Batlle el dislate y el tiempo perdido
Carlos Santiago *
Lo que
faltaba. El doctor Jorge Batlle, dueño de un lenguaje sorprendente y de un
discurso más que contradictorio, volvió a meter la pata. Ahora dijo que Eduardo
Aninat, una de las altas autoridades del Fondo Monetario Internacional, le
había solicitado la renuncia a su cargo en el caso de que el país tuviera que
ingresar al default.
“Lo mismo que ocurrió con De la Rúa”, habría dicho
nuestro mandatario, que hizo rememorar el blooper que protagonizó hace un par
de años cuando lo entrevistó la cadena Blumber de EE.UU. y, ante las cámaras,
con los micrófonos abiertos, sin que el periodista hubiera finiquitado la nota,
acusó a “todos” los argentinos de ser “ladrones” Una oleada de vergüenza ajena
invadió a todo el país, que se acrecentó cuando el propio Batlle concurrió a la
Casa Rosada, para, entre lágrimas, pedirle disculpas al por el entonces
presidente Eduardo Duhalde que sometió a nuestro mandatario a una humillación
pública, ante las cámaras. La sorprendente escena, quizás la única en que un
presidente al igual que un niño mal criado, llora por la falta cometida, fue
retrasmitida en todo el mundo.
Un espectáculo similar, queremos suponer, no se debe haber producido con un
presidente de la República en toda la historia del periodismo mundial.
La oleada de vergüenza que afectó a los uruguayos no fue suficiente para
movilizar a los organismos del Partido Colorado o a la llamada coalición de
gobierno, que, es bien claro, debieron pedirle la renuncia para que pusiera fin
a ese descalabro sistemático que ridiculiza al país en todos los ámbitos.
Se imaginan los lectores lo que se debe pensar de Batlle tanto en el gobierno argentino,
como entre los altos funcionarios del FMI.
Muchos están esperando a que hable y que produzca otro blooper para regocijarse
con el deterioro de un gobierno que, además de su implacable aplicación del
modelo, absolutamente negativo para el país, no ha hecho más que movilizar
situaciones negativas para los uruguayos, tanto en lo material como en lo
conceptual.
Esta es solamente parte de la anécdota, que podríamos ampliar con las
contradicciones de Batlle sobre la integración de Uruguay primero al Nafta,
luego al ALCA, volviendo más adelante a reiterar la importancia del MERCOSUR,
descartando las relaciones comerciales 1 a 1 con EE.UU., o con la Unión Europea
y, últimamente indicando que hay que aprender de Chile por sus negocios con el
lejano oriente, India, China, etc.
Pero, además de la anécdota, se encuentran los hechos concretos. El gobierno de
este contradictorio señor que es la quintaesencia del ultra neoliberalismo, que
tiene como método teórico el dejar a la economía sin intromisiones, para que su
desenvolvimiento, determine por si misma los mecanismos que la lleven al
equilibrio. ¡Lástima! por los uruguayos, por quienes vivimos en este país. Ya
hay más de un millón que sobreviven o mueren por debajo de la línea de la
pobreza, y las condiciones sociales se siguen deteriorando a tal nivel que es
evidente el resquebrajamiento de la familia como unidad esencial de la
sociedad, con consecuencias trágicas de todo tipo. Ese “rebote”, ¿ cuándo se
producirá? ¿Cuándo seamos 2 millones lo que estemos bajo la fatídica línea que
determina la marginación, el desamparo y la reducción de las expectativa de
vida.
La violencia desatada por sectores de población marginada que para subsistir no
tienen otro camino que el delito, el cirujeo o la mendicidad. Cualquier
uruguayo ha podido observar con horror a familias enteras alimentándose de
restos que quedan en la basura, como se señala de manera brutal en “Aparte”, la
película de Mario Handler que sigue sorprendiendo. Los sectores de las clases
medias se ven abrumados por esas ampliadas imágenes que, de alguna manera, son
con las que convivimos todos los días.
Destructuralización familiar a la que contribuye, además, la corriente
migratoria integrada fundamentalmente por jóvenes que deben abandonar nuestro
territorio, destrozando familias, para encontrar en otros horizontes lo que
aquí se les niega: trabajo.
Un desechado juicio político
Pero hay más que la vergüenza ajena provocada por las “infelices” y/ o “ridículas”
contradicciones del mandatario. Deben sumarse otras transgresiones, sin duda
más graves que deberían, en este caso, no solo disparar una reacción de sus
correligionarios, sino también detonar una deflagración política que impida que
en el futuro se dilapiden los fondos públicos.
¿Cómo se puede aceptar, sin concretar una acción política, que el presidente
Batlle, avalara con decretos, las órdenes verbales dadas por el ministro de
Economía Alberto Bensión, para transferir alrededor de 600 millones de dólares,
depositados en la Tesorería de la Nación destinados a pagar el Presupuesto, a
tapar los agujeros dejados por banqueros inescrupulosos y, además, por quienes
con una miopía cercana a la ceguera, no advirtieron que la mecánica del sistema
financiero requería una reforma profunda.
El presidente Batlle, que es tan ligero en sus palabras como en sus acciones,
resolvió utilizar todo el dinero del país para que los capitales “golondrina”
depositados en el sistema financiero que se estaba cayendo a pedazos, escaparan
del país sin ningún tipo de quitas. Y ello sin ningún reparo. Los mismos que no
existieron para resolver “acorralar” los depósitos de los ahorristas que,
todavía, no han podido rescatar ningún peso de los bancos liquidados.
¿Pueden las visiones estratégicas oponerse a las inevitables sanciones
políticas? ¿La democracia no requiere de la aplicación sistemática de los
reaseguros legales, establecidos en la Constitución de la República, para
realimentarse?
El tiempo dirá cual es la respuesta a esta pregunta pues en país en su conjunto
no soporta más la política de los neoliberales que esperan “el rebote” para
medir la recuperación. Para Ceres, (Ernesto Talvi, dixis) quintaesencia de la
superficialidad discursiva al servicio de la derecha, que trata de convencer a
empresarios que quieren escuchar cantos de sirena, que haya habido cuatro
mediciones sucesivas de que el país ha dejado de caer. Para ello es suficiente
una medición propia de Ceres. Y ello aunque la Dirección Nacional de
Estadística siga informando que continúa el derrumbe del consumo, que el
deterioro de la capacidad industrial continúa, que aumenta la morosidad en el
pago de los servicios, cuyos insumos siguen deteriorándose, que sigue adelante
la caída en la marginalidad de cada vez mayores sectores de la población.
La verdad que estos 15 meses que nos quedan para tomar la sopa Batlle, aunque
no la queramos, serán de males estomacales e intestinales de difícil
pronóstico. Además, concienticémonos todos, que la huida hacia adelante del
gobierno continuará, quizás, con mayor virulencia.
Tratarán de concesionar, de privatizar todo lo que les pase por sus cercanías.
Quieren un país arrasado, en que el gobierno popular que se avecina, comience a
reestructurar la economía desde un menos diez.
Es una lástima, por todo el tiempo que se sigue perdiendo.
* Bitácora, 14 de
julio de 2003. Carlos Santiago es periodista, secretario de redacción de
Bitácora. Uruguay.
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