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Cuestiones de América

N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004

 

Diversidad Latinoamericana Frente al TLC: La Cuestión de lo Público Social

José María Martinelli *

 

En primer lugar, quiero plantear si la unidad latinoamericana es un mito o una realidad. Es decir, son afirmaciones que a veces no se reflexionan lo suficiente, lo cierto es que nos encontramos en un marco de unidad geográfica y de una relativa unidad idiomática. Estos dos aspectos son positivos, son ventajas y confieren potencialidades a América Latina, pero no hay que dejar de señalar que en el marco de la relativa unidad idiomática del español y del portugués, se perdieron, declinaron y se ignoran las lenguas autóctonas, los idiomas indígenas y toda su riqueza cultural, desde el norte de Argentina hasta México.

A lo planteado, cabe agregar que toda pérdida cultural representa una traba en los procesos de desarrollo, en tanto el desplazamiento idiomático provoca una postergación económico-social; el idioma dominante de un país o región es comunicación, vínculo y solidaridad humanas, pero también es valorización de mercado y quien no lo habla puede ser excluido de éste, situación en la que se encuentra casi la totalidad de los indígenas del Continente.

Tal vez lo más importante para esta reflexión sea hacer un somero sobrevuelo sobre la unidad histórico-política de América Latina. Si nos remontamos a 1804, cuando el Mariscal Pétion ofrece en Haití tropas libertadoras a Bolívar, de entonces a la fecha la historia no parece haberle favorecido. Hoy Haití se encuentra entre los países más pobres del mundo, habiendo eliminado la esclavitud a principios del siglo XX, lo que no había logrado la propia Revolución francesa. Si abrimos otro período, de 1810 a 1898, las gestas de independencia latinoamericana y los esfuerzos libertadores de San Martín, Bolívar, Sucre, Hidalgo, Martí y otros más, tienen un pensamiento liberal revolucionario, fundamentalmente asentado en Rousseau, pero paralelamente a ese contexto, los negros, gauchos, campesinos, indígenas y muchos más, fueron excluidos en la configuración de los estados nacionales; una expulsión que se mantuvo en gran medida avanzado el siglo XX, incluso podríamos agregar que hacia el fin del siglo XIX la clase obrera latinoamericana fue excluida de ese contexto en el que se formaban los estados nacionales con un fuerte impulso liberal-revolucionario.

El antiimperialismo latinoamericano es otro momento importante que hoy parece diluirse en un mundo preñado por la comunicación y por el avance de la información, que paralelamente desinforma, es decir, la gente está sometida a altos niveles informativos, sin embargo, eso no implica que sepa más. Apelando a la memoria antiimperialista latinoamericana, podemos recabar en Farabundo Martí, Sandino, Guevara, Frank País y Fidel Castro, entre otros, siendo destacable, en estos últimos 50 años, el triunfo de la Revolución cubana. Esto marca un espacio fundamental en la consolidación de la independencia nacional de Cuba, y en la perspectiva de formular un nuevo proyecto de desarrollo con bases socialistas alternativas al capitalismo.

Si consideramos este período, tratando de señalar momentos más que un desarrollo cronológico, veremos que el hoy llamado capitalismo neoliberal no es un problema reciente, de las décadas de los ochenta o de los noventa, sino que puede remontarse a 1973, cuando el golpe ominoso y criminal que derrocó a Salvador Allende en Chile. A partir de ahí hay un tránsito en que con distintos ritmos y modalidades, América Latina fue adscribiéndose a este tipo de políticas denominadas neoliberales.

Va de por medio un cuarto de siglo y lo que uno puede preguntarse es: ¿en qué devino la memoria política latinoamericana?

Frente a la negociación del Acuerdo de las Américas encontramos, por una parte, una situación de masas reanimadas con un potencial de lucha que acepta modalidades, dada la alta complejidad y los distintos niveles de desarrollo existentes en América Latina; pero, por otro lado, burguesías prosélitas que conforman desde México hasta Argentina una suerte de internacional desvergüenza que se adhiere acríticamente a estas propuestas internacionales.

Lo que se quiere significar es el hecho de que aunque ésta sea una vigorosa internacionalización a la que podríamos darle carácter de inexorable, no quiere decir que sea irresistible; frente a este punto se dice con mucha claridad que es una negociación que no considera las asimetrías y las asincronías, los desarrollos y tiempos desiguales. Hoy, México es parte de un tratado comercial con dos potencias capitalistas de las más poderosas del mundo, y en ese contexto hay que inscribir esta reflexión. Cabe precisar que no es la primera internacionalización ni la primera modernización que se desarrolla a nivel mundial. Podríamos recordar a título ilustrativo la expansión del Imperio Romano hacia Oriente y Occidente.

