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Cuestiones de América

N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004

 

Filosofar  desde  Latinoamérica

Filosofar  de  excelencia

Leopoldo Zea *

I

Hace pocos años, en Atenas, Grecia, recibí la respuesta al interrogante  que los mexicanos nos veníamos haciendo desde el estallido de la Revolución iniciada en l910 y en el resto de la América, de la que es parte México, al término de la Segunda Guerra Mundial ¿existe o es posible una filosofía americana?

Una filosofía americana, continental, en la que la otra América, la sajona, representaría la otra parte de la dialéctica de este filosofar.  Una filosofía de la misma forma como se habla de la europea u occidental a partir de sus diversas expresiones, en francés, inglés y alemán.

Al otro lado del Atlántico, en la Península Ibérica, una parte de nuestra rica identidad, se plantea el interrogante  ¿es posible una filosofía en lengua española  como existe en lengua francesa, inglesa y alemana?

Desde Europa y los Estados Unidos, se contestaba diciendo que para ello habrá que ser como Europa o los Estados Unidos.  El siglo XIX había mostrado la inutilidad de esta pretensión en nuestros positivistas y civilizadores. No podíamos ser otros que nosotros mismos.  Habría que replantear los interrogantes al otro lado del Atlántico, en Iberia y en nuestra América española, ibérica o latina.

 

II

Mi visita, entre 1945 y 1946, por la América Latina me hizo patente que tal preocupación se hacía expresa en la casi totalidad de la región en diversos pensadores con los que entré en relación para integrar nuestros esfuerzos.

Preocupación que difundían entre sus estudiantes. Algo que les era difícil de aceptar. Yo lo hice, en mis cursos, entre los míos, los cuales me replicaban diciendo: ¿un filosofar propio ? ¿dónde están nuestros Sócrates, Platón, Aristóteles y todos los que han hecho posible el filosofar por excelencia?  Entre ellos un joven, que nunca olvidaré, Abelardo Villegas, quien, pese a sus dudas, se fue involucrando, como lo hizo patente en su tesis de Maestría sobre la Filosofía de lo Mexicano.

La respuesta a estos interrogantes me la dio la Universidad de Atenas en Grecia, al otorgarme el Doctorado Honoris Causa en Filosofía, como reconocimiento  a una  filosofía, que en este fin del siglo XX y del Segundo Milenio viene haciendo lo que Sócrates, Platón y Aristóteles hicieron en su tiempo, siglos antes de la era cristiana, frente a un mundo tan lleno de problemas como el nuestro.

Reconocimiento que acepté en nombre de los ya muchos filósofos que a lo largo de este nuestro Continente vienen empeñados en esta problemática, partiendo de la diversidad de sus circunstancias desde el logos que les permite comprender y hacerse comprender, como lo hicieron los griegos, para enfrentar los problemas de su tiempo y nosotros del nuestro.

 

 

III

Con José Gaos, mi maestro, aprendí lo que este filosofar era para nuestros lejanos antepasados. Algo simple, tan simple como la vida misma. La sustancia no era una abstracción, sino algo tan natural como la nata , lo más rico del caldo y de la leche. Y los principios como lo principal, como lo era el príncipe de un  lugar.

Gente que hablaba del origen, agua o fuego y del orden del universo para hacer patente su derecho a gobernar las ciudades.  "Que los reyes sean filósofos o los filósofos reyes", decía Platón. O bien, como Aristóteles diciendo:  "Que el que más sabe mande como el que menos sabe".

Los problemas de su tiempo siguen siendo problemas de nuestro tiempo.  Problemas de identidad.  ¿Qué somos? ¿Indios o españoles? ¿Europeos o americanos? Es la supuesta pregunta  metafísica sobre el ser que se hacían los griegos en relación con la naturaleza de la que somos parte con los otros, nuestros semejantes. Interrogantes políticos que no metafísicos.

También preguntas sobre nuestra relación con Dios, la Providencia.  Con el primer motor que quisiéramos ser para dominar y arrastrar a todos.  Y con ello, la conciencia de nuestro tamaño, conscientes de lo uno y de lo otro, pero con la responsabilidad de los dioses sin serlo.

Los griegos se proyectaban como dioses en su mitología, nosotros nos proyectamos como tales en nuestra ciencia y técnica y al hacerlo, unos y otros sufrimos las consecuencias de estas pretensiones.  Las primeras lo hicieron patente en sus tragedias, nosotros frente a las catástrofes  naturales y humanas que provocan nuestras ambiciones.

