N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
Una
historia de América Latina
Felipe
Castillo Ruiz *
La
lucha por la unidad de Nuestra América es parte de una historia en la que
existen diversas voces y propuestas, muchos caminos para hacer realidad el
sueño olivariano, sin embargo, aún no hay un proyecto de unidad concreto entre
nuestros pueblos. Nosotros, los jóvenes, tendríamos que comenzar por
preguntarnos ¿qué es América Latina?, ¿cuál es la situación que afrontan
nuestros pueblos y que dificulta un proyecto de unidad latinoamericana?
Una
historia de América Latina es diferente a Globalilandia (cuento de hadas que
termina con la historia...), una historia encantada en múltiples voces que se
enfrentan a la usurpación, el soborno, la explotación, la violencia económica,
política y social; una historia con sus dicotomías, ya que existen grupos y
personas que buscan la libertad y quienes se enorgullecen de su esclavitud; y,
además aquellos que no son héroes ni villanos. Una consideración seria sobre
nuestros pueblos y sus actores sociales me lleva a afirmar que América Latina y el Caribe fueron, son y
serán su historia.
Esta
historia se proyecta en el presente, en el nuevo orden económico mundial que
influye en los actores sociales, los grupos políticos, las tradicionales y
nuevas formas culturales. El nuevo orden –o desorden– es posible por una
transformación histórica reciente: la caída del bloque socialista. Este
acontecimiento modificó las relaciones de poder a escala mundial. Las grandes
potencias occidentales tuvieron ante sí la oportunidad de apropiarse de una
parte de la historia y generaron nuevos discursos para justificar los
reacomodos en el poder.
El
discurso dominante nos dice que estamos en la era de la información, el
conocimiento y las oportunidades; la realización de la libertad y la
prosperidad humanas están al alcance de la mano, sólo tenemos que visitar algún
aparador en cualquier centro comercial. Ellos dicen que ya no es necesaria una
legislación sobre el trabajo, que me esforzaré más si cobro por hora en lugar
de por día, que la huelga sólo beneficia a políticos y líderes sindicales; si
soy puntual, si estoy dispuesto a dar siempre un esfuerzo extra por la empresa
y si me porto bien, al recibir mi pago aparecerán algunos premios. Eso sí, ni aguinaldo
ni reparto de utilidades: no-debo-distorsionar-las-finanzas-de-la-empresa.
Hoy
las compañías trasnacionales han fortalecido su presencia en las economías de
la región, a través de mercados financieros, servicios y desarrollo de
infraestructura. Los compromisos con el pago de la deuda externa suponen la
reestructuración de las economías nacionales para permitir la entrada del
capital extranjero e intentar reactivar el proceso de acumulación de capital a
escala mundial.
Los
gobiernos de América Latina y el Caribe –con excepción de Cuba– se
comprometieron desde 1994 a través de la I Cumbre de las Américas, a trabajar
en el establecimiento del Área de Libre Comercio en la región, el ALCA. Este
proyecto se sustenta en el supuesto de un mercado libre, paradigma falso en un
sistema económico mundial dominado por algunas grandes empresas trasnacionales
y defendido por un eficiente sistema militar.
El
acuerdo para comenzar los trabajos del ALCA que deberán concluir en el año
2005, se realizó sin considerar a los diferentes sectores de nuestros países.
Y, en cambio el papel regional de la Organización de Estados Americanos se
fortalece ya no sólo en el ámbito político sino en el económico.[1]
Quiero
retomar la propuesta de los trabajadores y la idea democrática que debía
fortalecerse en el sector y ampliarse a otros sectores sociales. El artículo 6
fracción IV de los estatutos del Sindicato Mexicano de Electricistas nos dice
que la organización tiene como objetivos: “La realización de una clase
trabajadora total y efectivamente consciente, unificada, disciplinada y apta,
capaz de llevar a cabo el establecimiento de un sistema económico justo que
permita a todos los hombres y mujeres aptos para trabajar, vivir holgadamente
del producto de su propio trabajo, y haga imposible el enriquecerse con el
trabajo de los demás.”
Se
trata de un proyecto que considera el sistema económico como base de las
relaciones sociales. Es una propuesta socialista, donde la justicia social es
una condición necesaria para el establecimiento de la democracia. Para su
realización es necesaria la formación técnica, política, cultural, científica y
filosófica.
En
este sentido, el proyecto de unidad latinoamericana desde los jóvenes tendrá
que considerar las múltiples relaciones de trabajo que existen en la
actualidad, las altas tasas de desempleo en la región y que un acuerdo como el
ALCA requiere “mano de obra barata y a precios competitivos en el ámbito
mundial”. A los profesionales desempleados les dicen ahora “free lance” y gran
parte de los estudiantes de nivel medio y superior encaran esa realidad.
