N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
La Batalla de
Cancùn: Balance de una Victoria
Héctor de la Cueva *
Son pocas las veces en que el movimiento social puede cantar
victoria. Cancún es ya una de ellas. Junto con Seattle, la batalla de Cancún
forma ya parte de los hitos del movimiento global de resistencia. El “colapso”
(según las propias palabras oficiales) de la V Cumbre Ministerial de la
Organización Mundial de Comercio (OMC), con un desenlace que ni en los cálculos
más optimistas imaginábamos, y el saldo positivo de la gran diversidad de
acciones desplegadas en Cancún adentro y afuera de la Cumbre, incluyendo el
sacrificio del compañero Lee que la dejaría marcada tempranamente y para
siempre, representaron un triunfo en toda la línea para quienes convocamos a la
movilización para descarrilar el tren de la OMC --porque ciertamente éste se
descarriló estrepitosamente en Cancún. Claro, como se dice comúnmente, para no
caer en triunfalismos, se ganó una batalla, no la guerra, pero el hecho queda
ahí para celebración y estímulo del movimiento global. Intentarán encarrilar de
nuevo a la OMC, no hay duda, y los dueños del poder y el dinero del mundo lo
siguen teniendo, pero el panorama se les ha complicado, tendrán que partir de
este fracaso.
Ciertamente, el desenlace no es sólo mérito del movimiento social. Éste, no
sólo en Cancún sino antes y en su dimensión global, jugó un papel fundamental
--sin la presión social los gobiernos podrían haber tenido más comodidad para
arreglar sus diferencias. Pero, en realidad, detrás del naufragio de la OMC en
Cancún se encuentra la combinación de un conjunto de factores, entre ellos las
contradicciones entre las grandes potencias y, sobre todo, el surgimiento de un
bloque de países del Sur que por primera vez en mucho tiempo no se alinearon
ciegamente a la agenda y los designios de las grandes potencias.
La unilateralidad se empantana en Cancún
En efecto, un elemento determinante para el fracaso de la OMC en Cancún fue la
aparición de un bloque de países “pobres” de África, Asia y el Caribe, y del
llamado grupo de los 20 (que terminó en 23) encabezado por Brasil que, muy
limitadamente y sin cuestionar el fondo de las reglas del “libre comercio”, se
resistieron sin embargo a aceptar que se pasase de lado el tema de los
subsidios agrícolas y se avanzase en abrir una ronda de negociaciones sobre los
temas de servicios y propiedad intelectual, así como sobre los llamados “nuevos
temas” o “temas de Singapur” (inversiones, compras gubernamentales, políticas
de competencia y facilidades al comercio) sobre los cuales además crecían
también las controversias.
Si bien las divergencias entre Estados Unidos y la Unión Europea sobre los
subsidios agrícolas, y entre ambos y algunos países en desarrollo sobre éste y
otros temas, presagiaban la posibilidad de que no se avanzara en abrir una
nueva ronda de negociaciones en Cancún, no se esperaba un rol tan decisivo del
bloque del Sur y un desenlace tan abrupto. Todavía la noche del 13 de septiembre
el gobierno mexicano, que presidía la cumbre y que estuvo jugando un doble
juego “aliándose” al grupo de los 20 y al mismo tiempo empujando la agenda de
los países ricos, se decía seguro de que el texto de declaración que
presentaría al día siguiente y que principalmente reflejaba la visión
norteamericana, sería aprobado. Las grandes potencias no dejaron de presionar
para imponer su agenda e incluso se hablaba de prolongar la cumbre hasta el 15
para llegar a acuerdos. El 14 a las tres de la tarde la cumbre se colapsaba
ante la negativa definitiva de países en desarrollo de llegar a un “consenso”.
Es decir, la OMC fracasaba en su intento de adquirir nuevos temas y más poderes
para regir la economía mundial, pues era esto y no sólo el intercambio comercial
lo que estaba en juego.
Aún antes de la cumbre y especialmente ahora después de su fracaso, los
gobiernos han insistido en la versión de que Cancún era simplemente una
estación de paso, pero la verdad es que ha representado un golpe importante a la
OMC y a la institucionalidad global neoliberal de la que forma parte. Así lo
han tomado el FMI y el Banco Mundial en la reunión que inmediatamente después
sostienen en Dubai. Además del intento por reencarrilar a la OMC en próximas
reuniones y del chantaje que inmediatamente comenzarán a jugar las grandes
potencias, con las múltiples palancas a su disposición que se han encargado de
brindarles los propios países del “tercer mundo”, las potencias seguramente se
enfocarán ahora en empujar sus intereses encubiertos bajo el “libre comercio”
en otros escenarios: los tratados de libre comercio regionales y bilaterales.