La imposibilidad de un filosofar propio, expreso en la pregunta ¿dónde están nuestros Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Comte y otros muchos? parte de la concepción que impusieron a los nacidos en América, sus conquistadores, colonizadores y civilizadores, es la propia de un continente que entra en la historia bajo el signo de la dependencia.  La solución de esta problemática se venía apoyando en una filosofía ajena a esta nuestra realidad.

 

IV

Las diversas filosofías que genera la problemática europea se van adaptando a  la problemática en América.  Modelos de fieles seguidores de un filosofar ajeno a nuestra realidad.

Esto es algo que pondrá en jaque la historia de nuestras ideas que hacen patente la adaptación a nuestra realidad a filosofías ajenas a ella.  Malas copias de las expresiones de este filosofar que harán patente lo que de propio tiene esa adaptación. Este fue el punto de partida de la filosofía  de esta nuestra América.

José Gaos, que impulsó la historia de nuestras ideas, dedujo de la misma la filosofía que como tal fue reconocida en Atenas, matriz del filosofar por excelencia. Una filosofía cuya experiencia permite ahora al Occidente resolver la problemática que afronta en nuestros días en la  globalización.

No tenemos un Sócrates, un Platón, un Aristóteles, pero tenemos un Bolívar, un Martí, un Vasconcelos, un Rodó y muchos otros que enfrentaron problemas que ahora enfrenta la filosofía occidental: problemas de identidad que originan las relaciones con diversas expresiones de lo humano como las que ahora originan la globalización y la resistencia de los marginados a seguir siendo manipulados.

El mundo griego, como el latino, enfrentó estos problemas en la antigüedad, como el ibero en los inicios de la modernidad.  La problemática que planteó el mar Mediterráneo que bañaba las costas de los diversos pueblos con etnias y culturas distintas, como eran las europeas al Norte, las africanas al Sur y las asiáticas en el Oriente: había que ordenar conciliando esta diversidad, fue el problema.

Problemática que llevó Iberia al desconocido Continente, bautizado como América, originando el más extraordinario mestizaje de etnias y culturas. Ya no era un mar el que buscaba integrarse, sino todo un Continente bañado por las aguas del Océano Atlántico y las del Pacífico  en las que se incorporaban todos los mares de la tierra.

 

 

V

Este fue el origen de nuestra filosofía, la reconocida como tal en Atenas. Lo iniciado por Grecia en la antigüedad se mundializaba al final del siglo XX, del Segundo Milenio.  Esto originó el sueño de Simón Bolívar de "Una Nación de naciones, la federal, cubriendo el Universo entero", poblado por la "Raza Cósmica " soñada por José Vasconcelos.

Ahora esta es la problemática de todo filosofar a lo largo y ancho de la tierra, cuya mestización creó la ambición de una pequeña región del globo llamada Europa y al expanderse como Mundo Occidental.  En las entrañas mismas de esta región de la tierra se plantea ahora el problema en el cual la experiencia de nuestra América adquiere un volumen inusitado.

 Hacer filosofía, en nuestros días, no es ya  metafísica, ética o estética, ni estar al día  acerca de lo que sobre esto se hace en Europa y Estados Unidos.  La problemática de nuestra filosofía es la misma de la filosofía del Mundo Occidental.  No se trata de buscar el bien por excelencia, ni el ser metafísico, sino de convivir con los otros, nuestros semejantes, con sus diversas e ineludibles expresiones. Se trata de compartir lo que juntos han hecho en la larga historia de dominación imperial.

Preocupación que no está reñida con la lógica, la epistemología y la técnica virtual de nuestro tiempo. Porque cuanto más capaces seamos de conocer y actuar sobre nuestra realidad como naturaleza y de relacionarnos con los otros sin manipularlos, más posibles serán las utopías.

 

 

VI

La problemática de la filosofía de nuestro tiempo, y por ende de la nuestra, es ahora la de enfrentar las resistencias a la posibilidad de hacer realidad la utopía de nuestra filosofía de una Nación, de una Nación de naciones y una Raza que no es raza, la capacidad para convivir en la diversidad de nuestros semejantes.

