N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
El Neoliberalismo, un Obstáculo Directo a la Integración Económica de América Latina
Héctor Hernández H. *
Cuando
renombrados intelectuales del mundo desarrollado afirman que los principios
económicos del liberalismo, que data del siglo XVIII y XIX, son la única opción
del mundo para el crecimiento económico y social presente y futuro, parece que
vamos hacia una regresión histórica.
¿Tiene
sentido afirmar que la libertad es la ausencia de coerción gubernamental para
la producción, distribución y consumo de bienes y servicios?, ¿la iniciativa
individual es la principal fuerza creadora del capitalismo? La historia
económica mundial de los últimos veinte años demuestra que no.
En 1780
Inglaterra estaba inmersa en la revolución industrial y pronto fue capaz de
producir mercancías a muy bajo precio que le permitieron conquistar mercados de
ultramar. Ese fue el contexto donde filósofos y economistas como John Locke,
Adam Smith y John Stuart Mill crearon las ideas más acabadas del liberalismo
económico, que fundamentaron la hegemonía económica y comercial del imperio
británico de ese tiempo.
Esa doctrina
económica fue olvidada durante gran parte del siglo XX, sin embargo las crisis
recurrentes de los años setenta, cuando la visión keynesiana de la demanda
agregada fue acusada de ser la causante de serios desequilibrios
macroeconómicos tanto en países desarrollados como en desarrollo, y se comenzó
a destacar la importancia de la estabilidad monetaria. Pronto el monetarismo se
apropió del pensamiento económico de las instituciones financieras
internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.
Comenzando la década de los ochentas, el FMI dió un giro radical a su visión,
al reprobar toda intervención del Estado en la economía por medio del ejercicio
del gasto, y adoptar el modelo monetarista como la panacea para combatir
cualquier problema de balanza de pagos.
Es el momento
del nuevo liberalismo, el neoliberalismo, cuyo principal teórico es F.A. Hayek.
Es una nueva expresión del capitalismo, donde el mercado deja de ser un
instrumento útil y hasta necesario para elevar y mejorar la oferta y reducir
los precios, y pasa a ser el medio, el método y hasta el fin que gobierna las
relaciones de los seres humanos. La doctrina neoliberal culpa al Estado de la
crisis y los problemas de la economía, por lo que deduce que la libertad del
mercado es la mejor garantía del crecimiento económico mundial.
Los países de
América Latina y el Caribe tienen un pasado colonial común, pero sus procesos
de independencia política poco ó nada cambiaron sus economías, que se
sustentaron primero en la minería ó en plantaciones de caña de azúcar, algodón,
café, y otros productos básicos, todavía en explotación, y más recientemente,
en la industria y los servicios, con un nivel de desarrollo muy limitado pues
florecen a la sombra del Estado nacional y del capital extranjero,
principalmente norteamericano.
Es un hecho
paradójico pues América Latina conforma el área geográfica y cultural continua
más homogénea del planeta, tiene un entramado legal y constitucional que
facilita la eventual edificación de una comunidad política de naciones, y tiene
una demografía mestiza y un sentido de pertenencia a un todo común profunda.
Todas esta afinidades explican por sí mismas porqué América Latina posee un
largo historial en cuanto a proyectos de integración regional.
El proceso
arrancó con el Congreso anfictiónico de 1824, y continuó en las décadas
siguientes con escasos resultados. No fue sino hasta principios de los años
sesentas del siglo XX, cuando se lograron concretar acuerdos de integración
bajo esquemas de libre comercio, cuyo propósito era ampliar mercados externos,
puesto que los internos de cada país eran estrechos y de lento crecimiento.
Primero se creó la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y el
mercado común centroamericano. Años más tarde apareció la comunidad andina de
naciones, la conversión de ALALC en ALADI, la constitución del MERCOSUR y
posteriormente el Grupo de Río.
De acuerdo
con un estudio del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), desde hace 15 años
existen más de cien instituciones regionales ó subregionales en América Latina
orientadas a fomentar la integración económica.
Sin embargo
la realidad económica de nuestras naciones en lo individual no facilitaba la
integración. Las políticas económicas de los gobiernos latinoamericanos que venían
apuntando hacia el liberalismo desde la postguerra, se reforzaron al calor de
la guerra fría con la aparición de gobiernos militares. Fue evidente que las
leyes del libre mercado no facilitaban la integración económica, ya que cada
cual protegía sus actividades económicas estratégicas, que eran muy similares.
La crisis económica mundial de los años setenta golpeó severamente a todas las
naciones latinoamericanas, lo que se tradujo en graves problemas de
hiperinflación, excesivo endeudamiento externo y finanzas públicas en
quiebra.
