencias profundamente arraigadas y la voluntad de la mayoría del
pueblo norteamericano.
Pero
los defensores de la legalización de las drogas no se detienen en la “marihuana
médica”. La Fundación de Políticas Relativas a las Drogas (DPF) con sede en
Washington y la Fundación Tides de San Francisco, que se benefician de la
largueza del multimillonario George Soros, apoyan políticas alternativas sobre
drogas, en especial la “reducción del daño” y los programas de intercambio de
agujas, a través de los cuales financian la distribución de equipos seguros
para consumidores de crack: el equipo para el consumidor “Piper (Crack)
Smokers” que incluye parafernalia e instrucciones para “uso seguro” y “cosas
que no deben hacerse”, y el panfleto “Shoot Smart, Shoot Safe” (inyéctese bien,
inyéctese con seguridad) que tiene “indicaciones para inyectarse crack con
seguridad”. Este folleto parece marcar un nuevo desarrollo en la campaña a
favor de legalizar o medicalizar las drogas ilegales. Además de instrucciones
sobre “cómo hacerlo”, el folleto contiene fotos mostrando la forma correcta de
inyectarse. Una persona que nunca usó crack antes, encontrará instrucciones muy
útiles. Los equipos y las agujas gratis se distribuyen a través de programas de
intercambio de agujas de los Departamentos de Salud de Filadelfia y Bridgeport.
Los
incesantes esfuerzos y los muchos millones de dólares de Soros han significado
un gran cambio: respaldar la “medicalización”, “despenalización” o
“legalización” de las drogas se ha convertido en la actitud políticamente
correcta. Hasta las políticas de drogas norteamericanas están ahora más
centradas en el “tratamiento” que en la “guerra”. Una señal de tormenta:
nuestros repetidos esfuerzos por obtener una directa condena de la distribución
de equipos de uso seguro de crack para el consumidor por parte de Barry R.
McCaffrey, el Zar nacional de la droga, fueron ignorados.
Soros
ahora dice que no apoya la legalización de las drogas. Lo que hace, según él,
es ayudar a “combatir los males de las leyes contra las drogas”. Y dado que la
prohibición de las drogas no funciona será más realista, afirma, ofrecérselas a
quienes las necesitan. Enseñar a los adictos la adecuada administración de
drogas ilegales, incluido el crack, reduciría su daño, afirman Soros y sus
activistas a favor de las drogas.
Esta
creciente ofensiva contra la guerra antidrogas se produce en un momento en que
el público norteamericano duda cada vez más; el actual gobierno norteamericano
se está retirando de la guerra contra las drogas y el resto del mundo está
siguiendo el ejemplo de Estados Unidos.
El
rostro del terrorismo –una amenaza reconocida– ha cambiado desde el fin de la
Guerra Fría y también los métodos que Estados Unidos y otros países han
desarrollado para contenerlo y combatirlo. Algunos con más éxito que otros y
algunos que esperamos no averiguar.
Pero
dado que el narcoterrorismo no ha sido reconocido como uno de los principales
factores de muerte de los ciudadanos
norteamericanos en las dos últimas décadas –en la forma de cocaína y heroína– ,
sigue siendo alusiva. Las organizaciones narcoterroristas no han sido
identificadas como la fuerza que impulsa la verdadera guerra química desatada
contra los ciudadanos de Estados Unidos. Su contribución directa a la
influencia más corruptora de nuestra fibra moral, el uso de drogas, ha sido
ignorada por décadas y la llamada “guerra contra las drogas”, esa política de
boca para afuera de la Administración en forma de unos pocos miles de millones
aquí y allá, sólo alimentará, como lo hizo en el pasado –con otra ayuda
norteamericana y extranjera y ayuda de otras organizaciones internacionales,
con pocas o ninguna condición adjunta y todavía menos control de la puesta en
práctica y la responsabilidad del programa– la corrupción en los países a los
que supuestamente estamos ayudando a combatir este flagelo.
