N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
L. Francis Bouchey, Roger
W. Fontainte, David C. Jordan, Gordon Summer y Lewis Tambs, Ed. Introducción
por Ronald F. Docsai *
El continente americano
se encuentra bajo ataque. América Latina, la compañera y aliada tradicional de
Estados Unidos está siendo penetrada por el poder soviético. La Cuenca del
Caribe está poblada por apoderados soviéticos y delimitada por Estados
socialistas.
Ningún gran poder es lo suficientemente
fuerte para conducir políticas exteriores hemisféricas como si las diferentes
regiones del mundo estuvieran aisladas y no se afectaran entre sí. Históricamente
la política de Estados Unidos hacia América Latina nunca ha estado separada de
la distribución global de poder, y no existen razones para pensar que lo que
suceda en la década de los ochenta entre los mayores Estados en un área del
mundo, no afectará las relaciones de poder en los otros continentes. La
Doctrina Monroe, la piedra angular histórica de la política de los Estados
Unidos hacia América Latina, reconocía una íntima relación entre la lucha por
el poder en el Viejo y el Nuevo Mundo.
Los tres grandes
principios de esta doctrina eran:
a.
"No más colonización europea en el Nuevo Mundo".
b.
Abstención por parte de los Estados Unidos en los asuntos políticos
europeos".
c.
"Oposición por parte de Estados Unidos a la intervención europea
en los gobiernos del Hemisferio Occidental".
Así, la Doctrina Monroe y
el principio de no transferencia formaron la base primera y fundamental de la
política latinoamericana de Estados Unidos, enfocándose en el impacto de las rivalidades
europeas de poder sobre el Hemisferio Occidental. El objetivo de seguridad de
Estados Unidos era prevenir que cualquier poder europeo en expansión obtuviera
avances estratégicos en el Nuevo Mundo, como resultado de las guerras, alianzas
cambiantes o revoluciones en el Viejo Mundo.
La Doctrina Monroe servía
como un sensible dispositivo político para determinar cualquier amenaza a la
seguridad de la República. La Doctrina proclamaba que ciertas actividades en el
Hemisferio Occidental no podrían ser interpretadas "de ninguna otra forma
que no fuera como manifestaciones no amistosas hacia los Estados Unidos".
La Doctrina prohibía la adquisición de territorios a poderes no americanos, la
introducción de sistemas extraños, y la intervención en el Hemisferio
Occidental. La Doctrina fue multinacionalizada y compatibilizada con la
Organización de los Estados Americanos por medio de la Declaración de Caracas
de 1954, la cual señalaba que:
"La dominación o el
control de las instituciones políticas de cualquier Estado del continente
americano por el movimiento comunista internacional, que extienda a este
Hemisferio el sistema político de un poder extracontinental, constituiría una
amenaza a la soberanía e independencia política de los Estados americanos, poniendo
en peligro la paz del continente, y exigiría la realización de una reunión de
consulta para considerar la adopción de una acción apropiada de acuerdo con los
tratados existentes".
La proyección del poder
global de los Estados Unidos descansa sobre un Caribe cooperativo y una América
del Sur que brinda su apoyo. La exclusión de los poderes marítimos del Viejo
Mundo de Cuba, el Caribe y América Latina ha ayudado a Estados Unidos a generar
un poder excelente para desarrollar actividades de balance en los continentes
africano, europeo y asiático.
América Latina, tanto
como Europa Occidental y Japón, es parte de la base de poder de Estados Unidos.
No podemos permitir que se desmorone ninguna base de poder norteamericana, ya
sea en América Latina, en Europa Occidental o en el Pacífico Occidental, si es
que Estados Unidos debe retener energía extra para ser capaz de jugar un rol
equilibrador en otras partes del mundo. Para un Estado equilibrador como
Estados Unidos, no hay posibilidad de una acción global flexible si su poder
está inmovilizado o bloqueado en cualquier área. En realidad, en áreas vitales
para el potencial de poder de cualquier nación, no es suficiente la
preservación del statu quo.
Estados Unidos debe
buscar mejorar su posición relativa en todas sus esferas de influencia. Si
existe una pérdida de firmeza con respecto a la importancia de mejorar la
posición relativa de poder de una nación, será entonces sólo cuestión de tiempo
hasta que el Estado inactivo sea reemplazado por su competidor.
Estados Unidos está
siendo desplazado del Caribe y Centroamérica por un sofisticado y brutal
superpoder extracontinental, que manipula Estados clientes. La influencia
soviética se ha expandido poderosamente desde 1959. La Unión Soviética está en
la actualidad instalada con fuerza en el Hemisferio Occidental; Estados Unidos
debe remediar esta situación.
Antes de plantear las
recomendaciones específicas del Comité de Santa Fe para una política
responsable de Estados Unidos hacia América Latina para la década de los
ochenta, deben comprenderse las premisas y consecuencias de la política
reciente de Estados Unidos hacia América Latina, y presentarse los principios y
suposiciones necesarios para enfrentar la peligrosa década de los ochenta.
Las raíces del presente
dilema de seguridad de Estados Unidos se ubican a comienzos de los años
sesenta, a saber, en el fracaso de Bahía de Cochinos en 1961, y en el posterior
Acuerdo Kennedy-Krushchev que puso fin a la crisis de los misiles cubanos en
1962. En aquella oportunidad el incremento en la amenaza más allá de lo que se
consideraba previamente como tolerable, hizo que se aceptara lo que
anteriormente era inaceptable. La clara adopción por parte de Washington,
durante la Guerra de Vietnam, de la posición de que América Latina no era
importante estratégica, política, económica ni ideológica mente, erosionó aún
más la posición de Estados Unidos. Y las premisas de la distensión posteriores
a Vietnam desarrolladas por los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford (de que
incluso una Unión Soviética intransigente y disruptiva carecía de la capacidad
para desarticular un sistema internacional con una distribución más plural del
poder, y en el que China aparecía como un aliado de facto de Estados Unidos en
la contención de la Unión Soviética) se transformaron en la base de la política
de Estados Unidos.
Las políticas iberoamericanas
del presidente Jimmy Carter, intelectualmente apoyadas en los informes de la
Comisión para las Relaciones Estados Unidos-América Latina y del Instituto de Estudios
Políticos (IPS) son la culminación de este proceso de acomodamiento por medio
del cual América Latina es excluida del interés estratégico de Estados Unidos,
y los regímenes latinoamericanos independientes son abandonados frente a
ataques extracontinentales por parte del movimiento comunista internacional.
Los gobiernos
latinoamericanos sabían muy bien que la Administración Carter, al tomar
posesión, buscaría normalizar las relaciones con Cuba. Los informes de la
Comisión y del IPS planteaban la necesidad de emprender ciertos cambios básicos
en el enfoque de Estados Unidos hacia América Latina en general, y hacia el
Caribe en particular. Argumentando: a) Que la seguridad militar no necesitaba
ser el objetivo dominante ni el
principio ordenador para la política de Estados Unidos en América Latina. b) Que Estados Unidos no debería
continuar la política de aislamiento de Cuba; c) Que "el apoyo material de
Cuba a los movimientos subversivos en otros países latinoamericanos ha disminuido
en los años recientes"; (I) Que Estados Unidos debería poner fin al
embargo comercial a Cuba, y e) Que un
"nuevo acuerdo equitativo con Panamá, respecto al Canal, podría servir a
los intereses de Estados Unidos no sólo en Panamá, sino en toda América
Latina", la Comisión y el IPS idearon el final de la presencia
norteamericana en el Caribe. El informe del Instituto de Estudios Políticos era
optimista ante los gobiernos socialistas de Jamaica y Guyana, y empleó la frase
"pluralismo ideológico" para provocar una actitud receptiva de
Estados Unidos hacia los modelos socialistas prosoviéticos de desarrollo
económico y político.
