N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
Los
Desafíos del Sindicalismo
Considero que para poder abordar el tema sobre el
papel de los trabajadores en la integración de América Latina y el Caribe, es
necesario previamente realizar un análisis sobre las condiciones que prevalecen
en México en los albores del siglo XXI, y de cual debe ser la tarea a emprender
por parte de las organizaciones obreras, ya que no es posible hablar en
términos genéricos de trabajadores, sin tomar en cuenta el papel a desarrollar
por los sindicatos. En tal razón es pertinente describir aunque sea en forma
somera cual es el reto al que nos enfrentamos.
Durante el curso del mandato presidencial de Miguel
de la Madrid en 1987, casi en forma paralela se incorpora nuestro país al
sistema general de aranceles y comercio, (hoy Organización Mundial de Comercio)
y a la vez se firma el primer pacto en el que participan las representaciones
empresariales de la industria y del comercio, de los campesinos y de los
trabajadores, los que son convocados por el gobierno, para establecer un nuevo
orden en las relaciones principalmente entre empresarios y trabajadores.
El escenario anterior significó el inicio de un
nuevo régimen político, social y económico, ya que se dejo atrás el modelo de
sustitución de importaciones con una economía cerrada, para arribar a la famosa
globalización en una economía de libre mercado, que por las propias razones del
obsoletismo de la maquinaria y del equipo en las diferentes ramas industriales,
nos llevó irremediablemente a la pérdida de miles de fuentes de trabajo y
consecuentemente a engrosar la fila del ejército de los desocupados, al no
poder competir en el mercado con productos elaborados con maquinaria de
tecnología mucho más avanzada que la nuestra, y por lógica con una mayor productividad
y calidad.
En los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y de Zedillo, las
condiciones fueron cada día más precarias, ya que con su criterio de
fundamentalismo económico inspirado en los llamados “Chicago Boys”,
pretendiendo de alguna manera basarse en la teoría económica de Adam Smith en
que la oferta y la demanda en forma mágica regularían el mercado, en la
práctica sus resultados han estado totalmente fuera de la realidad, pues las
grandes corporaciones transnacionales que escasamente rebasan las quinientas
controlan más del ochenta por ciento de la economía del mundo, lo que significa
una absoluta concentración de la riqueza en manos de los expoliadores de la
mano de obra en el mundo.
Los resultados de los tres sexenios de apertura comercial con la
política denominada “neoliberal”, han ubicado a quienes anhelamos un cambio a
favor de las grandes mayorías del pueblo mexicano, en el que está inserto el
movimiento obrero, a recibir el mote de “globalifóbicos” con el que calificó el
anterior mandatario a quienes deseamos un equitativo reparto del ingreso, para
salir del modelo basado en los bajos costos salariales cuyos efectos según los
estudiosos nos ha hecho perder más del 70% del poder adquisitivo que teníamos a
principios de 1982, y José Luis Calva en su libro Más allá del neoliberalismo, presenta un cuadro esclarecedor y
terrible en el que sintetiza que sólo durante 1999 los trabajadores sufrieron
una pérdida salarial de $ 32,451.02 millones de dólares, lo que quiere decir
que si se hubiese mantenido la distribución histórica del porcentaje logrado
por los salarios en relación al producto interno bruto, los asalariados en
conjunto debieron obtener la cantidad mencionada con antelación como pago extra
por su trabajo.
Desafortunadamente para los trabajadores mexicanos, a pesar de que
existe certeza en cuanto a la situación que se vive, el panorama no se observa
con claridad, ya que los representantes de las organizaciones obreras
existentes, no han entendido que sólo la unidad hará posible que la lucha de
los trabajadores por sus reivindicaciones alcancen el éxito deseado. Mientras
el Congreso del Trabajo, la UNT, la Coordinadora Primero de Mayo, la CNT y los
llamados sindicatos independientes no comprendan la necesidad de unirse en sus
coincidencias y respetarse en sus diferencias, será sumamente difícil asumir el
papel de verdaderos defensores de la clase trabajadora.
El reto no es sencillo; basta recordar que la gran mayoría de los
trabajadores a través de sus organizaciones obreras , integraron uno de los
principales pilares del Partido Revolucionario Institucional, y que hoy ante
los resultados electorales del 2 de julio del año 2000, se encuentran
desconcertados y que como muchos dirigentes sindicales admiten, todavía no
despiertan a la realidad y encuentran cómoda la subordinación hacia el
ejecutivo aún cuando éste sea de otro partido; en realidad no se percatan que
en los nuevos tiempos que vive México se ha roto el cordón umbilical de
sumisión al ejecutivo y por ende lo anterior debe fortalecer al movimiento
obrero y así rescatar su papel de verdadero actor de la vida nacional, si no
quiere ser rebasado, como está ocurriendo en otros ordenes, por las llamadas
organizaciones no gubernamentales.
