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Cuestiones de América

N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004

 

Reintegrar, pulverizar

Angloamericana o nosotros

 

Armando Labra M. *

 

ANTECEDENTES

Pensar hoy en la integración latinoamericana pareciera un ejercicio más relacionado con el ocio que con el análisis geopolítico. No sólo han fracasado durante más de 40 años los intentos por cohesionar las economías y las culturas al Sur del Bravo, sino que ahora surgen desafíos aún mayores a los que obstaculizaron la brega incesante por la integración tal como la conocimos e intentamos definir durante buena parte del siglo XX.

De la ALALC al  ALCA, cuarenta y tantos años de acuerdos arancelarios, listas comunes, acuerdos subregionales, zonales, uniones aduaneras, pactos estratégicos, etc.,  han tropezado con dificultades internas y externas, tanto políticas como estructurales. Los avances para liberar el comercio se han confrontado siempre a la necesidad nacional de proteger productos estratégicos, a las alianzas efímeras entre países o grupos de países, a políticas de ajuste adversas siempre al desarrollo productivo regional, así como a la presencia de enclaves externos adversos a la vocación integradora latinoamericana, rendida finalmente por la preeminencia de acuerdos bilaterales de libre comercio orientados a la economía Norteamericana (Ver Cuadro 1).

La presencia de presiones mundializadoras ha venido a perturbar aún más la idea convencional de la integración latinoamericana concebida como la sumatoria voluntaria de soberanías articuladas por un propósito histórico común, selladas por el pasado latino y proyectadas hacia un posicionamiento al menos relativamente autónomo en el concierto continental. Negociar mejor hacia el Norte por hacerlo juntos sin dejar de ser naciones fue, en suma, la esperanza no escrita y malograda del proceso integracionista.

Tampoco debemos olvidar que siempre la integración ha sido promovida franca o veladamente por Estados Unidos en América Latina: en los años 60 como respuesta a la Revolución Cubana y al nacimiento del Mercado Común Europeo; en los 90, a la consolidación de la Unión Europea y a la hegemonía nipona en la Cuenca del Pacífico en el cauce del llamado Consenso de Washington[1][1].

PROBLEMA

Quizás sea ahora tiempo de que el propósito histórico común se convierta en estrategia política, de cara a los riesgos de no intentarlo, que se sintetizan en la asimilación económica a Norteamérica o la pulverización regional, opciones que finalmente conducen a lo mismo. Pero para siquiera esbozar el tema habrá primero que replantear desde el punto de partida, asumir con realismo la circunstancia, y otear con tino el porvenir.

DEFINICIONES, EL GLOBALISMO

Ayudará sin duda definir con precisión el llamado entorno globalizador que parece permear la atmósfera planetaria con un sentido determinista, implacable y univalente. Una aproximación detallada permite afirmar que la mal llamada globalización en efecto no es tal en tanto no abarca a todos los países, ni siquiera a todas las actividades de los países punteros involucrados en el proceso[2][2]. Desde luego, no atañe la llamada globalización a todas las actividades económicas en ningún lugar del planeta.

Se han globalizado parcialmente las telecomunicaciones y los flujos de capital especulativo. Su mayor ámbito de cobertura se concentra en tres zonas del Orbe: Asía, en particular Japón; Norteamérica, sólo en Estados Unidos; y, en las tres economías más grandes de la Unión Europea. Aún en esas zonas y países, la llamada globalización no abarca a todos los países ni a toda la población, prevaleciendo amplios sectores en las economías tradicionales, las economías subterráneas, la marginación social y el desempleo (Ver Cuadros 2 y 3).

En escasa magnitud se ha globalizado el comercio. De hecho, se registra una reconcentración comercial en los centros hegemónicos de Asia, Norteamérica y Europa, que absorben los productos de sus áreas de influencia geográfica más cercana. Tan sólo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), implicó un aumento de 15.2 a 18.0% en el volumen de exportaciones intrazonales entre 1990 y 2000.

Se ha llegado a hablar de la existencia de una tríada fragmentada que domina la mundialización y los flujos financieros y comerciales[3][3] . Salvo los miembros de la Unión Europea, los países localizados en esas áreas de influencia hoy comercian más con las economías que encabezan esas zonas, que con el resto del mundo (Ver Cuadros 4 y 5).

