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Cuestiones de América

N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004

 

Latinoamérica, jóvenes y resistencia

César Enrique Pineda Ramírez *

 

“Piensa global, actúa local”.

1. Hoy en el mundo se confrontan dos grandes fuerzas históricas. La primera  representa la exclusión, la pauperización generalizada de la humanidad, el control económico y político de nuestros países en unas pocas manos, la construcción del imperio monocultural que promueve el más profundo individualismo y la cerrazón, la permanencia de un sistema económico que gesta un ecocidio nunca antes imaginado.  

Existen profundas transformaciones mundiales que enmarcan una nueva realidad. Si en el pasado nuestra realidad política se definía dentro del autoritarismo, ahora viviremos en democracias legítimas y legales (formales), que sin embargo en los hechos significan democracias de pocos y para pocos.[1] Nunca antes en la historia de la humanidad la acumulación de capital y la desigualdad entre pobres y ricos fue tan grande y con ello, la injusticia maquillada, el hambre justificada, la muerte legitimada en los países pobres y la exclusión de todos aquellos que no se someten a los designios del mercado.  

La otra es la fuerza de los pueblos que no termina de construir una alternativa real y que sin embargo, trata con enormes dificultades de plantear un nuevo marco de referencia basado en el interés general, el bien común, la educación y la diversidad cultural como patrones rectores de una nueva sociedad, los principios sobre la democracia, la justicia, la libertad, la paz, la soberanía de las naciones, la equidad, una nueva ética política y una nueva forma de conceptualizar y crear el poder; en síntesis una nueva forma que recupere lo mejor de las prácticas históricas con el fin de construir un nuevo mundo. Un mundo muy diferente al que hoy tenemos.  

En los próximos años la confrontación entre estas fuerzas será mayor pero dependerá de la determinación de los pueblos, de su capacidad organizativa, es decir, de una nueva correlación de fuerzas entre el poder popular y las élites neoliberales, la imposición de las políticas que conlleven la transformación radical de las estructuras económicas, políticas, culturales y sociales.  

2. Los estragos de lo que se ha denominado neoliberalismo merecen ya un consenso incluso entre quienes lo promueven: la destrucción del tejido social, la concentración vergonzosa de capital en pocas manos, la africanización de las condiciones de vida de las mayorías, las contrarreformas legales que significan la reducción de los derechos sociales y la privatización de empresas públicas, la corrupción y el enriquecimiento de funcionarios, la debilidad de la economía, y la creciente pobreza, el desempleo y la migración masiva a los países desarrollados, la polarización económica y social que genera cada vez más respuestas violentas, etc.[2] 

El proyecto de globalización neoliberal es la dictadura del mercado. El reinado de 500 multinacionales que abren una nueva etapa histórica: la neocolonización a través de los mercados.[3]  

Su proyecto de dominación implica la destrucción de los estados-nación y junto con ellos del tejido social, los derechos sociales y el medio ambiente. Es evidentemente depredador. La dominación que se ejerce sobre nuestros pueblos  implica un orden de inhumanidad, un complejo sistema de estructuras que favorecen la subordinación en todas sus facetas. 

A América Latina y a sus jóvenes, en ese proyecto, les corresponde el triste papel de subordinación. Nos corresponde el papel de mano de obra barata, de dotadores de materia prima, de resignación ante su proyecto monocultural y su sistema de democracias formales pero ilégítimas.

3. Ante esta aterrante realidad[4], América Latina y en especial los jóvenes tenemos que decir: “hay que oponernos, hay que rebelarnos”. Hay que RESISTIR.Y la resistencia debe convertirse en una apuesta por la utopía y por crear las condiciones para que la fuerza de los pueblos gane en esta confrontación histórica. Resistir, ¿cómo?, ¿con quién?, ¿hacia dónde? Aquí anotamos algunas ideas. 

La resistencia a este proyecto de dominación implica rechazar la globalización neoliberal, pero significa también proponer la globalización horizontal. Significa entender y aceptar la modernidad, no sus formas de dominación. Implica construir un orden social alternativo global. A cada acción de resistencia deberá corresponder una de análisis e intercambio global. 

La resistencia al neoliberalismo será global o no lo será. Para construir esta resistencia y la alternativa debemos construir el poder popular global que hoy se encuentra desarticulado, incomunicado, sin perspectiva y sin programa. Esta fuerza existe.

