N° 16,
Diciembre 2003-Marzo 2004
CAN-MERCOSUR: ¿Hacia
la integración política?
Orlando Ormas León *
El Mercado Común
del Sur (MERCOSUR) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) tienen como meta
concluir tratativas para un área de libre comercio sudamericana, aunque quizás
sea la integración política la mayor ganancia, de cara a negociaciones con
terceros.
Cancilleres
y titulares de Comercio de esos bloques coincidieron en Lima en los beneficios
para Sudamérica del fortalecimiento de relaciones y mecanismos de integración
entre ambos esquemas, con énfasis en el comercio y las inversiones.
Un
comunicado conjunto expresa la voluntad política de los gobiernos de Brasil,
Argentina, Paraguay y Uruguay (MERCOSUR) y Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y
Bolivia (CAN) de avanzar en el tramo final de la anunciada vinculación.
Ese
recorrido debe estar marcado por el objetivo de conseguir un acuerdo equilibrado,
que tenga en consideración las asimetrías existentes y los intereses de todas
las partes, según el texto.
Tal
empeño ocurre en momentos en que se redoblan los esfuerzos por Estados Unidos
por hacer avanzar las negociaciones para el Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA), que según el cronograma propuesto por Washington debe entrar
en vigor en el año 2005.
El
propósito de un área comercial sudamericana atraviesa el almanaque de
discusiones del ALCA, en momentos en que varios gobiernos latinoamericanos han
expresado reservas sobre la postura impositiva norteamericana al respecto.
De
hecho, la Secretaría Permanente de la CAN realizó un estudio sobre los efectos
de la entrada en vigor del ALCA respecto a elementos claves como el acceso al
mercado de bienes y servicios, inversiones, propiedad intelectual y el impacto
socio-político en la región.
La
conclusión resultó sencilla: el Área de Libre Comercio de las Américas es de
suma importancia para las naciones andinas, pero apunta que mucho más decisivo
es reforzar los vínculos intra bloque para potenciar su poder de negociación.
Ambos
grupos buscan la convergencia cuando aún no han resuelto insuficiencias
internas, y a pesar de diferencias notorias tanto a nivel de esquemas como
entre las naciones que los integran.
Los
países de la CAN constituyen el 22 por ciento de la población latinoamericana,
con un ingreso per cápita inferior a los tres mil dólares y está considerada
como de alto riesgo para la inversión extranjera.
El
comercio intracomunitario se mueve alrededor del 11 por ciento y tiene una
estructura exportadora de medios y productos manufacturados vinculados a la
producción de materias primas.
Si
bien la CAN ha tenido progresos marcados en el marco institucional, el MERCOSUR
avanzó mucho más en el ámbito comercial y llegó al 25 por ciento del
intercambio entre sus miembros, aunque ahora está en su punto más bajo debido a
crisis foráneas y situaciones domésticas.
Pero
cuando no pocos auguraban la muerte del bloque conosureño, este ha devenido
como el esquema integrador con mayor peso en la región y como ente negociador.
Las
limitaciones y contradicciones económicas del grupo han podido ser solucionadas
políticamente y al máximo nivel, y ello es más palpable con los nuevos
gobiernos en Brasil, Argentina y el propio Paraguay.
Bajo
tales liderazgos se da un nuevo peso a la integración de las cadenas
productivas y no solo al comercio, así como una preponderancia a la relación y
concertación políticas.
Tiempos
como estos resultan propicios para la creación de plataformas de acción de neto
beneficio para los países involucrados. Ello repercutiría en su posicionamiento
en terrenos tales como el ALCA o la Organización Mundial de Comercio.
Venezuela
ha lanzado la convocatoria a crear la corporación Petroamérica. Baste decir que
entre las principales 500 empresas latinoamericanas, las seis primeras son
estatales y trabajan en el campo del gas y el petróleo, con el 14 por ciento de
las exportaciones del continente.
Venezuela
y Ecuador trabajan en un acuerdo petrolero y la idea de una unión o vinculación
entre PVDSA, el quinto exportador mundial, y Petrobras, también entre las
gigantes petroleras, tendría un gran impacto regional e internacional.
Además,
sería un seguro de vida frente a las apetencias privatizadoras del ALCA, por la
cual las empresas norteamericanas tendrían vía libre a mercados y sectores
productivos latinoamericanos.
Quizás
este propio mes, Estados Unidos publique la anunciada lista de los países que
ese país certifica como aptos para negociar tratados de libre comercio.
Uruguay,
Perú, Colombia y Ecuador están muy atentos a ese anuncio y pudieran ser flancos
débiles en la anunciada integración CAN-MERCOSUR, como ya se probó tras la
salida de los tres últimos del Grupo de los 22 (G-22), al que Montevideo nunca
se afilió.
Otra
debilidad resulta en medidas arancelarias acordadas unilateralmente por los
países miembros, no pocas veces en contra de acuerdos tomados de conjunto.
Por
estos días, por ejemplo, Argentina y Uruguay pidieron explicaciones a Brasil
por el aumento de impuestos a las importaciones, incluidas las de sus socios
regionales, lo cual, en el caso argentino, encarecerá sus exportaciones al
mercado brasileño en casi el 10 por ciento.
Para
el nuevo presidente boliviano, Carlos Mesa, la creación de una gran nación
sudamericana no es una utopía lejana y enfatizó que la Comunidad Andina de
Naciones y el MERCOSUR, separados, no tienen la fuerza para negociar el ALCA.
Pero
ello dependerá de la voluntad política de los gobiernos concertados, y de la
mella que puedan hacer las ofertas divisionistas lanzadas desde Washington,
para quien la eventual marcha hacia la integración sudamericana se cruza en la
hoja de ruta del ALCA.
* Rebelión, 21 de noviembre
del 2003.
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