John
Featherly, un ex funcionario de alto nivel de la DEA, sugiere que Estados
Unidos sabe quiénes son los narcoterroristas. “Conocemos sus raíces, dónde
viven, dónde cultivan y producen las drogas, así como la forma en que corrompen
y a quiénes corrompen. Sin embargo, hacemos poco por detenerlos. Si Estados
Unidos se tomara con seriedad la ‘guerra contra las drogas’, daría los medios y
fondos necesarios para librar realmente una guerra contra las drogas en su
fuente, usando métodos especiales que el gobierno tiene a su disposición.
Pueden no ser los métodos más populares, pero cumplirán la tarea y reducirán a
la mitad la cantidad de adictos que mueren, las infecciones de SIDA, el delito
y la degeneración moral de millones de norteamericanos. Los beneficios en
cuanto al costo de liberarnos de este flagelo van mucho más lejos que el
alboroto político por parte de quienes tienen parte en el negocio. Sin embargo,
queda claro que en todos los frentes falta la voluntad política de combatir con
seriedad este flagelo”.
Décadas
después de que la guerrilla izquierdista colombiana adoptara el narcoterrorismo
como su medio principal para lograr sus objetivos políticos, sigue
beneficiándose de un extraño caso de “ceguera voluntaria” entre los
norteamericanos encargados de trazar políticas. A pesar de una aceptación general
del Zar de las drogas, Barry McCaffrey, mientras testificaba en el Congreso y
en muchas otras ocasiones que el problema de Colombia había alcanzado
proporciones de “emergencia”, la administración Clinton y el Congreso parecen
incapaces de manejar a la situación. Tanto las soluciones ofrecidas por el
Congreso como por la Secretaria de Estado Madeleine Albright para la guerra
desatada en Colombia serían adecuadas para un conflicto político, pero la lucha
en Colombia no es de corte político, sino por dinero y por el poder que éste
da. Y está librada por una despiadada organización delictiva internacional.
Por cierto, los poderosos tentáculos de los
narcoterroristas colombianos están amenazando con convertir a la más antigua
democracia sudamericana en su primera narcocracia,
planteando así una amenaza de seguridad para todo el continente. Como todos lo
sabemos, se ha cobrado decenas de miles de vidas de colombianos inocentes, al
par que corrompía las instituciones políticas del país y arruinaba su economía.
Sin embargo, en lugar de plantear una guerra incondicional para liberar a
Colombia de esta amenaza, se ha optado por conversaciones de paz para resolver
un conflicto criminal y para tranquilizar a peligrosos criminales que se
encubren bajo una agenda política, la cual, si se la observara de cerca,
revelaría un plan de pesadilla tendiente a que criminales despiadados, en
camino hacia el Palacio Presidencial, impusieran un gobierno totalitario. Como
es lógico, los previos intentos norteamericanos de ayudar con las negociaciones
han fracasado, Y hay escasas expectativas de que la futura ayuda norteamericana
o la intervención diplomática cambien la situación.
En
una declaración poco tomada en cuenta pero verdaderamente reveladora de mayo de
2000, las FARC anunciaron que iban a poner en vigencia su Ley General Nro. 2,
que impone impuestos a los ricos. Sin embargo, las FARC se negaron a revelar su
Ley Nro. 1, que prometieron dar a conocer sólo cuando estén en el poder.
Claramente, llegar al poder no está fuera de su alcance, considerando que
controlan alrededor del 50% del país y que tienen una fuerte presencia en las
afueras de Bogotá. Y por lo que sabemos de las FARC hasta ahora, es razonable
suponer que cuando lleguen al poder, si lo logran, su sistema de gobierno será
totalitario, algo que se cuidan de publicitar de antemano por temor a perder
apoyo popular. Tal vez, como condición para su próxima negociación con ellos,
Pastrana debería exigir que hicieran pública su Ley N° 1.