El ejemplo más evidente  y que ilustra el caso latinoamericano es México, cuyo comercio de ida y vuelta con EU pasó de representar 62% en la década de los años 70 a más de 81% en la actualidad. No obstante, las exportaciones de México a Estados Unidos, en ese lapso, aumentaron de 62% a 89% del total y las de América Latina a ese país pasaron del 39.3% al 59.5% entre 1990 y 2000. (Ver Cuadros 6 y 7).

EL PORVENIR

En tal perspectiva, más que una mundialización o globalización, América Latina vive hoy un proceso de norteamericanización, de propósitos lejanos a una apertura comercial al mundo y desde luego a la posibilidad de una integración latinoamericana convencional.

En esa tendencia, tenemos que encarar el hecho de que con vistas al siglo XXII estarán los analistas hablando ya no de Latinoamérica sino de Angloamérica, si algo extraordinario no acontece a lo largo del presente Siglo. Y hoy lo extraordinario no resulta imposible.

No sólo es necesario aquilatar las limitaciones espaciales y económicas de la mal llamada globalización sino las perturbaciones que provoca en zonas cada vez más amplias y críticas del Planeta, que ahora ya son pobres merced a la nueva economía y otras que lo son aún más de lo que ya eran, a niveles alarmantes.

Las economías latinoamericanas flaquean y, sin ser las más degradadas del Orbe, pueden ostentar niveles de marginación crecientes y masivos que explican, ya, flujos migratorios, desazón social e inseguridad, subempleo e insalubridad, deseducación y desindustrialización sin precedente, para no hablar de los añejos rezagos agrarios, indígenas, desforestadores, desertificantes, agotadores de los recursos no renovables, que se agravan con el tiempo.

En esa tesitura, Angloamérica se puede atisbar como un infierno, como una zona de desastre más que un espacio de reivindicación y bienestar continental. Por ello resulta sustancial plantear hoy una reintegración propiamente latinoamericana, ante los desafíos de un proceso de asimilación hacia Angloamérica, o de una franca pulverización que anule las posibilidades de configurar no digamos una postura común frente a Norteamérica, sino cualquier posibilidad de restaurar el desarrollo regional aprovechando los impulsos de la modernidad para que sirvan al propósito de elevar los niveles de vida de la mayoría de la población en un contexto no sólo democratizante sino pacífico y habitable sin zozobra.

UNA SENDA REINTEGRADORA

En los tiempos de la norteamericanización que vivimos, explorar una vía para la reintegración de América Latina que eluda la senda crítica hacia Angloamérica o hacia la pulverización, necesariamente implica una negociación política simultánea no sólo al seno de la región sino con Norteamérica, en una perspectiva de asegurar una mutua conveniencia en la ruta de cerrar las desigualdades y la conflictividad regional, no de acentuarlas y tener que luego apaciguarlas con expectativas menguantes de éxito.

Hoy predomina una carrera desenfrenada de los países de América Latina por negociar bilateralmente cómo “subir al tren de la modernidad” impulsado por EUA, como medio pero también como sociedad modelo.

El resultado de tal abordaje signado por la competencia política y económica en forma aislada entre los países latinoamericanos es claro: como pocas veces en la historia, se anticipa un horizonte de mayor pobreza y dispersión de esfuerzos en el Continente.  Los ejemplos más destacados de tal cabildeo aislado, como México o Argentina, muestran que no es esa la mejor vía. Que sólo mediante una acción concertada es posible negociar con el Norte.

Pero ¿qué podría interesar a EU como negociación colectiva con los latinoamericanos? Sin duda alguna, evitar varios fenómenos que trascienden a los ámbitos individuales de los países: la migración indocumentada, el conflicto social regional, el agotamiento de la región como fuente de recursos no renovables y como mercado comercial y financiero (evitando los efectos tequila o tango sobre los mercados de capital), el combate al narconegocio, por ejemplos.

Es decir, queda sobre la mesa de negociaciones todo lo que torna a América Latina en un potencial de inseguridad, violencia e inestabilidad financiera contra EU que convierta en cotidianos los 11 de septiembre, pero no por razones “incomprensibles”  y lejanas sino vecinas,  de hecho, en casa.