En la década
de los ochenta, la integración regional recibe un nuevo impulso pero en un
contexto diferente, que es el de la globalización, entendida ésta como la
integración más estrecha de países y pueblos del mundo atribuible a la enorme
reducción de los costos de transporte y comunicaciones, así como al
desmantelamiento de barreras nacionales a los flujos de bienes, servicios y
capitales, y en menor grado de personas.
Lo que
parecía un gran logro se torna en un obstáculo, pues en el fondo la integración
de mercados capitalistas solo ahonda la vieja división internacional del
trabajo, que se sustenta en la extracción de excedente económico a los países
subdesarrollados a través de la ampliación y/o especialización de la producción
de las grandes empresas trasnacionales, las cuales buscan crear nuevos polos de
desarrollo industrial ó comercial conforme a sus necesidades específicas. Tal
es el caso de México, que ahora ocupa el décimo lugar como productor de
vehículos a nivel internacional y se está convirtiendo en uno de los
principales exportadores de computadoras portátiles en el mundo.
Tal
estrategia no es otra cosa que la expansión de redes de producción
internacionales, donde las trasnacionales reúnen su capital y su tecnología con
mano de obra barata, en una escala mundial. Y todavía más; con la formación de
alianzas estratégicas entre empresas rivales de diferentes países, las empresas
trasnacionales han fortalecido su control sobre mercados claves.
Después de
veinte años de experiencias neoliberales, América Latina es cada vez más
conciente de que no basta aumentar el comercio exterior, ni la inversión
extranjera ni la incorporación de tecnologías de punta; ni la venta de empresas
públicas estratégicas permitirán fortalecer las economías nacionales y asegurar
un nivel de vida digno a la población. El neoliberalismo es el enemigo a
vencer, más aún cuando todavía gobierna la mayor parte de los países de la
región.
El saldo de
siglos de capitalismo y de su más reciente capítulo, el neoliberalismo, deja en
América Latina un panorama desolador. Según datos recientes del Banco Mundial,
de 520 millones de personas que habitan esta parte del mundo, el 11% vive en la
pobreza extrema (menos de 1 dólar diario), y otro 25 % vive en la pobreza (menos
de dos dólares diarios). Además es la región más endeudada del mundo emergente,
600 mil millones de dólares de los cuales un 65-70 % está repartido entre
Argentina, Brasil y México. Por si fuera poco, América Latina padece graves
problemas de concentración excesiva de la población en centros urbanos, 2/3 de
su población total que a su vez producen otros problemas tanto económicos como
sociales.
Hoy en día,
las voces de algunos gobiernos latinoamericanos y del caribe se elevan para
protestar ante las medidas unilaterales del Gobierno de los Estados Unidos, el
cual pretende imponer proyectos unilaterales como el Área de Libre Comercio de
las Américas (ALCA), el plan Puebla-Panamá, y otros. Así fue demostrado por los
representantes de los gobiernos de Brasil, India, China y Sudáfrica cuando se
negaron a aceptar las ventajosas propuestas de los países desarrollados
presentadas durante la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio
(OMC), celebrada en Cancún en Septiembre pasado.
Algunas
propuestas
Con el ánimo
de ser lo más incluyente posible, me permito citar algunas ideas expuestas
recientemente en algunos foros que abordan este importante tema:
·
El modelo
neoliberal impone y reproduce relaciones inequitativas entre naciones, al
interior de las naciones, y entre hombres y mujeres.
·
Hay que
capitalizar los espacios competitivos en la red de producción internacional, de
manera que resulten beneficiosos tanto para las poblaciones locales como para
los inversores extranjeros.
·
Es preciso
avanzar en la producción de bienes intermedios y de capital, y como esto
reclama cuantiosas inversiones y nuevas tecnologías, dependerá a futuro del
esfuerzo de varias naciones.
·
La
globalización y la integración regional solo serán positivas si son
equilibradas y productivas para los países en desarrollo.
·
Un primer paso
en la integración económica sería el establecimiento de una zona de libre
comercio, de nueva generación, dotada de elementos institucionales novedosos
que la aproximaran a la experiencia europea.
En América
Latina hay un cuadro favorable por el agotamiento del liberalismo, que se
expresa en que hoy los presidentes neoliberales de América Latina de los años
noventa vivieron y viven muy serios problemas: Fujimori, Menen, Cardoso. Los
presidentes que mantienen el neoliberalismo fracasan de inmediato: Fracasó De
la Rúa, Sánchez de Lozada, Valle, Fox, Toledo, y fracasarán todos los que
mantengan el neoliberalismo.
Página Vigente de
América Semanal...