El presidente Carter reflejó
esta actitud en su discurso de Notre Dame en 1977, cuando declaró que Estados
Unidos había superado un "temor desproporcionado al comunismo" El
perdón de los convictos terroristas portorriqueños, la actitud descuidada hacia
los esfuerzos de Fidel Castro por llevar al movimiento no alineado a una
posición substancialmente más próxima a la soviética, y la cordial recepción en
la Casa Blanca en 1979 a tres miembros sandinistas de la junta revolucionaria
de Nicaragua, incluyendo a uno entrenado en Cuba, se transformaron en
características de la política de Estados Unidos hacia América Latina.
Estados Unidos está
cosechando las consecuencias de dos décadas de negligencia, miopía y
autoengaño. Ahora, la Administración Carter se enfrenta a una Unión Soviética
instalada vigorosamente en el Caribe y a una Centroamérica posiblemente
marxista y con una orientación procubana. En contraste con las políticas
simplistas norteamericanas, la Unión Soviética ha empleado tácticas
sofisticadas tanto para incrementar las conexiones del comunismo internacional
en América Latina, romo para reducir la presencia de Estados Unidos en la
región.
La Habana acepta la doctrina
de Moscú de que no existe un único camino de acceso al poder para el comunismo,
y que los marxistas locales pueden emplear la persuasión pacífica, medios
violentos o una combinación de la vía pacífica y la acción directa en el camino
hacia el poder, y que el gobierno de Estados Unidos y las instituciones
financieras privadas pueden otorgar reconocimiento diplomático y apoyo
financiero a los movimientos marxistas latinoamericanos, si se les maneja
adecuadamente.
El Kremlin busca unir el
marxismo al nacionalismo y el antinorteamericanismo latinoamericanos, y explotar la incapacidad o la falta de
decisión de los formuladores de política norteamericanos, para apoyar
alternativas a los movimientos marxistas en la búsqueda de una Iberoamérica
progresista y estable. Habiendo definido así el parámetro intelectual para los
clientes, adversarios y objetivos, la Unión Soviética ha conseguido expandir
sus nexos con los gobiernos de América Latina, a la vez que simultáneamente
fomenta la subversión y la revolución allí donde la oportunidad aparece. La
política exterior soviética está basada en la creación del caos y la explotación de oportunidades, y la
base del poder norteamericano en América Latina no es inmune.
El régimen de Castro ha
estado dando apoyo directo a las guerrillas urbanas y rurales en todo el
Hemisferio desde 1959.
Cuando en 1967 Castro activó
la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad), lo hizo bajo la consigna
de que "es el deber de todo ejército revolucionario hacer
revoluciones".
El éxito cubano en el Caribe y Centroamérica es
asombroso. Guyana, bajo el gobierno del primer ministro Linden Forbes Burnham,
es un Estado rnarxista prosoviético. Forbes Burnham solicitó ser miembro
asociado del COMECON en enero de 1977. Georgetown le permitió a Cuba utilizar
el aeropuerto internacional de Guyana para el reabastecimiento de combustible
durante la incursión inicíal cubana en la guerra civil de Angola en 1975. Además,
cuando 70 delegados de 18 países del
Caribe asistieron a una conferencia de sindicatos en
Georgetown, pidieron mejoras en las condiciones de trabajo en el Caribe por
medio de la copia "del modelo socialista cubano"; deploraron la
explotación "capitalista e imperialista" de los pueblos del Caribe y
alabaron a la Cuba comunista por haber eliminado la explotación.
El primer ministro de Jamaica, Michael Norman Manley
visitó Cuba en julio de 1975, Granma, el periódico comunista cubano, lo
calificó de "un sincere amigo de la Revolución Cubana". El hijo de
Manley estudia en La Habana. Su gobierno dio aprobación oficial a la aventura
cubana en Angola, y su policía, que es rnayor que el ejército jamaiquino, es
entrenada en Cuba. En la teoría de que el gobierno laborista de Manley era
nacionalista y de que no tenía ninguna conexión forzada con Moscú, Jamaica
recibió 22 millones de dólares de ayuda norteamericana en 1978.
Maurice Bishop llegó al poder en Granada en marzo de
1979. El nuevo aeropuerto de Bishop está siendo construido por los cubanos.
Este campo aéreo controla el canal de agua profunda que bordea a la isla de
Granada, a través del cual fluye el 52 por ciento de todo el petróleo importado
por Estados Unidos. Buques tanques de Arabia, Africa y América Latina Ilegan al
Caribe y entregan el petróleo a las refinerías de Bahamas y las Islas Vírgenes,
Trinidad, Aruba y Curazao para su procesa miento y transporte posterior a
Estados Unidos. Además, cerca de la mitad del aluminio importado por Estados
Unidos del Caribe llega de Jamaica.
EI Canal de Panamá también juega un papel vital en el
abastecimiento de petróleo a Estados Unidos. Panamá se encuentra bajo el
control de un régimen militar de izquierda, el cual, de acuerdo con la CIA, fue
el intermediario en la transferencia de armas cubanas y norteamericanas a los
sandinistas en la toma del poder por los marxistas en Nicaragua, en julio de
1979. El Salvador y otras naciones de Centroamérica están ahora amenazadas por
las guerrillas revolucionarias. Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos
continúa con una clara actitud de indiferencia estratégica, a la vez que exige
reformas sociales, económicas, agrarias
y de derechos humanos, como si incluso la más perfecta resolución de
estos problemas pudiera detener a la expansión colonial castroide y a la
subversión, y pudiera, por lo tanto,
resolver las cuestiones estratégicas como un subproducto.
El
Comité de Santa Fe sostiene que la política de Estados Unidos se encuentra en
desorden, que las normas del conflicto y el cambio social adoptadas por la Administración
Carter son las mismas de la Unión Soviética, que el área en disputa es
territorio soberano de aliados de Estados Unidos y de socios comerciales que
pertenecen al Tercer Mundo, que la esfera de la Unión Soviética y sus
apoderados se está expandiendo, y que el balance anual de ganancias y pérdidas
favorece a la URSS:
La
respuesta norteamericana de huida camuflada ante el imperialismo soviético debe
ser invertida. Estados Unidos debe presionar a favor de una solución inventiva,
creativa y estratégica a esta situación. El realismo ético proporciona el apoyo
moral subyacente a los principios de la política exterior que Estados Unidos ha
utilizado tradicionalmente para solucionar el problema del valor y el poder en
los asuntos extranjeros. La intervención de Estados Unidos en el extranjero
estaba sólo justificada si respondía a la seguridad de la República, y no se
legitimaba por la conformación de cualquier orden particular en cualquier otro
país, a menos que estas actividades se vincularan con una amenaza
extracontinental a Estados Unidos. Estados Unidos puede otorgar esta misma
perspectiva nacionalista a todas las naciones de América Latina que no
desarrollen una relación de semivasallaje con un superpoder extracontinental.