Esta nueva sociedad civil, poder popular, fuerza de la verdad, poder del pueblo o como quiera llamársele debe crear condiciones para resistir la dominación, y de forma paralela experimentar y generar la alternativa de planeta que deseamos. 

Esta nueva sociedad civil, entenderá que la nueva forma de crear poder popular no es tomando el sistema por asalto, sino construyendo un nuevo sistema de relaciones humanas desde abajo. No tomando las riendas del sistema de dominación, sino derrumbándolo desde sus cimientos con la creación de un nuevo poder, un nuevo esquema de relaciones humanas que sustituya a éste. Construirlo desde ya, aquí, ahora, desde abajo, y no esperar a la toma del poder político. La utopía se construye a diario sin esperar las instrucciones del estado. 

Este nuevo poder será multiclasista, poliracial, multicultural, será horizontal, democrático e incluyente. Será una red que significará una nueva forma de hacer política, en donde una nueva ética se ejerza cotidianamente. Mandará  obedeciendo, tendrá como principal arma la utilización de formas autonómicas avanzadas, como las de las comunidades indígenas zapatistas, hoy en Chiapas, en el pasado en Morelos. Y retomará lo mejor de las experiencias de los pueblos de América Latina y el Caribe. 

Esta nueva sociedad civil generará sus propias y específicas formas de resistencia económica, política y cultural que son la base de la autonomía. Articulará las condiciones para la resistencia al proyecto monocultural que impone la globalización de la dominación, fortaleciendo las expresiones culturales de masas, creando mecanismos de interrelación cultural alternativa propios, rescatando la cultura tradicional, difundiéndola a través de medios y espacios alternativos. Ante la dominación política individualizante y excluyente, opondrá la participación política colectiva, la toma de decisiones comunitaria, la politización y análisis del tejido social en su conjunto. Creará alternativas económicas autosuficientes y autogestivas. El pueblo construirá y aprenderá a ejercer el poder cotidianamente. La autonomía se construirá en la resistencia cultural, en la autoorganización política y en la autogestión económica.[5]

Autonomía y resistencia se podrán crear con tres ejes de acción: 1) Reconstituir y fortalecer al tejido social; 2) politizarlo y 3) movilizarlo hacia la resistencia activa. Ello implica que los jóvenes y los estudiantes participemos destacadamente en la construcción de la resistencia a la dominación neoliberal global. E impulsar un proceso de discusión, organización y movilización sin precedentes que junto con los otros sectores del movimiento social, articulen la resistencia organizada en Latinoamérica que posibilite cambiar la correlación de fuerzas actuales. 

¿Se requiere de la unidad latinomericana? Claro que sí, aquí, ahora, para resistir ante la dominación. Se requiere de la unidad latinoamericana de los jóvenes, para la construcción de una nueva sociedad civil. 

Son los jóvenes con el pueblo quienes tomaron las ciudades en lo sesenta, quienes organizaron la resistencia armada en los setenta, quienes en los movimientos sociales han salido a la calle para imaginar un nuevo mundo, quienes debemos construir la alternativa global. No lo lograremos si no estamos unidos y organizados. Nunca antes el enemigo fue tan poderoso. Debemos salir a construir puentes, dialogar, trabajar, analizar, movilizar para construir esa nueva sociedad civil, ese nuevo poder popular. Este es posible, no es una utopía lejana y abstracta, por que creo firmemente en las últimas palabras de Salvador Allende: “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

* Los Jóvenes en la Lucha por la Unidad de América Latina y el Caribe, AUNA México.

 

 

 

 

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* Estudiante de sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

[1] Así la denomina Don Pablo González Casanova en “¿A dónde va México?”, La Jornada, 27 al 30 de junio, México 2000.

[2] Para profundizar sobre este proceso, véase América Latina, hoy, Siglo XXI Editores, México, 1990.

[3] Para profundizar sobre este tema véase Noam Chomsky y Heinz Dieterich, La sociedad global. Educación, mercado y democracia, Joaquín Mortiz, México, 1995.

[4] Véase Eduardo Galeano, Patas arriba... La escuela del mundo al revés, Siglo XXI Editores, México, 1998.

[5] De esta estrategia, en otros términos,  habla detalladamente James Petras en “Alternativas al neoliberalismo”, en Memoria,Núm. 140, México, 2000.