Sabemos que a partir de la caída del muro de Berlín en 1989, los
modelos de economía planificada y de sustitución de importaciones, obligados
por las circunstancias entraron en su etapa de agotamiento y que lo anterior
significó el triunfo de un solo modelo, el de economía de libre mercado en un
mundo globalizado, que a la fecha está reconocido, tampoco ha sido la solución
de la humanidad, ya que la brecha entre países ricos y pobres cada día es más
amplia por lo que millones de seres humanos claman por una vida más justa, demostrando
su inconformidad en foros tan importantes como los de Seattle, Washington,
Praga y desde luego, Davos en Suiza.
Si sabemos lo que está ocurriendo en el mundo y de los resultados de
la globalización en cuanto a México corresponde, más convencidos debemos estar
sobre el cambio de actitud necesario en la dirigencia sindical, para que el
movimiento obrero también se transnacionalice y así estar en condiciones de
realizar análisis, elaborar diagnósticos y señalar estrategias comunes con los
países del orbe y especialmente los correspondientes a América Latina, con
quienes nos unen lazos de cosanguineidad, costumbres, cultura y pasado
histórico, debemos pensar como lo hizo en el pasado ante el capitalismo salvaje
la incipiente clase trabajadora: proletarios
del mundo, uníos.
Cuando se hace mención sobre el papel de los trabajadores en la
integración de América Latina, debemos previamente referirnos a las centrales
obreras con representación global y continental por lo que se refiere a
América, en este caso, si deseamos tener éxito en cuanto a la integración que
se pretende, primeramente debe existir comunión de ideas y objetivos, de lo que
se pretende; debe existir comunión de ideas y objetivos, de lo que queda de la
Federación Sindical Mundial (FSM), de la Confederación Mundial del Trabajo
(CMT) y de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres
(CIOSL). Si no se logra esta unidad, difícilmente se podrán dar los pasos
subsecuentes y sobre dichos organismos recaerá la responsabilidad histórica de
no comprender, que la fuerza de la clase trabajadora se desplanta en la unidad
de sus bases. Es imprescindible hacer mención de que el liberalismo en su
tiempo se refirió a la igualdad del hombre ante la ley, pero se demostró con
posterioridad que no puede haber igualdad entre desiguales; este fue el momento
en que surge el movimiento obrero, el que a través de la unidad logró el
equilibrio entre capital y trabajo ante lo tribunales.
Sabemos que en el continente americano la representatividad de la
clase trabajadora está mayoritariamente depositada en la Organización Regional
Interamericana de Trabajadores (ORIT), en la Central Latinoamericana de
Trabajadores (CLAT), y posiblemente lo que quede de la CPUSTAL, estos
organismos, en esta etapa que vive el continente, deben estrechar lazos y
establecer programas comunes, siempre respetando la autonomía de cada una de
ellas.
La tarea no es sencilla, el reto es de gran magnitud, es
imprescindible poner coto al abuso de las transnacionales que con sentido
totalmente economicista brincan de un país a otro, aprovechándose de las
necesidades de los pueblos y contratando cada día mano de obra más barata.
A manera de conclusión, es conveniente preguntarnos:
¿Encontraremos disposición en la búsqueda de la unidad a nivel
mundial, continental y en cada uno de los países?
¿Seremos sordos y ciegos ante un modelo que sólo toma en cuenta a
quienes producen y consumen, olvidándose que el hombre es igual en esencia y
diferente en existencia y por lo tanto debe existir la solidaridad humana a
favor de los desvalidos?
¿Continuaremos siendo indiferentes ante un modelo excluyente que ve
con indiferencia al continente africano que se debate en la pobreza más
espantosa y que además afecta a más de 17 millones de habitantes con la
enfermedad más aterradora conocida comúnmente como el SIDA?
¿Aceptaremos las tesis de que la globalización de la economía
significa el final de la historia y de las ideologías?
¿Veremos con pasividad cómo los países emergentes se debaten en la
pobreza a cambio del pago puntual del capital y servicio de la deuda externa?
¿Estaremos dispuestos a seguir en manos del capital especulativo del
medio bursátil, que en países como el nuestro ve abiertas las puertas sin
ninguna responsabilidad en tiempo y fiscal?
Basten los ejemplos anteriores para que reflexionemos y nos percatemos
del papel tan importante que nos corresponde desempeñar; desde luego no podemos
retornar al pasado, el propio progreso de la humanidad en cuanto a aplicación
de la ciencia y la tecnología en el mundo actual nos obliga a renovar nuestras
estrategias; está reconocido que la información es fundamental para la toma de
decisiones, el hoy nos obliga a aceptar que palabras sin acción, en la práctica
resultan huecas.
Si pese a lo anteriormente expresado, las actuales generaciones de la
dirigencia sindical de todas las corrientes ideológicas no hacen lo que está a
su alcance, entenderemos que no están dispuestos al cambio, pero desde luego
corren el riesgo de que las nuevas generaciones tomen la estafeta y los
rebasen. ¡Con los intereses de la clase trabajadora no se juega! Aceptemos, en
el tiempo más corto, el cambio.
* Los Trabajadores y la
Integración de América Latina y el Caribe
Página Vigente de América
Semanal...