Tal conexión semicolonial introduce un internacionalismo esterilizante en la
cultura y en los países del Hemisferio Occidental, y socava una política
latinoamericana basada sobre la reciprocidad.
El
Comité de Santa Fe quiere subrayar que Estados Unidos no desea perseguir una
política de intervención en los asuntos internos y exteriores de cualquier
nación latinoamericana, a menos que los Estados iberoamericanos sigan políticas
que ayuden e instiguen la intrusión imperialista de poderes extracontinentales.
Una política de Estados Unidos hacia América Latina que tenga estas
características, tiene el potencial para un sustancial apoyo latinoamericano,
especialmente entre los regímenes independientes que aún quedan. Hace muchos
años el bien conocido jurista internacional chileno, Alejandro Álvarez,
escribió.
La
Doctrina Monroe representa a los intereses de todo el continente, y todos los
Estados de América han aceptado mantenerla. Además, aunque hasta este momento
Estados Unidos haya sido su único defensor, en la actualidad sería posible
encontrar Estados latinos lo suficientemente poderosos como para mantenerla si
Estados Unidos se rehusara a hacerlo.
Estados
Unidos debe desarrollar una política hacia América Latina que fomente la
seguridad norteamericana e iberoamericana, que se base en la independencia
nacional mutua y en la dependencia interamericana, que promueva el desarrollo
económico y político autónomo basado en nuestra herencia cultural y religiosa,
que acepte límites a los impulsos norteamericanos para promover reformas
internas en Iberoamérica y que reconozca y respete la dignidad y sensibilidad
de nuestros vecinos. En 1914, el estadista peruano Francisco García Calderón
escribió acerca de la importancia del estilo en la política. Sus palabras
deberían ser nuestra guía en los ochenta:
(...)
los latinos tienen un sentimiento positivo hacia las formas y un cierto respeto
hacia las actitudes apropiadas (...) Nada los irrita más que la tosquedad de
los políticos de Washington (...)
La
diplomacia, no importa cuan diestramente sea aplicada, es, sin embargo, sólo un
método para obtener objetivos de política exterior. La política exterior y la
estrategia nacional son, a su vez, instrumentos por medio de los cuales los
pueblos buscan expandir o defender sus intereses.
Tanto
la defensa de la soberanía de una nación como la preservación de la identidad
cultural de un pueblo son fundamentales para garantizar su supervivencia. Estos
dos elementos están siendo suprimidos y esterilizados por el comunismo
internacional. Sólo una política norteamericana dirigida a preservar la paz, a
promover la producción y a lograr la estabilidad política, puede salvar al
Nuevo Mundo y garantizar la posición global de poder de Estados Unidos, la cual
descansa sobre una América Latina segura y soberana. El continente americanos
se encuentra bajo ataque. ¿Duda Washington?
PRIMERA
PARTE
LA
AMENAZA MILITAR EXTERNA
Propuesta
Nº 1
Revitalizar
el sistema de seguridad hemisférica apoyando el Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca (TIAR) y tomando el liderazgo en la Junta Interamericana
de Defensa, a fin de apoyar la larga lista de resoluciones dirigidas a
incrementar la seguridad del Hemisferio contra las amenazas externas e
internas.
La
política cambia, pero la geografía no. Este Hemisferio es todavía la mitad del
globo, nuestra mitad, la mitad americana. Nuestro futuro geoestratégico,
económico, social y político debe estar asegurado por un sistema hemisférico de
seguridad. Los sueños de Simón Bolívar y Thomas Jefferson son tan válidos en la
actualidad como lo fueron en 1826. El TIAR, o Tratado de Río, es tan vital
actualmente como lo era en 1948, cuando se firmó en Bogotá.
La
política de Estados Unidos debe dirigirse hacia la reconstrucción de un sentido
de comunidad e intereses mutuos, los cuales son elementos esenciales de la
revitalización de este tratado. la amenaza representada por los masivos
esfuerzos del eje soviético-cubano para subvertir internamente y para atacar
desde fuera a los gobiernos legítimos de este Hemisferio, sólo puede ser
contrarrestada dentro del marco de referencia de tal acuerdo de seguridad. La
armada soviética de mares cálidos, junto con la masiva presencia soviética en
Cuba, representa un claro peligro para todas las naciones libres del
Hemisferio. El Tratado de Río es una respuesta medida y prudente a esta
flagrante amenaza.
El
órgano del Tratado de Río es la Junta Interamericana de Defensa, la cual se
estableció con el propósito de aconsejar y recomendar a los gobiernos miembros
aquellas medidas que fueran necesarias para la seguridad de este Hemisferio.
Las políticas actuales han sido destructivas de la utilidad del Tratado y de la
Junta. Las resoluciones claramente planteadas por la JID en relación con la
amenaza soviético-cubana, han sido totalmente ignoradas y pasadas por alto por
las recientes administraciones. Estados Unidos debería apoyar y ayudar a la JID
en la consecución apropiada de sus funciones.
El
sistema de seguridad de este Hemisferio debería consistir en tres elementos o
niveles. El primero y básico es el Tratado de Río; el segundo sería un
subconjunto del primero: las organizaciones de seguridad regional; el tercero
consistiría en acuerdos bilaterales entre los diversos miembros de los primeros
dos niveles.
Propuesta
Nº 2
Estimular
acuerdos de seguridad regional que contribuirían a la seguridad, tanto
hemisférica como regional, contra las amenazas externas o internas a la
seguridad.
Como
se delineó en la primera propuesta, el acuerdo básico de seguridad para este
hemisferio debería ser el Tratado de Río. Sin embargo, esto representa sólo el
primer aspecto de un conjunto que tendría tres elementos. Operando bajo el
paraguas nuclear que protege a todo el Mundo Libre, el Tratado de Río
representa un acuerdo estratégico de primera magnitud, a un mismo nivel que la
OTAN y que nuestros acuerdos de seguridad con Japón, Australia y Nueva Zelanda.
Por
mala fortuna, este acuerdo no es suficiente. La gente no se relaciona
fácilmente sobre una base hemisférica: el concepto es abstracto y la capacidad
de un ciudadano medio para relacionarse con un acuerdo es difícil, si no
imposible. Por lo tanto, necesitamos algo con lo cual ellos sí puedan
relacionarse.
El
acuerdo regional cumple con este requisito. Un argentino o un paraguayo pueden
entender sin dificultad la existencia de un acuerdo regional para la seguridad
del Atlántico Sur. Les asegura su alimentación, sus exportaciones y sus
importaciones. Es inmediato y claro, mientras que el concepto de seguridad
hemisférica es difícil de visualizar, es confuso para sus experiencias, y
también sugiere una pesada mano norteamericana.
La
política de Estados Unidos debe consistir en estimular y apoyar tales acuerdos
de seguridad regional. Lo anterior está en claro contrate con las políticas
actuales, que han estado dirigidas a desanimar tales mecanismos. El fracaso del
acuerdo de seguridad regional de Centroamérica (CONDECA) es un buen ejemplo.
