N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
Latinoamérica en el laberinto: ¿cómo salir?
Horacio Labastida *
Al meditar sobre los
complejos y gravísimos problemas que afectan al subcontinente latinoamericano,
aparece espontáneamente el escenario de la leyenda cretense: el Laberinto y su
Minotauro. Hijo este de un toro mítico y Pasifae, la esposa de Minos, para
esconder la vergüenza que lo embargaba el rey hizo construir un laberinto y
encerrar al bastardo, pero con el
tiempo las exigencias del Minotauro exasperarían al rey, y para resolver la trama Teseo decidió entrar al secreto lugar, inmolar al animal y escapar con la ayuda de Ariadna.
¿Cómo es el
Laberinto en que ahora estamos los latinoamericanos? Tiene dos cepos: la
dependencia en que se encuentran
nuestras naciones respecto de Estados
Unidos de Norteamérica, metrópoli del poder económico trasnacional, militar y
político; y la elite subordinada a este poder,
que las gobierna. El primer cepo ha sido reciamente afilado por el capitalismo financiero en su etapa globalizadora, al cambiar los programas de
independencia económica puestos en marcha en los países de América Latina, en
una dependencia más y más acentuada de sus economías de industrialización con
relación a la economía imperial, situación generadora de la superexplotación en
que se hallan hoy las masas
latinoamericanas. Y la transformación
satelital de la vida material indujo el establecimiento de un poder
político ajeno a los intereses
nacionales y propicio a los intereses del supercapitalismo que representa el
gobierno estadunidense.
Y ahora vuelve la
pregunta, ¿podremos vencer la dependencia y cambiar los gobiernos entreguistas por gobiernos independientes? Las
lecciones de la historia están llenas de pesimismo. Los movimientos
guerrilleros frecuentemente heroicos que buscaron en el siglo XX romper la sujeción, no lograron la victoria. Uno a
uno fueron derrotados con la
contrainsurgencia que los Estados Unidos cultivan y perfeccionan desde
su aplastamiento en Vietnam (1973). La excepción de la guerrilla colombiana no
altera el pesimismo, porque el gobierno
de Pastrana y las milicias de Estados Unidos la han paralizado y mañosamente
cercado. Por otra parte, las
sofisticaciones del Pentágono y la
sumisión de las autoridades nacionales hacen imposible el
renacimiento de una guerrilla exitosa.
La derrota del régimen (1973) que presidió Salvador Allende en Chile muestra
que la vía electoral y democrática en su versión actual no es camino seguro, porque los superpoderes
metropolitanos disponen, según sucedió en la patria de Pablo Neruda, de traidores tipo Augusto Pinochet capaces de
masacrar a los pueblos e imponer la arbitrariedad de sus superiores. Este fue
el caso de la satánica Operación Cóndor, apuntalada por Estados Unidos de Norteamérica
y autora de genocidios impunes. Y queda ahora el ejemplo de Cuba como lectura
obligada y reflexiva para los latinoamericanos. En la leyenda minoica Teseo
inmoló al Minotauro con el consejo de
Ariadna, quien solía inspirarse en la sabiduría del pueblo, de acuerdo con fábulas
de siglos idos. Y este aspecto es
trascendental para entender lo ocurrido en Cuba. Está atrás de los guerrilleros del Granma y de la portentosa existencia de la Perla
del Caribe a partir de la derrota del sargento Fulgencio Batista
(1959), es la conciencia del papel
político de los cubanos en el proceso
de su propia liberación, realidad ésta que lo ha salvado de las trampas pensadas y actuadas por el Tío Sam y no
pocos de los presidentes latinoamericanos que han hecho de los palacios
nacionales casas de indignidad. El secreto para salir del laberinto es el
pueblo consciente de sus propios
valores, condición sine qua non de la libertad soberana que redimirá el futuro latinoamericano.
* Impulsemos la Integración y la Unidad
de Nuestros Pueblos, AUNA México.
Página Vigente de América
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