Las
drogas ilegales proveen a los narcoterroristas ingresos anuales que están entre
los 750 y 1000 millones de dólares sólo en Colombia. No es llamativo que
nieguen su compromiso en el comercio de drogas. Pero es sorprendente que el
presidente colombiano Andrés Pastrana apoye su declaración, afirmando que “no
hay pruebas de que las FARC sean narcotraficantes”, en una entrevista del año pasado al diario argentino Clarín. Por el contrario, afirma
Pastrana: “ Las FARC siempre dijeron que están interesadas en erradicar las
plantaciones ilegales”. Y el Zar norteamericano de las drogas, Barry McCaffrey,
aunque señaló el vínculo entre los traficantes de drogas y los guerrilleros,
afirma que sólo “dos tercios (de los terroristas) se benefician financieramente
de esta asociación”.
¿
Por qué estas indignantes declaraciones que desafían las pruebas y el sentido
común? ¿ En interés de quién se defiende esta ficción? ¿ Por qué mantener vivo
el mito de que hay diferencia entre los terroristas y los traficantes de drogas
en Colombia? ¿ Por qué darles respetabilidad y legitimidad, manteniendo la
ficción de que estos codiciosos delincuentes tienen una “agenda social y
política”? ¿Alguien piensa realmente que cerrando los ojos a su compromiso con
las drogas los “socializaremos” y los atraeremos al escenario político
democrático?
Muchos
reconocen que la política exterior norteamericana en América Latina a menudo ha
fracasado. La era posterior a la Guerra Fría exige que Washington, sobre todo,
mantenga la apariencia de no interferir en los asuntos internos de los otros
países, incluido el terrorismo interno. Por lo menos, esa sería la política
hasta que alguna crisis catastrófica impredecible forzara a Washington a
enfrentarse con la destrucción de la sociedad civil por parte de organizaciones
criminales en un país tan importante como Colombia.
Eso
puede plantearse más temprano que tarde. Según informa la Oficina General de
Cuentas (GAO), las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el
Ejército de Liberación Nacional (ELN), es decir, las dos organizaciones
narcoterroristas guerrilleras colombianas, son responsables de la creciente
producción de heroína y cocaína del país. Según proyecciones de la GAO, la
heroína de Colombia, que ya es la fuente principal para el este de Estados
Unidos, aumentará en un 50 % en los próximos dos años. Y las 165 toneladas de
cocaína, que terminaron en las calles de Estados Unidos en 1998, aumentarán,
por lo menos, a 250 toneladas en el año 2001.
La
amalgama de tráfico de drogas y terrorismo empezó a principios de los años
ochenta como un matrimonio de conveniencia política. El incentivo económico
para la guerrilla izquierdista era claro: el dinero proveniente de la droga le
ofrecía los recursos para llevar adelante su revolución. A cambio, los
traficantes de drogas recibían protección de los guerrilleros y asesinos
formados para cumplir actos de intimidación. Aunque los motivos de los dos
parias eran diferentes, su meta común era desestabilizar y socavar al gobierno.
Pero hacía tiempo que los llamados “rebeldes marxistas” habían reemplazado su
agenda “social” por el lucrativo negocio de las drogas. La negación de los
cambios que tuvieron lugar ha ayudado a los narcoterroristas a tomar el control
de más del 50 % del territorio colombiano. Pero se nos dice que esta pérdida
fue un “gesto de buena voluntad por parte de Pastrana” hacia los rebeldes. Y
según la secretaria Albright, el amplio crecimiento en la oferta de drogas no
es causado por los narcoterroristas sino por “nuestra (norteamericana) demanda
de drogas”. Tales negaciones ayudan a los narcoterroristas en su salvaje
destrucción del país. También ayudan a otros elementos de nuestra sociedad a
pedir la “legalización de la droga”. Es difícil pensar en una forma mejor de
terminar con la democracia en América que drogándola.
Y
no hay alivio a la vista. Las sucesivas negociaciones entre el gobierno
colombiano y las FARC nunca fueron significativas, porque los rebeldes no
tienen ninguna agenda real, salvo proseguir con su aprovechamiento de las
drogas para expandir su poder político.