La pregunta sobre la existencia o posibilidad de una filosofía americana la originó, entre nosotros, la revolución que se puso en marcha en 1910.  Una revolución que integró en la lucha  la diversidad de nuestra gente, india, criolla, y mestiza. Amenazada ahora cuando se habla de mexicanos e indígenas como en la Colonia se habló de españoles e indios.

Dos guerras mundiales, desatadas por viejas rivalidades entre europeos y entre intereses del llamado mundo occidental originaron el interrogante a lo largo de nuestra América.  Ahora Europa, el Mundo Occidental, no tiene ya que enseñarnos, por el contrario, es mucho lo que ahora tiene que aprender de nosotros.

Pero esto implica orfandad para los mexicanos y el resto de nuestra América. Debemos bastarnos a nosotros mismos, pensar, filosofar  sobre esa orfandad y con ella asumir la responsabilidad que no habíamos asumido a lo largo de 500 años.

Responsabilidad que puede asustar y puede abrir la posibilidad de nuevas injerencias, nuevas formas de colonialismo, en supuesta defensa de nuestra diversa identidad y de los derechos humanos que como tales reclamamos.  "Todos iguales por ser distintos y por distintos -nos dicen- pero cada uno en su lugar.  Los ricos en sus palacios, los pobres en sus chozas".

En México se proponen reservaciones para nuestros indígenas y el desarrollo para los que lo alcanzaron montando sobre su miseria.  La Europa de los imperios pretende ser juez y parte de la violación de los derechos humanos sobre los que levantaron sus propios imperios.

 

 

VII

La Europa imperial, y el imperialismo estadounidense, al expanderse, llevaron a sus entrañas, para hacer trabajo sucio, a gente de las diversas regiones de la tierra bajo su hegemonía. Gente que preñó su identidad blanca, occidental y puritana.

Cuando el presidente de los Estados Unidos, William J. Clinton, un marginado social de ese país, reconoce y afirma la identidad multirracial y multicultural de su  pueblo, hace realidad la meta más ambiciosa de nuestra filosofía, la de un Continente multirracial y multicultural que originó la expansión latina y mediterránea de los pueblos ibéricos.

Ya no tenemos que plantearnos más interrogantes respecto a la existencia o posibilidad de una filosofía americana.  Lo que debemos es asumir la responsabilidad de la respuesta, como la está asumiendo la totalidad de los pueblos del Mundo, incluido el occidental.  La temática de nuestra filosofía es ya común a la que le dio origen.

Esto implica asumir la responsabilidad del mundo que explotadores y explotados han originado, para que esta dialéctica de dominio deje de existir y surja en su lugar la convivencia participativa que abra horizontes de libertad, cada vez más amplios, sin más límites que la libertad de los otros, dentro del ámbito de democracia que la misma origine.

 Una globalización integradora de nuestras  capacidades,  sin discriminación de ninguna especie. Con la responsabilidad universal de los dioses sin ser dioses, para  no empezar siempre de nuevo, hacer del ingenio que ha originado la extraordinaria ciencia y técnica de nuestro tiempo, instrumento al servicio de todo el género humano.

Este será el fin de la historia de un repetir y repetir para lograr siempre lo mismo.  No el fin de la historia, anunciado por el estadounidense Francis Fukuyama, el de la opulencia y la historia sin fin de la miseria.  Sino el fin de la historia anunciado por nuestros Bolívar, Martí, Vasconcelos, Reyes, Rodó, Sarmiento y muchos otros.

A la pregunta no metafísica, sino antropológica sobre el Ser, referente a nuestra diversa identidad, podemos contestar: "Somos expresión de ese peculiar género, creado como el más indefenso ente del mundo animal, género al que su creador, quizá sin proponérselo, dio una pizca de su poder, como la capacidad de pensar, razonar, y al hacerlo responsabilizarse de sí mismo.  Un ente libre como su creador, pero responsable de la libertad de los otros, sus semejantes.  La libertad con responsabilidad obligado a renovarla cada día para que no se pierda.

Es la chispa divina en la que insistió la filosofía griega entre un ente limitado por la naturaleza de su origen, el animal.  Chispa que ha originado las maravillas de la técnica y la ciencia de nuestro tiempo, lo cual para mantener su crecimiento de compartir sus frutos con todas y cada una de las gentes de esta peculiar especie.  Este es nuestro reto, el reto de filosofía de cuya existencia y posibilidad veníamos hablando hace algún tiempo.

* Impulsemos la Integración y la Unidad de Nuestros Pueblos, AUNA México.

 

 

 

 

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