Y ¿qué interesaría en común a América Latina frente a EU en tal perspectiva? Ciertamente, la renegociación de las deudas externas, desmontar las restricciones arancelarias y no arancelarias de acceso al mercado norteamericano y la revisión de las políticas económicas neoliberales a efecto de ampliar su espectro de manera que alojen políticas sociales sustantivas para aminorar la desigualdad. Cada país sabrá cómo enfocar sus esfuerzos y podrá compartir experiencias exitosas de las muchas que, a pesar de todo, ya existen.

En las actuales y previsibles circunstancias que apuntan hacia la insolvencia del proyecto globalizador-triádico-norteamericanizador resulta paradójico  que haya mayor posibilidad de discernir qué interesa a EU de nosotros como un todo, y menor claridad respecto a lo que nosotros queremos y podemos si actuásemos en armonía con un espíritu reintegrador de la región latinoamericana.

Podemos aprovechar el momento histórico, disipar la paradoja, y explorar una nueva instancia reintegradora común o, de nueva cuenta, le podemos dilapidar y continuar por el camino de la asimilación, es decir la gradual desaparición de América Latina como el ámbito geopolítico, económico, cultural e histórico que hoy conocemos, para dar paso a la norteamericanización que nos transforme en Angloamérica o en un haz disperso, pulverizado de extensiones mercantiles marginales de la economía norteamericana y del Mundo.

 

*********

Cuadro 1

PRINCIPALES ACCIONES DE INTEGRACIÓN

1960-2002

Organismo

Siglas

Fecha de Creación

Integrantes

Asociación Latinoamericana de Libre Comercio

 

ALALC

Diciembre de 1960

Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela.

Mercado Común Centroamericano

MCCA

1960

Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua.

Asociación de Libre Comercio del Caribe

CARIFTA

Abril de 1968

Barbados, Belice, R. Dominicana, Granada, Haití, Jamaica, Santa Lucia, Surinam, Trinidad y Tobago.

Pacto Andino

PA

Febrero de 1973

Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela

Mercado Común del Caribe

CARICOM

1973

Barbados, Belice, R. Dominicana, Granada, Haití, Jamaica, Santa Lucia, Surinam, Trinidad y Tobago.

Asociación Latinoamericana de Integración

ALADI

Agosto de 1980

Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela.

Mercado Común del Sur

MERCOSUR

Marzo de 1991

Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay

Tratado de Libre Comercio de América del Norte

TLCAN

Enero de 1994

México, Canadá y Estados Unidos

Comunidad Andina de Naciones

CAN

Abril de 1997

Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela

Área de Libre Comercio de las Américas

ALCA

En Proceso

28 países de América Latina y el Caribe

Fuente: CEPAL, Panorama de la inserción internacional de América Latina 2000-2001, Naciones Unidas, Chile, 151 pp.

 

 

Cuadro 2

 

LA POBREZA HUMANA EN PAÍSES

INDUSTRIALIZADOS Y EN DESARROLLO

 

Países Industrializados

 

País

Población por debajo del

límite de la pobreza de ingreso

(En porcentajes)

Porcentaje de ingreso

O consumo del

(En porcentajes)

Población funcionalmente analfabeta

Desempleo de largo plazo

 

 

50% de la

mediana del

ingreso

14.40 dólares

diarios

(en PPA a $

de 1985)

4 dólares

diarios

(en PPA a $

de 1990)

20% más

pobre

20% más

rico

Relación entre

el 20% más rico

y el 20% más

pobre

Porcentaje de 16 a 65 años de edad

%

Porcentaje de la población activa

 

 

1987-1997

1989-1995

1989-1995

1987-1998

1987-1998

1987-1998

1994-1998

1998

 

Estados Unidos

17.3

14.1

---

5.2

46.4

8.9

20.7

0.4

 

Japón

18.1

3.7

---

10.6

35.7

3.4

---

0.8

 

Reino Unido

10.6

13.1

---

6.6

43.0

6.5

21.8

2.1

 

Francia

8.4

12.0

---

7.2

40.2

5.6

---

5.2

 

Alemania

5.9

11.5

---

8.2

38.5

4.7

14.4

4.9

 

España

9.1

21.1

---

8.7

36.3

4.2

---

10.2

 

Italia

12.8

2.0

---

7.5

40.3

5.4