N° 16, Diciembre
2003-Marzo 2004
Bolívar y Morazán Viven en las Luchas
de los Pueblos Centroamericanos
Roberto Pineda *
Durante los últimos años ha vuelto a tomar fuerza en el debate
político latinoamericano, las características de la visión continental
unificada construida por el Libertador Simón Bolívar hace casi dos siglos, que
se yergue como referente obligado de cualquier esfuerzo emancipador desde la
América Latina.
Este fenómeno de renacimiento de un ideario político que parecía
estar más cercano a los museos que a las plazas públicas obedece a múltiples
factores que se enlazan, tanto de carácter latinoamericano como internacional y
que configuran una nueva situación mundial que se conoce como globalización.
Entre los factores que es preciso mencionar se encuentra la
llegada al poder en Venezuela de una figura carismática como es el presidente
Hugo Chávez, quien ha ganado siete elecciones consecutivas y se apresta a
enfrentar próximamente un nuevo reto electoral de naturaleza revocatoria. El y
su partido el MVR (Movimiento Quinta República) lograron una modificación
constitucional que incluso cambió el nombre del país por el de República
Bolivariana de Venezuela.
Otro factor importantísimo es el hecho que Venezuela juega un
papel clave a nivel internacional como un país que promueve la construcción de
un Nuevo Orden Internacional que permita hacerle frente a los embates de la
globalización neo-liberal y sus instrumentos financieros, como la Organización
Mundial del Comercio.
En el plano latinoamericano, son muy interesantes las propuestas
que se hacen desde Venezuela sobre la necesidad de conformar un bloque
económico que permita establecer una alternativa de cara a la implantación del
ALCA, Area de Libre Comercio de las Americas.
En nuestra región centroamericana, el pensamiento de Bolívar junto
con el de Morazán constituyen referentes para la construcción de nuevos
movimientos populares que enfrenten las amenazas derivadas de tratados
comerciales como el ALCA, el Plan Puebla Panamá y el Tratado de Libre Comercio
entre Estados Unidos Y Centroamérica.
La disputa histórica entre Bolívar y Monroe
A principios del siglo XIX surgieron y se definieron en nuestro
continente dos visiones antagónicas sobre realidad, identidad y perspectivas de
nuestros pueblos y sobre el papel que les corresponde jugar a nuestros países
en el escenario mundial. Estas dos
visiones antagónicas quedaron plasmadas en los pensamientos y sueños del
venezolano Simón Bolívar y del estadounidense James Monroe.
La visión bolivariana, reflejada entre muchos trabajos en la Carta
de Jamaica de 1815, establece que sólo mediante la unidad, la integración, la
cooperación y la solidaridad entre las naciones latinoamericanas y
caribeñas se podrá enfrenta la amenaza
de dominación tanto de la Corona española de aquel entonces, como de las
ambiciones imperiales de los Estados Unidos. Bolívar establece las bases para
un pensamiento patriótico y antiimperialista, de lucha por la independencia y
la justicia.
La visión de Monroe, sostiene la tesis que le corresponde a los Estados Unidos sustituir a Europa, en la función de
intervenir en los asuntos de los países latinoamericanos y caribeños. Justifica
y legitima una política exterior agresiva diseñada para subyugar e intervenir a
nuestras naciones. Monroe instala los pilares de una relación basada en la
fuerza, el engaño y el sometimiento.
Los sueños y las luchas de Simón Bolívar forman parte del
patrimonio histórico de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Las luchas
actuales por la independencia y la defensa de nuestros recursos naturales,
están vinculada a las luchas de Bolívar y Francisco Morazán, de los patriotas
latinoamericanos de principios del siglo XIX.
Existe una continuidad histórica que parte de Bolívar y de Morazán
y llega hasta nuestros días. Son ríos de rebeldía que circulan por nuestras
venas, son parte de nuestra memoria subversiva latinoamericana y caribeña. Son
nuestros abuelos que lucharon y nos dejaron un ejemplo de firmeza y dignidad.
Son nuestro tesoro y fortaleza frente a los vientos de la globalización
neoliberal.
Por otra parte, también existe una serie ininterrumpida de
agresiones, amenazas, sabotajes, golpes
de estado, presiones, asesinatos políticos, realizados por los seguidores de
James Monroe, creador de una doctrina que ha servido como fundamento ideológico
de la política exterior de Estados Unidos.
Las figuras de Francisco Morazán y William Walker son emblemáticas
de estas visiones de mundo a mediados del siglo XIX. Morazán luchó por
construir una Centroamérica unida e independiente mientras que Walker invadió
Nicaragua con la pretensión de posesionarse de nuestra región.
En los años 30 del siglo pasado, los nicaragüenses Augusto Cesar
Sandino y Anastasio Somoza representan en nuestra región los símbolos de esta
disputa histórica. El General de Hombres Libre enfrentó en las Segovias a las
tropas intervencionistas yanquis mientras que Somoza fue el militar traidor que
vendió su alma a los intereses de la potencia del Norte.
En los años cincuenta del siglo XX, los guatemaltecos Juan Jacobo Arbenz
y Carlos Castillo Armas representan estas visiones contrapuestas. El coronel
Arbenz encabezó una revolución agraria y antiimperialista mientras que Castillo
Armas fue el militar traidor que se entregó a los designios imperialistas.
En los años ochenta del siglo anterior, los salvadoreños Oscar
Arnulfo Romero y Roberto Daubuisson encarnan estas visiones contrastantes. El
Obispo Romero fue asesinado porque denuncio la pobreza y la injusticia mientras
que Daubuisson formó los Escuadrones de la Muerte para eliminar a los que se
rebelaban contra la opresión.
Y así sucedió en América Latina y el Caribe. Fidel Castro y
Fulgencio Batista en Cuba; Francisco Caamaño y Joaquín Balaguer en República
Dominicana; Salvador Allende y Augusto Pinochet en Chile. Dos caminos abiertos,
el de Bolívar y el de Monroe; el de la libertad y el de la esclavitud, el de la
liberación y el de la opresión.
El espíritu y el proyecto de Bolívar y de Morazán viven en las
luchas de los pueblos centroamericanos, en sus mujeres y hombres que heredan
una visión de lucha, de patriotismo y de dignidad.
* San Salvador, 8 de noviembre de 2003.
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