En América, Estados Unidos seguramente presionará para avanzar en el Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA) y en tratados bilaterales como el que
negocia con Centro América, para los que tiene un terreno muy avanzado desde el
TLCAN. Falta ver, sin embargo, si las dificultades enfrentadas en la OMC se
trasladan también hacia escenarios como el del ALCA.
Precisamente, la principal interrogante que nace de Cancún es si el bloque, o
los bloques mejor dicho, de países en desarrollo se mantendrán en lo que sigue
del proceso de la OMC y aun en otros escenarios regionales. Hay que tomar en
cuenta que la “oposición” de estos gobiernos aun en temas como el de la
agricultura era muy limitada, pues se centraba en la cuestión de los subsidios
y en el acceso a los mercados del norte, soslayando el tema central de la
protección de las economías agrícolas propias, la soberanía y la seguridad
alimentarias. Sobre todo está en cuestión cuál será su actitud frente a la
negociación de los nuevos temas, que constituyen el corazón de la nueva
ofensiva de las grandes corporaciones para ir más allá del comercio: imponer
reglas mundiales a su favor sobre inversiones y limitar aún más la rectoría de
los estados.
Habrá que analizar más detalladamente al mentado bloque para prever su posible
dinámica, pues en realidad está muy lejos de representar un bloque homogéneo “tercermundista”o
una convergencia profunda y de mediano plazo en torno a un proyecto alternativo
de globalización, de otro modelo de intercambio entre naciones o de un nuevo
multilateralismo; en él coincidieron hasta ahora circunstancialmente una
diversidad de razones e intereses que está por verse si resistirán las nuevas
presiones imperiales en puerta. No hay que olvidar que la mayoría de esos
gobiernos son de corte neoliberal y, como ya dijimos, no cuestionan el fondo
del llamado “libre comercio”. Sin embargo, sea por un mínimo gesto de dignidad,
por simple pragmatismo, por cálculos e intereses contradictorios en las
negociaciones o por un cierto renacimiento de una visión “tercermundista”
-habrá que diferenciar entre países- el hecho es que la existencia misma del
bloque de países en desarrollo -para seguir con la terminología en uso-
significó un tropiezo serio para los planes imperiales y, esto es lo más
importante e interesante, de mantenerse podría quizás estar dando paso a un
nuevo escenario mundial en el que el unilateralismo de las grandes potencias, especialmente
la norteamericana, no es tan incontestable, en el que el imperio desbocado
comienza a encontrarse con un contrapeso, así sea tímido y limitado, desde un
Sur que lo encara ciertamente no en una lógica anticapitalista,
antiimperialista o siquiera antineoliberal, sino simplemente de elemental
sobrevivencia. Para el movimiento social, para la resistencia global y aun para
la izquierda esta contradicción será materia de valoración obligada en su
estrategia.
Precisamente, existen redes internacionales que desde hace años vienen
trabajando en alimentar visiones alternativas que influyan en las esferas
oficiales o en sus contradicciones, y que ahora deberán replantearse sus
estrategias ante la posibilidad de un campo más fértil. Desde luego, estuvieron
presentes en Cancún y, junto con el movimiento o como parte de él,
contribuyeron a ganar esta batalla.
La Batalla de Cancún
Cualquiera que sea el peso que en el análisis de los resultados finales se le
asigne al movimiento, lo cierto es que éste logró con gran éxito desplegar una
diversidad de iniciativas de alto impacto tanto fuera como dentro de la cumbre
oficial, lo que consiguió poner a ésta en jaque, alcanzar gran visibilidad,
ganar la batalla de la legitimidad a pesar de las campañas de desprestigio y
también que al final no tuviese que concentrarse en recoger heridos y sacar
presos. Ciertamente también, como siempre, existen saldos positivos y
negativos, y sacar las lecciones de ambos es fundamental para el camino que
está por delante Veamos los primeros.