Esta organización de seguridad regional ha sido y es un obstáculo importante
para la subversión cubano-panameño-norteamericana (sic. N. del E.) de los
gobiernos bajo ataque: El Salvador, Honduras y Guatemala.
Propuesta
Nº 3
Reactivar,
como el tercer elemento de nuestro sistema hemisférico de seguridad, nuestras
tradicionales vinculaciones militares en el continente, ofreciendo entrenamiento
militar y ayuda a las fuerzas armadas de continente americano, con un énfasis
particular en los oficiales más jóvenes y en los suboficiales. Ofrecer ayuda
técnica y psicológica a todos los países de este Hemisferio en su lucha contra
el terrorismo, independientemente del origen de este último.
Las
políticas de la década pasada con respecto a la venta de armas y a la ayuda
para la seguridad, han fracasado y están desacreditadas aquí y en el
extranjero. La única justificación a las ventas de armas y a la ayuda de
seguridad, es el fortalecimiento de la seguridad y la viabilidad de Estados
Unidos y sus aliados en el sentido más amplio. Nuestro papel de líderes y
nuestra tecnología nos imponen esta onerosa responsabilidad. Los trágicos
fracaso recientes en el área, particularmente en este Hemisferio, han animado a
nuestros enemigos y enfurecido y confundido a nuestros amigos.
Ahora
nos debemos poner en marcha a fin de enfrentar tanto la amenaza externa como la
interna, utilizando la ayuda de seguridad para fortalecer nuestros intereses
nacionales. Esta ayuda toma muchas formas y debería ser cuidadosamente diseñada
para satisfacer las necesidades mutuas de nuestros aliados y amigos. A través
de una cuidadosa evaluación conjuntamente realizada con nuestros aliados,
podemos utilizar las grandes reservas de talento y fuerzas disponibles en este
Hemisferio a fin de contener la amenaza combinando nuestro arsenal de
armamentos con los contingentes humanos del continente, podemos crear un
Hemisferio libre, capaz de parar la agresión soviético-cubana.
Utilizando
el entrenamiento militar de nuestro país, Estados Unidos puede proporcionar no
solamente un liderazgo profesional de primera clase, sino también un modelo
moderado para el resto del personal militar del continente americano y sus
familias. Viviendo en Estados Unidos y observando nuestro proceso político en
acción, los líderes militares de este Hemisferio pueden volver a sentir el
respeto y la admiración que antes tenían por Estados Unidos.
Las
ventajas militares estratégicas que se ganarán gracias al entrenamiento, al
equipo y a la logística comunes son obvias. Mientras que se esforzaba
heroicamente para conseguir esto en la OTAN, la Administración Carter destruyó
sistemáticamente todos los intentos de cooperación y comunidad en este
Hemisferio, con la única excepción de la dictadura de extrema izquierda y
brutalmente agresiva de Omar Torrijos. Esta política debe revertirse.
Propuesta
Nº 4
Si
los presentes tratados fracasaran, colocar al Canal de Panamá bajo la
protección de la Junta Interamericana de Defensa, con el objeto de asegurar que
las naciones de este Hemisferio tengan un acceso libre y justo a las cuencas
del Atlántico y el Pacífico.
Los
Tratados del Canal de Panamá, a pesar de los mejores esfuerzos realizados por
la Administración Carter y ciertos elementos del gobierno panameño, se
encuentran en problemas. El presidente Arístides Royo ha formalizado algunos de
estos problemas en una reciente carta dirigida al presidente Carter. La Casa
Blanca no ha aclarado la situación; en realidad, el presidente Carter no ha
expresado una sola palabra al respecto de la situación. Básicamente, los dos
países han ratificado y están hablando sobre dos conjuntos diferentes de
tratados.
El
problema ahora es cómo manejar un tema bilateral potencialmente peligroso y
explosivo. Tradicionalmente, en los asuntos interamericanos, cuando las
negociaciones bilaterales fracasan en la resolución de alguna cuestión
estratégica importante, los enfoques multilaterales a menudo sirven para
solucionar problemas que de otra manera aparecen como intratables.
El
Canal de Panamá tiene un valor estratégico vital para la mayor parte de los
países de este Hemisferio. Su seguridad y disponibilidad son de gran interés
para los países del Norte, Centro y Sudamérica. Si adjudicáramos esta
responsabilidad a los firmantes del Tratado de Río, los cuales a su vez podrían
designar a la JID como su agente, el problema estaría ubicado en un plano
estratégico adecuado y se elevaría a la posición de visibilidad internacional
que tanto merece.
Si
trasladáramos la JID al Canal, estableciéramos una zona de seguridad bajo las
diecinueve banderas de la JID y realizáramos ejercicios combinados, los países
libres del continente americano estaríamos haciéndole saber a los soviéticos y
a sus aliados comunistas en este Hemisferio, que nos encontramos listos,
deseosos y capaces de defender nuestros intereses vitales.
La
operación diaria y el necesario mantenimiento del Canal podrían ser realizados
por personal panameño y norteamericano, o por medio de contratistas privados.
SEGUNDA
PARTE
LA
SUBVERSIÓN INTERNA
Propuesta
Nº 1
La
política norteamericana en América Latina debe reconocer la vinculación
integral entre la subversión interna y la agresión externa.
La Doctrina Roldós, denominada así en honor del presidente de
Ecuador, debe ser condenada. Plantea que las potencias extranjeras no violan el
principio tradicional de la no intervención, si su involucramiento en los
asuntos internos de una nación constituye una defensa de los derechos humanos.
Una política cada vez más audaz del Departamento de Estado de ataque a los
gobiernos anticomunistas sobre la base de supuestas violaciones a los derechos humanos,
ha constituido un fundamento oportuno para tal intervención.
En
virtud de la decisión comunista de utilizar todos los medios disponibles para
destruir el orden capitalista y para transformar al mundo, la seguridad interna
y externa devienen en inseparables. La desestabilización a través de la falsa
información y la polarización constituye el primer paso. A medida que asalto
subversivo prosigue a su fase terrorista y luego a la guerrillera, el apoyo y
la intervención externos (generalmente cubanos), que era originalmente
ideológico, se funde en el apoyo logístico e incluso en el reclutamiento de
voluntarios extranjeros para pelear en la guerra de liberación nacional.
La
relación entre la subversión y el terrorismo es la misma que existe entre el
todo y las partes. Una guerra revolucionaria generalmente se desarrolla a
través de diferentes fases.
La
guerra comienza con el establecimiento de un aparato subversivo. La segunda
fase consiste en actividades terroristas y antigubernamentales en nombre de los
derechos humanos y la liberación; la tercera fase es la guerra de guerrillas.
La cuarta fase es la guerra total que conduce a la ofensiva final, tal como
ocurrió en Nicaragua 3n 1979 y probablemente sea el caso de El Salvador en
1980. A través de toda la campaña, una andanada creciente de propaganda se
refiere a Estados Unidos.