La
realidad geopolítica es que el tráfico de drogas reconoce cada vez menos
fronteras nacionales. La guerrilla colombiana amenaza regularmente con ejercer
represalias en los países vecinos dispuestos a ayudar a Estados Unidos a
combatir el tráfico de drogas. Para librar ineficazmente esta guerra en todo el
mundo, Estados Unidos ha gastado muchos millones, con una estrategia en
constante cambio y, en consecuencia, con muy pocos triunfos que exhibir.
Conocemos el profundo compromiso de los carteles colombianos en México y la
utilización que hacen de sus traficantes en México o para mover grandes
cantidades de su “producto” dentro de Estados Unidos. Esta es la prueba de que
la enfermedad del narcoterrorismo es internacional, está creciendo, sus
tentáculos se están expandiendo en todo
el Tercer Mundo e infiltrándose en la vida cotidiana de los países
industriales, sobre todo Estados Unidos.
Detener
los asesinatos masivos, los abusos de los derechos humanos y otras atrocidades
fueron motivo suficiente para ir a la guerra en Kosovo. Pero, en apariencia,
condiciones similares y hasta peores no justifican poner fin a una prolongada
guerra perversa que se ha cobrado decenas de miles de vidas en la última
década, ya ha corrompido y subvertido las instituciones democráticas en toda la
región y ha destruido y está destruyendo el sistema de libre mercado, está
desestabilizando y corrompiendo los sistemas financieros en todas las Américas
y planteando una creciente amenaza a la estabilidad de la región. Si bien es un
aspecto ineluctable de toda la sociedad, la corrupción por medio de drogas y,
en última instancia, el dinero surgido de las drogas puede sacar ventaja hasta
del más avanzado y democrático sistema capitalista. Esta es una amenaza que
Estados Unidos no puede permitirse ignorar.
Nuestra
meta debe ser un enérgico esfuerzo para impedir que el narcoterrorismo
desestabilice la región y se produzca “colombianización” de los países vecinos.
El
poder demográfico es crítico en las Américas. La población de 171,8 millones de
habitantes del Brasil sobrepasa la de la América del Sur española (Argentina,
36,7; Bolivia, 7,9; Chile, 14,9; Colombia, 39,3; Ecuador, 12,5; Paraguay, 5,4;
Perú, 26,6; Uruguay, 3,3; Venezuela, 23,2), que totaliza 164,8 millones.
Estas
cifras de población no alcanzan a indicar la inmigración interamericana: la de
los bolivianos, brasileños y paraguayos a la Argentina, los brasileños a
Uruguay y Paraguay y los dominicanos y colombianos a Venezuela. Similares
condiciones existen en América del Norte, donde la población de Estados Unidos,
de 272,6 millones de habitantes, sigue sobrepasando la de América Central
(Cuba, 11,1; Costa Rica, 3,7; República Dominicana, 8,1; El Salvador, 5,8;
Guatemala, 12,3; Haití, 6,1; Honduras, 6,0; México, 100,3; Nicaragua, 4,7;
Panamá, 2,6) que llega a 159,9 millones.
La
población actual de las Américas ha sufrido un drástico cambio en los dos
últimos siglos. En 1800, la población de 5,3 millones de habitantes en Estados
Unidos era sobrepasada a razón de más de cinco a uno por los estimados 26,4
millones de América Latina (Brasil, 3 millones y América Hispana, 23,4
millones), pero en 1850 Estados Unidos se estaba emparejando al alcanzar unos
23 millones. La igualdad y leve superioridad demográfica de Estados Unidos alrededor
de 1910, con 92 millones frente a 63 millones de habitantes, finalizó en 1950,
cuando América Latina superó el censo de los Estados Unidos de 150,6 millones
de habitantes. En cuanto al año 2000, América Latina disfruta de una ventaja
récord de unos 497 millones, frente a 273.
Una
situación similar existe en Europa, donde las tasas de natalidad declinantes y
una población envejecida se combinan con programas de trabajadores invitados
que han atraído a millones de musulmanes. Alemania ha recibido un constante
flujo interno de extranjeros y ahora se dice que Berlín es la segunda ciudad
turca más populosa.
