N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
Objetivo y proceso
En nuestros
días, la dinámica social, política y económica del mundo cambia con rapidez
asombrosa las relaciones culturales, comerciales, financieras, industriales y
de los servicios, incluyendo las que pertenecen a la fuerza de trabajo, en
todos los países.
Los pueblos
de América Latina y el Caribe han participado y resentido el cambio que se ha
operado en esas relaciones. Pero los nuevos vínculos, los nuevos mercados y las
nuevas corrientes de pensamiento se han preocupado y se han establecido, en
mayor medida, con países que tienen un nivel de desarrollo relativo más alto
que el nuestro, mientras que la vinculación entre los pueblos de Nuestra
América ha permanecido un poco al margen.
Esta
apreciación nos muestra que el objetivo de la integración no se consigue
simplemente con medidas gubernamentales, orientadas a incrementar las
corrientes comerciales, entre los países del área latinoamericana y caribeña.
En el pasado
reciente hemos visto fracasar o conseguir sólo resultados muy modestos en el
campo de la integración comercial, a partir de acciones gubernamentales.
Pareciera que al avance del proceso le ha hecho falta la concurrencia de más
sectores y empresas y sobre todo el concurso de los grupos organizados de la
sociedad, en cada uno de los países, con el fin de conseguir un adelanto
positivo en la configuración de un mercado común y en la actividad cultural
capaz de fortalecer e impulsar la unidad entre nuestros pueblos hermanos.
Esta tarea,
que cada vez parece más difícil de emprender, no puede ni debe postergarse.
Existe necesidad de difundir, entre los países del área, las razones prácticas
y la conveniencia económica, política y social de promover y llevar al cabo la
integración.
Con el
propósito de que las acciones enfocadas a ese objetivo puedan rendir buenos
frutos, se propone auspiciar y multiplicar la realización de actividades
diversas: conferencias, mesas redondas, seminarios, reuniones de empresarios y
de trabajadores donde tengan participación jóvenes y mujeres de nuestro país.
Junto con ello será conveniente organizar el intercambio de grupos artísticos y
culturales para fortalecer la conciencia colectiva común y de este modo se
reactive el interés y el conocimiento acerca de las necesidades y las
capacidades de los pueblos latinoamericanos y caribeños, así como el
conocimiento y el convencimiento de que una integración sólida y verdadera es
indispensable, si queremos realmente superar los problemas comunes y regionales
que padecemos.
Tenemos que
pensar y sentir que las posibilidades de crecimiento económico y de beneficio
social que nos brinda hoy el mundo sólo podremos aprovecharlas sin riesgo de
perder las características propias de nuestro ser latinoamericano y que para
ello hay necesidad de trabajar muy duro y en la misma dirección.
En razón de
lo anterior afirmamos que las acciones aquí propuestas no pueden ni deben
quedar reducidas al ámbito declarativo. Llevamos años y años de escuchar
llamados a favor de la integración latinoamericana, pero es muy poco lo que
realmente hemos avanzado.
Al
planteamiento de esta necesidad debe seguir la organización y la ejecución de
las acciones apropiadas a nuestro objetivo. Si, por ejemplo, se trata de
reuniones comerciales e industriales habrá urgencia de buscar la participación
de empresarios latinoamericanos para que se examinen alternativas y medios de
impulsar mayor intercambio.
En el ámbito
cultural, habrá que propiciar la realización de eventos a los que puedan concurrir representantes de
los países de la región deseosos de dar a conocer y de conocer el movimiento
cultural y las corrientes de nuestros pueblos, ricos en manifestaciones
artísticas, científicas y, en general, en todas las actividades del ser
latinoamericano y caribeño.
Esta tarea
debe ser continua, pertinaz, recurrente, toda vez que es preciso imbuir y
formar conciencia social sobre la conveniencia, la necesidad y las ventajas que
encierra la integración como vía para elevar la calidad de vida de nuestros
pueblos, defender y aprovechar en beneficio propio nuestros recursos naturales
y avivar y fortalecer nuestras costumbres y tradiciones con pleno respeto a las
modalidades regionales.
Los avances
de este proceso no serán espectaculares, serán lentos y nada fáciles, sobre
todo en su fase inicial, pero si trabajamos y conseguimos el concurso de la
sociedad civil y de los agentes económicos se podrá ir más deprisa y por el
camino correcto en el propósito de integrar la economía, la cultura y los
pueblos de Nuestra América.
* Impulsemos la Integración y la Unidad
de Nuestros Pueblos, AUNA México.
Página Vigente de América
Semanal...