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Cuestiones de América

N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004

 

Integración latinoamericana

Objetivo y proceso

Fernando Paz Sánchez

 

En nuestros días, la dinámica social, política y económica del mundo cambia con rapidez asombrosa las relaciones culturales, comerciales, financieras, industriales y de los servicios, incluyendo las que pertenecen a la fuerza de trabajo, en todos los países.

Los pueblos de América Latina y el Caribe han participado y resentido el cambio que se ha operado en esas relaciones. Pero los nuevos vínculos, los nuevos mercados y las nuevas corrientes de pensamiento se han preocupado y se han establecido, en mayor medida, con países que tienen un nivel de desarrollo relativo más alto que el nuestro, mientras que la vinculación entre los pueblos de Nuestra América ha permanecido un poco al margen.

Esta apreciación nos muestra que el objetivo de la integración no se consigue simplemente con medidas gubernamentales, orientadas a incrementar las corrientes comerciales, entre los países del área latinoamericana y caribeña.

En el pasado reciente hemos visto fracasar o conseguir sólo resultados muy modestos en el campo de la integración comercial, a partir de acciones gubernamentales. Pareciera que al avance del proceso le ha hecho falta la concurrencia de más sectores y empresas y sobre todo el concurso de los grupos organizados de la sociedad, en cada uno de los países, con el fin de conseguir un adelanto positivo en la configuración de un mercado común y en la actividad cultural capaz de fortalecer e impulsar la unidad entre nuestros pueblos hermanos.

Esta tarea, que cada vez parece más difícil de emprender, no puede ni debe postergarse. Existe necesidad de difundir, entre los países del área, las razones prácticas y la conveniencia económica, política y social de promover y llevar al cabo la integración.

Con el propósito de que las acciones enfocadas a ese objetivo puedan rendir buenos frutos, se propone auspiciar y multiplicar la realización de actividades diversas: conferencias, mesas redondas, seminarios, reuniones de empresarios y de trabajadores donde tengan participación jóvenes y mujeres de nuestro país. Junto con ello será conveniente organizar el intercambio de grupos artísticos y culturales para fortalecer la conciencia colectiva común y de este modo se reactive el interés y el conocimiento acerca de las necesidades y las capacidades de los pueblos latinoamericanos y caribeños, así como el conocimiento y el convencimiento de que una integración sólida y verdadera es indispensable, si queremos realmente superar los problemas comunes y regionales que padecemos.

Tenemos que pensar y sentir que las posibilidades de crecimiento económico y de beneficio social que nos brinda hoy el mundo sólo podremos aprovecharlas sin riesgo de perder las características propias de nuestro ser latinoamericano y que para ello hay necesidad de trabajar muy duro y en la misma dirección.

En razón de lo anterior afirmamos que las acciones aquí propuestas no pueden ni deben quedar reducidas al ámbito declarativo. Llevamos años y años de escuchar llamados a favor de la integración latinoamericana, pero es muy poco lo que realmente hemos avanzado.

Al planteamiento de esta necesidad debe seguir la organización y la ejecución de las acciones apropiadas a nuestro objetivo. Si, por ejemplo, se trata de reuniones comerciales e industriales habrá urgencia de buscar la participación de empresarios latinoamericanos para que se examinen alternativas y medios de impulsar mayor intercambio.

En el ámbito cultural, habrá que propiciar la realización de eventos  a los que puedan concurrir representantes de los países de la región deseosos de dar a conocer y de conocer el movimiento cultural y las corrientes de nuestros pueblos, ricos en manifestaciones artísticas, científicas y, en general, en todas las actividades del ser latinoamericano y caribeño.

Esta tarea debe ser continua, pertinaz, recurrente, toda vez que es preciso imbuir y formar conciencia social sobre la conveniencia, la necesidad y las ventajas que encierra la integración como vía para elevar la calidad de vida de nuestros pueblos, defender y aprovechar en beneficio propio nuestros recursos naturales y avivar y fortalecer nuestras costumbres y tradiciones con pleno respeto a las modalidades regionales.

Los avances de este proceso no serán espectaculares, serán lentos y nada fáciles, sobre todo en su fase inicial, pero si trabajamos y conseguimos el concurso de la sociedad civil y de los agentes económicos se podrá ir más deprisa y por el camino correcto en el propósito de integrar la economía, la cultura y los pueblos de Nuestra América.

* Impulsemos la Integración y la Unidad de Nuestros Pueblos, AUNA México.

 

 

 

 

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