Extranjeros en la República
Federal
Año Extranjeros Porcentaje de
(en millones) población total
1957 0,1 0,2
1964 1,0 1,7
1975
3,0 4,8
1980 4,5 7,4
1990* 5,0 6,3
1992** 5,8 7,2
1999*** 6,1 7,5
* Después
de la reunificación.
** Se llegó al final del año con datos provisorios.
*** A mediados de año, antes de la huida de Kosovo.
Las tasas de natalidad declinantes de los europeos nativos, con
la excepción de Irlanda, se dan en todo el continente. España necesitará unos
seis millones de inmigrantes e Italia ocho millones en las próximas dos décadas
para sostener la economía y proveer fondos para los programas de ayuda social.
Rusia, donde actualmente las muertes exceden los nacimientos en un número
aproximado de 2500 personas por día, está en un peligro todavía más grande. La
declinación de los nacimientos eslavos frente a la maternidad musulmana ha llevado
a una marcada reducción en las zonas distantes.
Porcentaje de pobladores rusos en
algunas repúblicas selectas
1959 1979 1989 1999
Uzbekistán 13,5 10,8 8,1
5,5
Kazaj 42,7 40,8 37,5 34,7
Azerbaiján 13,6
7,9 6,5 2,5
Kirguizia 30,2 25,9 20,9 18,1
Tadjikistán 13.3 10,4 5,9
3,5
Turkmenia 17,3 12,6 8,6
6,7
En
consecuencia, si la actual proyección de la población persiste, el arco
islámico que va desde Marruecos hasta Irán –donde las cifras han subido de 71
millones en 1950 a unos estimados 500 millones en 2030– será el que aumente y
ofrezca la fuerza laboral a Europa y a Rusia. Una situación similar existe en
las Américas, donde la inmigración –legal e indocumentada– avanza hacia el
norte desde América Latina a Estados Unidos.
En el mes de marzo de 2000, más de 30.000 extranjeros indocumentados
fueron detenidos en el pueblo de Douglas, ubicado en la frontera de
Arizona-México y con una población de 8.500 habitantes. La mayor parte de esta gente,
los indocumentados* , muchos de los cuales llevaban mochilas
o paquetes de marihuana en la espalda, fue detenida por granjeros locales, no
por la Patrulla Fronteriza. Funcionarios mexicanos indignados, incluida la
Ministra de Relaciones Exteriores, Rosario Green, denunciaron públicamente a
los granjeros e, ignorando la soberanía nacional y los derechos de propiedad
privada, iniciaron acciones legales contra ellos por violar los derechos y la
dignidad de México al detener a los transgresores. A las protestas oficiales
les siguieron, a principios de junio de 2000, manifestaciones de apoyo en
Douglas realizadas por coaliciones de chicanos y por el Comité de Servicio de
Amigos Norteamericanos. El 5 de junio, el activista mexicano Ibarra Pérez, del
Comité de Defensa del Ciudadano de Reinosa, México, ofreció $10.000 a
cualquiera que matara a un agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.
Concurrentemente, los medios de comunicación de Estados Unidos empezaron a
pedir una frontera abierta. Estados Unidos bien pudo enfrentarse con lo que el
embajador William Middendorf llamó, en la década del 80, una “Operación Jaque
Mate”, cuando nos enfrentamos con la consigna sandinista “Revolución sin
Fronteras” y la posibilidad de que un 30 % de los 100 millones de habitantes de
América Central y México pudieran escaparse de la tiranía comunista huyendo
hacia Estados Unidos, lo cual nos hubiera llevado a permitir la entrada y la
consecuente desestabilización o sellar la frontera y dejar que hombres, mujeres
y niños murieran en el desierto. Cabe formular la pregunta: “¿Por qué esta
gente deja ahora su familia y sus amigos?”
·
En
1984, un 16 % del pueblo mexicano vivía en la extrema pobreza; en el 2000, un
28 %.
·
El
30 % gana 2 dólares por día, lo mismo que en 1940.
·
La
inflación en 1999 era del 12,32 %.
·
Los
bancos privados han perdido 100.000 millones de dólares, que deberán ser
cubiertos por el pueblo mexicano y, probablemente en última instancia, por los
contribuyentes norteamericanos.