Las
metas principales de la guerrilla subversiva y urbana que enfrentan a la
sociedad existente son cuatro:
a) Demostrar al "pueblo" que las autoridades
son impotentes para darle protección e incluso para protegerse a sí mismas en
contra del terror.
b)
Financiar niveles
crecientes de violencia, propaganda y terror por medio del secuestro, el
asesinato y el robo.
c)
Provocar al as
autoridades para que reaccionen exageradamente. (El objetivo aquí es radicalizar
a individuos que podrían simpatizar con la revolución, pero que probablemente
no tendrían una participación activa si no fuera por la sobrerreacción que
produce odio y polarización, así como la pérdida del apoyo norteamericano).
d)
Derrocar al gobierno
establecido combinando las tres primeras metas con la "propaganda del
hecho". Como un paso importante dirigido a su meta última, los terroristas
crean el caos.
El triunfo sandinista en
Nicaragua siguió claramente este modelo, pero también incluyó un nuevo
elemento: la agresión externa por medio de tropas con bases operativas en Costa
Rica, que fueron equipadas con armas importadas, vía Panamá, de Cuba y de
Estados Unidos.
Los sandinistas incluían
cuadros comunistas de otros países. A pesar de toda esta ayuda internacional,
cuando Somoza dejó el país los insurgentes ni siquiera habían conseguido
todavía su objetivo de liberar la ciudad de Rivas, cercana a la frontera
costarricense, desde donde intentaban proclamar un gobierno provisional. Somoza
y la guardia nicaragüense abandonaron la lucha debido a que Estados Unidos
había cortado el reabastecimiento de municiones.
La base nicaragüense en
el continente americano facilitará una repetición del nuevo modelo
revolucionario de Nicaragua. Ya se han enviado a las guerrillas en Guatemala
las armas norteamericanas previamente vendidas a Nicaragua. Guatemala es la
porción estratégica de Centroamérica, en virtud de su colindancia con los
vastos campos petroleros mexicanos.
Propuesta Nº 2
La formulación de
política de Estados Unidos debe diferenciarse de la propaganda que aparezca en
los medios de comunicación generales y especializados, inspiradas por fuerzas
abiertamente hostiles a Estados Unidos.
La cobertura de la
realidad política latinoamericana por los medios de información norteamericanos
es inadecuada, y muestra un sesgo sustancial a favor de los partidarios de la
transformación socioeconómica radical, sobre bases colectivistas, de los países
menos desarrollados. La reforma y el desarrollo a menudo no se distinguen de la
revolución comunista, y las noticias prestan una atención insuficiente a las
diferencias geofísicas y sociológicas peculiares que existen entre, por
ejemplo, Guatemala y Costa Rica, o entre Argentina y Perú. Esto da como
resultado un estímulo a la visión equivocada de que las únicas alternativas son
la oligarquía o los regímenes autoritarios que profesan el anticomunismo, y
alguna forma de populismo de izquierda o socialismo.
Los activistas radicales
explotan la escasa comprensión sobre los países particulares y los errores de concepción
respecto a las alternativas políticas y económicas reales, por medio de la
inyección de un flujo continuo de información falsa que abusa de nuestros
amigos y glorifica a nuestros enemigos.
La manipulación de los
medios de información a través de grupos vinculados a las diferentes iglesias y
de otros grupos de presión denominados de defensa de los derechos humanos, ha
desempeñado un papel cada vez más importante en el derrocamiento de gobiernos
autoritarios, pero favorables a Estados Unidos, y en su reemplazo por
dictaduras antinorteamericanas, comunistas o procomunistas, con un carácter
totalitario.
Propuesta Nº 3
La política exterior de
Estados Unidos debe empezar a contrarrestar (no a reaccionar en contra) la
Teología de la Liberación, tal como es utilizada en América Latina por el clero
a ella vinculado.
El papel de la iglesia en
América Latina es vital para el concepto de libertad política.
Desafortunadamente, las fuerzas marxistas-leninistas han utilizado a la iglesia
como un arma política en contra de la propiedad privada y del capitalismo
productivo, infiltrando la comunidad religiosa con dideas que son menos
cristianas que comunistas.
Propuesta Nº 4
Estados Unidos debe
rechazar la suposición errónea de que, frente a los gobiernos autoritarios,
puede desarrollar e imponer fácilmente alternativas democráticas al estilo
norteamericano, así como dejar de lado la convicción igualmente conflictiva de
que, en tales situaciones el cambio per se es inevitable, deseable y del
interés norteamericano. Esta creencia ha inducido a la Administración Carter a
participar activamente en el derrocamiento de gobiernos autoritarios no
comunistas, a la vez que adoptaba una posición pasiva frente a la expansión
comunista.
Propuesta Nº 5
La política de derechos
humanos, que constituye un concepto cultural y políticamente relativo que la
presente Administración ha utilizado para intervenir a favor del cambio
político en algunos países de este Hemisferio, afectando de manera adversa la
paz, la estabilidad y la seguridad de la región, debe ser abandonada y
reemplazada por una política no intervencionista de realismo político y ético.
La naturaleza cultural y
éticamente relativa de la noción de los derechos humanos queda clara cuando se
advierte el hecho de que los argentinos, los brasileños y los chilenos
encuentran repugnante que en Estados Unidos, en donde legalmente se autoriza la
liquidación de más de un millón de niños en gestación cada año, se sienta
moralmente violentado ante la muerte de un terrorista que lanza bombas y
ametralla a civiles inocentes.
Ellos preguntan, ¿qué
pasa con los derechos humanos de las víctimas del terrorismo de extrema
izquierda? Los que toman las decisiones en política en Estados Unidos deben
descartar la ilusión de que alguien que arroja un cóctel molotov en nombre de
los derechos humanos respeta tales derechos. De la misma manera, los críticos
más vociferantes de las instituciones de un país y su manera de vida no
articulan necesariamente las aspiraciones populares de la mayoría.
Una política de derechos
humanos ideológicamente motivada y aplicada de manera selectiva va en
detrimento de los derechos humanos correctamente concebidos. Ha costado amigos
y aliados a Estados Unidos, y nos ha hecho perder la influencia en países
importantes de América Latina. Incluso ha contribuido a la desestabilización y
la pérdida, o pérdida prospectiva, de países como Nicaragua, El Salvador,
Guatemala y Costa Rica.
En ninguna parte los
derechos humanos a la vida, a la propiedad y a las libertades civiles están hoy
día más seguros que antes de la iniciación de la campaña selectiva de derechos
humanos en 1977. La realidad de las situaciones que enfrentan los gobiernos
latinoamericanos que se encuentran bajo ataque por grupos revolucionarios internos,
apoyados por el eje soviético-cubano, hay que entenderla no simplemente como
una amenaza a alguna supuesta oligarquía, sino como una amenaza a los intereses
de seguridad de Estados Unidos.
Si Estados Unidos se
conforma con una política exterior que promueva la paz, la estabilidad y la
exclusión del comunismo del continente americano, habrá bastantes ocasiones
para promover el respeto de libertades civiles concretas, y una verdadera
mejoría económica para todos los pueblos del continente americano.
TERCERA PARTE
LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS
Y SOCIALES
A.
Energía
Propuesta.
Estados Unidos debería
alentar y ayudar a las naciones del Hemisferio Occidental para que desarrollen
su potencia energético en materia petrolera, nuclear, agrícola e industrial.
Debe revivirse la fórmula Eisenhower de "átomos para la paz" y de
intercambio de capital y tecnología por energéticos.