Durante meses, el movimiento internacional fue fraguando lo que sería la cita
que desde el 2002 fijó como la más importante en el escenario de la lucha
global de este período. Además de aprovechar los espacios de otras citas
internacionales, dos encuentros internacionales en la ciudad de México y
múltiples visitas a la propia ciudad de Cancún la precedieron. En México se
crearon para el efecto el Comité de Bienvenida a Cancún y el Espacio Mexicano
encargado de coordinar las actividades. Diversas organizaciones instalaron sus “cuarteles
generales” con antelación. Foros, seminarios y actividades preparatorias
tuvieron lugar en diversas regiones de México, así como una importante campaña
de propaganda. Se decidió convocar a un Foro de los Pueblos como paraguas un
tanto virtual de la diversidad de actividades que de manera autónoma por parte
de cada red y movimiento tendrían lugar (el foro campesino decidió funcionar
completamente de manera paralela). Asumiendo la nueva fase del movimiento
global, es decir, su capacidad no sólo de crear grandes acontecimientos en un
lugar determinado, sino de actuar simultáneamente en diversas partes del mundo,
se convocó a una semana de acción global del 7 al 14 de septiembre, con énfasis
en las acciones del 9 y el 13.
Llegó finalmente septiembre El movimiento global mostró nuevamente en Cancún su
capacidad de darse cita para --por medio no sólo de actuar dentro de los
espacios oficiales como ya se ha señalado, sino de de organizar una
contracumbre y generar un acontecimiento social a partir de la diversidad de
sus acciones- librar una batalla política en el lugar mismo donde se reúnen los
poderes globales; ello se hizo en una lógica en primer lugar de resistencia,
punto de partida indispensable, pero cada vez más también de generación de
alternativas, las que contribuyen igualmente a ganar la batalla de la
legitimidad y a construir una mejor correlación de fuerzas.
En este último sentido, tuvieron lugar un amplísimo número de actividades y
foros. Para sólo mencionar a algunos, antes del inicio de la cumbre oficial se
realizaron la Convergencia de Medios Alternativos, el Foro Campesino, el Foro
Indígena, el Foro de Pescadores, el Foro de Mujeres y el Foro Parlamentario
ligado al Foros Social Mundial. A partir del 10, continuaron algunos de los
mencionados y se llevaron a cabo el campamento de la juventud, el foro sobre
macroproyectos, el foro de maquiladoras, el Foro Sindical, la Feria de Comercio
Justo, la mesa de solidadridad con Cuba, seminarios sobre bosques, medio ambiente,
guerra y libre comercio, y sobre los temas mismos de la cumbre, además de
lanzamientos de iniciativas como la del Foro Social Americano y la campaña de
Cancún a Miami, entre muchas otras actividades y reuniones, como las que
sostuvo la Red Internacional de Movimientos Sociales y la Campaña Continental
contra el ALCA. Estos foros alternativos funcionaron también sin duda como
colchón, referente o retaguardia -según se les quiera ver-- de las acciones en
la calle y adentro del perímetro de seguridad.
Precisamente porque, tratándose de una cita que tenía lugar de cara y
simultáneamente a un evento gubernamental --a diferencia de encuentros como el
Foro Social Mundial que tienen una lógica propia o autónoma-, el perfil de la
protesta era más relevante que el de las discusiones.
La primera movilización importante fue la convocada por la Vía Campesina, a la
que se sumaron todos los actores nacionales e internacionales presentes en
Cancún en ese momento. La marcha partió de la conocida como Supermanzana 21, la
zona en la que funcionaron muchos de los foros y se instalaron los campamentos
campesino, indígena, de jóvenes, de la caravana de Chiapas y de diversas
organizaciones civiles, zona que deliberadamente se concibió como territorio
propio del movimiento social durante esos días.
Fue precisamente al final de esa marcha, al momento de topar con la valla
policíaca que se instaló nueve kilómetros antes del Centro de Convenciones
donde sesionaban los gobiernos, que el compañero Lee Kyung Hae de Corea subió a
la valla y se encajó en el pecho la navaja que horas después le causaría la
muerte, en un sacrificio que marcó desde ese momento a la cumbre y a la
movilización, cambiando por completo la dinámica de los acontecimientos,
colocándolos en el nivel más alto de la protesta. En medio de la sorpresa de
todos, incluyendo la de sus compañeros, e incomprendido y controvertido desde
la perspectiva de la cultura occidental judeocristiana en un principio, con el
paso de las horas la decisión tomada con toda conciencia y antelación por Lee
para sacudir al mundo con la imagen de las víctimas de la globalización
neoliberal, a costa de su propia vida, quedó como un hecho claro y contundente
que pesa sobre los gobiernos de la OMC. Ahora todos se pelean por adueñarse de
Lee, hasta el presidente municipal de Cancún, que se ha propuesto erigirle un
monumento en el lugar en que se inmoló.
