N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
Luis DE LION *
¿Cual democracia para Bolivia? es una
interrogante que se encuentra insertada desde hace ya varios años en el debate
sobre la fragilidad democrática en América Latina; pero a pesar de dicha
inconsistencia nadie puede negar, los importantes avances democráticos
regionales, al menos en los últimos 20 años.
Entonces, ¿por qué suceden crisis? como la del pasado
mes de octubre. Tantas reformas, proyectos, elecciones, debates y consultas;
todo en torno a la vida en democracia y mientras se avanza a cuenta gotas; ¿por
qué ocurren? situaciones que degradan con tanta facilidad la democracia
boliviana.
¿Es la democracia en sí misma el problema? Cuesta
creerlo, por cuanto apenas el año pasado se produjo un transparente proceso
electoral, que llevó por segunda vez al poder – solo 22% de los votos - a
Gonzalo Sánchez de Lozada, seguido muy de cerca por el MAS del líder cocalero
Evo Morales. Sin duda que el estrecho margen de votos con que accedía a la
presidencia Gonzalo Sánchez de Lozada, lo obligaba de entrada a establecer
acuerdos y alianzas que le garantizaran la gobernabilidad; practica corriente e
inherente a todo régimen democrático.
Así las cosas, al expresidente Sánchez de Lozada se le
criticaron sus directivas de corte neoliberal, así como su supuesta
complacencia ante las sugerencias del FMI; mientras que del lado opositor nadie
se interroga ante las arcaicas y nada progresistas ideas de la causa indígena
que lidera Evo Morales.
Hasta ahora cualquier balance de las ideas y las
políticas expuestas por las partes en conflicto, resulta inútil. El mal manejo
por parte del gobierno de la crisis que comenzó el pasado 8 de octubre por una
parte; y el populismo y la exaltación de la identidad étnica, que por otra
parte, de manera colonial e irresponsable ejerce Evo Morales; son situaciones
que presagian un oscuro porvenir para la democracia boliviana. La rigidez, y la
falta de sensibilidad social de ciertas políticas neoliberales; junto al
caciquismo, el autoritarismo y conservadurismo del movimiento que lidera Evo
Morales, son situaciones que evidentemente terminan socavando a la frágil
democracia boliviana.
En realidad, Bolivia atraviesa por una crisis de
valores democráticos. Es decir una crisis en donde se reflejan los graves
problemas sociales, económicos y culturales, de un país que quiere vivir en
democracia, pero que por los momentos es prisionero de una derecha torpe e
insensible, así como también de un indigenismo autoritario y ultraconservador.
En el futuro, podría darse que los vientos de una
democracia progresista ventilen el escenario político boliviano. La reciente
cumbre Iberoamericana realizada en Santa Cruz así lo presagia, así como también
el hecho que los lideres regionales de la llamada democracia progresista, hayan
decidido no asistir al autohomenaje de Evo Morales, organizado bajo el manto de
un evento alternativo, son mensajes claros y directos, a esa izquierda
populista y reaccionaria.
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