N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
Jorge Herrera Ireta *
La integración de América Latina ha sido la utopía
más grande de nuestros pueblos, desde Simón Bolívar, quien además de ser el
Libertador de América del Sur, dio la libertad a sus propios esclavos, probando
de esa manera que su proyecto de liberación y de integración era capaz de
progresar hacia el buen gobierno y la emancipación de nuestra América.
A través de nuestra historia hemos sido testigos de las grandes luchas
que se han realizado en nombre de esta utopía libertadora: las luchas por la
independencia, la revolución mexicana, la revolución cubana y la revolución
nicaragüense; hasta el día de hoy, en que apoyamos a la lucha por la
autodeterminación de los pueblos indios.
También hemos encarnado las acciones de guerra –de
alta y de baja intensidad– de los estados Unidos de América, quienes, bajo los
principios del destino manifiesto, buscan la integración de nuestros pueblos
para su exclusivo dominio y explotación. Los ejemplos sobran, así como las
invasiones del ejército de los Estados Unidos ó el terrorismo que desatan en la
región a través de agencias federales como la CIA o su forma particular de
someter a los gobiernos a los dictados de la Organización de Estados Americanos
(OEA).
En los últimos tiempos la estrategia de dominio se
ha visto fortalecida por algunos grupos de poder en nuestros países quienes
aceptan, en beneficio propio, los ordenamientos de las grandes transnacionales,
quienes, apoyadas en organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo, el
Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial determinan la política
económica a seguir.
Así, desde los años 60 nuestros pueblos han
soportado la carga de la aplicación de las políticas neoliberales, carga que ha
resultado en la disminución de los niveles de vida de la población y en
hundimiento de las economías latinoamericanas.
Nos encontramos ante dos propuestas diferentes para
la integración latinoamericana, una es de dominio y la otra es de liberación.
Los trabajadores fuimos testigos directos de los
proyectos de integración basados en el domino de los Estados Unidos. Después de
la revolución rusa y, ante el temor de muchos poderosos de un verdadero
gobierno de los trabajadores, tuvimos que enfrentar la represión gubernamental
a cada una de nuestras acciones, que eran tachadas de comunistas para
descalificarlas. En América Latina, el gobierno norteamericano a través de la
Federación Americana de Trabajadores (AFL) intentó crear una gran central sindical
latinoamericana que sirviera a sus intereses. Así tuvieron apoyo las dictaduras
centroamericanas, mientras que en América del Sur, la CIA es quien se encargó
del trabajo completo.
En estos tiempos, Estados Unidos ve amenazada su
hegemonía en la región, de allí sus iniciativas de un Área de Libre Comercio
para las Américas (ALCA), el intento de formar un ejército multinacional para
la defensa interamericana y así, decían, enfrentar al narcotráfico en la
región. Quedan claras las intenciones de un Plan Colombia; los ejercicios
militares en la isla de Vieques, Puerto Rico; el Tratado de Libre Comercio de
América del Norte; la dolarización de Argentina y Ecuador; la erradicación de
los cultivos y los campesinos de la coca en Bolivia; etcétera.
Cabe hacer notar, además, que existe una mano de
obra latinoamericana que no es reconocida dentro de los índices económicos y
estadísticos; me refiero a las grandes masas de trabajadores que deben emigrar
de sus tierras en búsqueda de un trabajo que les permita sostener a sus
familias. Ellos, quienes ocupan los puestos en las maquiladoras, en los
supermercados, en las calles de los Estados Unidos.
En este contexto la organización de los trabajadores
latinoamericanos debe enfrentarse hoy en día a un doble reto.
Por un lado, la difícil situación económica para la
mayor parte de la población de nuestros países después de años de colonialismo,
neocolonialismo, imperialismo, neoimperialismo y Reagan, Bush, Clinton y
neo-Bush; nos obliga a defender las fuentes de trabajo y los derechos básicos
de nuestra gente con una táctica organizativa de resistencia que, a pesar de
fortalecernos, no nos ha permitido romper con el dominio hegemónico de las
grandes transnacionales y sus gobiernos.
Sabemos que el poder económico está en sus manos y
que además se valen de la ayuda de organismos tales como el Banco Mundial, el
Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo para
mantener el control sobre la economía de nuestros países. Las sanciones
económicas para imponer la reestructuración de las leyes y las prácticas
comerciales, la utilización de los recursos naturales y la violación de las
soberanías nacionales son las directrices de su política, a pesar de sus
discursos en los foros internacionales en que hablan de un capitalismo “más
humano” o de la condonación de la deuda para los países pobres.
Ante la globalización de la hegemonía de dominio
resulta imprescindible la solidaridad entre los trabajadores, organizaciones
campesinas, estudiantiles, gremios de profesiones, organizaciones no
gubernamentales y demás grupos que buscan superar los grandes problemas que
deben afrontar nuestros pueblos; sólo así podemos esperar la integración de las
luchas de resistencia en América Latina.
Por otra parte, debemos generar una actividad
política alternativa, de liberación, que supere las viejas prácticas políticas
del caudillismo, el clientelismo, la corrupción y el abuso de poder que tanto
han dañado a nuestros pueblos y a nuestras organizaciones. Además de globalizar
la sociedad, debemos exigir que el servicio público no sea más un ejercicio de
poder y que nuestros países trabajen para lograr la integración de Nuestra
América.