Pero más allá del impacto del sacrificio del Sr. Lee (como lo nombran sus
propios compañeros), definitivamente lo más destacado del movimiento en Cancún
fue sin duda la participación de la delegación coreana. Primero porque como
nadie hizo el esfuerzo para que casi 200 compañeros de un país tan alejado como
Korea --entre campesinos, sindicalistas de la KCTU, organismos civiles y
políticos agrupados en la coalición KOPA-- llegaran hasta México, precedidos
por muchas actividades en Korea mismo y sorteando todos los obstáculos.
Segundo, porque fueron permanentemente, desde el primero hasta el último día
que estuvieron en Cancún, un ejemplo de combatividad, organización y disciplina
como venido de otros tiempos. Esa disposición, y aún más después del sacrificio
del Sr. Lee, les ganó una autoridad moral y política que fue la clave para el
éxito de la manifestación final, como veremos.
Lo importante, sin embargo, no fueron sólo las manifestaciones. Diversas
acciones callejeras fueron realizadas diariamente por la caravana de jóvenes,
otros de los principales protagonistas. Conforme pasó el tiempo, de más en más
los jóvenes también incursionaron dentro de la zona restringida, traspasando y
resistiendo los desproporcionados dispositivos policíacos (con la asesoría de
la policía internacional, incluyendo a Sctodland Yard) hasta el mismo frente
del Centro de Convenciones.
Mención aparte merece el Centro de Convergencia (de colectivos por afinidad)
que, como en otras citas del movimiento global de resistencia, estuvo presente
con una actividad intensa desde días antes de la cumbre con toda su imaginación
y creatividad, con sus cientos de efectivos nacionales e internacionales,
algunos veteranos de otras batallas. De ahí salieron los jóvenes de Argentina y
Estados Unidos que tomaron de madrugada una grua de construcción de sesenta
metros de altura que se encontraba exactamente frente a la sede oficial para
colgar una manta gigante en la que le decían a los gobiernos de la OMC “que se
vayan todos” y en la que estuvieron más de 24 horas frente al temor del Estado
Mayor que controlaba la seguridad de que se fueran a tirar --tuvimos que
aclararle a las tres de la mañana que no se pensaban tirar a menos que fueran
por ellos-para después retirarse sin ser detenidos. De ahí salieron los que
protestaron desnudos en la playa, o la banda que venida desde Seattle animó las
manifestaciones, de ahí muchas otras iniciativas hasta la marcha final en la
que también contó su alto grado de organización.
Y no hay que olvidar que hasta adentro del propio recinto oficial redes de
ong's -destacadamente de Nuestro Mundo no Está en Venta- realizaron protestas y
desobediencia civil, con un mecanismo de coordinación “adentro y afuera” que
mostró que no iban sólo a cabildear. Total que el cerco se rompió aunque las
manifestaciones hayan sido detenidas kilómetros atrás. Y no se diga de otras
acciones “colaterales”, como la del barco de Green Peace que simultáneamente
impidió la salida de un barco cargado de transgénicos del Puerto de Veracruz.
Así se llegó a la manifestación del 13. Mientras que algunas organizaciones,
principalmente sindicales, decidieron permanecer en el llamado Km 0, la mayoría
de los manifestantes continuaron hasta la valla que la policía había recorrido
500 m. adentro de la Av. Kukul Kan que comunica a la ciudad con la zona
hotelera. Con pinzas para cortar alambre y con enormes cuerdas tejidas por los
coreanos jaladas por cientos, se derribó la doble valla metálica que nos
separaba del cordón policiaco. Al frente mujeres, principalmente indígenas y
jóvenes de distintos países. Rodeados por los cuatro costados por la policía,
cuando todos temían el enfrentamiento, se realizó únicamente un acto simbólico
de quema de muñecos de la OMC, se les entregaron flores a los policías y se
retiró ordenadamente la manifestación. Aun los grupos que iban listos para
todo, con cascos, mascaras antigas e incluso palmeras que habían derribado para
ser usadas como arietes, se replegaron. Lo más “agresivo” que ocurrió fue una
cubetada de mierda que le tiraron a la policía. Todo mundo, empezando por el
gobierno y la policía, quedó sorprendido. El grado de organización y
disciplina, al que se plegaron aun los grupos más inclinados al enfrentamiento,
para mostrar que se podía traspasar la valla que coartaba el derecho a
manifestación pero al mismo tiempo guardar la calma y retirarse en orden antes
de propiciar una confrontación fue posible como decíamos en buena medida por la
autoridad moral que había ganado la delegación coreana en varios días de lucha
común. La repercusión mediática fue inmediata y la opinión pública respondió
positivamente valorando al final de cuentas la disposición y entrega mostrada
por quienes llegaron a protestar a Cancún pero también su inteligencia.