·
El
25 % de la riqueza nacional está concentrada en la Capital.
·
Cuarenta
y nueve de cada cien ciudadanos del Distrito Federal están en la marginalidad,
lo que ha llevado a ciertos capitostes de la prensa a decir que la capital
pronto se convertirá en una Calcuta.
·
Alrededor
del 30 % de los mexicanos recibe el 64,12 % de los ingresos del país.
·
Alrededor
del 30 % de los mexicanos recibe el 8,72 % de los ingresos del país.
·
Los
depósitos mexicanos privados en bancos norteamericanos llegaban a
$12.200.000.000 en diciembre de 1994.
·
Las
reservas internacionales mexicanas llegaban a $ 4000.000.000 en diciembre de
1994.
·
Los
depósitos mexicanos privados en bancos norteamericanos totalizaban $
30.700.000.000 en diciembre de 1999.
·
Las
reservas internacionales mexicanas totalizaban $ 30.400.000.000 en diciembre de
1999.
En cuanto a la capacidad del Acuerdo del Libre Comercio de
América del Norte (NAFTA) de 1994 de crear riquezas para la masa de los
mexicanos, contrariamente a los esperado ha ampliado la brecha entre los que
tienen y los que no tienen en México, país que ha sido incapaz de alimentarse a
sí mismo desde la década de 1950. El NAFTA ha arrancado a los campesinos y los
indios de sus parcelas y tierras comunales a raíz de la baja de impuestos a la
importación de productos alimenticios provenientes de la industria agrícola
norteamericana y canadiense. Para alejarse de sus posesiones ancestrales, esta
gente enfila hacia el norte. Pero las industrias fronterizas –maquiladoras–
tienen exceso de personal y prefieren emplear mujeres, de manera que los
refugiados económicos siguen avanzando hacia los estados fronterizos de
California (37 % de hispanos), Arizona (22 % en 1999; mayoría en 2006-2008),
Texas (30 %) y, más hacia el norte, al Medio Oeste, en especial Iowa y
Minnesota.
En consecuencia, la población hispana es uno de los segmentos
de crecimiento más rápido de la población de Estados Unidos. Entre 1980 y 1999
la cantidad de hispanos llegó a más del doble, pasando de 14,6 a 31,2 millones,
de los cuales un 30 % no son ciudadanos, según la Oficina de Censos. El rápido
crecimiento de la población hispana se daba a la inmigración y a una tasa de
fertilidad más alta que la de la población no hispana. Por ejemplo, la tasa de
fertilidad de cada 100.000 mujeres entre 15 y 44 años era de 65,0 en 1998; para
las mujeres hispanas era de 102,8. Las madres mexicano-norteamericanas tenían
la tasa más alta de fertilidad de todas: 116,6 nacimiento cada 100.000 mujeres
entre 15 y 44 años, aproximadamente el doble de la tasa correspondiente a las
mujeres cubano-norteamericanas.
Dentro de los próximos diez años la Oficina de Censos prevé que
la población hispana se convertirá en la mayor minoría de Estados Unidos,
sobrepasando a los negros quienes en 1990 superaban a los hispanos en unos ocho
millones. Pero en el 2010 las proyecciones indican que los hispanos totalizarán
39 millones, según la Oficina de Censos, frente a 38 millones de negros.
