N° 15,
Agosto-Noviembre de 2003
Paraguay:
Un nuevo proyecto político
Hugo
Richer *
Para referirme al caso del
Paraguay y desembocar en cómo se desarrolla actualmente la propuesta de la
izquierda y del movimiento popular, necesariamente tengo que empezar por un
hecho que es conocido en gran parte de nuestro continente, los sucesos de marzo
de este año, que terminaron por derrocar al gobierno del presidente Cubas,
actualmente exiliado aquí en el Brasil y la huida del general asesino Lino
César Oviedo. La gesta de marzo constituye uno de los hechos más importantes
por la movilización popular, por la fuerza, por la combatividad, y por la
heroicidad de quienes combatieron en aquellos días en las calles de Asunción.
Voy a relatar rápidamente
algunos hechos para ver cómo el movimiento popular se incorpora a este proceso
de lucha. Vivimos en Paraguay una crisis política que no le ha permitido a la
clase dominante de nuestro país consolidar la transición política y un modelo
alternativo a lo que fue por largos años la dictadura del General Stroesner.
Esta crisis política llega a su punto más culminante con el asesinato del
vicepresidente de la república el doctor Luis María Argañas, el 23 de marzo de
este año. Inmediatamente las fuerzas democráticas y las fuerzas populares del
Paraguay levantaron como consignas fundamentales el juicio político al
presidente de la república y la cárcel para el general Oviedo. Cuando las
fuerzas represivas coparon las plazas frente al Congreso, fue una señal
evidente de que no iban a permitir que la movilización llegue a la plaza del
Congreso y al mismo tiempo iban a impedir el juicio político al presidente
Cubas. Las tres centrales obreras del Paraguay decretaron una huelga general
indefinida exigiendo la realización del juicio político y de la cárcel para el
general Oviedo. Al mismo tiempo estaban en Asunción en ese momento por reclamos
reivindicativos, unos ocho mil compañeros y compañeras de organizaciones
campesinas, que también se sumaron inmediatamente a ese reclamo y pasaron a
enfrentar a las fuerzas represivas hasta dominar completamente la plaza del
Congreso. Esto significa que en primero lugar fueron derrocadas las fuerzas
policiales y en segundo lugar las masas populares impidieron que los tanques
que habían salido de los cuarteles se acercaran hasta la plaza y que sin
recursos finalmente el ovie-dismo, las fuerzas leales al general Oviedo,
utilizaron como método para alejar y diezmar a las masas populares a
francotiradores. El resultado de esto fue nueve compañeros muertos, setenta y
cinco heridos de bala y finalmente la renuncia del presidente Cubas y la huida
del general Oviedo. Muy pocas veces se ha dado que las fuerzas populares se
enfrenten a todo un esquema represivo, que defendía al poder, como ocurrió en
aquellos días de marzo.
Pero ahora ¿cuál es la crisis
política del Paraguay? Voy a tratar de resumir un proceso bastante complicado,
que hasta este momento sigue fuertemente la amenaza de un golpe de Estado, como
se dio en los últimos días. El modelo de acumulación que por largos años sustentó
a la dictadura de Ströesner, un modelo de acumulación económica basado en el
esquema agroexportador, en las grandes contrataciones del Estado y
fundamentalmente en la plata que ingresó en las grandes construcciones de
Itaipú y Yaciretá, ese modelo se ha agotado en la década del 80, coincidente
con la gran crisis del capitalismo internacional, cuyo punto más visible lo
ubicamos por 1981-1982. Hasta ahora, las clases dominantes de nuestro país no
han logrado consensuar un modelo económico que sustituya a ese modelo agotado.