En fin, que éstas fueron algunas de las múltiples caras que tuvo la batalla de
Cancún. El 14 se colapsaba la cumbre y las acciones terminaban con una
manifestación impactante y aleccionadora, con un símbolo de lucha encarnada en
el compañero Lee y con un saldo blanco sin presos y heridos. El movimiento
puede celebrarlo, ha salido de Cancún con una victoria y muchas lecciones
cargando en sus mochilas.
Algunos otros saldos y lecciones
Si el saldo global es positivo, no todo es miel sobre hojuelas, sin embargo. De
los errores también se tiene que aprender. Y no me refiero a aquellos que sólo
ven los organizadores, que siempre los hay, sino a los saldos políticos
negativos de los que también tiene que partir el movimiento en la siguiente
etapa.
Para empezar, no todo salió conforme a lo planeado. Se llamó a una acción
global y, aunque se realizaron diversas acciones en varias regiones de México y
el mundo, éstas estuvieron muy lejos de lo que se esperaba a partir de las
múltiples convocatorias y compromisos que se hicieron en diferentes espacios
internacionales. La capacidad del movimiento de conectar la agenda global a lo
local y de actuar simultáneamente en el plano internacional no se mostró del
todo. Pueden existir diversas explicaciones, incluso prácticas, para ello, pero
ahí está un déficit sobre el que es necesario reflexionar.
Cierto, el hacer transcrecer al movimiento en ese plano no resta importancia a
la necesidad de continuar concentrando esfuerzos en citas como las de Cancún,
no por perseguir las reuniones de los poderosos como objetivo central que puede
terminar desgastándose, pero sí como un elemento estratégico en la batalla
política por cambiar la correlación de fuerzas. Victorias como la de Seattle y
la de Cancún fortalecen la lucha contra la globalización neoliberal en todas
partes. Pero hay que librarla en todas partes si se quiere realmente ganar.
El problema fue, sin embargo, que tampoco llegaron a Cancún todas las fuerzas
internacionales que se esperaba. ¿Qué las detuvo, además de los obstáculos
migratorios que interpuso el gobierno mexicano, los calendarios regionales y
los aspectos financieros, que sin duda pesaron pero que no lo explican del
todo? Tampoco llegaron todos los miles de mexicanos que se esperaban. Sin duda
pesó en buena medida la falta de recursos para transportar a muchísima gente
que quería ir y no tenía posibilidades de pagarse el viaje y su manutención en
Cancún. Pero tampoco lo explica del todo. Lo cierto es que el movimiento social
mexicano no atraviesa por su mejor momento. Sería largo entrar a analizarlo a
detalle en este artículo. Lo que sí se puede decir en general --más allá de la
desarticulación, atonía o perspectivas confusas que pueden existir en el
movimiento mexicano-- es que en la medida en que sí se vienen dando luchas
importantes y masivas, su falta de expresión en Cancún revela la todavía gran
desconexión entre las luchas reivindicativas o defensivas específicas y la
agenda global. Pero esto es quizás también cierto en el plano internacional.
Existe una diferencia notoria, sin embargo, entre el desarrollo del movimiento
sobre temas globales en Europa, por ejemplo, y el de América Latina, lo que
quedó claro incluso durante las movilizaciones contra la guerra de intervención
en Iraq. Queda ahí para la reflexión y el debate.
El saldo más preocupante, sin embargo, fue el hecho de que, a pesar de los
buenos resultados y de que no explotó frente a la opinión pública a costa del
hígado de muchos, antes y durante Cancún se produjeron divisiones y falta de
coordinación que hicieron peligrar por momentos la buena marcha de las cosas.