Un alto consumo de
energéticos y una tecnología de avanzada son características de las modernas
sociedades industrializadas. La producción es la consigna para el progreso.
Puesto que el avance y la modernización de América Latina son mutuamente
ventajosos para todo el continente, Estados Unidos debería tomar el liderazgo
en el intercambio de capital y tecnología por importaciones de energéticos.
Iberoamérica está dotada
con un vasto potencial petrolero. México, Venezuela, Ecuador y Argentina se
encuentran entre los principales productores del mundo. No obstante, esas
reservas -vitales para el Mundo Libre en momentos en que los abastecimientos
del Medio Oriente están en peligro- son limitadas. Por lo tanto, Estados Unidos
debería ayudar en el desarrollo de fuentes alternativas de energéticos tales
como la energía nuclear, la fusión, la geotérmica y la solar, ya que si Iberoamérica
va a asumir su papel en la defensa de Occidente, debe modernizarse.
Las naciones
recientemente industrializadas de América Latina ya están comprometidas en el
desarrollo nuclear. Hay que satisfacer las necesidades de energía para el
desarrollo actual y futuro. La oposición norteamericana por parte de las
Administraciones Ford y Carter a las instalaciones atómicas de América Latina
nohan detenido los proyectos y simplemente han empujado a México, Brasil y
Argentina a adquirir tecnología nuclear en Europa Occidental y Japón. Por consíguete,
Estados Unidos no simplemente perdió ingresos sino también influencia en estos
programas nucleares. Los combustibles fósiles son finitos. Estados Unidos debe
asumir el liderazgo en un programa de átomos para la paz que acelere la
producción industrial y aún la agrícola.
Los alimentos son un arma
en un mundo de guerra. Cuatro de los siete productores agrícolas con excedentes
del mundo se encuentran en el Hemisferio Occidental: Canadá, Estados Unidos,
Brasil y Argentina. Junto con los productores del Pacífico -Australia y Nueva
Zelanda-, el continente americano podría ejercer una presión poderosa sobre
Estados potencialmente hostiles, teniendo como rehenes a sus importaciones de
alimentos, y así modificar el balance entre el Nuevo y el Viejo Mundo.
B.
AGRICULTURA
Propuesta Nº 1
Tanto la política
comercial de Estados Unidos hacia los países de América Latina como los
programas de ayuda para su sector agrícola, deberían intentar maximizar las ventajas
comparativas en la producción y fomentar el desplazamiento hacia la producción
de cultivos comerciales que incrementen el comercio recíproco.
Los mercados
norteamericanos para frutas y verduras frescas de invierno constituyen el
ejemplo más obvio de dónde una reducción de las barreras de importación a los
mercados norteamericanos para los productos latinoamericanos podrían maximizar
las ventajas comparativas para un beneficio mutuo.
El suelo, el clima y los
costos relativos de la mano de obra en relación con la tecnología dan a Estados
Unidos ventaja en el costo de producción para cereales y legumbres vis à vis
México, América Central y el Caribe. De manera semejante, la Cuenca del Caribe
posee ventajas en la producción de frutas de mesa, verduras y azúcar. Sin
embargo, el maíz y el frijol son un producto básico en la dieta de muchos de
estos países. Los minifundistas de Guatemala o Nicaragua podrían recibir un
ingreso mayor convirtiéndose a la producción de cultivos comerciales tales como
espárragos, frambuesas, etc., para vender al mercado norteamericano, y
comprando a cambio maíz importado de Estados Unidos.
Consciente de la realidad
económica de las ventajas comparativas, la agricultura chilena está alejándose
rápidamente de la producción de granos y expandiendo la producción de cultivos
especializados para la exportación hacia Oriente, Europa y Estados Unidos. En
general, el trigo puede comprarse más barato en la Argentina de lo que cuesta
producirlo en Chile, mientras que los cultivos especializados pueden venderse a
precios más altos en otros lugares.
Propuesta Nº 2
En la medida que Estados
Unidos aliente la diversificación de la agricultura latinoamericana con el fin
de maximizar las ventajas comparativas en la producción deberá permitir su acceso
al mercado norteamericano.
Estados Unidos debería
intentar expandir su demanda de la tradicional producción azucarera de la
cuenca del Caribe, por medio del desarrollo y la compra de combustibles
alcohólicos fabricados sobre la base de azúcar.
El precio del petróleo
dela OPEP y la dislocación que éste ha causado en las balanzas de pago de los
países de este Hemisferio, hace que sea altamente deseable la introducción
rápida de fuentes alternativas de energía que tengan un carácter renovable. Al
mismo tiempo, Brasil, Jamaica y otras naciones del Caribe deficitarias en
petróleo, pueden y deben producir recursos en su programa de combustible
alcohólico. Estados Unidos debería sumarse a este esfuerzo, contribuyendo con
toda la tecnología avanzada que esté disponible.
Propuesta Nº 3
El congreso de Estados
Unidos debería establecer, por medio de la Agencia para el Desarrollo
Industrial -ADI- (sic. N. del E.), un programa de préstamos directos a la
agricultura dirigidos a empresas cooperativas o comunidades tribales.
La propiedad comunitaria
tribal de la tierra es una tradición secular de las culturas indígenas. De la
misma manera las cooperativas son una institución útil y eficaz para la acción
solidaria y la propiedad conjunta del capital productivo para el desarrollo y
la operación.
En Guatemala, donde el
gobierno está abriendo enormes áreas de tierra virgen al asentamiento de
indígenas cuyas propiedades en las zonas altas se han fraccionado
progresivamente con el crecimiento demográfico de cada generación, principalmente,
las nuevas tierras se asignan en propiedad comunitaria, si se asignan en forma
privada, no pueden ser vendidas ni embargadas como consecuencia de su hipotecamiento.
La provisión de recursos crediticios para estos campesinos es de vital importancia,
y el gobierno está alentándolos inteligentemente a que desarrollen cultivos
comerciales para la exportación en vez de producir el maíz y los frijoles tradicionales
para su propio consumo.
Proporcionando capital
para constituir nuevas instituciones de préstamo dirigidas a estas empresas de
características únicas, que no tienen la garantía de tierras hipotecables,
Estados Unidos podría estimular a los gobiernos que buscan ayudar a su
población campesina pobre a escapar a la agricultura de subsistencia. Una
acción por parte del Congreso publicitaría el compromiso de asistencia de
Estados Unidos, y otorgaría la posibilidad de control para asegurar que la
ayuda norteamericana se dirige a empresas libres y productivas, en vez de
programas estatales no económicos.
Propuesta Nº 4
Es necesario aumentar el
énfasis actual que Estados Unidos pone en el desarrollo de la infraestructura
pública rural, estimulando empresas pequeñas creativas en la generación de
utilidades y que habrán de reinvertir una porción significativa de sus
ganancias en el entrenamiento y en la asistencia técnica a campesinos locales,
tanto en el transcurso de sus operaciones normales como a través de proyectos
especiales orientados hacia la comunidad.
Desde 1974 la Agencia
para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (ADI), ha sido encargada de
la tarea de concentrar sus recursos en ayudar a mejorar el destino de los
segmentos más pobres de la población en los países menos desarrollados, que
son, en la mayoría de los casos, los pobres del campo.