Lo conveniente es pensar: ¿qué estrategia asumimos frente a esta internacionalización de capital? Antes de lamentarse es mejor ponerse vigorosamente de pie y con excitable inteligencia construir alternativas políticas frente a esta durísima ofensiva del capital mundial.

Vale recordar, para los que quieren información, que hace 130 años, cuando Carlos Marx publica en 1867 El Capital, implacable crítica de la modernidad de entonces, plantea en su frase inicial que "el mundo se nos presenta como un arsenal de mercancías." Hoy eso es realidad, el mundo es actualmente un arsenal de mercancías.

Tal vez frente al caudal informativo presente sea necesario estudiar libros viejos para encontrar ideas nuevas. Esto que resulta en este cuarto de siglo: el neoliberalismo, el desarrollo del capitalismo informático, caracterizado por la incorporación de la ciencia y la tecnología en la producción, que desplaza el trabajo vivo y ofrece incrementos de productividad, nos plantea cuál es la situación de la clase obrera internacional. Encontramos compactación de puestos, polivalencia laboral y la tendencia a la destrucción de los contratos colectivos de trabajo, estableciéndose criterios de contratación individual o, en última instancia, por líneas o ramas.

En el ámbito laboral se aprecia, casi con dramatismo, que sobre 1,300 millones de trabajadores, apenas poco más del 10% se encuentra sindicalizado; lo que indica que la ofensiva contra los contratos colectivos es parte de este proceso de internacionalización de capital. Frente a eso hay que buscar estrategias que, en primer lugar, no absorban costos sino traten de incorporar beneficios, se trata de que los aportes de la ciencia y la tecnología, con su potencialidad liberadora, se incorporen y sean medios para liberar a los obreros, dicho en sentido amplio, del trabajo como carga, pena, sufrimiento o castigo.

Para esto se requiere fundamentalmente de una estrategia política que puede discutirse, pero frente a la tendencia al desempleo a nivel internacional, la posibilidad de buscar incrementos salariales con reducción a la jornada laboral o de la semana de trabajo con pago íntegro de salario y con prestaciones, puede constituirse en una alternativa. En algunos países industrializados se tiende a instrumentar, pero desde la perspectiva de los empresarios; se plantea con disminución de salarios y sin hacerse cargo de las prestaciones para los que entrarían a compensar los espacios de trabajo que quedan vacíos. En última instancia, esto colocaría las cosas en la misma situación, es decir, habría que ver la calidad de la propuesta en términos de pago íntegro y prestaciones salariales completas.

Frente a eso, ¿qué ofrece el neoliberalismo? Cuando toda la información plantea que lo que se busca con estas políticas es, en perspectiva, reactivar las economías y el respeto a la persona humana, esto es lo que se declara, incluso constatamos que algunos principios del derecho liberal se vulneran y esto ocasiona problemas sociales. La autonomía de la voluntad, uno de los principios más caros del derecho liberal, que establece que el acuerdo entre las partes es soberano y se debe cumplir, hoy está altamente vulnerado por los contratos de adhesión, aquellos que establecen los monopolios o los oligopolios y en los que el individuo se adhiere sin capacidad de modificar una sola cláusula o lo deja.

Lo anterior es lo que ocurre en la crisis de cartera vencida de México. Hay distintas modalidades, directamente destructoras, vulnerando al individuo como sujeto de derecho y, si fuésemos a reflexionar sobre el marco jurídico en el plano social, vinculado a México, no debe dejar de señalarse que tratar como iguales a los desiguales es una desigualdad, y que, incluso, tratar diferente a los no iguales, manteniendo el estado y el orden actuales, también es una desigualdad. Esta es la realidad de los indígenas en América Latina, particularmente en los países con más alta concentración indígena como México, Guatemala, Ecuador, Perú y Bolivia; esa es la situación real sin salida en el marco jurídico, pero que encuentra salida en el marco político. En este sentido, la historia es contradictoria, porque si bien el 1º de enero de 1994 entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, también en esa misma fecha se sublevaron los indígenas en Chiapas, México; es también un hecho histórico que los más humillados en la escala social están planteando sencilla y profundamente, al decir "nunca más sin nosotros", la modernidad de la sociedad mexicana.

Quien no entienda eso no va a poder resolver el problema de los indígenas en México. El indigenismo, la tutela y la protección se manejan en estos marcos de igualdad-desigualdad. Son éstos los desafíos a enfrentar en el siglo XXI.