¿Queda
algún espacio para realizar un proyecto de formación y participación política?
Las organizaciones de trabajadores han optado por buscar el apoyo y la unidad
internacional; bajo el principio de solidaridad, se han establecido a lo largo
de la historia sindical múltiples organizaciones internacionales de
trabajadores. En la actualidad existen tres corrientes, cada una de las cuales
tiene una historia para América Latina y el Caribe.
Los
trabajadores no olvidamos a la AFL-CIO, las infiltraciones de la CIA en los
movimientos obreros, el discurso que
justificaba la represión en contra de organizaciones de trabajadores, sobre
todo aquellas que no seguían los lineamientos de una central de trabajadores
que defendía un proyecto de explotación y acumulación desde Estados Unidos
hacia América Latina. Un dato curioso sobre el nuevo orden económico
internacional es que fue la AFL-CIO quien fortaleció las protestas contra la
OMC en Seattle, Washington; y es que, inclusive los trabajadores de los países
más ricos del mundo ven afectados sus intereses con la pérdida de contratos
colectivos, el cierre de plantas y los despidos masivos; y, sobre todo, deben
enfrentarse los bajos salarios por los que trabajan otras personas en el mundo
como en Asia, África y América Latina y el Caribe. La AFL-CIO pertenece a la
Conferencia Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) que fue
un actor político importante del mundo occidental durante la Guerra Fría.
Una
organización muy importante en la historia latinoamericana es la CLAT (Central
Latinoamericana de Trabajadores), que fue promotora de muchos movimientos
políticos en la región y cuestionó la dictadura al mismo tiempo que apoyó a las
fuerzas democráticas sobre todo en los países centroamericanos. Es una central
que ha tenido gran aceptación entre los trabajadores, por su organización, por
su forma de lucha y, como un elemento importante, entre sus valores está la
religión católica. Actualmente la CLAT continúa promoviendo la unidad
latinoamericana.
Finalmente
está la Federación Sindical Mundial, organización que fue creada por los países
del bloque socialista y que aglutinaba de manera obligatoria a cada uno de los
sindicatos de esos países –si los trabajadores estaban en el poder, hablar de
la libertad sindical era sacrilegio. Después de la caída de la “cortina de
hierro”, se ajustó a los nuevos tiempos; abierta a todas las corrientes
sindicales, se reagrupa en torno a uniones internacionales por sectores (UIS).[2]
La
unidad de los trabajadores en torno a proyectos comunes es una realidad y proyectos como el ALCA traen consigo que los
trabajadores y sus organizaciones unan sus esfuerzos para enfrentar un proyecto
que los considera sólo como mano de obra barata. Una de las múltiples voces que
se han levantado en la lucha por la unidad latinoamericana ha sido la de los
trabajadores y en la actualidad somos muchos los jóvenes que trabajamos para
sobrevivir en nuestros países, donde tenemos pocas oportunidades para estudiar
y menos aún para participar en las decisiones nacionales.
Necesitamos
proyectos concretos para una realidad concreta, los espacios de participación
de la sociedad civil deben fortalecerse para evitar que los burócratas
continúen ofreciendo nuestros recursos y nuestra gente al mejor postor. Si
continuamos sometidos al pago de los intereses de la deuda externa, nuestro
sueño bolivariano va a despertar a una realidad desagradable. Los jóvenes
latinoamericanos necesitamos organizar un proyecto de emancipación, trabajemos
por un mejor futuro en la historia de América Latina.
* Los Jóvenes en la
Lucha por la Unidad de América Latina y el Caribe, AUNA México.
Página Vigente de América Semanal...
* Representante del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras.
[1] Debemos recordar que la OEA es un organismo creado para enfrentar la “amenaza comunista”, después del triunfo de la revolución cubana; que en sus mejores tiempos justificó las dictaduras de Pinochet, Stroessner, Bánzer y otros militares “ilustres”, que defendió los proyectos para destruir la unidad sindical latinoamericana a través de la AFL-CIO. Ahora esa organización se ufana de defender la democracia representativa y excluye de toda discusión regional al pueblo de Cuba, ya que califica su régimen político como “no democrático”... ¿Podrá existir la democracia para nuestros pueblos cuando más de la mitad de la población está sumida en la pobreza?
[2] El SME forma parte de la Unión Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la Energía, el Metal, la Química, el Petróleo e Industrias Afines (UIS-TEMQPIA), y es sede del secretariado de la organización. La adhesión a esta organización surge de la necesidad de encontrar apoyo internacional para enfrentar el proyecto de privatización del sector eléctrico nacional por la administración de Ernesto Zedillo.