En la América Latina
continental, tal vez la mayoría de la población muy pobre, agrícola y rural,
son indígenas no europeizados que mantienen estilos de vida e idiomas
tradicionales precolombinos. Demasiado frecuentemente, los esfuerzos para mejorar
el nivel de vida de estas personas e integrarlos a la economía moderna de sus
países parten de la premisa, latente o explícita, del imperialismo cultural.
Esto es explícito cuando se parte de que es preciso erradicar los patrones
culturales tradicionales para mejorar el nivel de vida de la población
indígena; y latente cuando se introducen programas de desarrollo o asistencia
que son inapropiados para el ambiente cultural que existe, y que podrían tener
éxito solamente en la medida en que la gente abandone sus maneras y actitudes
tradicionales.
La construcción de
carreteras, plantas hidroeléctricas y altos hornos es incomparablemente menos
útil, para esta gente, que la instalación de sistemas sencillos de agua
potable, la introducción de nuevos cultivos capaces de mejorar sus dietas
deficientes en vitaminas y proporcionar cultivos comerciales para vender, y la
enseñanza de cómo cuidar a sus ovejas para aumentar así su abastecimiento de
carne y de lana para el consumo o la venta. Para ayudarlos ahora y abrir el
camino a la transformación cultural -si esto es lo que ellos deciden que
quieren-, estas personas necesitan tecnologías y tecnologías sencillas que
muestren resultados perceptibles y que sean fácilmente aplicables a su
situación inmediata.
Un personal innovativo y
adaptable que trabaje y viva con estos pueblos indígenas, y no enormes
cantidades de dinero, es la clave para ayudarlos. El sistema existente para la
asistencia al desarrollo no es apropiado para ayudar a que la gente se ayude a
sí misma en el contexto de su situación, ya que o bien opera a través de
estructuras institucionales públicas remotas, demasiado sofisticadas e
impersionales, o bien porque -como en el caso del Cuerpo de Paz- el personal es
demasiado transitorio como para ganar la confianza de las personas a las que se
dirige, o está inadecuadamente capacitado en las tecnologías más apropiadas. Se
necesita, en cambio, un enfoque de largo plazo, localizado y altamente
personalizado.
Las pequeñas empresas
privadas, orientadas al lucro en un área determinada pueden ser el mecanismo
uqe ayude a las poblaciones indígenas locales, particularmente, pequeñas
mpresas agrícolas que estén comprometidas a usar las utilidades de forma tal
que tengan un impacto social en el desarrollo de la comunidad.
C.
LA DEUDA
Propuesta
El Congreso de Estados
Unidos debería llevar a cabo inversiones periódicas de los problemas de deuda
de las naciones latinoamericanas, y orientar su política de desarrollo hacia el
objetivo de crear un mercado latinoamericano autónomo de capitales.
Cojn el fin de
complementar y coordinar el esfuerzo por establecer un mercado de capitales
iberoamericano autónomo, el Congreso debería alentar la inversión extranjera
privada directa.
Tal vez el obstáculo más
grave para el desarrollo económico en América Latina en la actualidad es la
creciente carga de la deuda. El crecimiento interno es y seguirá siendo
reducido, a causa de la creciente necesidad de utilizar las escasas divisas
para pagar el servicio de la deuda externa. La reciente experiencia de Perú
proporciona un ejemplo de este problema regional.
En junio de 1978 se
consideraba que Perú está al borde de la cesación de pagos. La deuda del
gobierno peruano sumaba más de 5 mil millones de dólares, y si se hubieran
hecho efectivos los intereses para 1978, estos pagos hubieran representado más
del 55% de los ingresos totales de Perú por concepto de exportaciones. La regla
general sobre la proporcionalidad entre la deuda y los ingresos de divisas es:
el servicio de la deuda no deberá exceder el 25% del ingreso anual bruto de
divisas. La deuda industrial (sic. N.del E) privada peruana añadió otros 2 mil
millones de dólares a la deuda externa de Perú. Se evitó dejar de cumplir con
esta deuda total de 7 mil millones de dólares gracias a que los bancos privados
refinanciaron su pago y hubo un aporte de ayuda gubernamental norteamericana.
Los banqueros privados
norteamericanos, europeos y japoneses propusieron pagos que se les debía
efectuar en el año 1978. Además, la ADI otorgó a Perú un préstamo agrícola
rural a un plazo de 20 años por un valor de 15 millones de dólares (a una tasa
de interés del 2% para los primeros 7 años y del 3% para los restantes).
Después del préstamo del gobierno norteamericano, los bancos privados hicieron
un nuevo préstamo en diciembre de 1978, con plazos más largos para cubrir los
pagos pospuestos.
Las propuestas acerca del
problema de la deuda latinoamericana que se hacen en Estados Unidos,
generalmente sugieren incrementar el flujo de fondos públicos estadounidenses a
los bancos multinacionales (BMN), y renegociar o alargar los plazos de pago de
la deuda privada. Además, piden al Congreso incrementar su contribución a los
bancos multinacionales y proporcionar fondos directos en casos de cesación de
pagos. Estados Unidos, bajo la dirección del Congreso, necesita revisar y
desarrollar una política coherente para enfrentar los problemas de la deuda en
América Latina, dentro del contexto de una política dirigida a estimular el
desarrollo y a promover un mercado latinoamericano autónomo de capitales.
D. EL MOVIMIENTO SINDICAL LIBRE
Estados Unidos, trabajando con y a través de la AFL-CIO
y de otras organizaciones sindicales independientes, debería fomentar el
movimiento sindical libre en América Latina, ya que los sindicatos autónomos
son esenciales para el avance económico y la defensa de las instituciones
democráticas.
La productividad es la clave del progreso. Los obreros,
los ejecutivos y el capital comparten la responsabilidad de incrementar la
producción industrial y agrícola. La empresa privada y la economía de libre
mercado han demostrado de manera clara que son superiores a las economías controladas con capitalismo de Estado, en la
tarea de producir las mercancías y los servicios que requieren los consumidores.
Un movimiento sindical libre, si está basado en la
elección y en la asociación voluntaria, es fundamental para la filosofía de una
economía de mercado libre. Además, el derecho de los trabajadores para
organizarse en su propio interés, no solamente para asegurarse su protección
económica, sino también una defensa política contra el poder monopólico,
público o privado, nacional o internacional, es de interés también para la
libertad. Estados Unidos, uno de los pocos países que ha dado una oportunidad
al trabajador, es el agente ideal para proteger y apoyar al movimiento sindical
libre, el cual, por su propia supervivencia e interés, debe tener una postura
firme contra el estatismo y el centralismo.
E. LA TRANSFERENCIA DE TECNOLOGÍA
Propuesta Nº 1
Estados Unidos debería transferir tecnología para el
continente americano, como parte de la renovación estratégica de este
hemisferio. Los objetivos serían fortalecer los nexos hemisféricos y mejorar la
seguridad a través de la construcción de sistemas políticos y económicos
viables de libre empresa, aliviando así la pobreza, el hambre y la enfermedad,
problemas críticos para muchos de los países del continente americano.