El Sindicato Mexicano de Electricistas ha decidido
no olvidar la historia, la de México y la de nuestra propia organización; por
ello nos mantenemos como una organización sindical independiente que defiende a
sus agremiados y que además, busca la unidad de todos los trabajadores con la
finalidad de organizarnos para resistir y para liberarnos.
Nuestro sindicato está en el frente de batalla, así
entre los frutos de nuestra lucha se encuentra la formación del Frente Nacional
de Resistencia contra la Privatización de la Industria Eléctrica a partir del
proyecto de ley de Ernesto Zedillo que pretendía reformar la Constitución para
conceder la Comisión Federal de Electricidad y Luz y Fuerza del Centro al
capital transnacional.
Después de casi dos años de lucha de resistencia,
hemos logrado que se detenga el proyecto privatizador del gobierno, inclusive
logramos el compromiso verbal del actual presidente, Vicente Fox Quezada, de
que la industria eléctrica nacional no va a ser privatizada. Sin embargo
sabemos que el discurso es una cosa y los hechos son otra, por ello es
necesario terminar con 70 años de prácticas políticas perversas y dar una
continuidad verdadera a la Revolución Mexicana sin perder de vista el contexto
de las actuales relaciones de dominio y la lucha de liberación.
Cabe mencionar, además, la participación del SME
como sede de la Unión Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la
Energía, el Metal, la Química, el Petróleo e Industrias Afines, una institución
especializada de la Federación Sindical Mundial, con la que mantenemos formas
esenciales de coordinación y cooperación, pero salvaguardamos nuestra
independencia y autonomía.
En la lucha por Nuestra América, a través de la
UIS-TEMQPIA hemos organizado dos Seminarios Internacionales contra la
Privatización de la Industria Eléctrica en que participaron sindicatos de toda
la región. Luchamos contra los intentos privatizadores mientras aprendemos de
las experiencias de compañeros que viven en países donde la privatización es un
hecho como Argentina y Chile.
En el Segundo Seminario Internacional nos
manifestamos por afrontar el doble reto. En la organización para la resistencia
coincidimos en que:
... ante la
globalización de las políticas privatizadoras, resulta imprescindible y urgente
fomentar la solidaridad internacional de la clase obrera.
Como expresión concreta de dicha
solidaridad, ratificamos nuestro compromiso con la consolidación de una RED
INTERNACIONAL DE RESISTENCIA contra estas políticas privatizadoras que sólo
favorecen a las minorías privilegiadas. (Manifiesto desde Puerto Rico)
Mientras en la lucha por la liberación, consideramos
que la defensa de la autodeterminación de nuestros pueblos es básica para la
construcción de una alternativa al poder hegemónico trasnacional.
El reconocimiento de tan
importante y fundamental derecho presupone la prohibición de determinadas
prácticas, sean éstas individuales o colectivas, contrarias al ejercicio mismo
de la dignidad del ser humano tales como: el genocidio; la represión de las
minorías nacionales, religiosas o étnicas; el colonialismo, el racismo, y la
segregación; la violación de la soberanía nacional; la implantación de leyes
extraterritoriales dirigidas a imponer por la fuerza, hambre, subdesarrollo y
bloqueo económico el derecho de un pueblo a determinar el régimen social,
económico y político bajo el cual vivir: y finalmente las guerras de
conquistas. (Segunda resolución de Puerto Rico)
La organización de los trabajadores por la
integración de Nuestra América tiene una
historia de lucha que no debemos olvidar. La historia es nuestra memoria
y una de nuestras mejores armas para obtener la soberanía y la
autodeterminación de nuestros pueblos; por eso los ideólogos neoliberales se
han encargado de proclamar que la historia es únicamente el presente sistema de
explotación y el futuro de su progreso.
Memoria histórica, lucha de resistencia y lucha de
liberación. La unidad de los trabajadores latinoamericanos con todos aquellos
grupos y personas que luchan por una utopía liberadora para hacer frente al
actual sistema de dominio y explotación. Sólo así podemos construir el futuro y
lograr el progreso de nuestros pueblo.
Por estas consideraciones proponemos a todos ustedes
camaradas:
1.- la defensa del derecho al trabajo y a una vida
digna nuestra y de nuestras familias.
2.- la lucha sistemática para que sean consideradas
como un derecho humano más la electricidad, a fin de que se convierta en un
bien y servicio estratégico para el desarrollo de los seres humanos de todo el
planeta.
3.- la batalla es ante todo, una lucha política y
por tanto una lucha ideológica, en las concepciones de tradición humana del
trabajo, en la concepción integral de la vida humana y en la perspectiva de una
posición solidaria. Siendo así no podremos olvidar como eje fundamental de
nuestras prácticas sindicales, la preparación ideológica para afrontar el reto
neoliberal.
4.- la búsqueda de alianzas con organizaciones
sociales, la constitución de frentes de resistencia regionales y redes de
asociaciones vecinales que permitan consolidar una política popular en defensa
de los recursos naturales y los bienes estratégicos de nuestras naciones.
5.- es menester como tarea construir una red
internacional entre organizaciones sindicales para permitirnos forjar una línea
política clara, solidaria y que las experiencias regionales pulsen el sentido
de nuestros pueblos en la búsqueda de una perspectiva unitaria de lucha.
Trabajo, democracia, soberanía, independencia y
libertad son elementos prioritarios de los trabajadores. No más pero, tampoco
menos.
* Sindicato Mexicano de
Electricistas. Los
Trabajadores y la Integración de América Latina y el Caribe
Página Vigente de América
Semanal...