¡El poder demográfico cuenta! Estados Unidos es una nación de
inmigrantes y, aunque algunos grupos hispanos radicales hablan de Reconquista y
Aztlan, la mayoría aspira a ser americanizado. Sin embargo, el sistema
educativo norteamericano le ha fallado a esa gente, dado que sólo hay cuatro
soluciones a los problemas de las minorías –la segregación, la integración, el
transporte y la liquidación– y la meta es la asimilación, las escuelas deben,
como preconizaba John Dewey, enseñar inglés, democracia e historia
norteamericana. Más aun, con el fin de hacer más lento el éxodo de estos
mexicanos talentosos y trabajadores hacia el norte, el NAFTA debería alentar,
tal como se planeó originalmente, una distribución geográfica de las plantas
industriales y de montaje en toda la República y no sólo en la frontera del
norte, no exclusivamente con el fin de distribuir la riqueza de manera más
equitativa, sino de mantener y reforzar la familia y cultura tradicional de los
pueblos hispánicos. En consecuencia, el poder demográfico cuenta en América del
Sur, en Eurasia y en América Central, donde Estados Unidos representa las
puertas del cielo para millones de inmigrantes hispanos. ¿Debería continuar
este ingreso masivo, que trae olas de narcóticos ilegales? La Oficina de Censos
estima que la población de Estados Unidos llegará a 404 millones en 2050 y a
571 millones en el 2100, mientras que, sin la masa inmigratoria, el total para
el 2100 sería de 377 millones. Las preguntas son: ¿permitiremos que continúe
esta inundación? ¿Será asimilado e integrado este flujo en la cultura y la
sociedad norteamericanas? ¿O servirá como involuntario instrumento de
desintegración y de caos económico y social?.
Se oyen diferentes voces. El vicegobernador Cruz Bustamante de
California pide otra amnistía al estilo Clinton –idéntica a la legalización por
parte del Presidente de 800.000 nuevos ciudadanos, justo a tiempo para votar en
1996–, al igual que el gobernador Gary E. Johnson, de Nuevo México. Otros, como
Harry Cisneros y Jack Kemp, instan a un aflojamiento de las reglas de
inmigración y naturalización norteamericanas y hasta piden fronteras abiertas,
tal como lo ha propuesto el presidente mexicano recién elegido, Vicente Fox,
mientras que el gobernador de Texas, George W. Bush en un esfuerzo por proteger
el recurso natural más grande de Estados Unidos –su pueblo–, ha propuesto
entregar 50 millones de dólares a los estados de la frontera sur para
contrarrestar el contrabando de drogas que va de la mano con la inmigración
ilegal.
DEUDA
Las naciones de las Américas han estado en deuda desde la
independencia.
América Latina cambió la tutela política española y portuguesa
por el dominio comercial y financiero de Gran Bretaña, que también controlaba
las rutas comerciales marítimas. Estados Unidos también dependía de la
inversión europea, pero se las arregló para liberarse de la Armada Real,
completando el ferrocarril transcontinental en 1869 y reemplazando militarmente
a Gran Bretaña en la Cuenca del Caribe en 1898. Más aun, a medida que
Inglaterra se desindustrializaba, surgían centros financieros en Frankfurt y
Nueva York, aparecían empresarios, inversores, avales y banqueros alemanes y
norteamericanos. En 1898, J. P. Morgan, Kuhn Loeb, Brown Brothers, J & W
Seligman y Lee Higginson, junto con United Fruit estaban actuando en el Caribe,
América Central y México. Entonces el National City Bank abrió sucursales en
todo el hemisferio y en 1910 Estados Unidos surgió como exportador de capital.
La prosperidad reinó –exceptuando a México, que quedó en bancarrota por la
Revolución de 1910-28, y Argentina, que se vio hondamente sacudida por la
recesión de 1923– hasta la Gran Depresión. En 1933, todos los países
latinoamericanos excepto Haití, ocupado por infantes de marina norteamericanos,
habían entrado en cesación de pagos. Enfrentados a una tasa de cesación de
pagos del 71,8 %, los inversores norteamericanos se fueron. Las sucursales
bancarias cerraron y las exportaciones norteamericanas cayeron en un 69 % entre
1929 y 1932.
La Ley de Bancos de 1933 prohibió la especulación de ultramar. Sin embargo, el Nuevo Acuerdo fundó el Export-Import Bank y la semioficial Asociación de Protección de Tenedores de Bonos Extranjeros. Se reinició la atención del servicio de la deuda y los pagos de intereses –en muchos casos con reducción de las tasas de interés y del capital adeudado– pero hizo falta la Segunda Guerra Mundial para salvar la situación. La inversión directa había caído entre 1929 y 1940 de $ 3,5 a $ 2,7 miles de millones, pero la inversi&o