Eso ha generado una violenta disputa entre grupos económicos poderosos del
Paraguay. De ahí que la fragilidad institucional, la fragilidad del proceso
democrático se dá fundamentalmente por la fuerza y la violencia de la disputa y
la falta de consenso entre estos grupos económicos para imponer un nuevo modelo
de acumulación y dominación. Un ejemplo: mientras en la mayoría de los países
las políticas neoliberales han avanzado a fondo en Paraguay hasta ahora no
existe ninguna empresa pública privatizada. Lo cual demuestra la falta de
consenso de las clases dominantes para imponer un programa y por otro lado, la
resistencia del movimiento popular a las políticas neoliberales.
Esta situación es la que genera
una tensión permanente en el Paraguay y hace pocos días de nuevo la amenaza
golpista se cierne sobre nuestro país. El hecho es que el gobierno que hay
después de marzo pasó a ser un gobierno de «unidad nacional», entre comillas,
un gobierno integrado por todos los partidos de las clases dominante. En este
momento en Paraguay no existe oposición. Con los primeros gobiernos post-Ströesner
se intentó aplicar las políticas neoliberales sin éxito. Posteriormente, el
general Oviedo fue la persona apoyada por un grupo de personas de grupos económicos
importantes de nuestro país, que trató de constituirse en la vía autoritaria
del modelo neoliberal en el Paraguay. Igualmente han fracasado. El gobierno de
post-marzo es apoyado por el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de
Henrique Cardoso. Su idea es consen-suar entre todos los partidos de la clase
dominante y aplicar el programa neoliberal desde un gobierno de «unidad
nacional». Sin embargo, cuando ahora lo intentaron hacer y cuando estaban
promulgando las leyes para favorecer las políticas de privatiza-ciones, el
movimiento sindical, fundamentalmente los agrupados alrededor de las empresas
estatales, juntamente con las organizaciones campesinas, en un proceso bastante
interesante de construcción de la unidad, anunciaron desde el 1º de diciembre
una huelga general indefinida. ¿Cómo reacciona el gobierno de «unidad nacional»
ante esta posición del movimiento sindical y del movimiento campesino de
nuestro país? Con la amenaza de un nuevo golpe de Estado. Finalmente el
gobierno vuelve a ceder a las peticiones del frente sindical y campesino y
decide suspender la inmediata aplicación de las políticas de privatización y al
mismo tiempo abrir un espacio de discusión para discutir empresa por empresa,
reconociendo como interlocutor válido a los representantes del movimiento
popular, fundamentalmente del frente sindical y campesino. Alrededor de estos
hechos concretos, alrededor de estas políticas neoliberales, y fundamentalmente
alrededor de la defensa de las conquistas democráticas -como ya ocurrió en 1996
cuando el intento del golpe del general Oviedo, como ocurrió nuevamente ahora
con los hechos de marzo- el movimiento popular asume una posición en defensa de
las conquistas democráticas, sin tomar preferencia por gobierno alguno de las
clases dominantes. Se trata de un proceso que en la práctica concreta y en la
práctica real se va construyendo en favor de la unidad. Desde esos sucesos de
marzo y de estos procesos de movilizaciones y de luchas y de combates, es que
está surgiendo un nuevo proyecto político que tiene como referencia histórica,
como proyecto histórico el socialismo, con posibilidad de generar un programa
democrático popular, de manera de respaldar este proceso de lucha. Esta crisis
en Paraguay, debe generar una práctica solidaria ante cualquier acontecimiento
generado por las fuerzas autoritarias y de derecha, en el Paraguay. Estamos
ante la posibilidad de la vuelta de sectores autoritarios desde instancias
militares apoyados por los grupos más reaccionarios y más violentos de las
clases dominantes, fundamentalmente agrupados alrededor del general Oviedo. Esa
posibilidad de golpe existe, la posibilidad de una represión violenta del
movimiento popular existe. Va ser necesaria una solidaridad completa y
constante de todas las organizaciones políticas, socialistas y democráticas de
toda América Latina ante lo que pueda acontecer en el Paraguay.
* Hugo Richer es miembro de la revista Debate del Paraguay.
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