N° 16, Diciembre 2003-Marzo 2004
David Segarra *
15 días después de
iniciarse la reedición de la mítica campaña militar de Simón Bolívar, el 9 de
agosto concluyó la Acampada Juvenil Bolivariana tras haber permanecido tres
días en Fuerte Tiuna, el principal cuartel militar de Caracas.
Más
de mil jóvenes de Latinoamérica y un puñado de europeos han vivido a lo largo
de casi tres semanas una experiencia única a nivel político, humano y cultural.
El resurgir del ideal bolivariano se ha manifestado de manera contundente en un
continente sumido en la pobreza. La esperanza y la confianza en un mejor
porvenir se han podido sentir en cada pueblo, en cada mirada y en cada canción
que los habitantes de esta parte de América nos han brindado. A pesar de la
descoordinación y los ataques paramilitares, nada ha podido detener esta
humilde, pero valiente marcha.
Todavía
con el temblor de los ataques y amenazas y tras sumarse más participantes en
Ocaña y Cúcuta, la marcha por fin llega a Venezuela. el fantasma de la muerte y
la desaparición se desvanece y los colombianos sienten que son libres, muchos por
primera vez. El recibimiento es completamente diferente. Aquí el gobierno apoya
la marcha y su proyecto de Unidad Latinoamericana y Justicia Social.
Recorremos
la Cordillera Oriental, dejando a nuestro paso cerros y ranchitos donde la
gente saluda el paso de los autobuses. Otros, en cambio, se pasan el pulgar por
el cuello. Evidentemente no les gustan ni Chávez ni los colombianos.
Adentrándonos
en la espesura de los bosques, selvas e indígenas, penetramos en los caminos de
Venezuela.
Al
llegar la hora del almuerzo, sucede algo que ningún marchista hubiera
imaginado: el 253 Batallón de Cazadores, con toda su parafernalia de combate,
los recibe en su base, para servirles la comida. Los activistas, con sus
camisetas de Allende y el Che, reciben la bebida y los alimentos de los hombres
de la boina roja con los ojos abiertos como platos. Se resisten a creerlo. Les
parece imposible que existan militares que escuchen a Alí Primera y lean a
Neruda.
En el
pueblo de La Grita se produce un incidente que ilustra bien la realidad
venezolana. Al paso de la manifestación, un grupo de opositores insultan e
increpan a los participantes, al grito de “comunistas” y “cubanos”. Detrás de
ellos y sin que ellos lo sepan, un mural dibuja las efigies de Bolívar y el Che
Guevara bajo el lema “Viva la Libertad de Expresión”. Aquí entiendo la
diferencia entre dictadura y democracia.
Mientras
en Colombia los opositores son asesinados sin más, en Venezuela, hasta los
golpistas pueden expresarse libremente.
Pero
los asombros continúan, en la noche, vamos a cenar a un hotel, el Club
Borriquero, donde volvemos a hacer una comida completa. Ahora recordamos entre
risas, cuando la cena consistía en una mandarina y un caramelo, o un sándwich
de jamón y queso a repartir entre dos. Es como si de una mágica manera las
casas, las armas y lo que siempre perteneció a los ricos y poderosos, de pronto
estuvieran al servicio de los pobres y perseguidos. La euforia es incontenible
tras las penurias y la tensión vividas.
La
primera noche se pasa en cuarteles militares, donde se instalan las tiendas.
Insumisos,
revolucionarios, raperos, poetas, periodistas, peludos e indígenas, todos ellos
se acomodan en las instalaciones. Y para su sorpresa no están presos! Eso sí,
las mujeres y los hombres son separados, que esto sigue siendo un auténtico
ejército. Por ahora...
El
siguiente paso son Mérida y Los Llanos, por lo que la caravana se divide en
dos, recorriendo los senderos por los que combatió el Libertador. En la fría
mañanita, nuestro grupo inicia un largo y lluvioso recorrido que nos lleva de
pueblo en pueblo realizando innumerables homenajes a Bolívar, a sus monumentos
y a sus museos. Se le ofrendan los honores de las diferentes delegaciones
latinoamericanas y hasta de dos vascos y un valenciano. En todo momento, los
marchistas son protegidos por fuerzas policiales de élite, ya que se teme algún
ataque de la oposición. Hay que recordar qu hace un escaso año y medio
realizaron un Golpe de Estado que intentó sustituir la democracia por un
régimen fascista encabezado por los empresarios. La salida a las calles de
millones de ciudadanos desarmados y la lealtad de los cuadros medios y la tropa
militar le dieron la vuelta sorprendentemente a la situación. En un hecho
histórico sin precedentes se rescató vivo al presidente Chávez y se restauró la
democracia en menos de 48 horas. Para pesar y vergüenza de Bush, Aznar y Uribe,
que fueron de los pocos gobernantes que apoyaron y reconcieron como legítimos a
los golpistas.