Hubo un renacimiento preocupante de visiones sectorialistas, hegemonistas,
sectarias, anti ong's (aunque el que esto escribe comparte muchas de las
críticas a algunas ong's), de desprecio a otros actores o de plano de “agandalle”
(en buen mexicano) y mezquindad que se habían venido superando en los
diferentes espacios del movimiento global con un espíritu de alianzas
multisectoriales, de unidad sobre consensos, de horizontalidad y de respeto por
el otro, lo que significó un retroceso. Una cosa es el indispensable
fortalecimiento de las coordinaciones sectoriales, de su autonomía, de su
natural protagonismo (en el buen sentido), y otra el querer imponerse por
encima de los demás y vulnerar la necesaria unidad sobre todo en momentos
críticos frente a los gobiernos, como era el caso en Cancún. Tal situación se
reflejó incluso en el hecho de que no todos los participantes coincidieron en
la marcha “central” del 13, pues la mayor parte de los contingentes campesinos
e indígenas se habían retirado ya, y algunos otros como los sindicalistas, que
llegaron hacia el final de la semana, lo hicieron mermadamente al parecer por
sus reservas ante el “clima de enfrentamiento”. Aunque esta marcha fue mayor
que la del 10 podría haber sido más grande en otras circunstancias. Y también
queda para la reflexión la cuestión de si es conveniente realizar foros
alternos antes de los eventos oficiales y retirarse cuando éstos están en su
apogeo, pues esto había venido siendo superado por el movimiento que ha tendido
a actuar simultáneamente. Así que a pesar del triunfo, el movimiento sale un
poco lastimado de Cancún. Y de esto también hay que partir para las luchas
futuras.
De Cancún a Miami
La siguiente cita importante para el movimiento, al menos en América, es la que
tendrá lugar en Miami del 19 al 21 de noviembre. Ahí estarán reunidos los
ministros de economía y comercio que negocian el Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA). La cita cobra mayor importancia después del fracaso de la OMC
en Cancún, pues como ya señalamos Estados Unidos intentará presionar más
beligerantemente y avanzar en sacar en el plano regional las ventajas que no
pudo obtener aún en el marco global. Para ello cuenta con el terreno avanzado
por medio de los tratados bilaterales que ha venido imponiendo desde el TLCAN,
los que contienen ya candados más graves a favor de las corporaciones que lo
que se discutía en la OMC. Seguir afirmando su hegemonía en el continente
americano por medio de estos tratados bilaterales y macroproyectos
subregionales (como el PPP) adquiere ahora aún más relieve en la estrategia
norteamericana, incluso en la perspectiva de la competencia global exacerbada
con los otros bloques económicos. Pero no deja de tener importancia para EU el
contar con un marco formal estratégico en el cual acomodar estas piezas del
rompecabezas que viene armando, es decir, el ALCA como constitución económica
continental bajo la hegemonía norteamericana.
Por otro lado, ciertamente el tropiezo de Cancún coloca al mismo tiempo mayores
dificultades para las pretensiones estadunidenses, pues los países
latinoamericanos cuentan a su favor con las objeciones levantadas por los
países en desarrollo en el marco de la OMC. Si la lógica del bloque de países
en desarrollo que se dio en Cancún se traslada al escenario del ALCA, podríamos
estar viendo en Miami también su descarrilamiento o al menos un estancamiento
que podría poner en cuestión el plazo de enero del 2005 para la aprobación del
ALCA.
Por lo pronto, las organizaciones norteamericanas se preparan ya con grandes
esfuerzos para llegar a la cita de Miami, en un país que continúa sometido
deliberadamente al espectro del 11 de septiembre y en una ciudad especialmente
difícil para las protestas sociales. Estarán acompañadas desde luego por la
Alianza Social Continental (ASC) y por la Campaña Continental contra el ALCA,
no sólo para ayudar a organizar y estar presentes, sino también como ya lo han
acordado para acompañar las actividades de Miami con una jornada continental de
movilizaciones. La experiencia acumulada durante estos años por la ASC y por la
campaña contra el ALCA en el terreno de la construcción de la unidad y la
acción ayudará también sin duda a no repetir los errores de Cancún.
El camino de Cancún a Miami y a las siguientes luchas parte entonces de una
victoria; el movimiento global enfrenta sus próximos retos con este acervo y
con sus lecciones, buenas y malas, y con formas de articulación valederas.
Permitámonos, entonces y por un momento, pecar un poco de optimismo.
*
Artículo escrito para el No. 11 de la publicación del Observatorio Social de
América Latina (OSAL) del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
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