Durante la década pasada, la transferencia de tecnología
ha sido una irritante constante de las relaciones hemisféricas. Particularmente
en los últimos tres años, los aliados de Estados Unidos han presenciado cómo se
transfería tecnología norteamericana a los soviéticos y a las Naciones de
Europa Oriental, mientras que al mismo tiempo la Administración Carter les
negaba esta posibilidad. Como otro ejemplo crítico del uso cínico e hipócrita
de los derechos humanos como arma política, los amigos de Estados Unidos en el
Hemisferio Occidental están confundidos y molestos por esta discriminación
ultrajante e indebida en la transferencia de tecnología.
El impacto es total y devastador, condenando a millones
de personas alfabetizadas y capaces a una existencia de pobreza o semipobreza.
Para las poblaciones indígenas el futuro es aún más funesto. La retórica de la
extrema izquierda acerca de los derechos humanos y la dignidad no tiene
significado alguno para las familias hambrientas, estén en los Andes o en la
isla de Cuba.
Al adoptar una política que aliente la transferencia de
tecnología como sólo uno de nuestros instrumentos estratégicos, Estados Unidos
no solamente realzaría su propia reputación como líder responsable del Mundo
Libre, sino que contribuiría de manera sustancial a la mejora de los derechos
humanos en el continente americano.
Como una contribución recíproca a nuestra cultura común,
nuestra seguridad, nuestro sistema económico y social conjuntos, la
transferencia de tecnología tiene el mayor potencial para el futuro de un
contintente americano libre y fuerte.
Propuesta Nº 2
Como parte de una nueva política hacia este Hemisferio,
Estados Unidos debería adoptar una estrategia de transferencia de tecnología
semejante a la que actualmente está en vigencia con Israel. Esta política
reconocería que el Mundo Libre combine los recursos humanos con la tecnología
de Estados Unidos para mejorar la red económica, política y social de los
países individuales. Constituiría una respuesta importante y positiva a los
problemas de la pobreza, el desempleo y la miseria económica que son los
viveros del comunismo y del terrorismo urbano. Evidentemente, esta política
debería ser diseñada para satisfacer las necesidades de cada país individual.
Históricamente ha existido cierta renuencia por parte de
Estados Unidos hacia la transferencia de tecnología a América Latina. Las
razones de esto son múltiples y variadas. Basta decir que esta renuencia ha
producido frustración y hostilidad por parte de los latinoamericanos, en la
medida que han presenciado a Estados Unidos transferencia de tecnología a otras
áreas del mundo, inclusive del bloque comunista. En la opinión de algunos de
ellos, esto fue parte integral de la “agresión económica” de Estados Unidos al
resto del Hemisferio. Este tema fue repetido y amplificado por los movimientos
comunistas en el continente americano.
La transferencia de tecnología es un problema muy
complejo y complicado que involucra a varias áreas, algunas de las cuales son
inmediatas y sencillas, tales como la presencia de científicos en instalaciones
de alta tecnología norteamericana. Otras son más difíciles y requieren de más
tiempo, tales como el entrenamiento de ejecutivos y programadores en
instalaciones de Estados Unidos y en el país receptor. Lo que es más, algunas
áreas están complicadas por diversas leyes que gobiernan las regalías y las
patentes. Ejemplo de esto son los paquetes técnicos que se transfieren a un
país para permitir que en él se fabrique un producto determinado. Esto último
requiere de un alto nivel de capacidad técnica o de una ayuda sustancial de
alguna otra fuente.
Ya es hora de que Estados Unidos, como parte de una
nueva política hacia nuestros vecinos en este Hemisferio, adopte una política
más esclarecida y estratégicamente más sensata en relación con la transferencia
de tecnología.
F. EDUCACIÓN
Propuesta
Estados Unidos debe tomar la iniciativa ideológica. Es
esencial el estímulo a un sistema de educación en América Latina que ponga el
énfasis en la herencia intelectual común del continente americano. La educación
debe inculcar el idealismo que habrá de servir como un instrumento para la
supervivencia.
El objetivo de la guerra lo constituyen las mentes de la
humanidad. La ideopolítica habrá de prevalecer. Estados Unidos ha fracasado de
manera especial en proyectar los ideales de la libertad política, la iniciativa privada, el
decentralismo dogmático y el patriotismo prudente que el pueblo norteamericano
sostiene. A pesar de las diferencias regionales, estos mismos conceptos
heredados de la cultura griega, la ley romana y la moralidad judeocristiana son
comunes tanto a la América inglesa como a la América Latina. Así, mientras que
el entrenamiento técnico es necesario para el progreso material, la educación
filosófica es primordial. Las dos grandes preguntas de cualquier época: “¿quién
soy yo?” y “¿qué hago aquí?”, siguen presentes en la actualidad. Las respuestas
son múltiples y variadas, y armonizan bien con la diversidad del continente
americano. Pero, con la excepción de los Estados marxistas totalitarios del Hemisferio
Occidental, las naciones independientes comparten una
tradición común.
La educación es el medio por el cual las culturas
retienen, transmiten y hasta promueven su pasado. Así quien controla el sistema
de educación determina el pasado o cómo se ve a este tanto como el futuro. El
mañana está en las manos y en las mentes de quienes hoy están siendo educados.
Estados Unidos no debería tratar de imponer su propia
imagen a Iberoamérica. Ni el pluralismo liberal ni la democracia wilsoniana se
han exportado exitosamente. Sin embargo, deberíamos exportar ideas e imágenes
que alienten la libertad individual, la responsabilidad política y el respeto a
la propiedad privada. Debe iniciarse una campaña para captar a la élite
intelectual iberoamericana a través de medios de comunicación tales como la
radio, la televisión, libros, artículos y folletos, y también debe fomentarse
la concesión de becas y premios. Puesto que la consideración y el
reconocimiento son lo que más desean los intelectuales, tal programa los
atraería. El esfuerzo norteamericano debe reflejar los verdaderos sentimientos
del pueblo norteamericano, y no el estrecho espectro de Nueva York y de
Hollywood: si la imagen no es genuina fracasará. Estados Unidos debe
proporcionar la voluntad y la filosofía que se hallan detrás de las políticas concretas,
si es que el continente americano va a sobrevivir y a prosperar.
G. LAS POLÍTICAS
ECONÓMICAS, COMERCIALES Y DE INVERSIÓN
Propuesta Nº 1
Estados Unidos debería promover una política favorable al
capitalismo privado, el libre comercio y la inversión directa interna y
extranjera en empresas productivas en América Latina.
El capitalismo está dirigido hacia la producción. El
socialismo se concentra en la distribución: hay que tener algo que dar, en
primer lugar. De los dos tipos de capitalismo -el privado y el estatal-, el
capitalismo privado ha sido tradicionalmente el más productivo. De ahí que
Estados Unidos debería, por el bien común tanto de la América Latina como de la
América inglesa, promover la empresa privada.
El comercio y la ayuda son esenciales. La reducción de las barreras arancelarias entre las naciones independientes del continente americano facilitará el intercambio de bienes y servicios. Mientras que Estados Unidos debería dar un tratamiento arancelario preferencial a todos los productos agrícolas y a algunos productos industriales latinoamericanos. Iberoamérica debería responder con reciprocidad. La importación liberal por parte de Estados Unidos de productos agrícolas y bienes industriales claves para América Latina, estabilizaría los ingresos de divisas de Iberoamérica, ayudando de esta manera al pago