El
entusiasmo y la pasión de los chavistas es desbordante. Ellos afirman que la
hora histórica del pueblo ha llegado. Y están dispuestos a defender su
Revolución con la vida.
En
Mérida, un cantautor le canta a Machado, golpe a golpe y verso a verso.
Mientras
un joven venezolano graba un documental con su Canon XL1, aplicando lo que
aprendió en la Escuela de Cine de La Habana. Esa historia, me cuenta, será para
los barrios, para los movimientos sociales y para el mundo también, a través de
Internet.
En el
trayecto nocturno los ánimos se disparan y con unas botellitas de aguardiente
se embravan los fuegos, convirtiéndose el autobús colombiano en una fiesta de
refugiados políticos llevados con honores diplomáticos. Pero en lo álgido del
asunto, se divisan las garitas de otro cuartel y los coordinadores apaciguan
los ánimos de la gente. Cargados con todos los bultos y cachivaches, respetuosos,
entramos en el fortín.
Pero
para nuestra sorpresa, en la puerta misma, un grupo de negros tocan y bailan
tambor. La gente lanza sus trastos, cena y se pelea por bailar con la tremenda
negrita que lanza a los tipos al cosmos con sus golpes de cadera. Y así, otro
día se acaba en esta extraña marcha de locos, valientes y poetas.
El
siguiente día, los marchistas empiezan a acusar un exceso de homenajes y actos
protocolarios chavistas. La adoración a la figura de Bolívar es inmensa. A las
que hay que sumar las figuras de Cristo y el Che Guevara, así como Hugo Chávez.
Muchos se entretienen con sus lecturas: Tolstoi, Gibran, Maquiavelo, Sabato,
Nietzsche, González y como no, Bolívar.
La
sensación de que la relación espacio y tiempo se ha diluido y hemos entrado en
una dimensión bolivariana es común. Habiendo cruzado Colombia y Venezuela,
navegado días enteros por ríos y por las noches eternas de las carreteras. Tras
subir a 4.000 metros en los Andes y bordear las selvas, pasando del frío más
seco al calor más húmedo y caribeño. siendo a veces defendido y otras atacado
por las fuerzas armadas. Después de todo esto, las diferencias y las
similitudes son tantas que ya no sabemos si hemos cruzado uno, dos, o diez
países. O un mundo entero, un auténtico universo.
El
sargento que acompaña el autobús como seguridad, nos cuenta a unos amigos,
entre decenas de cervezas nocturnas, mientras se le eriza el vello, como vivió
el Golpe y como lloró al ver retornar vivo al presidente. En la intimidad de la
noche y el alcohol, nos relata como su padre y su hermano murieron luchando en
la guerrilla salvadoreña. Aquí se ve una de las caras del chavismo: gente de
origen muy humilde, que parten de un nivel cultural muy bajo, pero con un gran
orgullo, valentía, conciencia y ganas de aprender. Aunque lo que sí une a
todos, es la rumba y el desorden, esa sí es parte de la idiosincrasia,
ciertamente.
Lo
que se detecta también es una polarización de las clases, la mítica lucha de
clases, aquí es una realidad palpable. El rencor y la sensación de impunidad,
hacen que haya un sentimiento que exige mano dura a Chávez contra los
golpistas.
En la
caravana, a pesar del cansancio y los enfermos, el ánimo sigue alto y la
integración latinoamericana se produce no solo en los debates, sino sobre todo
en la noche, cuando de la mano se escabullen en la oscuridad. Europa, no se
queda atrás y abraza a Colombia, con quién ha viajado y hermanado.
A la
mañana siguiente, mientras almorzamos en la calle, un loco gamín bastante mayor
se sienta con nosotros, dibuja al che y se lo regala a la colombiana de color
café. Hasta los locos creen y admiran a Ernesto Guevara. Ciertamente lógico.
*
Rebelión, 12 de
agosto del 2003.
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