El otro punto a plantear es el otro ámbito en el que se desarrolla, incide y gravita esta internacionalización de capital. Es la destrucción de lo público, los problemas de los ciclos de recuperación de capital y las crisis recurrentes en que se encontraba el sistema capitalista, en el marco de los años setenta y en Latinoamérica en la década de los ochenta, lo que llevó a visualizar el espacio de lo público como redituable para reciclar el capital; en este sentido, la liquidación de las empresas públicas con el pretexto de la ineficiencia o la corrupción, que de ninguna manera se justifica, no es más que una opción para buscar fases de reproducción de capital, aprovechando el ahorro social o lo que podemos llamar la plusvalía social con la que se construyeron las empresas públicas.

Algo semejante ocurre en las universidades, el proceso de privatización de la universidad pública no pasa simplemente porque cambie su carácter jurídico y se transforme de pública a privada, sino por la privatización de exámenes de ingreso, de evaluaciones terminales, o directamente entrega de altos servicios muy redituables a áreas privadas, manteniendo el carácter público. Otro punto que puede señalarse es el alto rendimiento obtenido por los sectores monopólicos, habiéndose asentado en áreas de servicios, sean éstas de la comunicación o de otro orden. Encontramos, para el caso de México, que no es una paradoja, sino una contradicción social, el hecho de aplicar subsidios inversos, en vez de orientarse hacia los sectores sociales carentes, se transfieren a los grupos plutocráticos.

Retomando el último aspecto considerado, en México se subsidia a la Banca con cantidades aproximadas a los 65 mil millones de dólares, considerando intereses; también se subsidia a las empresas constructoras de los caminos de cuota, por no haber madurado el ciclo del capital y obtener las ganancias esperadas. Parece increíble, pero es cierto. Cabe preguntarle a alguien que desarrolle una pequeña empresa si van a compensarlo por un fracaso económico. La destrucción de lo público social no atiende, como se afirma, a problemas de ineficiencia y corrupción que, insisto, cabe desterrar, sino a un problema de reciclamiento internacional del capital.

Ahora, en ese espíritu de construir una alternativa y de no considerarnos inermes o espectadores ante esta situación, debemos abrevar y trabajar en la perspectiva del largo plazo histórico, no solamente en la coyuntura. Si algo podemos aprender del liberalismo es el trabajo a largo plazo, hay que tener presente no sólo este cuarto de siglo al que me he referido, sino pensar en Hayek, en Von Mises, en los teóricos liberales que a principios de siglo apostaban a que lo privado ocupara los espacios públicos. Esa gente tuvo una visión amplia y también hay que leerlos y aprender del adversario o enemigo de clase. No podemos leer solamente nuestro material. Me parece que el cambio de nuestro tiempo, porque esta es una sociedad que cambia, es un cambio político-cultural en el que debemos tratar de insertar a la clase obrera, aunque haya perdido centralidad por esta incorporación de la ciencia y la tecnología en el contexto mundial. La clase obrera sigue siendo importante por su inserción en lo productivo, debiendo ligársela a otros sujetos históricos, a la diversidad social, a la lucha de las mujeres, de los inmigrantes en los estados nacionales, a los extranjeros, tan despreciados en las formaciones sociales, a los enfermos de padecimientos infectocontagiosos como el sida, a los ecologistas, a los que luchan por la paz y a muchos más. Hay una nueva diversidad histórico-social que debe acompañar el proyecto en el cual la clase obrera esté presente. Pero aparte de las reivindicaciones específicas, tenemos algunas globales, como es la preservación del medio ambiente, que es una demanda ética y es, a su vez, una demanda política. Cabe reiterar, que en las definiciones políticas se procure que la ciencia y la tecnología estén al lado de los trabajadores y de los sectores sociales que hoy, paradójicamente, son afectados por la incorporación de la ciencia y la tecnología a los procesos productivos. Esto puede ser transitorio pero la definición es política, no técnica.

Para un rearme político del campo popular, la idea es trabajar en el mediano y largo plazos, buscando una recuperación política, luego de veinticinco años de neoliberalismo. Si trabajamos políticamente podremos buscar escenarios más favorables. Las perspectivas del siglo XXI se construyen hoy; lo que no se gane hoy está perdido mañana.

* Profesor Titular, Economía, UAM-Iztapalapa, México. Trabajadores N° 38, UOM.

BIBLIOGRAFÍA

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Martinelli, José María, Cristóbal Colón y la modernidad: Una visión latinoamericana, Societa Siciliana Per la Storia Patria, Palermo, 1996.
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