N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
La Organización Popular de Base
Un Arma Sorprendente
I.- La unidad
de los pueblos de América Latina gana cada día más adeptos entre los luchadores
sociales de nuestros países. Creo que nadie se atreve a contradecir ese
importante objetivo social, aunque muchos lo consideran utópico e inalcanzable.
Por ello es pertinente plantearse la interrogante acerca de qué hacer si
queremos avanzar hacia la materialización de una meta tan importante y
trascendental para nuestros países.
Se trata en
realidad de una tarea tan compleja, que aún sólo se hará factible cuando se
alcancen una serie de objetivos coincidentes y simultáneos, tanto en el ámbito
cultural como en el específico de la actividad política. Se trata además, de
una tarea que debe ser asumida con pasión por todos los pueblos
latinoamericanos y ejecutada en un doble campo de acción: en lo interno, en
cada país, y en lo internacional.
II.- En el
ámbito cultural las metas se identifican con la definición, difusión y defensa
de la identidad latinoamericana. En nuestros pueblos existe una arraigada
actitud de rechazo al intervencionismo norteamericano en los asuntos de cada
país latinoamericano. Pero ocurre que generalmente se trata de sentimientos
primitivos e instintivos, con escaso fundamento cultural consciente.
Se trataría
entonces de la necesidad de armar ideológicamente a nuestros pueblos,
dotándolos de razones históricas, políticas y económicas, que sirvan de
fundamento a las reacciones espontáneas que ya existen.
Las
universidades y demás instituciones educativas tienen un papel altamente
significativo en estas luchas. De allí la importancia de la defensa de la
autonomía universitaria y contra el afán privatizador que las amenaza.
III.- En el
campo político, las metas parecen más fáciles de definir, pero no resultan
fáciles de ejecutar. En principio, se puede afirmar que basta con imponer y
desarrollar la soberanía popular. Que el pueblo debe rescatar su poder de
decisión y organizarse para defenderlo y hacerlo respetar.
Por fortuna,
una incidencia reciente de la política venezolana, permite visualizar mejor lo
que hemos llamado el rescate y ejercicio de la soberanía popular. La actuación
de los Círculos Bolivarianos permite hacerse una idea de lo que es capaz de
hacer el pueblo cuando tiene en sus manos el ejercicio del poder de decisión, y
está organizado en tal forma que puede movilizarse y actuar con eficacia para
lograr que la decisión del soberano se respete y prevalezca. Eso fue lo que
lograron los Círculos Bolivarianos al restablecer a Hugo Chávez en la
presidencia de la República, después del efímero Golpe de Estado con el que
pretendieron desconocer la voluntad popular.
Los Círculos
Bolivarianos vienen a ser la materialización de una vieja idea que se conoce en
varios países latinoamericanos, con diferentes nombres: órganos del Poder
Popular, Comités de Base, Poderes Democráticos Locales, etc., que han obedecido
a la misma pretensión: organizar a la población políticamente activa en su más
bajo nivel de actividad social: en los lugares donde la gente vive, estudia, o
trabaja. Una organización abierta a todos los pobladores del barrio, o
estudiantes o trabajadores, sin exclusiones por razón de militancia partidista,
religión, sexo, o cualquier otra causa de discriminación o exclusión. Todos los
trabajadores, estudiantes o residentes, tienen el derecho y el deber de
incorporarse a la organización básica que se constituya en el sindicato,
empresa, instituto educativo o lugar de vivienda o residencia. No es necesario
contar con la autorización o visto bueno de nadie; basta que la convocatoria
sea suficientemente amplia, y que esté avalada por personas que trabajen,
estudien o vivan en el sitio de que se trate. Entre los problemas locales y
comunes, que interesen a todos los potenciales asistentes. No tienen que ser
incluidos todos los problemas de una sola vez, sino jerarquizándolos y
comenzando por los más apremiantes y urgentes. Después que empiece a funcionar
el órgano de poder local, se irán abarcando otros problemas, y ya no serán sólo
los de carácter administrativo y locales, sino se extenderán a aquellos que
afecten a otras comunidades, al municipio, al estado y al país. Todo de acuerdo
con la decisión de la mayoría y convenientemente articulado con el ritmo de las
reuniones que se acuerde. El liderazgo en el organismo también será resuelto
democráticamente y deberá recaer en los militantes más activos y eficaces entre
los integrantes de la comunidad.
Un órgano de
poder local, aislado, puede lucir y, de hecho, es francamente débil y
vulnerable. Pero en contacto con otros entes de organización popular,
multiplica su fuerza y pueden llegar a ser invulnerables.
Un pueblo
organizado y políticamente consciente, con algunos matices diferenciales según
las características y la experiencia de cada uno, estará en capacidad de
abordar el estudio de problemas que rebasen incluso las fronteras nacionales,
como sería el caso de la unidad latinoamericana. Esa organización unida al
surgimiento de un liderazgo nacional consecuente y a una labor de culturización
apropiada, podría ser una forma viable para plantear y alcanzar las metas más
ambiciosas. Fue justamente lo que ocurrió recientemente en Venezuela, en
jornadas increíbles que asombraron al mundo. Y ese es el camino para alcanzar
más sorprendentes hazañas, capaces de transformar el orbe.
* Impulsemos la Integración y la Unidad
de Nuestros Pueblos, AUNA México.
Página Vigente de América
Semanal...